EL HIJO DE ABREU
Por LUIS BAREIRO
lbareiro@uhora.com.py
No conozco personalmente al pastor Abreu, no soy de su Iglesia, no soy creyente y, en general, desconfío de los predicadores religiosos de cualquier credo. Me recuerdan demasiado a esos "tele-evangelistas" que causaron furor en los ochenta y que terminaron procesados por enriquecimiento ilícito o fraude fiscal, y envueltos en una variopinta colección de escándalos sexuales.
Nunca en mi vida hablé con el hijo de Abreu, no tengo vínculos amistosos ni familiares con la gente del Banco Central y jamás apliqué para una beca; pero, en mi calidad de internauta, terminé envuelto en una discusión virtual sobre la beca que le otorgó el banco del Estado al hijo del pastor.
Todo debate sobre el uso de dinero público es saludable. Independientemente de la posición que asumamos, interesarnos en cómo se usa nuestra plata está bien, es un paso adelante en el proceso de construir ciudadanía.
Este debate fue útil además porque reveló ciertas ideas que en mi opinión resultan particularmente peligrosas para cualquier proceso de construcción de un Estado eficiente.
Veamos el caso. El hijo de Abreu se recibió de economista con medalla de oro en una universidad norteamericana sin mucho lustre, una casa de estudios que pertenece a la congregación religiosa de su padre. Una vez aquí, concursó para un cargo en el BCP y entró a la nómina del banco.
Ya en el banco solicitó ser admitido por la Universidad de Oxford de Inglaterra para un posgrado en finanzas públicas. Es una de las diez universidades más prestigiosas del planeta y posee un riguroso mecanismo de selección. Lo aceptaron.
El BCP tiene un fondo para financiar becas de posgrado para los funcionarios que se postulen con éxito a una universidad de prestigio. Un comité decide si el curso será de utilidad para el banco (no financiarán un posgrado de latín, por ejemplo) y si la universidad es seria.
El beneficiario firma un pagaré porque si una vez completado el curso no regresa al banco, debe pagar la totalidad de la beca. El contrato incluye una garantía de que trabajará para el Estado, cuanto menos, dos años por cada uno que dure el curso.
El hijo de Abreu fue seleccionado. Su beca es de 80.000 dólares.
¿Se merecía la beca? Por supuesto, cumplió con todos los requisitos. ¿Nos sirve como país? Desde luego, formar el capital humano es la mejor inversión que cualquier sociedad puede hacer. ¿Nos sirve alguien que se especializa en finanzas públicas o política monetaria? El BCP viene becando a su mejor gente desde hace 20 años y hoy la estabilidad cambiaria y monetaria del Paraguay es la sólida base sobre la que se cimenta nuestra economía.
¿Debieron negarle la beca porque no es pobre, porque su padre es un pastor que vacaciona en Mónaco o porque estudió en una universidad sobre la que Los Simpson hacen bromas?
No. Nada de eso tiene que ver con su capacidad, ni con lo que pueda aportar al país cuando regrese.
Hay que tener cuidado con estos juicios facilones. La discriminación puede presentarse de muchas formas.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
Sección OPINIÓN
Domingo, 07 de Junio de 2015
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