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LUIS ROJAS VILLAGRA


  LA ECONOMÍA DURANTE EL STRONISMO, 2014 - Por LUIS ROJAS VILLAGRA


LA ECONOMÍA DURANTE EL STRONISMO, 2014 - Por LUIS ROJAS VILLAGRA

LA ECONOMÍA DURANTE EL STRONISMO

Por LUIS ROJAS VILLAGRA

Colección 60 AÑOS DEL STRONISMO N° 5

Editorial EL LECTOR

Directores de la Colección:

HERIB CABALLERO CAMPOS / IGNACIO TELESCA

Corrección: MILCIADES GAMARRA

Asunción – Paraguay

Mayo, 2014 (104 páginas)

 

 

 

 

CONTENIDO

Prólogo

Introducción

Capítulo I – Antecedentes

Situación política y escenario internacional       

La economía en los años previos

Hacia una larga dictadura 

Capítulo II - El período de 1954 a 1960

Créditos, endeudamiento e inversiones

La cuestión rural

Capítulo III - La década del 60

La Alianza para el Progreso  

La estrategia de colonización rural

La modernización agrícola

La extranjerización de la economía

Capítulo IV - La década del 7

Los emprendimientos hidroeléctricos

Acumulación fraudulenta y corrupción sistémica

La conflictiva dinámica en el sector rural

Capítulo V - La década del 80

La corrupción fue el alma de la dictadura

La cuestión agraria y la crisis campesina

Reflexiones finales

Lista de abreviaturas

Bibliografía

El Autor



PRÓLOGO

En el 2014 se cumplen 60 años del ascenso al poder de la República del general Alfredo Stroessner, el 4 de mayo de 1954 y 25 años de su derrocamiento el 3 de febrero de 1989. En ambas fechas el Golpe de Estado fue el mecanismo utilizado, el primero para iniciar al gobierno dictatorial más largo de la historia paraguaya y el segundo para ponerle fin y dar inicio al proceso más prolongado de convivencia democrática en el Paraguay.

Es por ese motivo, que hemos organizado esta Colección con el doctor Herib Caballero Campos, en la cual han aceptado participar los mejores especialistas en el período que abarca el stronismo. Hemos considerado que es necesario conocer a cabalidad lo que implicó dicho proceso histórico para no caer en explicaciones simplistas.

Esta colección es un gran esfuerzo editorial para reflexionar desde la historia lo que fue el stronismo y cuáles fueron sus consecuencias en nuestro país.

En este quinto volumen de la colección titulado "La economía durante el Stronismo" Luis Rojas Villagra analiza uno de los temas más conflictivos de la dictadura de Stroessner.

No conflictivo en cuanto que no se sepa sino en cuanto a su interpretación. Es moneda común y corriente escuchar de parte de los defensores y aduladores del régimen dictatorial el argumento que reconoce, a regañadientes claro, la violación a los derechos humanos pero que lo contrabalancea con los progresos económicos, y entre ellos sobresale la represa de Itaipú. En una versión más economicista del 'era feliz y no lo sabía', dirán estos últimos 'el país progresaba y no lo sabía'.

Pero, ¿progresaba el país o sólo una élite? También se podría preguntar sobre el cómo se hizo, con la ayuda de quién y a qué costos (no sólo materiales, sino de venta de soberanía). También si se hizo todo lo que tenía que hacerse: treinta y cinco fueron muchos años como para dejar un país nuevo a todo nivel, lo cual obviamente no sucedió.

Sin embargo, el tema central, del cual el autor hace un punto de debate, es la cuestión de la corrupción. Uno de los acápites del Capítulo V se titula precisamente "La corrupción fue el alma de la dictadura". Más claro imposible.

¿Quiénes se beneficiaron con la construcción de la represa de Itaipú? ¿Quiénes se beneficiaron con la así llamada 'reforma agraria'? ¿Quiénes se hicieron con la tierra? Y esto último no es un dato menor. Hace dos años que ocurrió la masacre de Curuguaty y hasta ahora hay personas que están padeciendo un juicio viciado desde la misma raíz: se los acusa de invadir una propiedad que, al final, es del Estado (y mientras tanto, la empresa que invadía la tierra del Estado se presenta como víctima).

Rojas Villagra, con un lenguaje claro y concreto nos ayuda a responder estas preguntas y a tomar conciencia de las consecuencias que tuvo, y tiene, el régimen económico instaurado por la dictadura de Alfredo Stroessner

Asunción, junio de 2014

Ignacio Telesca



INTRODUCCIÓN

En la economía, los procesos y las relaciones son fundamentales. Una estructura económica determinada en la actualidad, cualquiera sea ella, es resultado de procesos históricos complejos, en los que participan una enorme multiplicidad de actores, que con sus acciones, tanto desde el Estado como desde la sociedad civil, van construyendo una determinada organización económica, con características propias y distintivas en relación con otras economías. Al mismo tiempo, una organización económica es causa y efecto de las relaciones sociales establecidas, voluntaria o involuntariamente, entre los miembros de una sociedad; de igual forma, las relaciones establecidas entre países, en especial las económicas y políticas, son determinantes en las formas económicas que se van desarrollando en los mismos.

