
ALQUIMISTAS
Xilo y linóleum, 101 x 80 cm., 1975
Obra de EDITH JIMÉNEZ
LA BELLEZA DE LA VERDAD
Durante casi cincuenta años, Edith Jiménez ha trabajado prácticamente los mismos materiales con el empeño de quien decide enfrentar la apariencia y descubrir, tras sus múltiples veladuras, la belleza de la verdad. Verdad y belleza han sido siempre los ejes sobre los que ha girado, en gran parte, la obra de esta magnífica pintora y grabadora paraguaya. Verdad oculta y belleza por descubrir en paisajes florales y celajes coloreados por la luz que la artista convierte en juegos de luces y de colores cargados de sugerencias y de emociones. En cada cuadro de Edith Jiménez se encierra un mundo de sugerencias esperando ser descubierto por el ojo atento del espectador. Y así, la «realidad» primera que los sentidos captan se con-vierte en mancha polícroma y polimorfa que multiplica la percepción y desvela o revela una verdad escondida que, en algunos casos, se parece al sueño. Escritura libre del universo. Pintura literaria, si cabe. Descripción y percepción personalísimas que descomponen la verdad aparente para devolvérnosla reducida a sus esencias. Así ha trabajado siempre Edith Jiménez y así sigue trabajando, desde que en 1957 hiciera su primera exposición individual en la Galería Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano.
Si algo hay en esta artista es osadía, atrevimiento, valor de mujer osada, de artista comprometida con la verdad que ella percibe. Sus pequeñas casas campestres azotadas por el viento se hacen manchas indefinibles en un torbellino de colores salidos de un centro solar que parece esencial y omnipresente y que convierte la escena representada en una abstracción cargada de sentidos casi infinitos. No hace concesiones, ni al pintoresquismo fácil, ni a las modas. Pintura libre. Libre escritura del universo.
Desde 1957 a 1990, Edith Jiménez ha ido exponiendo, año a año, las obras que salían de sus pinceles. Una buena parte de la historia reciente de la plástica paraguaya tiene su nombre y está marcada por su talento. Discípula de Jaime Bestard desde 1943, Edith Jiménez huyó siempre de todo academicismo, lo que no significa en lo absoluto que huyera del rigor. Las suyas son obras de un gran rigor, obras torturadas por llevar al lienzo la verdad escondida por la percepción de los sentidos. Ver más allá de lo que el ojo nos muestra exige rigor y valor para enfrentar el riesgo y exige, además, precisión en el trazo, sabiduría en la elección de las mezclas y los colores, habilidad, maestría, experiencia y trabajo.
Estas habilidades y estas virtudes, a las que siempre ha permanecido fiel, debió de aprenderlas Edith Jiménez desde muy temprano, primero con Jaime Bestard y, después, con su maestro de grabado, el maestro brasileño Livio Abramo, con quien comenzó a trabajar ya en 1956. Antes, en 1953, Edith Jiménez había sido nominada representante oficial del Paraguay en la categoría de pintura ante la Segunda Bienal de São Paulo, una bienal que desde el comienzo habría de ser uno de los más importantes foros de artes plásticas de nuestro continente.
La trayectoria internacional de Edith Jiménez se inició tempranamente y, desde que se inició, ya no se detuvo más. Las obras de nuestra pintora, cargadas de verdad y de belleza, pero también de sentimiento, pasaron a ser exhibidas en galerías de distintos países de América y Europa y a formar parte de museos y colecciones privadas tanto en Paraguay como en el extranjero.
Hoy, después de ocho años de silencio en las galerías, Edith Jiménez vuelve para mostrarnos sus últimas obras. Se trata de obras de pequeño y mediano formato en las que reaparece la maestría de la artista poniendo de nuevo ante nuestros ojos la verdad de la belleza (o la belleza de la verdad, si se prefiere). Ahí están sus cuadros. Ahí está su verdad de artista comprometida con la belleza.
FUENTE DEL COMENTARIO E IMAGÉN DE OBRA:
ARS LONGA. Por VICKY TORRES
Arandurã Editorial
Asunción-Paraguay 2004 (429 páginas)
ENLACE INTERNO (Hacer click sobre la imagen):
VICTORIA TORRES J’ROSPIGLIOSI -VICKY TORRES-, limeña, vive en Paraguay desde 1991. Desde entonces se ha destacado entre nosotros por haber ejercido de manera constante y profesional la crítica de arte en diversos medios de prensa asuncenos y por haberse convertido en una de nuestras principales animadoras culturales. Presidente de la ONG ORBIS TERTIUS, bajo su dirección se han multiplicado en los últimos años actividades hoy tan conocidas como los cafés filosóficos y las charlas de café, los recitales poéticos popularizados bajo el nombre de “Vino, chipa y poesía”, los debates sobre los temas culturales más importantes o actuales o la presentación de nuevos valores en el espacio de las artes plásticas. Como crítica de arte se inició en Lima en 1975, ejercicio que no ha abandonado desde entonces.
ARS LONGA no reúne todos los escritos de Vicky Torres sobre arte publicados en nuestro medio, pero sí una gran parte -y, tal vez, la más significativa- de los mismos. Se trata, básicamente, de artículos, muchos de ellos publicados en ABC Color, y de textos especialmente preparados para catálogos. Comprende, no obstante, miradas que van más allá del arte paraguayo y que se internan en el que se ha hecho y se hace en otras partes del continente- y del mundo o se aventuran en reflexiones acerca del misterio siempre fascinante de la creación artística.
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