EL FIN DE LA COLONIA: PARAGUAY 1810 – 1811
Obra de JERRY W. COONEY
Colección: INDEPENDENCIA NACIONAL
INTERCONTINENTAL EDITORA
Asunción – Paraguay
2010 (155 páginas)
2010
© JERRY W. COONEY
© INTERCONTINENTAL EDITORA S. A.
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CONSEJO DIRECTIVO DE LA FUNDACIÓN CABILDO
PRESIDENTA - MARGARITA AYALA DE MICHELAGNOLI
VICE PRESIDENTA - DRA. TERESA MARÍA GROSS BROWN DE ROMERO PEREIRA
MIEMBROS TITULARES
FÁTIMA DE INSFRÁN // GABRIEL INSFRÁN // MARGARITA MORSELLI //
YOLANDA BOGARÍN // MARÍA LUISA SACARELLO DE COSCIA //
GILDA MARTÍNEZ YARYES DE BURT // MIGUEL ALEJANDRO MICHELAGNOLI
MIEMBROS SUPLENTES
EDGAR INSFRÁN // PAZ BENZA
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
PRÓLOGO
RECONOCIMIENTOS
INTRODUCCIÓN
Capítulo Uno:PARAGUAY CONTRA BUENOS AIRES
Capítulo Dos: "¡ALBOROTO EN LA PLAZA!"
Capítulo Tres:EL PARAGUAY AUTÓNOMO
CONCLUSIÓN
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
PRÓLOGO
La historia abunda en extrañas conjunciones de hechos, cuya relación escapa a los contemporáneos. Sólo el examen de un historiador extraordinario, yendo más allá de las apariencias, puede ha llar las conexiones ocultas de los acontecimientos, revelarlas y explicarlas. En el caso que nos concierne, tal historiador es Jerry W Cooney.
La especialidad de Cooney, los finales de la era borbónica, está llena de significados complejos para el pueblo paraguayo. La provincia -una de las más aisladas de la América del Sur española conoció en aquellos años innumerables cambios en lo político y lo económico. El crecimiento de la producción de la yerba y la creación del monopolio estatal del tabaco llevaron al Paraguay la moneda por primera vez; la rapidez con que surgió una economía monetaria creó posibilidades completamente diferentes para muchos paraguayos. Hasta el campesino más humilde conoció aquella nueva situación, en que los hijos de un labriego podían llevar una vida muy distinta de la del padre. Dicho de otra manera, la era borbónica ofreció al Paraguay la posibilidad de alcanzar una prosperidad anteriormente reservada a las áreas más modernas del imperio español. Sin embargo, la historiografía tiende a presentar aquel periodo como un simple preludio de los gobiernos de Francia y López.
Cooney ve las cosas de otra manera. Considera que la era borbónica o, más precisamente, la lucha del Paraguay por su autonomía en 1810 y 1811, merece un estudio histórico específico. En cierto sentido, su postura coincide con la de Efraím Cardozo y Rafael Eladio Velázquez, los dos historiadores paraguayos que dedicaron una particular atención al periodo. Pero quizás Cooney vaya más allá que sus predecesores en lo relativo a las conexiones del periodo con un contexto más amplio. En nuestros días, es frecuente hablar de fenómenos globales, como si los debates de la política económica en Pekín incidieran inevitablemente en la economía de Dinamarca o Madagascar. En el Paraguay, sin embargo, la mayoría de los historiadores aún centran sus investigaciones en la dimensión nacional -donde dominan el escenario las figuras del doctor Francia y los López-.
Pero Cooney no limita su análisis a la consideración de los tradicionales círculos de poder de Asunción, pues se ocupa también de las cortes de Madrid y Lisboa, los gabinetes de Buenos Aires y Londres, y los ranchos de paja de San Pedro y Caacupé. Es un enfoque ambicioso y que, al realizar su propósito de ofrecer una visión de conjunto, termina por demostrar el carácter único del Paraguay de una manera que la mayoría de los historiadores locales no ha tomado en debida cuenta. Simplificando, la mayoría de esos historiadores ha afirmado que el cambio político del Paraguay fue mayormente una consecuencia de acontecimientos europeos -como si el cautiverio de Fernando VII hubiese provocado una transformación inexorable para los pueblos del Nuevo Mundo-. El estudio de Cooney revela, sin embargo, que los paraguayos fueron los actores principales en la definición de su propio destino, y que los habitantes de la provincia tuvieron dirigentes comparables a Bolívar y San Martín; tenían también intereses a los que no estaban dispuestos a renunciar. Su lucha -para usar una expresión de Roa Bastos- fue un trueno entre las hojas, y no el mero eco de una tempestad originada en París o Buenos Aires. Por este motivo, el gobernador Bernardo de Velasco tuvo tan pocas dificultades para organizar un ejército a fin de enfrentar las pretensiones de los porteños; por el mismo motivo, quienes sucedieron a Velasco en el poder pudieron crear un Estado paraguayo autónomo en tan poco tiempo.