En la estructuración de este pequeño libro, ha primado el análisis de la economía desde dicho razonamiento, desde este punto de vista: la economía como proceso y relación social. El modelo económico desarrollado bajo el stronismo es observado y descripto a través de los procesos históricos que se fueron dando desde los años previos, y que tuvieron continuidad en las tres décadas y media que duró la dictadura del Gral. Stroessner: se destacan por su relevancia el proceso del Estado, sus roles, modificaciones y formas de intervención; el proceso agrario, los cambios productivos y la lucha por la tierra; el proceso de la clase dominante, sus tensiones y mutaciones; los procesos de apropiación de las riquezas, a través de circuitos legales e ilegales de acumulación y enriquecimiento.

Complementariamente, se abordan los diferentes procesos como síntesis de relaciones entre diferentes actores, cuyos intereses y acciones van disputando recursos productivos públicos y privados, la distribución de los ingresos y las formas de organización de la economía. En el ámbito externo, las relaciones geopolíticas y económicas establecidas entre el Paraguay y otros países son resaltadas por su importancia fundamental en la determinación del modelo económico y político que asume el país, fuertemente subordinado a los intereses de países de mucho poder en el sistema económico mundial y regional, como los EE.UU. y el Brasil. El modelo económico del stronismo no se puede entender sin comprender las relaciones externas que le dieron sustento y dirección. Con esta clave pueden explicarse mejor los emprendimientos hidroeléctricos, la modernización agraria y la progresiva extranjerización de la economía paraguaya.

El libro está organizado cronológicamente, en cinco capítulos. El primero trata brevemente de los antecedentes del stronismo, el escenario político y económico, así como el contexto internacional en los años previos. El segundo capítulo abarca los primeros años del régimen hasta 1960, marcados por fuertes ajustes políticos, sociales y económicos que permitieron la consolidación de la dictadura. El tercero aborda los procesos de la década del sesenta, donde el modelo económico del stronismo empieza a tomar características propias más definidas, a partir de la implementación de la Alianza para el Progreso y el proceso de colonización. La convulsionada década del setenta es tratada en el capítulo cuarto, conocida como la etapa dorada del stronismo, cuando el país conoció los flujos de inversiones más importantes de su historia, al tiempo de darse los niveles máximos de corrupción y represión. Finalmente, en el quinto capítulo se analizan los años ochenta, la década final del régimen, marcada por tensiones crecientes con diversos estamentos sociales, la recesión económica, la crisis campesina, la corrupción sistémica, el progresivo deterioro de las finanzas públicas y el aislamiento interno y externo en que fue quedando el gobierno de Alfredo Stroessner.

Existe una amplia bibliografía referente el periodo stronista. Por los límites temporales y espaciales del presente trabajo, se ha trabajado principalmente a partir del aporte de un grupo pequeño de autores, que nos permiten tener una mirada sobre el régimen al tiempo de sintética, también honda y precisa en su definición. Hemos sustentado el análisis principalmente en los textos citados en la bibliografía de Carlos Pastore, Luis Campos, Mauricio Schvartzman, Tomás Palau, Aníbal Miranda y Dionisio Borda. Un reconocimiento especial a todos ellos, por la rigurosidad intelectual y la integridad personal.

Un agradecimiento muy especial a mi compañera y mis hijos, cuyo cariño, apoyo y paciencia me permitieron dedicarle largas horas a la elaboración de este libro.



CAPÍTULO I

ANTECEDENTES

La llegada al poder del general Alfredo Stroessner en el año 1954 debe ser contextualizada y entendida a partir de las condiciones económicas y políticas, tanto internas como externas, que se dieron en los años previos e incluso en las décadas anteriores.

El Paraguay, al promediar el siglo XX, había pasado por un proceso histórico convulsionado, con un corte profundo en su desarrollo socioeconómico y político realizado mediante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Esto significó un cambio radical y traumático en sus estructuras sociales, con la destrucción de gran parte de la población nacional, así como de la base productiva autónoma desarrollada durante los gobiernos de Francia y de los López, además de la significativa pérdida de territorio a manos del Brasil y la Argentina.

De ahí en adelante se verificó un cambio profundo en la organización de la sociedad paraguaya, proceso en el cual tuvo una importancia determinante la venta masiva de las tierras públicas, en especial a partir de leyes y decretos impulsados entre 1883 y 1885 por el entonces presidente Bernardino Caballero, beneficiando con enormes extensiones de tierras a capitales argentinos, brasileños e ingleses, y en menor medida paraguayos.

