DIÁLOGO CON SORDOS
El cuento cuenta que un anciano medio sordo se aproxima a un grupo de transeúntes ocasionalmente reunido en una vereda. “¿Qué ocurre?”, pregunta el señor a uno del grupo. “Hay una pelea”, le responde este. “¿Una jalea?”. “No señor; es una riña”. “Caramba; una niña”, dice el sordo. “No”, corrige el otro, impaciente, “Se trata de una disputa”. Y el viejo: “¡Ah! Pero entonces ya no es tan niña”.
De algún modo este viejo chiste se asocia a los “diálogos” convocados por gobernantes en situación de crisis, cuando nadie realmente nadie tiene ganas de relatar lo que observa, los que están informados no cuentan lo que saben, los de atrás no entienden bien, los equívocos nunca acaban de desmadejarse y todos se mantienen en sus trece.
Convocar al diálogo siempre queda muy elegante. En sus juegos, los políticos y los líderes religiosos emplean este comodín con frecuencia. Un requisito fundamental de esta herramienta táctica es que debe contar con un orden temático (una “agenda”, como impone el modismo). La única reunión para la que no se necesita agenda es un asado, porque se da por sentado qué va uno a hacer allí. Para todo lo demás, la lista de asuntos que se tratarán es indispensable. No obstante, todavía hay quien convoca a un diálogo político como si invitara a un asado. Y, recíprocamente, hay quienes aceptan asistir sin saber sobre qué se va a conversar. No es raro pues que, en tales circunstancias, se entienda que la disputa no sea tan niña.
El diálogo era apenas un estilo literario clásico, como se sabe, mucho tiempo antes de convertirse en una especie de llave inglesa del “arte de lo posible”, con la cual se ajustan o se aflojan tuercas, según sea el propósito. En nuestro país, hacia 1983, los partidos de oposición llamaron al gobierno y a la sociedad a un “diálogo nacional”. La temática era política, oficialmente; sin embargo, la intención real era sentar al stronismo junto a los líderes opositores, con lo que se lograría que la dictadura bajara algunos peldaños de su pedestal y estos ganaran la legitimación de interlocutores que hasta entonces les era negada.
Stroessner no entró al juego y ordenó que la ANR tampoco se prestara. Desde luego, es sabido que un militar no dialoga; y la ANR, a la sazón, estaba militarizada. De modo que el mentado “diálogo nacional” no tuvo lugar más que entre los que ya estaban nomás luego dialogando todo el tiempo. “Sus conclusiones no tuvieron una repercusión concreta…, más allá de lo moral”, concluye Alfredo Boccia Paz en su “Diccionario usual del stronismo”. Pero casi todo, bajo aquella dictadura, no estaba más allá sino más acá de lo moral.
Hay que notar que tampoco existía diálogo interno en el stronismo. Stroessner no lo practicaba con nadie y nadie con él, lo cual se acomodaba bien al carácter de la gente paraguaya, fácil para charlar pero muy dura para el intercambio de ideas. De modo que lo que suele denominarse diálogo político, en realidad, no suele pasar de una charla entre colegas, a la que se dará después algún trámite formal. En este momento, por ejemplo, se querrá formalizar la violación constitucional con un referéndum, ya publicitado con el eslogan: “que el pueblo decida”, como si la misma Constitución, que inhabilita la vía de enmienda, no fuese ya el resultado de una decisión popular. El pueblo ya decidió, en 1992, y no es mero eslogan.
Los políticos en aprietos son incorregiblemente aficionados al diálogo. Hoy convidan a sentarse en una de sus mesas, aunque exigen concurrir sin poner condiciones previas, como si esto mismo no constituyese una exigencia previa. La cosa es, pues, ir a dialogar sin orden temático. Algo raro, por decir lo menos, porque ha de ser como jugar al fútbol sin arcos, donde cada jugador pueda patear al gol en la dirección que prefiera.
Bueno, tal vez es así como estamos jugando en la política y no lo percibimos.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 09 de Abril de 2017
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)