Esta manera de encarar la historia pide algo más que meras especulaciones apriorísticas, pues exige una atenta consideración de los hechos consignados en los documentos de los archivos. Por eso Cooney dedica una especial atención al examen de los acontecimientos del 14 y 15 de mayo de 1811; sobre todo al modo en que una generación de jóvenes oficiales de milicias dirigidos por Pedro Juan Caballero se apoderó de la revuelta para hacerla suya. Cooney también muestra que la dirigencia paraguaya no se vio enfrentada a una sola opción sino a varias -algunas de ellas no surgidas en Asunción sino en Buenos Aires y Río de Janeiro-. La lucha paraguaya de 1810 y 1811 fue un fenómeno particularmente ambiguo en que la libertad llegó, primeramente, del rechazo de las tesis liberales de los intrusos porteños; luego, de la adopción de tesis similares y, finalmente, del rechazo de las mismas. De acuerdo con esta interpretación, la larga dictadura de Francia fue un resultado posible -más no el único- en la lucha por el cambio del Paraguay. Para los paraguayos de hoy, que tratan de comprender de qué manera se encuadra la administración de Fernando Lugo en la tradición histórica de caudillismo y gobierno de un solo partido, puede ser muy provechoso el énfasis puesto por este estudio en recalcar la presencia de la ambigüedad.
CAPÍTULO UNO
PARAGUAY CONTRA BUENOS AIRES
Las derrotas militares en la Península Ibérica, sumadas al antagonismo de los criollos contra sus superiores, los españoles nacidos en España, y a las dudas sobre la legitimidad del nuevo gobierno formado en España hicieron que el Cabildo y los vecinos de Buenos Aires se rebelaran contra su virrey en los últimos días de mayo de 1810. Paradójicamente, el último virrey español en Buenos Aires, Baltasar Hidalgo de Cisneros, inadvertidamente dio pábulo a la subversión publicando, el 18 de mayo de 1810, un manifiesto al pueblo de Buenos Aires, donde le informaba sobre las derrotas del ejército español por el francés. Además, el virrey mostró debilidad al manifestarse dispuesto a aceptar colaboración en la tarea del gobierno. Los reveses militares en España y la aparente debilidad de Cisneros llevaron a su punto de ebullición el viejo resentimiento y desconfianza hacia los gachupines (españoles peninsulares) y, por resolución de un cabildo abierto, (1) se formó una Junta de criollos para gobernar Buenos Aires en nombre de Fernando VII. (2) El 25 de mayo de 1810 los criollos de Buenos Aires se hicieron con todo el poder en la ciudad y, aunque Cisneros aún desempeñó por breve tiempo una cierta función pública -por lo demás inefectiva y ambigua-, para dar legitimidad a la nueva Junta, ella gobernó Buenos Aires con el propósito declarado de servir fielmente los intereses de La ciudad portuaria y los derechos de la Corona en el Río de la Plata. (3)
La nueva Junta desconoció la autoridad del recién creado Consejo de Regencia de España, nacido de la disolución de la Junta Central de Sevilla, formada a su vez a causa del cautiverio de Fernando VII. Invocando una antigua idea española, según la cual la soberanía revertía al pueblo en ausencia del rey legítimo, la Junta porteña decidió gobernar el Virreinato del Río de la Plata, alegando que sus integrantes eran los únicos capaces de representar cabalmente los derechos de la Corona. Con ese argumento, la Junta de Buenos Aires desechaba el viejo principio de que los gachupines debían ocupar la mayoría de los cargos públicos superiores en el Nuevo Mundo.
De hecho, la Junta adoptó prontas medidas para humillar a los peninsulares y reprimir cualquier posible reacción de aquellos. (4) En virtud de la posición privilegiada de Buenos Aires como capital del Virreinato, la Junta porteña se arrogó el derecho de gobernar todo el Río de la Plata después de consumado el golpe político del 25 de mayo. El 27 de mayo de 1810 la Junta envió una circular a todas las provincias o distritos administrativos del interior del disuelto virreinato. La circular informaba que se había creado la Junta; que la misma obraba de pleno acuerdo con Cisneros y que asumía todas las facultades gubernativas en nombre de Fernando VII, a causa de la falta de legitimidad del Consejo de Regencia en España. La Junta seguiría ejerciendo la dirección del gobierno hasta que las provincias del Río de la Plata enviaran sus delegados a Buenos Aires para incorporarse a ella. (5) El interior debía mantener el orden y cooperar con Buenos Aires lo cual implicaba que debía someterse a los intereses de la ciudad portuaria-. Para dar sanción a las resoluciones del nuevo gobierno, se preparaba el envío de una expedición al interior, con el propósito de conservar el orden y desbaratar cualquier posible oposición. (6)
El partido español de Buenos Aires no permanecía ocioso. Cisneros y sus partidarios instaron a los leales a España a que resistieran la autoridad de la nueva Junta. En forma solapada, desde Bue nos Aires se enviaron notas en que el propio Cisneros censuraba a la nueva Junta. En el Alto Perú, un fuerte sentimiento realista mantuvo aquella región leal a España hasta la década de 1820. En Córdoba, la presencia de Santiago Liniers, dispuesto a enfrentar a la Junta, mantuvo sosegados a los criollos. Al otro lado del estuario, en Montevideo, los criollos se mantuvieron fieles a España; no por amor a la Madre Patria ni por respeto al Consejo de Regencia, como por una vieja oposición a someterse a las directivas de Buenos Aires. Al norte y sobre el río estaba el Paraguay, donde la noticia del golpe de Buenos Aires llegó a mediados de junio de 1810, llevada por varios mensajeros. El más importante de ellos fue el coronel José de Espínola y Peña, enviado oficial de Buenos Aires al Paraguay. Este oficial se encontraba en Buenos Aires, gestionando su reposición en el cargo de Comandante Militar y Político de Villa Real de la Concepción, cuando tuvieron lugar los sucesos de mayo. Evaluando rápidamente las fuerzas de los españoles y los criollos, Espínola optó por los segundos y ofreció su pleno apoyo al nuevo gobierno. Como recompensa, fue elegido para llevar el primer comunicado oficial de la Junta a las ciudades ribereñas de la ruta a Asunción. Es muy probable que la Junta le hubiera prometido reponerlo en el puesto de Comandante Militar y Político de Concepción, tan pronto como el Paraguay aceptase a las nuevas autoridades bonaerenses. (7)