En palabras de Carlos Pastore, en la ya clásica obra LA lucha por la tierra en el Paraguay, "los gobernantes de entonces abandonaron los intereses del pueblo para servir a los intereses del capital extranjero". Esto dio pie al surgimiento de una estructura de distribución de la tierra caracterizada por la dualidad conformada por el latifundio y el minifundio. Los latifundios orientados en casi su totalidad a la explotación de recursos naturales para la exportación, mientras los minifundios dedicados a la agricultura para el autoconsumo campesino y la producción de alimentos para el mercado interno.

El periodo histórico que va desde 1870 hasta 1940 fue caracterizado por la instauración de las formas liberales en la institucionalidad política y en la organización económica, a partir de la Constitución Nacional, doctrinariamente liberal, sancionada al concluir la guerra, en 1870.

En ese periodo de siete décadas, se conformó una frágil clase hegemónica nacional, integrada en su mayor parte por terratenientes, quienes no lograron consolidarse como una sólida clase dirigente desde la sociedad civil, por la fuerte presencia del capital extranjero en las esferas de la producción y el comercio, y por sustentar su poder económico en actividades agropecuarias de baja productividad y tecnología.

Esta línea de análisis, desarrollada por Mauricio Schvartzman en su obra Contribuciones al estudio de la sociedad paraguaya, concluye que el periodo referido fue testigo de un intento fallido de conformar una clase social hegemónica en el Paraguay, una burguesía nacional, una élite que marque el rumbo del desarrollo del país y lo dirija en esa dirección.

Esta carencia se tradujo en una permanente inestabilidad política e ingobernabilidad, que produjo interminables luchas internas, golpes de Estado, guerras civiles, y el frecuente relevo presidencial cada uno o dos años. En el periodo de gobierno ininterrumpido del Partido Liberal (1904-1936) hubo nada menos que 25 presidentes de la República.

Según Schvartzman, fue la ausencia de la hegemonía de una clase fundamental, dominante y dirigente, la que permitió el surgimiento de un largo periodo de gobiernos autoritarios a partir de 1940, donde el Estado bajo control de los militares asume el rol de clase dirigente liderando el proceso sociopolítico en el Paraguay, mediante la coacción y la represión hacia los diversos sectores sociales disidentes. Será bajo el largo régimen militar stronista cuando se forjará una clase dominante emergente, amparada por el dictador y favorecida por las dádivas y los privilegios del manejo discrecional del Estado paraguayo y sus recursos.

 

Situación política y escenario internacional

El contexto internacional, luego de la culminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945, favoreció el inicio de regímenes militares, dado el surgimiento y desarrollo de la Guerra Fría desatada en el mundo por la confrontación entre las dos potencias victoriosas de la contienda bélica, los EE.UU. y la URSS, disputando su influencia en las diferentes zonas del mundo, donde América Latina quedó como área bajo el control de los norteamericanos. El peligro de la expansión del comunismo hacia nuestro continente, así como se había expandido en las décadas del cuarenta y cincuenta en Europa del Este (Alemania Oriental, Polonia, Roma, Hungría, Yugoslavia, etc.) y en países de Asia (China, Corea, Vietnam, entre otros), hizo que los EE.UU. implemente en nuestra región la Doctrina de Seguridad Nacional, que implicó un fuerte respaldo político a regímenes autoritarios leales a los intereses de Washington. La disputa geopolítica del tablero mundial empezó a incidir decisivamente en la política interna de innumerables pes, en todos los continentes. El Gral. Stroessner sacaría amplio rédito de esta situación, alineándose decididamente con los intereses, norteamericanos, lo que se traduciría posteriormente en un apoyo político, económico, financiero y militar hacia su gobierno.

El prolongado gobierno militar del Gral. Higinio Morínigo que fue de 1940 a 1948, cedió paso a un periodo de fuerte inestabilidad política y crisis económica, en un escenario internacional donde, al término de la guerra mundial, el militarismo de posguerra fue desplazado por los movimientos democratizadores, por un tiempo. La Guerra Civil de 1947 dio lugar a la consolidación del Partido Colorado como la organización política dominante, pero con enormes dificultades para dirimir las luchas internas que se daban en su interior, entre el sector denominado democrático y el de los guiones rojos. Entre 1948 y 1954 se suceden nada menos que cinco presidentes, todos ellos políticamente débiles e incapaces de desarrollar reformas económicas que superen la difícil situación socioeconómica de la población. El último de estos presidentes, el Dr. Federico Chaves, perteneciente al sector democrático del Partido Colorado, a pesar de mantenerse en la presidencia durante cuatro años y siete meses, no pudo controlar las disputas internas entre los mismos colorados, ni contener la corrupción y la represión hacia sectores disidentes.

El escenario para una nueva ofensiva del estamento militar en la política estaba armado. El golpe de Estado del 4 de mayo de 1954 contra Federico Chaves marca ese paso. El Gral. Alfredo Stroessner impone su candidatura presidencial al Partido Colorado, con el cual realiza un pacto político-militar, que le permitirá por largos años gobernar sustentado en la unidad granítica de las FF.AA la Asociación Nacional Republicana y el aparato estatal.

