CONCURSO DE MENTIRAS
A ningún medio periodístico de nuestro país se le ocurrió todavía realizar, cada fin de año, un concurso entre sus lectores u oyentes, para indagar cuáles fueron los mayores y mejores embustes del año. Habría dos categorías: los antiguos, repetidos y persistentes; y los nuevos, originales o inusitados. Por supuesto, quedarían excluidos del concurso los profesionales, como las empresas publicitarias, para dar chance a los amateurs.
¿Qué puntaje obtendrían, por ejemplo, estos anuncios?: “Se impulsa la reactivación del ferrocarril Carlos A. López”; “El hallazgo de petróleo en el Paraguay es inminente”; “El sistema de irrigación del Chaco entrará en funcionamiento el año próximo”; “Se toman las primeras medidas para la recuperación ecológica del Lago Ypacaraí”; “Se restaurarán los edificios antiguos del centro asunceno para recuperar su antiguo señorío”; “Entrará en vigor la regla ‘tolerancia cero’ para la delincuencia callejera”; “Los ómnibus chatarra serán retirados de circulación”.
Las mentiras políticas tendrían un cómputo especial. Veamos: para el concurso del 2016, por ejemplo, no se contarían todas las veces que Horacio Cartes manifestó que no anhelaba, no soñaba, no podía, no pretendía ni procuraba pugnar por la reelección; se juntaría todo eso, contabilizados como una sola mentira y no varias.
Se llevaría nota de cuántas veces algunos legisladores hicieron lo opuesto a lo anunciado; cuántos alzaron una bandera al comenzar el año y lo terminaron agitando otra. Cuántos pastores religiosos callaron cuando el diablo amenazaba y cuántos solo divagaban. Bueno, esto último no es mentir, precisamente, pero se le parece bastante.
Muchos sospechamos que los paraguayos estamos acostumbrándonos a escuchar patrañas como se oye llover. En el ámbito de nuestra Historia nacional hay falsedades antiguas y nuevas; pero las más interesantes son las mentiras permanentes, las que atraviesan las épocas y las generaciones sin sufrir mermas. Luego están las mentirillas y los engaños deliberados, que permean todos los ámbitos humanos, excepto, al parecer, el del amor, según lo dice mejor el loado poeta Manuel Machado: No hay mentira en el querer/ que te quise era verdad/ que no te quiero también.
Muchas falsedades históricas en nuestro país pasan por verdades absolutas; pero no es mi intención exponerlas aquí al debate público, ya que hay muchos buenos historiadores y lúcidos periodistas que lo intentan (casi siempre en vano).
En el origen del acto de engañar puede haber varias causas. Apartando el mentir por mero placer, hay que considerar, en primer término, la finalidad perseguida. Se expande esta cuestión si tenemos en cuenta nuestros antecedentes culturales. Nuestros indígenas eran muy ladinos, según concuerdan prácticamente todos los cronistas de la época colonial. El andaluz padece la misma fama. Luego, sus mestizos habrán heredado ambos cromosomas, porque se los ve bastante parecidos a sus ancestros, según se los describió antes y según se los conoce en la actualidad.
Será siempre un afán muy difícil describir algún rasgo del paraguayo que Saro Vera ya no lo haya descifrado. Dice él, hablando de nosotros: “Otra de las causas de sus deficiencias será el placer maligno de engañar. Así como siente pánico ante el hecho de sufrir la ridiculización, le encanta que el otro sufra el ridículo”. Sobre esto último, si viviera aun el perspicaz monseñor Vera, vería que la gente del ámbito político le forzará a revisar su hipótesis, pues allí, el pánico del que habla parece haberse relajado bastante.
En mi cauta opinión, hay al menos tres negocios en los que debemos de cuidarnos mucho en nuestro país: del pago por adelantado, de lo que nos prometen las empresas de seguros y de las facturas de los sanatorios. Mantener con ellos bien abiertos ojos y oídos, leer letra por letra, párrafo a párrafo, contar uno a uno, sumar, restar, olfatear al gazapo, como los zorros detectan la presa soterrada bajo sus pies.
A todos los competidores se les daría este consejo final: si vas a mentir, asegúrate primero de conocer los hechos verdaderos, así los podrás desvirtuar más fácil y eficazmente. En todo caso, toma lecciones con tu abogado.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 18 de Diciembre de 2016
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