Uno tiene la impresión de que los miembros de la Junta desconocían por completo la situación del Paraguay y de los paraguayos. Espínola, según el juicio de un contemporáneo, era "un hombre ordinario, violento, arrogante, ambicioso e ignorante". (8) Era odiado por la mayoría de los paraguayos de todas las clases sociales y su llegada como representante de la Junta porteña creó malestar en toda la provincia. Para mediados de junio, el emisario estaba en Pilar, (9) donde obligó al Cabildo a reconocer la autoridad de la Junta de Buenos Aires. De Pilar pasó a Asunción, donde entregó al gobernador Velasco el manifiesto en que la Junta porteña justificaba el haberse atribuido el gobierno de los dominios españoles del Río de la Plata. Jactanciosamente, Espínola mencionó la posibilidad de que él mismo dirigiese otra expedición militar de paraguayos hacia el sur, para ayudar a la Junta de Buenos Aires. Muchos llegaron a creer aquella baladronada, como también el falso rumor de que Espínola iba a reemplazar a Velasco como gobernador del Paraguay. (10)
El gobernador Velasco quedó furioso con la inquietud provocada por Espínola, a quien arrestó y envió a Concepción para aislarlo, mientras se analizaba la nueva situación. El coronel Espínola, temeroso quizás de la reacción de los pobladores de Concepción, a quienes había oprimido cuando tuvo un puesto público en la zona, comprendió que no le convenía estar en el Paraguay: en una canoa y luego en un buque, huyó río abajo, perseguido de muy de cerca por paraguayos. (11)
La misión de Espínola prestó un gran favor a los gachupines de la provincia. ¿Podía el paraguayo común apoyar a la Junta que le había enviado como representante al hombre que lo había oprimido? Además, el rumor de que Espínola iba a dirigir una expedición de paraguayos al sur del Río de la Plata provocó el mismo tipo de resquemor experimentado en la provincia en 1806 y 1807. A las dos semanas de la llegada de Espínola al Paraguay, el gobernador Velasco trató de calmar el temor de quienes se habían escondido en los montes, lanzando un bando en que les instaba a volver a sus hogares. (12)
El temor de los paraguayos aumentó al difundirse la voz de que Espínola llevaba órdenes secretas de la Junta porteña para suplantar a Velasco. Se trataba de un mero rumor, pues la Junta de Buenos Aires no comenzó a relevar funcionarios antes de septiembre de 1810; de cualquier manera, se le dio crédito en el Paraguay y más allá de sus fronteras. (13)
Y así la misión de Espínola tuvo como resultado consolidar el poder de Velasco y de los realistas durante aquel momento crítico y el resto del año 1810. Los paraguayos mostraran muy poca simpatía por Buenos Aires, cuyo proceder irreflexivo había obrado en contra de la causa de la ciudad revolucionaria. El porteño Pedro Somellera, asistente de Velasco en el gobierno, (14) mantuvo comunicaciones secretas con Buenos Aires a partir de junio de 1810. En opinión de Somellera, el Paraguay hubiera aceptado de buen grado el manifiesto de la Junta bonaerense si se lo hubiese enviado por el servicio de correo ordinario. 18 Puede dudarse de la opinión de Somellera, pero no de que la misión de Espínola llevase a todas las clases del Paraguay a la lucha contra Buenos Aires -no precisamente por amor al viejo sistema imperial ni por defender al distante e incomprendido Consejo de Regencia-.
El gobernador Velasco debió decidir qué actitud tomar frente a Buenos Aires. Una de sus primeras medidas fue observar de cerca a todos los paraguayos de algún modo asociados con el coronel Espínola. 19 Seguidamente el gobernador y el Cabildo, en una reunión conjunta, decidieron que la grave situación exigía la convocatoria de un cabildo abierto o Junta General de la provincia para e1 4 de julio en Asunción. Debían asistir al mismo las personas más destacadas, Los funcionarios superiores y los religiosos de mayor rango. 20 A causa de la inclemencia del tiempo y las grandes distancias que debían recorrer algunos delegados, se pospuso la reunión para el 24 de julio de 1810. 21 Buenos Aires, actuando como si su autoridad se hubiese aceptado, mandó una circular de fecha 18 de julio de 1810 al Cabildo asunceno, para explicarle cuáles debían ser las cualidades de los representantes del interior en Buenos Aires, y cuáles los procedimientos para elegirlos. 22
1.-Un cabildo abierto era una asamblea en que participaban, además de los miembros del Cabildo, las personas más destacadas de la circunscripción: "la parte mejor y más principal del vecindario", según la expresión tradicional. Se convocaba un cabildo abierto en casos excepcionales. (N. del T)
2.Para un buen recuento de la Revolución de Mayo de Buenos Aires y sus antecedentes, ver Enrique O. Corbellini, La revolución de mayo y sus antecedentes desde las invasiones inglesas al Río de la Plata (Buenos Aires, 1950), dos volúmenes. "Manifiesto del Virrey Cisneros" (Buenos Aires, 18 de mayo de 1810), en Registro oficial de la República Argentina que comprende los documentos expedidos desde 1810 hasta 1873 (Buenos Aires, 1879), I, 1-2. Acuerdos del Cabildo de Buenos Aires, Buenos Aires, 24 y 25 de mayo de 1810, en Archivo General de la Nación, Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires (Buenos Aires, 1927), IV, 153-175.