El golpe de Stroessner se dio en un período en que la influencia norteamericana se expandía en la región, en detrimento de la tradicional influencia inglesa, entonces en declive, y frente a la posibilidad del expansionismo de las organizaciones comunistas apoyadas por la URSS. También en 1954 fue derrocado en Guatemala el presidente Jacobo Arbenz, con la intervención directa de los EE.UU. Al año siguiente, sufrió igual suerte el presidente argentino Juan Domingo Perón, quien desarrollaba una línea política nacionalista y crítica al imperialismo, dominado por el capital internacional, quien fue depuesto por un golpe militar. Los largos y tristes años de la Guerra Fría se cernían sobre América Latina.

 

 

 

 

La economía en los años previos

El Paraguay del periodo liberal es un país fuertemente marcado por profundos contrastes socioeconómicos, con una matriz productiva dominada por latifundios y enclaves preocupados principalmente por la demanda de los mercados internacionales.

Dentro de este periodo, los años de mayor expansión económica fueron entre 1923 y 1930, con elevados niveles de importaciones y exportaciones. A partir del inicio de la década del treinta, con el advenimiento de la mayor crisis económica del capitalismo mundial entre 1929 y 1934, y el surgimiento y desarrollo de la confrontación bélica con Bolivia entre 1932 y 1935, la economía paraguaya entró en un proceso de mayor deterioro y estancamiento productivo y comercial, lo que se iría acentuando en los años siguientes.

A modo ilustrativo se puede señalar que mientras en 1925 el Paraguay exportó por valor de 15,6 millones de pesos e importó por 17,6 millones, quince años después, en 1940, el valor de las exportaciones se habían reducido a 11,4 millones y de las importaciones a 14,9 millones de pesos, una contracción comercial que se observó durante toda la década del treinta.

La población mayoritaria se encontraba en el escenario de la posguerra del Chaco, en una precaria e insatisfactoria situación económica. La revolución febrerista de 1936 que llevó a la presidencia de la República al Cnel. Rafael Franco, expresó en cierta medida los anhelos de cambio en las condiciones de vida de la población que se venían acumulando de las décadas anteriores, en un momento de fuerte efervescencia nacionalista, fruto de los años de confrontación militar y el desenlace victorioso para el país.

El ocaso del periodo liberal en Paraguay a fines de los años treinta coincide con los cambios estructurales que se empezaban a dar en la economía mundial, a raíz de la gran crisis de principios de la década, ocasionada en gran medida por la lógica del capitalismo sin reglas o laisseferismo, propulsor del Estado ausente y la magnificación de los mercados como los más eficientes administradores de recursos. El consecuente crack, o quiebre económico de esta línea económica, hizo emerger a las teorías del economista inglés John Maynard Keynes como el nuevo paradigma dominante en la organización económica mundial, donde los Estados asumían mayores funciones en el ámbito económico, reduciéndose el espacio de los mercados privados. El keynesianismo se fue corporizando en los países centrales, a partir de nuevas regulaciones a los mercados, políticas fiscales y monetarias de mayor incidencia, e incluso una participación estatal más fuerte en inversiones en infraestructura y en provisión de bienes y servicios, así como un fortalecimiento del rol de gran consumidor o comprador de bienes y servicios, con el crecimiento sostenido del gasto público.

Esta tendencia mundial a una expansión de los Estados nacionales y una mayor intervención en la economía, que también se constituía en una estrategia de reducción de la amenaza que representaba la expansión del modelo soviético, tuvo su correlato en Paraguay a partir de la década del cuarenta. La nueva Constitución Nacional aprobada en 1940 bajo la gestión de José Félix Estigarribia daba amplios poderes al Poder Ejecutivo, lo que dio pie al robustecimiento del aparato estatal, en gran medida gracias a los muy frecuentes créditos externos recibidos desde 1939. El primer préstamo formal de los EE.UU., firmado ese año, fue destinado a la construcción de la ruta Asunción - Cnel. Oviedo.

El economista Luis Campos, en su libro Apuntes de historia económica del Paraguay, señala que el Paraguay tuvo una etapa de 'dirigismo estatal', con un crecimiento del ámbito de acción del sector público sobre la esfera económica, entre los años 1940 y 1955. Campos considera que a partir del 55 se abre otra etapa en el país, a la que denomina de 'neoliberalismo económico', aspecto sobre el que volveremos más adelante.

La difícil situación financiera creada por la Segunda Guerra Mundial a principios de los cuarenta, con una creciente escasez de divisas y el encarecimiento de las importaciones, provocó en 1941 que el Estado, a través del Banco de la República, asuma el control de la actividad cambiaría, eliminando de hecho el libre mercado de divisas. Desde entonces, importadores y exportadores debían negociar con el banco estatal la adquisición y el cambio de monedas extranjeras. Las reservas internacionales se incrementaron en los años siguientes.

