CON IMÁGENES EN "EFECTO MAPPING" SE RECIBIÓ EL BICENTENARIO DE PARAGUAY
El evento de apertura del 2011, año del Bicentenario de Paraguay, regaló música de artistas locales en la plaza frente al Centro Cultural de la República El Cabildo, para luego ofrecer una espectacular proyección gigante en 3D, sin precedentes en el país, del llamado “efecto mapping”, con un atractivo cierre pirotécnico y ritmos para los más jóvenes. La cita congregó a miles de paraguayos el pasado 1 de enero de 2011, desde las 21 hasta pasada la media noche.
El encuentro de apertura del año del Bicentenario Paraguayo fue animado por las voces del Coro de Niños del Bicentenario, dirigido por el maestro Carlos Cazal, que cantaron el Himno Nacional y otros temas.
Tras ello, se dio lugar a los discursos oficiales del gobierno, que no tuvieron buena acogida por parte de los presentes. Primeramente subió al podio el presidente del Congreso Nacional, Óscar González Daher, quien recibió gritos de reprobación del público, siendo el más repudiado de la noche.
Luego brindó su discurso el actual intendente de Asunción, Arnaldo Samaniego, quien no fue tan abucheado como el anterior. Por último, el vicepresidente de la república, Federico Franco, en representación del presidente de Paraguay, Fernando Lugo, dio unas palabras de aliento a los presentes, que fueron bien acogidas.
Seguidamente, continuó el momento musical con la actuación de la Orquesta “Sonidos de la Tierra” dirigida por el maestro Luis Szarán, y el Conjunto Gigante de Arpas, con unos 100 instrumentos del mismo proyecto.
El humor estuvo presente con el Trompo Arasa, el personaje del Bicentenario, y el comediante Gustavo Cabañas, quien hizo reír al público con sus simpáticos parlamentos.
Tras el momento musical, que tuvo lugar en un escenario montado al costado de El Cabildo, el público se aprestó a apreciar el proyecto audiovisual del “mapping” que se exhibió en el frontispicio (fachada) de El Cabildo, para luego dar lugar a un espectáculo pirotécnico.
Para el final de la velada, el grupo paraguayo de cumbia pop K-chiporros cerró la noche con temas dedicados a la juventud.
El evento fue organizado por la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Nacional del Bicentenario de la Independencia de la República, y otras instituciones estatales y empresas del sector privado.
PRODUCCIÓN Y GUIÓN
La proyección gigante frente a El Cabildo, con el efecto “mapping”, incluyó cinco actos, que revelan a grandes rasgos la historia del Paraguay, desde la independencia nacional hasta el 2011. El material proyectado duró cerca de 12 minutos, y se inició aproximadamente a las 22.50.
El primero es un recuento básico de la historia del país; el segundo, aborda la gesta libertaria mayo de 1811, con los próceres; y el tercero, revela las grandes contiendas del país, como las guerras de la Triple Alianza y la del Chaco.
Tras un acto intermedio, se rinde un homenaje a la mujer paraguaya, teniendo como cortina de fondo Danza Paraguaya, la composición de Agustín Barrios. El cuarto acto, se representó con una gran maquinaria: la stronista. El quinto y último acto, el de cierre, muestra una bandera humana gigantesca.
Los efectos sonoros que acompañaron a las imágenes fueron de buena calidad, y las imágenes se apreciaron con gran nitidez, que emocionaron al público, que por momento aplaudió y gritó al ver imágenes representativas de la historia del Paraguay.
La innovadora tecnología se empleó en los festejos de Bicentenario de Argentina, México, Chile, entre otros países. Para esta presentación, se preparó en Paraguay una producción con un lenguaje artístico y un guión creativo, con asesoría de técnicos argentinos.
La historiadora Margarita Durán Estragó (miembro del Consejo Asesor de la Comisión Bicentenario de Paraguay) trató de recopilar, a modo de recuento, los principales hechos y personajes de la historia del Paraguay, sin olvidar a nadie, incluyendo a todos los sectores.