3.-Como las demás Juntas revolucionarias formadas en América en 1810, cuando se pensó que Napoleón triunfaba definitivamente en España, la Junta de Buenos Aires se declaró fiel a Fernando VII, por razones de conveniencia política. (N. del T.)
4.- Circular de la Junta de Buenos Aires, Buenos Aires, 27 de mayo de 1810, Registro Oficial de la República Argentina que comprende los documentos expedidos desde 1810 hasta 1873. (Buenos Aires, 1879), I, 25-26.
5.- Con la incorporación de los representantes de las provincias del interior, en diciembre de 1810, la Junta de mayo pasó a llamarse Junta Grande, porque tenía veintidós miembros. A causa del exceso de miembros, ella no pudo sostenerse, y fue reemplazada por un Triunvirato en septiembre de 1811... (N, del T.)
6.- De Marcelo Calles Sanz al gobernador y Cabildo de Buenos Aires, 28 de mayo de 1810, Archivo Nacional de Asunción, Colección Rin Branco I-29, 22, 1.-2. Esta colección de documentos paraguayos se encuentra hoy en el Archivo Nacional de Asunción, pero yo la consulté cuando ella estaba en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro; en adelante, será citada como ANA, CRB.
7.- Julio César Chaves, "Primeras relaciones entre la junta de mayo y el Paraguay", en Academia Nacional de la Historia, IIº Congreso Internacional de Historia de América (Buenos Aires, 1938), IV, 166-170.
8.- Mariano Antonio Molas, Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay. 3ª edición (Buenos Aires, 1957), p. 97.
9.- Entonces llamada Villa del Pilar de Ñeembucú o simplemente Ñeembucú, una de las cuatro ciudades paraguayas con Cabildo (las otras eran Asunción, Villarrica y Curuguaty). (N. del T.)
10.- Varios historiadores han repetido el falso rumor de que Espínola debía reemplazar a Velasco; entre ellos Molas, pp. 97-98, y Blas Garay, La revolución de la independencia del Paraguay (Madrid, 1897), p. 23.
11.- Expediente de la captura del coronel José de Espínola, Asunción, l4 de julio de 1810, Archivo Nacional de Asunción, Sección Historia, volumen 211, en adelante citada como ANA, SH 211.
12.- Bando de Velasco, Asunción, 2 de julio de 1810, ANA, SH 211.
13.- Molas, p. 97. De José María Salazar al secretario de Estado .y Departamento de la Marina, Montevideo, 10 de agosto de 1810 en Manuel E. Gondra Manuscript Collection, University of Texas, Austin, Texas, USA; en adelante citada como GMC.
14.- Somellera tenía el carga de teniente asesor letrado, o asesor jurídico de Velasco, y conspiraba activamente contra el superior. (N. del T.)
18.- Pedro Somellera, "Notas del doctor don Pedro Somellera a la introducción que ha puesto el doctor Rengger a su ensayo histórico sobre la revolución del Paraguay, Montevideo, 14 de septiembre de 1841," en Museo Mitre. Documentos del, Archivo de Belgrano. III, 316-317; en adelante citados como DAB.
19.- Bando de Velasco, Asunción, 2 de julio de 1810, ANA, SH 211.
20.- Acuerdo del Cabildo de Asunción, Asunción, 26 de junio de 1810, CRB I-29, 22, 1-2. Manifiesto del Gobernador Velasco, Asunción, 28 de, junio de 1810, ANA, SH 211.
21.- Bando del Gobernador Velasco, Asunción, 2 de julio de 1810, ANA, SH 211.
22.- Circular de la Junta de Buenos Aires al Cabildo de Asunción, Buenos Aires, 18 de julio de 1810, CRB I-29, 23, 16.
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Pero tampoco se estaban quietos los realistas ni quienes -aunque no siendo realistas- se oponían a los porteños y a la hegemonía de Buenos Aires en el Río de la Plata. En Montevideo, el comandante de plaza se ponía en contacto con Velasco, para condenar a la Junta y proclamar su lealtad al Consejo de la Regencia española. 23
En Córdoba, Santiago Liniers se valía de su prestigio de ex virrey para detener la influencia de Buenos Aires y los criollos. En el Paraguay, los adversarios de los criollos porteños consolidaban su influencia. Velasco no esperó hasta el 24 de julio, día del inicio del cabildo abierto de Asunción, para emplear todo su poder para ganar adherentes a la Regencia -obviamente, él y demás gachupines temían la orientación antiespañola del movimiento porteño-. Los efectos de la misión de Espínola se sentían en toda la provincia, incluso entre los paraguayos que abrigaban resentimientos contra los gachupines. Para mediados de julio, llegaron al Paraguay noticias frescas sobre la Regencia y la situación de España a través de una carta personal remitida al obispo; para entonces, ya resultaba evidente que la provincia no se dejaría llevar al partido porteño debido a las amenazas de Buenos Aires. 24
En el congreso de julio de 1810 ochenta y siete por ciento de los participantes eran vecinos de Asunción, así que los intereses de los comerciantes españoles de la ciudad estaban fuertemente representados. El congreso proclamó su lealtad a la Regencia de España, por considerarla representante legítima de Fernando VII. Pero también decidió mantener "armoniosa correspondencia y fraternal amistad" con la Junta de Buenos Aires, cuya autoridad no reconocía. A causa de la información proveniente de Buenos Aires, de que los portugueses podían aprovechar el estado de cosas incierto del Río de la Plata para iniciar acciones agresivas, se formó una Junta de Guerra y se tomaron todas las medidas necesarias para enfrentar una agresión lusitana; 25 aunque no se lo dijera, también para prever una agresión porteña, que no podía descartarse debido a la ambigua relación del Paraguay con Buenos Aires.