La reforma del sistema monetario se profundizó en 1943, con la creación el 5 de octubre de la nueva moneda nacional, el Guaraní (G), en sustitución del peso. Esta reforma se realizó con la asistencia técnica de la Reserva Federal de los EE.UU., conjuntamente con técnicos argentinos y colombianos. La reforma monetaria se completó con la creación del Banco del Paraguay en 1944, responsable de la emisión monetaria, control cambiarlo y administración de las finanzas públicas, la constitución de la Superintendencia de Bancos y la sanción de la Ley de Bancos el mismo año. En 1946, el Paraguay ingresó como miembro de los organismos internacionales recientemente creados por los acuerdos de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF).

Siguiendo el planteamiento de Campos, a partir de 1941 se expandió el sector estatal en la economía, impulsado por tres factores internos, que se sumaron al contexto internacional: el desinterés de la inversión privada en varias áreas, la finalización de algunas concesiones otorgadas por el Estado a capitales privados y el desabastecimiento del mercado interno y la consecuente especulación. Además ese proceso implicó la nacionalización de cuatro empresas privadas de servicios básicos.

Los entes y empresas estatales surgidos entre 1941 y 1954 se presentan en el Cuadro I.

 

CUADRO I

Entes y empresas estatales creados entre 1941 y 1954

Año

Ente / Empresa Estatal

1941

Corporación Paraguaya de Alcoholes (COPAL)

1942

Dirección General del Puerto de la Capital

1943

Comisión Mixta de venta y distribución de Azúcar

1943

Instituto de Previsión Social (IPS)

1944

Administración Nacional de Subsistencia

1944

Corporación Paraguaya de Carne (COPACAR)

1944

Banco del Paraguay

1944

Crédito Agrícola de Habilitación (CAH)

1945

Flota Mercante del Estado (FLOMERES)

1947

Administración de Empresas Fiscales

1948

Dirección de Industrias Nacionales

1948

Administración Nacional de Electricidad (ANDE)

1948

Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTELCO)

1951

Instituto de Reforma Agraria (IRA)

1951

Administración Paraguaya de Alcoholes (APAL)

1951

Líneas Aéreas de Transporte Nacional (LATN)

1951

Administración Nacional de Aeropuertos Civiles (ANAC)

1952

Banco Central del Paraguay (BCP)

1954

Industria Nacional del Cemento (INC)

Fuente: a partir de Campos (2010) y Borda (1991).


En el apogeo del conflicto mundial, se acentuó la escasez de productos a nivel internacional, provocando la disminución de productos importados y el fuerte encarecimiento de los precios en el mercado local. La inflación en 1943 fue de 176% y en 1944 de 196%. Los salarios iban perdiendo progresivamente su poder adquisitivo. En dicho escenario, el gobierno de Morínigo impulsó la política de control de precios de productos básicos, creando en 1944 La Administración Nacional de Subsistencia, destinada a mejorar la disponibilidad de productos y combatir la especulación comercial. Se orientó principalmente al control de precios de los alimentos, y posteriormente a productos provenientes de las importaciones. Por presiones del sector comercial fue cerrada en 1948.

Anteriormente, en 1941 se había creado el ente mixto COPAL, para administrar la producción y el comercio del alcohol, que en 1951 fue reemplazada por la totalmente pública APAL. En 1944 se creó la COPACAR, para garantizar la provisión de carne al mercado interno, monopolizando la faena y comercialización de ganado, así como para controlar los precios del ganado destinado a la exportación. Mantener precios bajos de la carne, dada su importancia en la cultura alimentaria paraguaya, era incluso un objetivo político del gobierno de Morínigo. El control de precios colisionaba con los intereses económicos de diferentes sectores, en este caso con los del sector ganadero. Un resultado derivado de esta política fue la emergencia del contrabando hacia el Brasil, reduciendo la provisión hacia el mercado interno. Por ello el país tuvo que recurrir a la importación de ganado desde la Argentina. Hacia 1950 la ganadería extensiva predominante en el país se mostraba incapaz de proveer al mercado interno sin reducir las exportaciones de carne. La crisis del sector más el lobby de los terratenientes, llevarían a la disolución de COPACAR ya bajo el gobierno de Stroessner, en 1956.

En esos años surgieron diversas empresas públicas de servicios básicos, en el área de la electricidad, el transporte, las telecomunicaciones, entre otras. La poca efectividad del sector privado en los servicios de transporte impulsó la formación de la FLOMERES para mejorar el flete fluvial y la LATN para ampliar el transporte aéreo. Existía casi un monopolio de empresas argentinas e inglesas en el transporte fluvial por el Río de la Plata, lo que encarecía el costo del flete para los productos paraguayos, situación que mejoró con la aparición de la empresa estatal paraguaya. Por otra parte, en 1942 se formó la Dirección General del Puerto de la Capital (posteriormente sería la ANNP), que sustituyó a la empresa norteamericana Asunción Port Concession Corporation, que había constituido y administrado desde 1927 dicho puerto. En 1951 se formó la ANAC, para controlar la gestión del Aeropuerto de Asunción, Construido en la década anterior.

