ABOGADOS DEL DIABLO
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
Todo el mundo tiene derecho a la defensa; un parricida, un pedófilo, un violador o un narco. Consecuentemente, todo el mundo tiene derecho a tener un abogado. Y ningún abogado puede ser discriminado por haber ejercido esa defensa.
De hecho, si el mismísimo Satanás cobrara cuerpo y cometiera un delito en este mundo terrenal, y fuera atrapado y procesado, también necesitaría de los servicios de un abogado y tendría el legítimo derecho de contratar uno.
Sería literalmente el abogado del diablo. Y nadie podría juzgarle ni discriminarle por ello.
Hasta ahí estamos de acuerdo. ¿Ahora, qué pasaría si ese abogado pretendiese y lograse luego integrar uno de los poderes del Estado? Legalmente no tendría impedimento, pero ¿no habría allí una clara situación de riesgo?
Analicemos la cuestión. Un narco, por ejemplo, es un enemigo natural del Estado. Para desarrollar su negocio destruye las instituciones sobornando a sus administradores de turno; socava el Estado de Derecho creando sus propias reglas, reglas que se sostienen con la fuerza de un arma, el poder de convencimiento del miedo y la contundencia de la sangre.
Un abogado tiene una relación de absoluta confianza con su cliente. Un narco puede contarle de todo a su abogado, y este deberá guardarse lo que el mafioso le diga en su rol de cliente. Incluso cuando ya no ejerza su defensa legal, cuando haya cesado todo vínculo profesional entre ambos, el abogado deberá seguir reservando bajo confidencialidad lo que le fue revelado.
¿Qué pasa si luego ese profesional de confianza –o su esposa– pasa a ser quien debe votar las leyes para combatir el narcotráfico? ¿Qué pasa si quien en su momento escuchó historias inconfesables de un mafioso, debe luego autorizar el presupuesto de organismos montados para combatir a gente como su cliente, si no a él mismo?
¿Se puede recibir dinero de un narco y luego desvincularse por completo de ese mundo?
La historia nos dice que no. El mundo del hampa ha dejado miles de crónicas teñidas de sangre sobre estos vínculos. Son relatos que parecen un calco del informe que presentó una comisión especial del Senado la semana pasada, un informe preliminar en el que solo mencionaron unos pocos casos, pero en los que ya aparecen como protagonistas varios legisladores.
Solo era el abogado, solo su compañero de campaña, solo un conocido.
Vínculos.
No prueban la corresponsabilidad en la comisión de delito alguno. No implican la pérdida de derechos. Pero no se pueden desconocer los riesgos que esos nexos suponen.
Solo fuimos sus abogados, los abogados del diablo, dijeron en México.
Y hoy es un infierno.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 23 de Noviembre de 2014, 01:00
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