JOSÉ ANTONIO MONNIN

Foto de JOSÉ ANTONIO MONNIN
Nacimiento:
5 de Febrero de 1984

POEMA QUE ME VE - Autor: JOSÉ A. MONNIN - Año 2025

POEMA QUE ME VE - Autor: JOSÉ A. MONNIN - Año 2025

POEMA QUE ME VE

Autor: JOSÉ ANTONIO MONNÍN


ISBN: 978-99989-60-63-3

Editor: CHEHANDE Editora & Gráfica

Páginas: 98

Tamaño: 14.5 x 21 cm.

Año: 2025



Prólogo

 La vida despliega innumerables senderos que dan apertura a infinitas posibilidades, muchos no gratos en el sentido existencial y otros contagiados de esa gran vibración que puede marcar la vía de la iluminación y el eterno paroxismo.  
 El poeta, hábil espectador de realidades, es un artífice que desnuda versos en el silencio, es un caminante, un viajero, un augur sensible que encuentra la esencia de la sabiduría en todo lo que reverbera y agoniza. 
 En Poema que me ve, se declaran principios muy sutiles en torno a lo humano; la naturalidad de su retórica nos llevan a sentir cercanamente diferentes espectros existenciales en su impronta. El poeta, en un constante ejercicio introspectivo, confiesa sus preguntas y expande sus confesiones ante los hechos que lo sensibilizan motivando al lector a la dialéctica filosófica.
 Se podrá explorar en él las contradicciones de la condición humana; en el poema «Polvo y nada» se imprime que «solo era una intención de la vida al saber que somos polvos y nada», observamos que el yo poético divisa esa visión desengañada de la vida, pues un impulso ciego y marchito nos arrastra hacia la vacuidad; nuestra estadía es tan efímera al punto que la perpetuidad del instante es lo único real. 
 La ambigüedad e incertidumbre son elementos destacables en el poema, pues él no sabe quién llega, quien va o quien construye o destruye. Ese devenir arroja el constante fluir de muchos acaecimientos que escapan de nuestro dominio. 
 «En libros olvidados» la fatiga existencial no es capaz de trasmutar la sensación de encontrarse olvidado al ras del tiempo, cuya presencia es despiadada; el autor embellece su lirismo con variados efectos estilísticos; busca desnudar la sensación de angustia que prevalece en su ser; hace uso de  la comparación «Soy como los pétalos de una rosa,/ acabado, viejo y sin fuerzas», contrasta su ser con los pétalos de rosa, cuyo símbolo es una alegoría de la belleza transitoria, la marchitez que asola cuando se está sumergido en el destierro existencial.  
 En la estrofa siguiente, continúa describiendo su decadencia, esa sensación de náusea que lo sofoca y se proyecta también en la patria «Llevado por el tiempo, por ese sinsentido/ que llenan las calles de mi patria». Se intuye el lazo que existe entre su envejecimiento y la nación paraguaya que arrastra una realidad sociopolítica desahuciada. La visión degradada de las calles revive esa desilusión que envuelve a la patria, inspirándonos una sensación de melancolía y futilidad.  
 En el poema «En una próxima vida» el poeta expresa el deseo de emancipación de su carga emotiva; las dolorosas experiencias de esta vida buscan la redención con un nuevo comienzo o «próxima vida»; en los versos «Me dejaré llevar por los raudales/ no castigaré a la naturaleza/ ni diré a Dios que hace mal/ al condenar mi corazón» se soslaya la decisión de abandonar la queja y el resentimiento contra la Fuerza Divina; opta por callar sus alegrías, quizás con la esperanza de liberar sus terribles decepciones.  La imagen de los «huracanes» despliega el símbolo de un poder caótico centrado en los avatares existenciales, sin embargo, él elige no maldecir a nadie y, en lugar de aferrarse a sus heridas, permitirá que éstas se cubran con la «camisa del tiempo», metáfora que transmite esa potestad que tiene el tiempo de curar los malestares profundos y transitorios. 
 El poeta se aferra a la naturaleza, se arropa de la inmensidad del cosmos, y sus estrellas curadoras. El reencuentro con el ser amado motiva a pensar que el amor y su conexión trascienden lo terrenal, este latido surca horizontes, incluso, hacia lo abstracto del éter. 
 El poema «Sonreír, escapar» motiva a abandonar la sordidez y alcanzar la felicidad más allá de lo opresivo y doloroso.  La fuerza del verbo «sonreír» y la idea de fugarse de una realidad sombría provoca la búsqueda de un refugio en el que los sueños permiten sobrellevar las dificultades. Su tono melancólico y, a la vez, desafiante, se percibe auténtico y nos conmueve. El poeta también nos habla de esa necesidad de esconder «la tendencia disfrazada de felicidad», puesto que ésta no siempre es verdadera o genuina; toma una máscara, un ropaje falso que oculta por detrás, la aciaga congoja agravando su decadencia.  
 Se muestra «la rutina del cazador», la vida monótona e insulsa que entra en su constante rueda de Samsara; la sonrisa, en este caso, es la forma de quebrar los desvaríos del pesimismo, de hallar libertad y de encender la belleza del rostro y el ser.  
 A través de estos poemas, percibimos apenas destellos de lo que Poema que me ve ofrece al lector, en la complejidad de su corpus lírico este maravilloso libro nos incita, poema tras poema, a mirarnos desde dentro y a revelarnos a nosotros mismos y lo que manifestaremos al contender con nuestra conciencia.
 Como se percibe desde el título, la mirada revelada del poema nos convierte en testigos silenciosos, capaces de captar enseñanzas sutiles de la vida, cuyos misterios alumbran nuestra alma fragmentada. 


Mgtr. Daily Grace
Magíster en Lengua y Literatura Hispanoamericana                                     
Metodóloga en Investigación Literaria 
Escritora y editora de textos



Prólogo 

Reconforta el avance de un poeta. Es lo que puedo decir al leer “Poema que me ve”, de José Monnin. Se trata, seguramente, del trabajo más meritorio de nuestro autor. Se puede afirmar que el libro encierra una insistente indagación y relación fecunda con ese yo interior que bulle en el poeta, cuyo lenguaje interpela por tantas sombras y añoranzas. 
Ese matrimonio indisoluble del bardo con la poesía suele ser acogedor, pero también sufriente. Se trata de instancias supremas que llevan a descubrir los recodos donde José Monnin mira su propia cara al despellejar su alma.  
Nada de inventos innecesarios se percibe en el poemario. Es el sitio donde se abre una amplia ventana donde el horizonte del ser busca la claridad en los caminos de la existencia. Entonces nos dice: “Solo existen las efímeras canciones sonando en pausas bajo la mesa”.
Logrado trabajo de José Monnin en estos poemas que vemos y que ve al poeta en toda su dimensión humana.


Victorio V. Suárez
Poeta y escritor


Fuente: El Autor 2025



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