 

 

A fines del cuarenta se creó la Administración de Empresas i iscales, que tuvo a su cargo la gestión de canteras, aserraderos v estancias fiscales, así como el Ferrocarril del trayecto Concepción-Horqueta. En 1948 se crearon dos empresas estratégicas: la ANDE y la ANTELCO. La primera surgió de la nacionalización con indemnización de la empresa de capitales italianos y argentinos, Compañía Americana de Luz y Fuerza. La segunda fue producto de la intervención de la empresa alemana Compañía Internacional de Teléfonos, derivada del desenlace de la Segunda Guerra Mundial, finalmente la empresa extranjera fue confiscada, y la nueva ANTELCO controló los servicios telefónicos, telegráficos y el espectro radial en el país.

Por otra parte, en 1943 se había creado el IPS, con atribuciones en relación a la atención médica y las jubilaciones del sector de trabajadores asalariados y de sus familias. Recibió aportes de los trabajadores, los patrones y el Estado. En el contexto fuertemente inflacionario que caracterizó a varios años del gobierno de Higinio Morínigo, una medida importante hacia el sector de los trabajadores fue la adopción para todo el país en 1944, de escalas de salarios mínimos.

Más allá del crecimiento del sector público en este periodo, el escenario de posguerra mundial y su incidencia en la caída del comercio exterior, conjuntamente con la inestabilidad política interna que derivó en la Guerra Civil de 1947, condujo a que los últimos años de la década del cuarenta y los primeros de la del cincuenta fueran de inestabilidad económica y mayor descontento social. Entre 1946 y 1949 la producción se contrajo, los precios internos aumentaron más del 100%, mientras los salarios e ingresos perdían parte de su poder adquisitivo. Luego de la Guerra Civil aumentó la emigración de trabajadores a la Argentina, por la violencia política y las mejores condiciones laborales en el vecino país. En 1949 el Gobierno implemento un sistema de tipos de cambio múltiples de divisas, de acuerdo al producto a ser importado o exportado, lo cual era susceptible del favoritismo hacia ciertos sectores y la actividad especulativa. La difícil situación se prolongó entre 1950 y 1953, con años de alta inflación, déficits fiscales recurrentes, e incluso la mayor politización del uso de los créditos públicos.

 

Hacia una larga dictadura

El Paraguay de la década del 50 era un país con una economía de grandes enclaves forestales, principalmente de explotación de bosques, quebrachales y yerbales, para la producción de maderas, tanino y yerba mate. También era una economía con fuerte presencia de haciendas ganaderas que, así como los enclaves forestales, orientaban su producción principalmente hacia la exportación al mercado internacional.

Al mismo tiempo, reflejo de una estructura económica contradictoria por su carácter dependiente del capital internacional, permanecía a la par de los grandes enclaves en el ámbito rural una importante cantidad de fincas minifundiarias, principalmente campesinas. Según datos de un censo realizado en 1942/1943 por el Servicio Técnico Interamericano de Cooperación Agrícola, STICA, las chacras agrícolas existentes en el país eran 117.890 unidades, que abarcaban una superficie de 1.549.785 hectáreas. Esta medición no incluyó los enclaves forestales, constituidos en su mayor parte por latifundios extranjeros de gran extensión. Ya en ese entonces existía una gran concentración de la tierra en pocas fincas: el 1,2% de los propietarios (1.369 fincas) poseían unidades de más de 100 hectáreas, las cuales ocupaban casi el 60% de las tierras censadas, al tiempo que las fincas de hasta 10 hectáreas eran el 79,2% y accedían solo al 18,5% de las tierras.

El STICA fue uno de los resultados de la creciente cooperación norteamericana en el país, que se había iniciado formalmente en 1939, bajo el gobierno de José Félix Estigarribia. El convenio firmado con los EE.UU; que dio origen a este programa en 1942, estaba enmarcado en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual había mucha preocupación por el abastecimiento de alimentos a nivel internacional. El STICA apuntaba a la modernización de la actividad agrícola por medio de la asistencia técnica, la capacitación y el apoyo financiero, aunque su impacto fue muy limitado, dado cierto abordaje verticalista en la intervención, que desconocía las características propias de la población campesina, en el aspecto social y cultural.

El STICA influyó en la modificación de la estrategia de colonización a mediados de los cuarenta, pasando de la ubicación de campesinos en tierras privadas no utilizadas a expandir la frontera agrícola en tierras nuevas, de modo de descomprimir la presión de la zona central. La colonización en el eje sur fue impulsada en 1948, principalmente en la zona de Acahay, Ybycuí y Misiones.

