EL CARTEL DE CIUDAD DEL ESTE
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
A veces una mera conversación con determinados integrantes de la función pública resulta suficiente como para confirmar que incluso el más talentoso representante del realismo mágico latinoamericano sería apenas un costumbrista en estas tierras.
La semana pasada, por ejemplo, tuve la oportunidad de entrevistar al jefe de Orden y Seguridad de la Municipalidad de Ciudad del Este, Carlos Florenciañez. El hombre había sido filmado destrozando un cartel que portaba un grupo de manifestantes el día en que coincidían el aniversario de la caída del régimen de Stroessner y la fundación de la ciudad que primero llevó su nombre y luego pasó a denominarse "del Este", como muestra permanente de la creatividad criolla.
El cartel rezaba "Dictadura nunca más" (también muy original, por cierto) y "Paraguay 1989, Ciudad del Este 2015". Según sus propias palabras, Florenciañez consideró el panfleto sumamente peligroso y optó por aplicar medidas preventivas en el marco de lo que considera es "el orden y la seguridad" ciudadanas.
Esto es, lo reventó a patadas.
Huelga decir que el concepto de orden y seguridad del caballero explica acabadamente su apreciación sobre el grado de peligrosidad del vilipendiado cartelito.
Siempre de acuerdo con su explicación, Florenciañez sabía que tan oprobiosa consigna generaría la reacción de las cuarenta mil personas (la cifra también es suya) que en ese momento festejaban en las calles el cumpleaños de la ciudad.
Florenciañez vaticinó que habría una batalla campal entre los cuarenta mil "democráticos" esteños y los 15 o 20 "desubicados" (esta estimación también es suya), si no irrumpía él oportunamente haciendo pedazos el maldito cartel.
Luego, siguiendo con su exposición notable de los hechos, me aseguró que aquel grupo tenía en realidad otras intenciones, aunque no supo decirme cuáles eran, ni cómo lo sabía.
Por supuesto, tampoco pudo señalar qué artículo constitucional o legal autoriza a un funcionario público a aplicar una represión preventiva sobre la base de una premonición, impidiendo así la intención obvia de una minoría de exponer desembozadamente su opinión sobre un régimen depuesto un cuarto de siglo atrás.
La guinda fueron los tuits de los partidarios de Florenciañez (que en realidad son los partidarios de los Zacarías en el Este), quienes en las redes sociales justificaron la acción asegurando que los reprimidos no son sino una minoría de adictos a las drogas y el alcohol, con lo cual me quedó claro que en Ciudad del Este la adicción genera, entre otras cosas, la pérdida automática de derechos constitucionales.
Por supuesto, no faltó quien afirmara que cualquiera que defendiera los derechos de esta minoría adicta y con intensiones inconfesables solo podía ser alguien comprado por ellos, lo que me habla de los bajos precios de los estupefacientes en la ciudad, ya que a los consumidores todavía les resta vuelto para comprarse defensores en los medios.
Lo dicho, al lado de esto, Macondo es un poroto.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 08 de Febrero de 2015, 01:00
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)