Después de aprobarse esas resoluciones, todos los participantes juraron lealtad a la Regencia y se ordenó que los funcionarios del interior hicieran lo mismo. 26 El temor de los paraguayos a participar en conflictos militares fuera de la provincia y el recelo de los gachupines contra las ambiciones criollas demostradas por Buenos Aires unieron en el Paraguay a dos grupos muy distintos. Además, el gobernador Velasco demostró dotes de liderazgo capaces de sobreponerse a cualquier conato de división en el Paraguay. Hechos posteriores demostrarían que aquella comunidad de intereses no podría sobrevivir al rechazo de una invasión extranjera, que permitiría a los paraguayos alcanzar su propósito y dejaría a los españoles en una situación desventajosa -como la inmediatamente posterior a la revuelta de Buenos Aires-.
El congreso declaró su lealtad a España a causa de la intensa presión del gobernador, el Cabildo de Asunción y los altos dignatarios de la Iglesia. Los paraguayos aceptaron mayoritariamente la declaración como muestra de su desconfianza de Buenos Aires. Desde el punto de vista político, los provincianos aún no habían llegado al punto de declararse formalmente leales a Fernando VII pero de hecho independiente de España y del dominio español. En 1810 hubo pocos casos de agitación porteñista; los partidarios de Buenos Aires eran mayormente porteños residentes en el Paraguay. En Asunción se ofició un Tedeum en celebración del desarrollo del congreso .y Velasco, a través de la Junta de Guerra autorizada por el congreso, comenzó al punto los preparativos para la defensa de la intendencia. En una proclama dirigida a todos los paraguayos, trató de despertar el sentimiento patriótico en toda la provincia; reclutó doscientos hombres para integrar la guarnición de Asunción; ordenó la formación de un ejército de cinco a seis mil hombres; aseguró a todos los hombres enrolados en el ejército que no serían tratados con rigor excesivo; negó la veracidad de los rumores difundidos a causa de Espínola; afirmó que ningún paraguayo prestaría servicio militar fuera de la provincia y manifestó que en caso de guerra él, Velasco, dirigiría personalmente las tropas en defensa del Paraguay y los derechos del rey. También se ordenó a todos los funcionarios civiles y eclesiásticos del Paraguay que predispusiesen a la gente del campo para la defensa de la tierra. Sólo después de tomarse todas esas disposiciones previas se informó a Buenos Aires sobre el resultado del congreso. 27
23. Del comandante de la Plaza de Montevideo Joaquín de Soria al gobernador Velasco, Montevideo, 7 de julio de 1810, ANA, SH 211.
24. Del Cabildo de Asunción a la Junta de Buenos Aires, Asunción, 17 de julio de 1810, en Registro Oficial de la República Argentina que comprende los documentos expedidos desde 1810 hasta 1873. I (BuenosAires,1879), 56. Del Cabildo de Asunción al obispo del Paraguay Fray Pedro García de Panés, Asunción, 17 de julio de 1810, en Archivo de la Curia Metropolitana de Asunción, Asunción, Paraguay; en adelante citado como ACMA.
25 El congreso había favorecido abiertamente a los gachupines; la Junta de Guerra era todavía más parcial. Su presidente era el propio gobernador; sus miembros, el coronel Pedro Gracia, los tenientes coroneles José Antonio Zavala y Delgadillo y Gregorio Tadeo de la Cerca, el sargento mayor Juan de la Cuesta, los capitulares del Cabildo y el ministro de Hacienda. En ausencia de Velasco, la presidencia de la Junta recaía en Pedro Gracia. Una de las funciones más importantes de la Junta era reunir armas para el ejército en formación, que pese a todo sólo podía estar muy pobremente equipado, pues había una tremenda escasez de armas largas (p. e., mosquetes). "Inventario General de Artillería, Montas, Municiones, Pertrechos y demás útiles para el servicio [...]". Pedro Fernández y Joaquín Rey, Asunción, 16 de marzo de 1810, en Fulgencio R. Moreno, Estudio sobre la Independencia del Paraguay. I (Asunción, H. Kraus, 1911): 233-237. Sobre las graves deficiencias de las fuerzas armadas del Paraguay, ver nota del Gobernador Velasco al Virrey Cisneros, Asunción, 16 de marzo de 1810 en Revista del Instituto Paraguayo, año II, tomo III, N° 15 (Asunción, 1899): 234-237.
26.Rafael Oddone, Esquema político del Paraguay (Buenos Aires, 1948), p. 69. Resolución del Congreso del Paraguay, Asunción, 24 de julio de 1810, ANA, SH 211. Con relación al congreso del 24 de julio de 1810, resulta interesante la opinión de Pedro Somellera, escrita unos cuarenta años después. Según Somellera, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, el futuro dictador del Paraguay, había participado en el congreso, donde dijo que el poder español en América había caducado. Aunque sin duda era aquel el sentir de Francia, no tenemos otra prueba del hecho que los recuerdos de Somellera. O el doctor Francia no fue nombrado representante en el congreso, o no firmó sus diversas resoluciones, porque no existe ninguna prueba documental de aquella supuesta manifestación. Somellera, DAB, III, 325.