De esta cooperación surgió en 1944 el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH), siendo Paraguay el primer país de Sudamérica con una institución de este tipo, dirigida a los pequeños productores, en un formato traído de los EE.UU., pero que tuvo muy baja actividad en sus primeros años. El Brasil formó una institución similar en 1949. Cuando el presidente de los EE.UU. Harry Truman impulsó en 1950 el Programa del Punto Cuarto, con el objetivo de detener la influencia socialista en el ámbito rural de los países subdesarrollados, se impulsó una modernización agraria partiendo del desarrollo agrario norteamericano, tomado como modelo. Uno de los primeros países en firmar este programa fue el Paraguay, por el cual el STICA pasó de depender originalmente del Departamento de Agricultura norteamericano a estar dirigido por el propio Departamento de Estado, dada la nueva estrategia geopolítica.

Se estimaba que hacia 1950 el sector de los ganaderos conjuntamente con los latifundios forestales de capitales extranjeros tenía más de 30 millones de hectáreas en todo el país. La mayoría de los campesinos minifundiarios por su parte eran ocupantes sin títulos de sus tierras. El dirigente colorado del sector democrático Roberto L. Petit impulsó algunas reformas tendientes a mejorar la situación de los pequeños productores bajo el gobierno de Chaves, poniendo en vigencia el Estatuto Agrario de 1940, impulsando la prohibición de venta de tierras a extranjeros en las zonas de frontera, así como la sustitución del Departamento de Tierras y Colonización por el Instituto de Reforma Agraria (IRA) en 1951.

 

 

Sin embargo, el importante crecimiento del Estado y sus áreas de intervención en los años previos a 1954 generó nuevos circuitos de acumulación y posibles negocios para quienes controlasen el Estado, como apunta Dionisio Borda en el trabajo LA ESTATIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y LA PRIVATIZACIÓN DEL ESTADO EN EL PARAGUAY.

Por tanto, la disputa por el gobierno se volvía en una lucha más amplia por el control de los recursos estatales, y en última instancia, por la distribución de la riqueza vinculada directa o indirectamente, a la influencia del poder público.

El control del Estado también significaba el control del mayor empleador del país, disponiendo de los empleos públicos, lo que confería una enorme influencia al Gobierno, por la anémica generación de empleos en el sector privado y el escaso dinamismo del empresariado en el desarrollo industrial. Notablemente, esta característica de la economía paraguaya, de un estrecho mercado laboral muy dependiente del sector público ante la ausencia de un mayor sector industrial, luego de seis décadas sigue prevaleciendo en el país.

La hegemonía del Partido Colorado luego de la Guerra Civil del 47 no logró aplacar las luchas internas en el partido, donde los sectores respondían a diferentes grupos económicos y sociales. Bajo el gobierno de Federico Chaves, dentro del propio sector democrático al que pertenecía el presidente, disputaban una mayor influencia el grupo liderado por Epifanio Méndez Fleitas, partidario de la intervención estatal, y el grupo de los terratenientes, liderado por Rigoberto Caballero, hombre cercano al gremio ganadero, la Asociación Rural del Paraguay (ARP). La presión de este grupo de gran poder económico, para aumentar el precio de la carne entonces controlado por la COPACAR, y la oposición del sector epifanista que dirigía el BCP y el Ministerio de Finanzas, profundizaron la crispación política y elevaron la tensión alrededor del ya débil gobierno de Chaves. En enero de 1954, Méndez Fleitas fue destituido como Presiente del Banco Central del Paraguay, y el ambiente de conspiraciones se agitó en el país. Corrupción e inflación completaron la bandeja servida al entonces Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Gral. Alfredo Stroessner.




REFLEXIONES FINALES

El stronismo representó un largo y complejo periodo de la historia paraguaya, donde muchos hicieron su acumulación originaria (y otros ampliaron su anterior acumulación) bajo el brazo protector del dictador, pero muchos más sufrieron los rigores de un régimen político y económico injusto y represivo.

La larga duración de la dictadura fue posible, entre varios factores, por la falta de una élite económica nacional que haga las veces de clase dirigente, a lo que se sumó la habilidad de Stroessner de combinar, por un lado, el uso discrecional del aparato estatal para enriquecer o emplear a un sector de la población, volviéndolos cómplices del régimen mediante la corrupción y la permisividad con las actividades ilegales, y por el otro, la represión sistémica y contundente, desproporcionada y ejemplificadora hacia los sectores críticos al régimen, sean estos campesinos, obreros, estudiantes, políticos o religiosos.

Esta forma de gestión del poder le granjeó al Gobierno el apoyo de los principales cuadros militares, los dirigentes partidarios, la burguesía fraudulenta, viejos y nuevos terratenientes, comerciantes, contrabandistas y traficantes, la mayor parte del funcionariado público, las empresas y los colonos extranjeros, entre otros, al tiempo de cortar de raíz la mayoría de los procesos democráticos y contestatarios en gestación.

Este control interno prácticamente absoluto, fue posible gracias a la estratégica subordinación del país a los intereses y las orientaciones de los EE.UU. y el Brasil, para quienes Stroessner fue un leal aliado en la defensa de la democracia sin comunismo y en la apertura incondicional al capital internacional, expresado en parte en el alineamiento del Paraguay a las necesidades de la burguesía industrial brasileña.

