DE LOS MAYAS, CON AMOR
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
Pese a que las diminutas prendas con las que visten a sus modelos alcanzaron ya categorías microscópicas, los periódicos faranduleros no lograron desbancar este año a los extintos mayas en el duro mercado de los calendarios.
Ni la incomodidad de leer en oscuros muros de piedra ni la ausencia total de señoritas escasamente vestidas lograron mermar la popularidad del resucitado calendario precolombino, que, según vienen anunciando con notable éxito comercial astrólogos y quiromantes, establece como fecha de caducidad del planeta el próximo 21 de diciembre de 2012.
Conviene aclarar que entre quienes afirman que las predicciones mesoamericanas incluyen el fin de la Tierra no hay un solo hombre de ciencia. De hecho, los estudiosos de esta notable civilización, que se encontraba ya en franca decadencia mucho antes del arribo de Colón, aseguran que el tan publicitado calendario solo hacía referencia al inicio y al fin de cada periodo agrícola.
Los expertos refieren que si se hubiera permitido a los mayas mantener su cultura con vida, lo que tendríamos en cinco días más sería apenas la finalización del periodo de la cosecha del maíz, y no la colisión del planeta con algún díscolo meteorito.
En otras palabras, lo que veríamos sería solo el inicio del receso para el consumo del choclo. Y punto. Ni catástrofes ni fuegos de artificio.
Pese a la explicación de los científicos, sin embargo, no faltan los extremistas que buscarán igual dónde guarecerse en los próximos días del temporal apocalíptico que se viene anunciando desde que el hombre adquirió la habilidad de escribir y, sobre todo, de leer lo escrito e interpretarlo como le venga en gana.
En puridad, el fin del planeta Tierra sobrevendrá inexorablemente en unos cinco mil millones de años (millones más, millones menos), cuando el Sol se convierta en una gigantesca bola roja, que se comerá literalmente a todos los planteas de su sistema, para posteriormente apagarse definitivamente.
Si los seres humanos seguiremos aquí para presenciar tan aguardado epílogo es algo que todavía está por verse. Quiero creer que para entonces habremos encontrado la forma de alcanzar nuevos planetas donde seguir consumiendo y procreando, imperativos naturales que nos emparentan con todas las otras plagas conocidas.
Como sea, siempre es bueno recordar cuando aparecen estas oleadas agoreras anunciando la extinción inminente de la especie, que para cada cual el fin del mundo -del suyo, cuando menos- ocurrirá inexorablemente el día que caiga sobre su cabeza la fría guadaña de la parca.
Siendo tan efímeras nuestras mortales existencias, no vale la pena perder tiempo imaginando un final al que ninguno de los que estamos hoy llegará con vida.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 16 de Diciembre de 2012, 00:00
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