27.Bando del gobernador Velasco, Asunción, 24 de julio de 1810, ANA, SH 211. Del gobernador Velasco al obispo Panés, Asunción, 27 de julio de 1810 ALMA. Circular del gobernador Velasco, Asunción, 24 de julio de 1810, ANA, SH 212. Del Cabildo de Asunción a la Junta de Buenos Aires, Asunción, 27 de julio de 1810, en Registro oficial, l, 56.
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El fracaso de Espínola y la decisión del congreso paraguayo obligaron a Buenos Aires a evaluar de una manera más realista sus relaciones con el Paraguay. La euforia emergente de la deposición del virrey ya había desaparecido en la ciudad a causa de la amenaza de la reacción realista de Montevideo, dueña de una flota de guerra, (La flota realista con base en Montevideo dominaría los ríos hasta febrero de 1813, cuando fue vencida por José de San Martín en San Lorenzo. (N. del T)) y por la oposición realista de Córdoba y Alto Perú.
Las órdenes enviadas por la Junta a las autoridades del interior sólo se habían acatado a medias; su cumplimiento efectivo exigía el uso de las armas. Enfrentados a la reacción, algunos destacados dirigentes porteños asumieron una posición jacobina y exigieron la aplicación de medidas drásticas contra los enemigos de la revolución. Entre los exponentes de esta línea se encontraba Mariano Moreno, secretario de la Junta de Buenos Aires y uno de los primeros en proponer el empleo del terror para aplastar a la oposición. 28 La influencia de los intransigentes pronto se puso en evidencia: el ejército porteño enviado a Córdoba para controlar la ciudad capturó y ejecutó en forma sumaria a Santiago Liniers. El rápido despliegue de fuerzas sobre Córdoba fue una hábil maniobra de Buenos Aires, porque los funcionarios españoles del Río de la Plata, apenas informados de la rebelión de Buenos Aires, comenzaron a trazar el plan de aislar a Buenos Aires mediante la unión de todas las provincias opositoras, desde la Banda Oriental hasta el Paraguay, y desde Córdoba hasta el Alto Perú. Pero con la muerte de Liniers y la adhesión de Córdoba a Buenos Aires, los enemigos de los porteños perdieron la posibilidad de desarrollar operaciones conjuntas contra la ciudad portuaria. La oposición realista a Buenos Aires quedó aislada, y por lo tanto destinada a fracasar en el Río de la Plata.
Con Córdoba integrada al sistema revolucionario, Buenos Aires dirigió su atención hacia la Banda Oriental y el Paraguay. Considerando que Montevideo era una plaza demasiado fortificada para ser tomada por asalto, (Cartagena y Montevideo eran las ciudades hispánicas mejor defendidas de América del Sur. Además de estar amurallada (Buenos Aires no lo estaba), Montevideo contaba con una poderosa artillería, que le permitió resistir a los patriotas hasta mediados de 1814. (N. del T)) la Junta decidió enviar río arriba a uno de sus miembros, Manuel Belgrano, con un pequeño ejército para aplastar la resistencia paraguaya. Belgrano llegaría a convertirse en uno de los mayores dirigentes de la lucha por la independencia del Nuevo Mundo pero, durante su campaña paraguaya, aún no tenía experiencia en el manejo de las tropas y para colmo había recibido recursos insuficientes de Buenos Aires. 29 Tanto Belgrano como la Junta fueron engañados por el coronel Espínola; éste, al regresar de Asunción, les aseguró que un ejército reducido bastaría para vencer toda resistencia paraguaya al liderazgo porteño. Por eso se dejó sin efecto una decisión anterior de enviar a Belgrano con un ejército a la Banda Oriental y, el 22 de septiembre de 1810 se le ordenó asumir el comando de las tropas para marchar al Paraguay. 30 Era evidente la animadversión contra los españoles de la Junta, y en especial la de Mariano Moreno, quien redactó las primeras órdenes para Belgrano. El terror debía ser el recurso principal para la supresión efectiva de la resistencia realista en el Paraguay. En la primera redacción de las órdenes para Belgrano, se le autorizó a ejecutar al gobernador y al obispo, como a todos los que se le opusieran en el Paraguay. Pero Belgrano no cometió aquellas atrocidades, en parte porque se cambiaron las órdenes antes de entregárselas. 31 Sin embargo, el tenor de las mismas es significativo del sentimiento prevaleciente entre los criollos del Río de la Plata durante el movimiento de la Independencia. De todos modos, Belgrano no era un hombre predispuesto a cometer asesinatos militares de aquel género; este y otros aspectos de su personalidad le fueron de gran valor, pues le permitieron ganar simpatías políticas para sí mismo y para su causa en medio de la derrota militar.
La creación de un ejército de liberación no fue la única medida adoptada por la Junta porteña al enterarse de la oposición paraguaya: antes de designar a Belgrano, la Junta ordenó a los funcionarios de la zona ribereña que cortasen toda comunicación con el Paraguay. Los puertos de Santa Fe y Corrientes recibieron órdenes de no permitir ninguna comunicación con la provincia recalcitrante, y además se detuvieron todas las embarcaciones, mercaderías y pasajeros que pretendían entrar o salir del Paraguay. 32 Para septiembre de 1810, el teniente gobernador (Teniente gobernador se llamaba al funcionario superior de una ciudad que era cabeza de distrito. (N. del T)) de Corrientes había cumplido esas órdenes estrictamente: en los muelles de aquel puerto estaban detenidas numerosas embarcaciones de procedencia paraguaya. Al mismo tiempo, la Junta trató de cortar también la comunicación por tierra ordenando a un subordinado de Velasco en Misiones que reconociera la autoridad porteña; el subordinado, coronel Tomás de Rocamora, lo hizo prontamente y con eso se convirtió en una seria molesta para Velasco.33 Rocamora también suministró a Buenos Aires gran parte de la información militar disponible sobre los planes del Paraguay.