Según Durán, se procuró que todos los actores sociales fueran fielmente representados en la producción, tales como víctimas de la dictadura, mujeres, destacados en literatura, música, y también del deporte.
“Queremos dar una nueva lectura a la historia, un enfoque optimista para que nos sintamos orgullosos de ser paraguayos”, reveló en un comunicado de prensa local.
El artista plástico Carlo Spatuzza, director de arte de Karaí Norte, Hamaca Paraguaya y Siete cajas, tuvo a su cargo la dirección artística del “mapping”. Señaló que era necesario traducir en imágenes lo que se deseaba narrar.
RECOPILACIÓN DE IMÁGENES
Para la producción del mapping frente a El Cabildo de Paraguay, colaboraron personas e instituciones que acercaron sus imágenes de archivo y preparativo del sonido.
Estas instituciones y personas fueron el Observatorio Cultural del Centro Cultural de la República El Cabildo, el Archivo del periodista Manuel Cuenca, el diario Última Hora, el Sistema Nacional de Televisión (SNT) “Cerro Corá-Canal 9”, la Biblioteca Nacional del Paraguay, la Biblioteca Augusto Roa Bastos de El Cabildo, y la librería El Lector.
También colaboraron con sus archivos visuales el museo Andrés Barbero, radio Ñandutí, la Casa de la Independencia, el Instituto Profesional de Artes y Ciencias de la Comunicación (IPAC), el museo de la Memoria, la biblioteca del Centro Cultural Paraguayo-Americano (CCPA), la colección gráfica del periodista Javier Yubi, Martha Mancini, el periodista Antonio V. Pecci, el actor Ramón del Río, Petrona Alvarenga, Johann Sorensen, entre otros.
VIDEO E IMÁGENES EN REDES SOCIALES
Muchos usuarios paraguayos de las redes sociales
cargaron sus imágenes del espectáculo visual en sus respectivas cuentas.
Un álbum fotográfico de interés en Facebook es “Asunción - Festejos del Bicentenario 2010 – 2011” (Link caduco, revisado Septiembre 2025), de Karina Ver Mellstreing (Link caduco, revisado Septiembre 2025), además de otros más.
En Picasa también pueden verse imágenes (de Sergio Noé) del efecto “Mapping del Bicentenario de Paraguay” (Link caduco, revisado Septiembre 2025).
Fotos: Mapping del Bicentenario Paraguayo. Créditos: Sergio Noé.
Video en YouTube del usuario zsaint87.
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Lectura recomendada:
LAS SEÑORITAS DE PÉREZ PIN
Cuento de YULA RIQUELME DE MOLINAS
El sermón del padre Miguel había desencadenado la tragedia. Con el porte de reinas ofendidas, Nicanora y Clotilde se retiraron de la iglesia. Lentes de oro enmarcaban el disgusto en sus miradas. Y hacían mohines de rancio abolengo. Y presumían de su virtud a cada paso. Y pisoteaban con rabia la escalinata de mármol. Y escapaban del pecado tomadas del brazo. Llegaron a la casa. Entraron por el portón principal. Resoplaron. Renegaron. Y ahora, llenas de gracia y desgracia, atravesaban el jardín rumbo a la cocina. El aire se impregnaba con el aroma del té de Ceilán y los scones recién horneados. Toña, la mucama, luego de alistar la mesa del desayuno, había salido al patio. Ajena al conflicto de sus patronas, se acopló, alegremente a los quehaceres del jardinero. En dulce compañía se pusieron a quemar la hojarasca lejos de las alcobas. Como buenos servidores, cuidaban que el humo no mancillase la blancura, de las sábanas de Holanda ni dificultara la quisquillosa respiración de las copetudas. Taconeando y protestando, las señoritas de Pérez Pin cruzaron de largo el parque. A causa del nerviosismo que traían de la iglesia, no se acordaron de admirar los rosales ni de controlar el veneno en los hormigueros. Caminaban precipitadas, aunque dueñas de absoluta distinción. Lucían vestidos antiguos de chorrera y blondas, pamelas con cintas en la copa y raso de tornasoles, joyas relumbrantes y sin embargo, iban sumidas en profunda oscuridad. A tal punto, que revoloteaban de aquí para allá sus rosarios de cuentas benditas sin percatarse de la irreverencia.
