EL MIEDO DE CARTES
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
Un internauta me decía hace unos días que no sabía a qué le temía más, a que Cartes estuviera hablando sin pensar, o a que realmente estuviera diciendo lo que piensa. Se refería a las últimas declaraciones del presidente en las que ratificó su convicción de que el país no es sino una gran empresa y su gente, el producto.
Lo curioso es que no pocos coinciden con esta metáfora de Cartes. Creen realmente que es posible trasladar la eficiencia administrativa de una empresa y los criterios que su manejo suponen al gobierno de un país, y con ello solucionar los problemas que le aquejan.
Es una visión simplificada y seductora del berenjenal que constituye cualquier colectivo humano.
Por sus acciones debo deducir que Cartes está efectivamente convencido de que esto es posible, y eso explica el perfil de sus colaboradores y sus principales líneas de acción. Todo apunta a aceitar la vieja máquina de la burocracia para que funcione. Corregir los entuertos financieros, modernizar los procesos administrativos y dotar de administradores altamente calificados a las instituciones públicas más relevantes.
Todo eso está bien, por supuesto, pero, lamentablemente, es totalmente insuficiente. No basta justamente porque son solo medidas del tipo empresarial, acciones que mejoran el funcionamiento de los aparatos, pero que carecen de un elemento clave para que puedan producir cambios de fondo: una visión política, un norte.
Me explico. Si el Estado fuera una empresa, el primer dato llamativo es que el 38 por ciento de sus accionistas se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Los sueldos de los empleados de la firma absorben el 87% del capital disponible, y el aporte que hace el sector minoritario y más rico del grupo accionario es minúsculo con relación a lo que aportan en otras empresas similares o, incluso, infinitamente mayores que la nuestra.
Solucionar esos problemas de fondo requiere primero de una definición ante ellos. ¿Hay que hacer que la minoría accionaria rica pague más? ¿Hay que priorizar en el gasto a la mayoría pobre? ¿Seguimos produciendo lo mismo o reorientamos la maquinaria para producir otras cosas? Esas decisiones implican tomar partido, asumir posiciones, arriesgar... y obrar en consecuencia.
Eso es hacer política, no un mero ejercicio de administración.
Las decisiones políticas marcan el rumbo de un país y definen la suerte de millones de personas. Las verdaderas decisiones políticas aterrizan en el presupuesto público, en el modelo tributario, en el tratamiento legal sobre la tenencia de tierras, en la política exterior.
Y lo que vimos hasta ahora de Cartes en ese campo es de un conservadurismo sobrecogedor. Cero riesgos y cero ganancias.
Por eso prefiere seguir creyendo que somos una empresa, porque prefiere seguir siendo un simple gerente.
Al presidente le da miedo gobernar.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 05 de Octubre de 2014, 01:00
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