29.Hay varios libros buenos sobre Manuel Belgrano, pero el mejor sigue siendo el del Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la independencia argentina (Buenos Aires, 1947). En cuanto a la relación de Mitre con el Paraguay en los años 1810 y 1811, una buena fuente es Museo Mitre, Documentos del Archivo de Belgrano (Buenos Aires: 1914), III.
30. De la Junta de Buenos Aires a Manuel Belgrano, Buenos Aires, 22 de septiembre de 1810, en DAB, III, 94.
31. Instrucciones secretas a Manuel Belgrano dadas por la Junta de Buenos Aires y redactadas por Mariano Moreno, 22 de septiembre de 1810 en Enrique Ruiz Guiñazú, Epifanía de la libertad: Documentos secretos de la revolución de mayo (Buenos Aires: 1952), pp. 373-374.
32. De la Junta de Buenos Aires a los tenientes gobernadores de Santa Fe y Corrientes, el capitán de Puerto de las Conchas, el administrador de Aduana y el comandante del Resguardo, Buenos Aires, 11 de agosto de 1810, en Registro oficial, I, 63.
33. De la Junta de Buenos Aires al coronel Rocamora de Misiones, Buenos Aires, 13 de agosto de 1810, en Registro oficial, I, 67. Al mes de haberse asegurado la cooperación de Rocamora, la Junta de Buenos Aires decretó la separación de las Misiones de la jurisdicción del Paraguay. De la Junta de Buenos Aires al coronel Rocamora, 16 de septiembre de 1810, en Registro oficial, I, 75.
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La política porteña de aislamiento hizo que el Paraguay aumentara sus actividades defensivas. El obispo Pedro García de Panés, llegado de España al Paraguay en 1809, colaboró plenamente con el gobernador y el Cabildo asunceno. Panés exhortó a todos los sacerdotes y curas doctrinarios de su diócesis (Por entonces, todo el Paraguay constituía una sola diócesis, por eso Panés era llamado el obispo del Paraguay. (N. del T.)) a apoyar al Consejo de Regencia de España y mantener a sus parroquianos leales a la Corona, llegando a comparar la lucha contra Buenos Aires con la defensa de la cristiandad. 34 El gobernador, ocupado de la defensa material de la provincia, ordenó que se reparasen gratuitamente todas las armas pertenecientes a las personas particulares y al Ejército; prohibió la venta de pólvora y concentró la artillería dispersa por el interior. Los urbanos, que conformaban un tipo de milicia irregular establecida por el Reglamento de 1801, (Curiosamente, fueron los urbanos de Curuguaty, mandados por Mauricio José Troche, quienes jugaron un rol decisivo en la noche asuncena del l.4 de mayo de 1811. (N. del T.)) fueron llamados a las armas y sé encomendaron responsabilidades importantes a los vecinos destacados pertenecientes a ese cuerpo. 35 Por oposición a lo sucedido en la provincia en emergencias anteriores, a nadie se exoneró del servicio militar. Los bastimentos se concentraron en Asunción, en una tentativa de equipar las crecidas fuerzas militares de la provincia, pero la escasez de armas de fuego era crítica, y los urbanos que se ejercitaban en el interior fueron alentados a armarse con lanzas y cuchillos. 36
Mientras preparaba la defensa de la provincia, el gobernador Velasco trató de asegurar la frontera del sur. Bien sabía él que su subordinado de las Misiones, Tomás de Rocamora, era partidario de Buenos Aires, pero durante julio y agosto de 1870 nada hizo para inquietar al subordinado que, en forma insistente, pedía a Buenos Aires ayuda para defenderse de los paraguayos y de los portugueses, quienes efectuaban reconocimientos a lo largo de la costa del río Uruguay. Velasco quiso apoderarse de las armas y artillería de las Misiones tratando de convencer a Rocamora del peligro que corría el mismo Paraguay. (*Es decir, el territorio situado al norte del río Paraná. Rocamora estaba en territorio de las actuales Misiones argentinas. (N. del T)) Rocamora no se dejó engañar; redobló sus pedidos de ayuda a Buenos Aires, porque Velasco podía vencer fácilmente cualquier resistencia en las desmoralizadas Misiones indígenas y demoró a Velasco diciéndole que la artillería y armamento de las Misiones estaban en tal mal estado, que no podían enviarse a Asunción. 37
Para fines de agosto, Velasco se cansó de aquellas mentiras corteses y, acompañado de un reducido contingente de caballería, fue a las Misiones para confiscar todas las armas que pudo encontrar. En la ocasión recibió esta promesa de los administradores de las Misiones situadas al norte del Paraná: ellos se mantendrían leales al Paraguay y no a Buenos Aires. Una promesa por lo general cumplida, por oposición a las de las Misiones situadas entre el Paraná y el Uruguay, donde las lealtades cambiaban con frecuencia. Rocamora quedo indignado con el proceder de Velasco pero, como carecía de medios para enfrentarse a los paraguayos, se trasladó a Yapeyú (sobre el río Uruguay), donde se dedicó a hacer llegar sus quejas a Buenos Aires y a tratar de impedir las comunicaciones entre Asunción y Montevideo. 38