** Juntas empujaron la puerta de la cocina, atraparon al paso la bandeja de los scones calientes y avanzaron apresuradas con destino al comedor. Tenían puesta mesa de etiqueta. Sus nobles apellidos así lo exigían. El protocolo incluía vajilla de Inglaterra, flores y demás paqueterías. A pesar de tanta alcurnia, el apetito las apuraba inevitablemente a esa hora. Las dos eran cristianas de comunión diaria y el ayuno tempranero les alborotaba el estómago. De manera que, sin preámbulos, se sentaron a desayunar con los sombreros encajetados y las pecheras de organdí acorralándoles el cuello marchito. Al ritmo del parloteo, los manjares se deslizaban atropelladamente por la garganta. Como de costumbre, Nicanora llevaba la delantera, pero esta vez, de ningún modo, Clotilde se atrasaba. Una a la otra, olvidando el linaje, se sacaban de la boca las palabras, gesticulaban con aspavientos y abrían los ojos desmedidos mientras engullían scones y mermelada y se atragantaban con el té. ¿Cuál era el problema que así las trastornaba? Ni más ni menos, los dimes y diretes de un suceso totalmente inesperado. Todo empezó cuando el cura párroco, aprovechando su sermón de esa mañana, se despidió para siempre de los feligreses y de la iglesia. ¿Y cuál fue el asunto que lo llevó a tomar aquella determinación? ¡Oh catástrofe, el padre Miguel se había enamorado! Las murmuraciones corrían de banco en banco... A la sombra de los techos sagrados del templo rodaron los comentarios. Y se supo enseguida que una devota de su propia parroquia había sido la piedra del escándalo, la santurrona que lo sedujo irremediablemente. Esos traidores no alcanzarán el perdón de Dios. No lo conseguirían jamás, sentenció Nicanora enardecida y se limpió los labios con la servilleta de hilo blanco y bordados en punto cruz.
Al mismo tiempo, Clotilde soltaba la taza vacía y con el dorso de la mano, secaba sus lágrimas de frustración. ¡Así sea!, remató ahogando un sollozo y se plegó al veredicto de Nicanora. Era evidente que ambas hacían suya la ofensa. Las señoritas de Pérez Pin, bajo ninguna circunstancia, aceptarían el idilio del Padre Miguel y de Maura Sánchez, la vecina de la casa de al lado. Sí, esa insípida mosca muerta que se codeaba con ellas tranquilamente. ¡Qué atrevimiento! ¡Se les había burlado en las narices de alto rango! Nicanora y Clotilde odiaban hacer el ridículo y más aún, con la plebe del barrio. Desde luego, también despreciaban la indecencia, propia de la gente sin categoría social. ¿De dónde había salido Maura Sánchez? Era una vulgar pensionista de inquilinato y, sin embargo, tuvo el descaro de tentar a un sacerdote. Entonces, muy firmes en su honorable papel de señoritas puritanas, Nicanora y Clotilde asumieron el compromiso de vengar la conducta de los descarriados. Y decidieron castigar aquellos amores sacrílegos. Y finiquitar el maldito episodio. ¿De qué modo? Ya se verá. Para meterse en la vida del prójimo, ellas se arreglaban solitas. ¡Desventurado el que no les caía simpático! Y si como en este caso, además de la gran vergüenza, provocaban su indignación, el trámite se ponía sumamente peligroso. Las dos tenían una facilidad extraordinaria para ciertas cosas... En un segundo vestían a los santos cada sábado por la tarde y desvestían sin reparo la honra del vecindario, amén de otras jugarretas que, obviamente, no figuraban en el santoral. Pero la verdad era que las aristocráticas señoritas de Pérez Pin estaban deprimidas, con el ánimo destrozado. Sufrían por la liviandad que imperaba en este mundo y, específicamente, en el seno sacrosanto de la parroquia. Con tal motivo, el desenlace debería llegar lo más pronto posible.
