TERRORISTAS DEL PARLAMENTO
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
En la misma semana, el Congreso mandó al mazo todos los proyectos de desbloqueo de las listas parlamentarias y autorizó un generoso permiso al diputado José María Ibáñez, estafador confeso, quien podrá desaparecer de la exposición mediática por un tiempo apostando a que la desmemoria colectiva le conceda impunidad a largo plazo.
Lo hicieron sin que les tiemble el pulso. Dos estocadas arteras a su ya de por sí escasa credibilidad aplicadas sin el menor pudor, la víspera de Halloween, convirtiendo la sesión ordinaria en un vulgar aquelarre.
Dos escupitajos de combustible a las llamas voraces de la bronca colectiva, una rabia que se viene acumulando peligrosamente al calor de sus abusos, y de la que estos irresponsables ni siquiera son conscientes.
Y eso es lo más grave.
Tantos años de impunidad permitieron que la mayoría de estos hombres y mujeres levitaran en una nube de flatulencia rosa, suspendidos a kilómetros del suelo.
Con sus 35 millones de dieta, su enjambre de asistentes, amantes y parientes; sus cupos de combustible, sus congresos internacionales de cualquier pavada y su desfile de barbaridades, nuestros representantes terminaron por perder cualquier contacto con la realidad.
Son una tropa de zombis famélicos cargados con bombas. Y el riesgo no es que se autodestruyan; estos irresponsables pueden hacer volar por los cielos la columna principal sobre la que se sostiene el modelo democrático.
Estos atorrantes están creando el escenario favorable para que algún mesiánico se proponga disolver el Congreso. Así de simple y horroroso.
Condiciones existen. La gente confunde a estos hombres y mujeres con la institución misma, y está cada vez más convencida de que nada sería mejor que abolirla. Estoy seguro de que cualquier encuesta nos confirmará que una mayoría abrumadora prefiere un Ejecutivo sin control parlamentario, antes que permitir que quienes teóricamente nos representan lo sigan haciendo.
Es grave porque estamos arando el terreno para proyectos autoritarios. A veces creemos ingenuamente que la democracia no puede sufrir regresiones. La historia nos dice lo contrario; siempre se puede volver atrás.
Paraguay está creciendo en términos económicos, pero lejos está aún de revertir esas vergonzosas diferencias que hay entre ricos y pobres. Para lograrlo no basta con el desarrollo de una estructura económica, hay que construir instituciones sólidas, y eso solo se consigue con más democracia.
Y no hay democracia sin parlamento.
Es un hecho fáctico.
Lo terrible (e irónico) es que hoy, salvo honrosas excepciones, tenemos a un grupo político empecinado en acabar con el Congreso, a como de lugar; sus honorables miembros.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 02 de Noviembre de 2014, 01:00
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