LA MUERTE DEL NARANJO
Autor: MANUEL GAMARRA
LA MUERTE DEL NARANJO
Triste, más triste
que un ser humano que triste muere,
junto al camino, muere un naranjo. Nadie le asiste,
ningún viandante murmura, al verle, un miserere.
Y años, tras años, allí en la vía,
fue para el pueblo la providencia...
Todo lo ha dado con alegría;
sombra piadosa, flores y frutos, suave esencia.
Ha sido bueno -más que los hombres- inmensamente.
¿Qué no lo ha sido, siempre y doquiera, para los otros?
Fueron poemas sus azahares en cada frente
y hemos vivido con sus naranjas todos nosotros.
Con qué cariño, con qué respeto
árbol bendito, gentil naranjo -bondad y gloria-
ha conservado para la estirpe vital secreto,
y ha protegido todo el avance de nuestra historia.
Símbolo patrio, pendón y escudo -árbol bendito-
con alma y cuerpo -flores y frutos- vida de vidas...
Del cuerpo mata la sed y el hambre, y a lo infinito
conduce al alma que sueña en vidas nunca vividas.
En las familias, en cada patio de los hogares,
perennemente, ha sido, el Árbol del Nacimiento:
conoce el ritmo de sus cantares,
ha dado chispas a cada brillo del pensamiento
y ha compartido puros afectos y hondos pesares.
Símbolo eterno, dosel de lares, árbol divino,
cuántos desfiles ha protegido piadosamente
entre los polvos de ese camino ...
Generaciones de férreo brazo, de altiva frente;
conquistadores y misioneros;
próceres magnos; nobles varones;
los inmortales de la epopeya, recios guerreros,
los que más bronce fueron que el bronce de sus cañones.
Y ahora muere, después de siglos, árbol bendito
allí, a la vera del gran camino, abandonado…
Sus secas ramas muestran, cual siempre algo infinito,
y huellas fecundas, junto a su tronco, no se han borrado
de hombres y pueblos que sus historias allí han escrito.
Y nadie reza
su miserere,
viendo al que fuera bondad, belleza,
fuente de vida, símbolo patrio, que triste muere.