Durante la ausencia de Velasco, el coronel Pedro Gracia asumió el mando militar en Asunción. Era Gracia un oficial competente, pero mucho menos querido que Velasco, a causa del trato duro que daba a sus subordinados. Gracia siguió exigiendo el envío de bastimentos desde el campo; aumentó el enrolamiento en la milicia; dictó severos castigos para los desertores (que no eran muchos), e hizo saber que no toleraría ninguna oposición a la defensa del Paraguay. El comandante interino creía que en la provincia existían ciertos individuos "que intentan ayudar a aquellos con el depravado designio de hostilizar esta provincia y que perturbarán la paz de sus habitantes". 39
Pocos de aquellos individuos fueron arrestadas entonces (en los meses de septiembre y octubre), pero más tarde algunos partidarios de Buenos Aires o derrotistas declarados fueron arrestados y confinados al alejado puesto norteño de Fuerte Borbón. (Hoy Fuerte Olimpo) 40 Sin embargo, las medidas de rigor de Velasco y Gracia fueron aceptadas por la gran mayoría porque, para septiembre de 1810, todos los paraguayos advertían que debían defender su tierra. Informadas de las medidas que Buenos Aires había tomado contra su provincia y seguras de que ningún paisano iba a prestar servicio militar fuera de sus fronteras, las masas paraguayas mostraron el patriotismo colectivo y resignado tan propio de la historia nacional. En agosto, una circular de Buenos Aires hizo llegar el ultimátum: por última vez, se ordenaba al Paraguay enviar sus representantes a Buenos Aires; caso contrario, los funcionarios de la provincia correrían la suerte de Santiago Liniers (Córdoba era un ejemplo para quienes desafiaban la autoridad de Buenos Aires). 41 El ultimátum fue rechazado. En una declaración conjunta, el gobernador y el Cabildo de Asunción proclamaron que el Paraguay lucharía por los derechos de la Corona representados por la Regencia de España y "si es necesario morir, moriremos en nuestro país, en su defensa y en defensa de los derechos de nuestro amado Rey, y no por la Junta de Buenos Aires, quien nos desprecia ignorando la fidelidad y el valor paraguayos". 42
Poco después de lanzarse la proclama, y a instancia de los vecinos, Velasco autorizó a Gracia a censurar y confiscar toda correspondencia enviada o recibida de Buenos Aires. 43
Mientras se efectuaban los aprestos paraguayos, Buenos Aires efectuaba los suyos. Hubo varias tentativas porteñas de dividir y soliviantar a los paraguayos. Un miembro de la Junta bonaerense, que tenía amigos en el Paraguay, se comunicaba con ellos en secreto; así llegaron a formarse, en la provincia del norte, algunos reducidos grupos de desafectos al régimen de Asunción. 44
También Belgrano intentó sublevar a los paraguayos contra Velasco; las actividades subversivas del emisario porteño comenzaron en septiembre de 1810, cuando marchaba con dirección al Paraguay. Sin embargo, ni Belgrano ni sus colegas de la Junta lograron provocar ninguna forma significativa de oposición contra el gobernador en el transcurso de aquel año. Creyendo quizás que una segunda misión del tipo de la de Espínola pudiera tener éxito, la Junta envió al Paraguay a otro emisario, Juan Francisco Arias. Arias era conocido en el Paraguay, y se creyó que pudiera suscitar oposición contra Velasco. El emisario se dirigió a las Misiones y, viendo cerrada la frontera paraguaya, siguió viaje a Corrientes. Después de cruzar el. Paraná en el territorio de Curupayty, entonces controlado por Corrientes, Arias encontró una persona dispuesta a entregar cartas al coronel José Antonio de Zavala y Delgadillo y a Fulgencio Yegros, (José Antonio de Zavala y Delgadillo fundó Fuerte Borbón. Era padre de Petrona Zavala (pretendida del doctor Francia) y marido de Josefa Rodríguez Peña, hermana de los políticos argentinos Saturnino y Nicolás Rodríguez Peña. Fulgencio Yegros, futuro presidente de la Junta revolucionaria del Paraguay, tenía entonces treinta años y gozaba de la confianza de Velasco. (N. del T.)) oficiales de la milicia local. Aquellas cartas explicaban el propósito de la misión Arias y proponían la unidad de los americanos contra los españoles. Al regresar a Corrientes, Arias vio que la ciudad estaba bajo el ataque de una flotilla naval comandada por el propio Zavala y Delgadillo, y consideró prudente regresar a Buenos Aires, donde informó del fracaso de su misión. 45
34.Del cura doctrinario de San Ignacio Guazú Roque Antonio Céspedes a los parroquianos, San Ignacio Guazú, 27 de agosto de 1810, GMC. Pastoral del obispo Panés, Asunción. 13 de octubre de 1810, GMC.
35.Bando de Velasco, Asunción, 30 de julio de 1810, ANA, SH 211.
36.Bando del gobernador Velasco, Asunción, 30 de julio de 1810, ANA, SH 211. Del gobernador Velasco a los comisionados de Costa Arriba, Asunción, 28 de julio de 1810, ANA, SH 212. Circular del gobernador Velasco, Asunción, 1 de agosto de 1810, ANA, SH 212. Del coronel Pedro Gracia a Díaz Moreno, Asunción, agosto de 1810, ANA, SH 212.
37.Del gobernador Velasco al coronel Rocamora de las Misiones, Asunción, 7 de agosto de 1810, en DAB, III, 86. De Rocamora al gobernador Velasco, Yapeyú, 15 de agosto de 1810, en DAB, III, 86-87.
38.Del coronel Rocamora a la Junta de Buenos Aires, Yapeyú, dos cartas del 15 de septiembre de 1810, en DAB, III, 81-85 y 87-90 respectivamente.
39.Del coronel Pedro Gracia al comandante de Ñeembucú, Asunción, 2