Tomando en cuenta los códigos de la moral respetada fielmente por ellas, esa afrenta a las leyes de Dios constituía delito inapelable. Aunque por cuestiones de la burocracia, Nicanora y Clotilde no irían a recurrir a la Santa Sede, al Vaticano o al Papa. No. ¡Eso sería perder graciosamente el tiempo! Ellas se sentían obligadas a buscar una rápida solución. Ahora mismo. ¡Sin desperdiciar un solo minuto! Lo entendían así. Y así, dispuestas a todo, se unieron en un vistazo cómplice. Los pensamientos estallaban en sus cabezas de rizos enmarañados cuando a Clotilde le molestó el sombrero. Se lo sacó de un tirón. Hizo lo mismo Nicanora y agitó vigorosamente la campanilla de servicio. Atenta, la mucama entró en la casa y a pleno sol quedó esperando el jardinero. Todavía emocionada con los arrumacos de su galán, Toña recogió las dos pamelas y las colgó en el perchero vienés de la sala de las visitas, pero no volvió al patio. ** El ceño fruncido de sus patronas la había amedrentado y afanosamente se puso a restarle polvo y sumarle brillo a las estatuas y crucifijos que adornaban la mansión. Por su lado, las señoritas de Pérez Pin se exprimían los sesos persiguiendo un corte final para el romance profano del cura y la vecina. Y ya cruzando el límite de sus quebrantos, vino la idea prometedora: con la última taza de té se acabó la incertidumbre. Entonces, Nicanora y Clotilde suspiraron a dúo y se miraron llenas de esperanza. Pese a que los nervios y el dolor no se aplacaban aún, ellas se levantaron de la mesa bastante recuperadas y subieron a los dormitorios del segundo piso. Con la ayuda de Toña, cambiaron los zapatos de tacones por las pantuflas de seda china. Se despojaron de sus alhajas y las depositaron en el joyero con dos vueltas de llave. Desabrocharon sus pecheras de gala, sus vestidos antiguos. Eliminaron con leche de rosas los afeites y las impurezas cogidas en la calle. Y para completar la operación, se quitaron hasta las enaguas y únicamente se dejaron encima el escapulario de la Virgen del Carmen.
De inmediato, cada una cubrió su cuerpo arrugado con el negligé de satén color de malva y un toque de perfume francés detrás de las orejas. Así ataviadas, Nicanora y Clotilde bajaron las escaleras cuchicheando apenas para que Toña no se enterase del plan. Enlazadas llegaron hasta el secreter. Nicanora se acomodó en el sillón de cuero de Rusia y tomó la pluma. En los términos más afectuosos de su repertorio redactó la invitación. Clotilde ajustó sus gafas de oro y la leyó minuciosamente. Acto seguido, ambas firmaron la nota y la enviaron a destino por medio de Toña. La cita era para las cinco en punto de la tarde y a las cinco en punto se presentó la invitada. Las anfitrionas la saludaron con engañosa cortesía y la ubicaron exactamente en el sitio previsto. Después, se le sentaron una de cada lado y la ceremonia del té se puso en marcha... Clotilde alzó la tetera de porcelana inglesa y elegantemente, la inclinó sobre la taza de la vecina, la misma taza que contenía la solución del problema.
Nicanora abrió el convite con palabras zalameras. La vecina se sonrojó de pura complacencia. Bebieron las tres. Charlaron. Y se fue la tarde sosegadamente... Al otro día, las señoritas de Pérez Pin regresaban de la iglesia. Se santiguaron sorprendidas por el acontecimiento trágico: frente a la casa de inquilinato, entre algunos curiosos que dificultaban la acción, dos enfermeros circunspectos depositaban en la ambulancia el cuerpo sin vida de Maura Sánchez.
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Fuente: DE BARRO SOMOS
Intercontinental Editora,
Asunción-Paraguay, 1998
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