POESÍA de
ANNE CHACHIGMAN
.
I
Se me ha vuelto frecuente asomarme a esta ventana
y notar a los hombres, algunos
armados hasta el cuello, parados, frente a
una multitud desesperada, implorante, hartos
de todo, la piel sudorosa, los ojos rojos
el deseo de libertad en llamas!
Los gritos, las quejas, las amenazas y las injurias
se hacen escuchar por los adversarios como simples ecos
sin ningún alcance en sus consciencias sordas.
El gentío, enrabiado ante semejante indiferencia
se deja llevar por el instinto mismo
del mortal dispuesto a morir.
Y entonces comienzan a volar las piedras,
los pedazos de pavimento, las balas...
La violencia engendra más violencia
y esta lucha tan justificada toma
de a poco la apariencia de la salvaje perversidad
del ser humano.
Que mundo tan extraño.