Esta sumisión externa le garantizó al dictador un abundante torrente de financiamiento externo, que llegó al país desde fines de los años cincuenta hasta el ocaso del stronismo, en los últimos años de la década del ochenta.

La deuda externa del país en los inicios del régimen era de alrededor de 10 millones de dólares; a la caída de la dictadura, esta deuda había llegado a casi 2.500 millones, sin contar con las deudas que el país asumió en los entes binacionales de Itaipú y Yacyretá, que superaban entonces los 10.000 millones de dólares, monto que con los años ha seguido incrementándose y que sigue siendo pagado por quienes habitamos este país hasta la actualidad.

La crisis de los enclaves forestales a partir de la década del cincuenta fue hábilmente aprovechada por el Gobierno, en sintonía con los intereses de los latifundistas y los capitales externos, para desarrollar un amplio programa de colonización agraria, que redistribuyó tierras pero sin eliminar la concentración de la estructura fundiaria, utilizando en el proceso las tierras fiscales que el país disponía y partes de los enclaves, en proceso de fragmentación con fines inmobiliarios.

Con la colonización se descomprimió la tensión existente entre terratenientes y campesinos de la zona central de la Región Oriental, mediante el traslado de miles de familias minifundiarias hacia territorios vírgenes e inhóspitos del este y norte de dicha región. La colonización stronista también dotó de tierras a militares, dirigentes partidarios y empresarios amigos, quienes en los sesenta y setenta pasaron a formar parte de la clase terrateniente, históricamente liberal, ahora en gran porcentaje coloradizada.

Fueron más de 6 millones de hectáreas de tierras malhabidas arrebatadas al pueblo paraguayo, al campesinado y a los pueblos indígenas, que permanecen hasta nuestros días en manos de propietarios ilegales e ilegítimos, por el origen espurio de los títulos de miles de propiedades.

El régimen stronista realizó múltiples obras de infraestructura a lo largo de las tres décadas y media que duró, como rutas asfaltadas, puentes, hospitales y escuelas, represas hidroeléctricas, aeropuertos, fábricas de acero, cemento y alcohol, edificios imponentes como el Palacio Municipal de Asunción, entre muchos otros, pero a un costo muy elevado para el país: el creciente endeudamiento externo y la corrupción generalizada en que se realizaron.

Todas estas obras pudieron haberse hecho con prácticamente la mitad del dinero que el país tomó en préstamo para su realización de no haber sido por las enormes sobrefacturaciones, las comisiones de por medio, el desvío de fondos, el pago de intereses usurarios, las condiciones entreguistas de los tratados binacionales, etc. Las obras públicas del stronismo fueron cargadas financieramente en las espaldas de las generaciones de paraguayos y paraguayas que soportaron y sucedieron al régimen dictatorial y que las vienen pagando con su trabajo, sus impuestos y el pago de los servicios básicos desde hace varias décadas.

A la corrupción se sumó la ilegalidad de diferentes formas de acumulación, como el narcotráfico, el autotráfico, el contrabando, la evasión de divisas, la deforestación y el rollotráfico, el lavado de dinero, que dieron forma a una burguesía corrupta e inescrupulosa, ávida de acrecentar su poder e influencia económica, e insensible y cómplice con las violaciones de los derechos humanos de otras personas.

La impunidad garantizada por el régimen para todas estas prácticas permitió que la corrupción y la ilegalidad sean mecanismos rápidos de enriquecimiento e incluso en muchos casos de sobrevivencia, lo que instaló toda una cultura de aceptación y legitimación social de dichas prácticas que ha quedado como herencia maldita en el inconsciente colectivo de la sociedad paraguaya. Esto ha devenido en perjudiciales actitudes sociales de aprobación y reprobación: al que tiene dinero, no importa cómo lo obtuvo, generalmente se le ofrece pleitesía; al honesto, en general, la indiferencia.

El stronismo no modificó estructuralmente el modelo económico paraguayo. La economía anterior y posterior al régimen fue y es dependiente del capital internacional y la demanda externa, y está vinculada de forma subordinada y dependiente, como proveedora de materias primas para el mercado internacional y el fortalecimiento de los circuitos industriales de otros países: en los cincuenta el país proveía mediante las exportaciones de madera, yerba, tanino, carne, tabaco y algodón; para fines de los ochenta, solo cambiaron algunas materias primas exportadas, ocupando los principales lugares la soja, el algodón, la carne y la electricidad a precio de regalo.

El desarrollo de las potencialidades productivas y organizativas de la población paraguaya fue postergado por la primacía de los intereses económicos de los grupos cercanos al poder y de sus aliados situados más allá de las fronteras de esta isla rodeada de tierra, de la que el infortunio se enamoró, al decir de uno de los exiliados por el gobierno de Stroessner, el universal Augusto Roa Bastos.


 

 

 

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