ELISA GODOY ÁLVAREZ

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Nacimiento:
26 de Diciembre de 1950

CAYO SILA GODOY, OBRA ARTÍSTICA - Por ELISA GODOY DE GULINO

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CAYO SILA GODOY, OBRA ARTÍSTICA - Por ELISA GODOY DE GULINO

CAYO SILA GODOY, OBRA ARTÍSTICA.

Por ELISA GODOY DE GULINO.


Del libro Cayo Sila Godoy, obra artística. Músico paraguayo,  concertista y compositor de guitarra clásica.

(En preparación) Elisa Godoy de Gulino.

Trabajo de transcripción a formato digital: Elisa Godoy de Gulino, 23 a 26 enero 2010

 

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Transcribimos un extenso artículo publicado en febrero de 1946, en la

Revista “Paraguay Social”, Pág.11, 12 y 18;  firmado por Augusto Roa Bastos.

 

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Semblanza de un artista paraguayo: Cayo Sila Godoy

LA GUITARRA, CORAZÓN MUSICAL DEL PARAGUAY

DOS EJECUTANTES EXCEPCIONALES

Por Augusto Roa Bastos


EL LEGADO DE ESPAÑA


Si algún instrumento se debiera elegir como símbolo preciso del instinto musical del Paraguay, este instrumento no podría ser otro que la guitarra. Es el que mejor resume el sentir del pueblo. Es también, en consecuencia, el que lo expresa con más comprensiva exactitud. Con la guitarra acontece en el Paraguay lo que con todas las cosas que están impuestas por un determinismo ineludible. La guitarra, en primer término, es para el paraguayo un signo de herencia. Por ella desemboca el legado artístico de España en su dimensión más verdadera y profunda. Es también para el paraguayo la guitarra una compañera insustituible, de amistad probada en una frecuentación tan asidua que no ofrece indicios de entibiarse. De haberse habituado a permanecer reposada sobre el corazón paraguayo, la guitarra conoce indudablemente sus más íntimos secretos y sus inclinaciones y sonidos más auténticos. De allí que cuando se ve precisada a vibrar bajo la presión de las manos paraguayas, produzca una confidencia artística de sorprendente fidelidad al espíritu popular. Hay “algo” en la guitarra pulsada por la inspiración del músico paraguayo, que supera el mérito tal vez un poco frío del simple virtuosismo interpretativo. Es más, no cree que este virtuosismo interpretativo se alcance frecuentemente en el Paraguay, por lo menos como regla general. En la mayoría de los casos, la interpretación guitarrística es tosca, y hasta hace pocos años servía principalmente para acompañamiento del canto. Pero lo evidente es que dentro de estas limitaciones y quizás debido a ellas mismas, se da esa plenitud inefable de todo arte que brota de las honduras indecibles del hombre. Para hallar una explicación más o menos adecuada, se tendría que recurrir tal vez a la del “duende”, con la cual los españoles pretenden explicar lo inexplicable por medio de una hábil alusión

fantástica. no exenta de verosimilitud. Parece que existe en realidad un servidor mágico del arte, una suerte de travieso y luminoso espíritu que dicta secretos incomprensibles al artista para que él los vaya revelando a los demás con sentido oracular perfecto.


SIGNOS DEL DUENDE


Este “duende” guitarrístico adquiere, en ocasiones, una presencia evidente en intérpretes que resumen largos períodos de condensación emocional. Así surge, por ejemplo, un Agustín Barrios y le sigue un Cayo Sila Godoy, cuya mediación asegura por largo tiempo la permanencia de la guitarra paraguaya, en el primer plano del panorama artístico de América.

Esta mención no implica ningún regodeo “nacionalista”. Nada más perjudicial en arte que trazar líneas divisorias correlativas de las fronterizas, para situar y valorar sus diversas manifestaciones. El arte y los artistas se han burlado siempre de estas limitaciones, para mostrarnos sin duda que ellos no tienen más fronteras que las suyas propias, lo cual es no tener ninguna puesto que la misión del trabajo artístico es precisamente tender sobre todos los hombres por igual la dignificación de un noble abrazo universalista.


AGUSTÍN BARRIOS


Este extraordinario virtuoso de la guitarra fue un claro ejemplo de inmortal verdad. Murió hace apenas dos años, lejos de su tierra, después de haberse ausentado de ella hace más de un cuarto de siglo. Su vida estuvo plenamente identificada a este rito sexticorde que es la religión musical de la guitarra. De signo milenariamente trashumante, el instrumento de las seis cuerdas remolcó con inagotable sed de caminos por tierras siempre más distantes la vocación guitarrística de Barrios. Él la sirvió ejemplarmente. No se enclaustró en el mito ponzoñoso del “folk-lore” nacionalista. Pero el hecho de haber creado e interpretado música de otros pueblos, a lo largo de su itinerario artístico infatigable, no le impidió seguir sintiendo en lo más hondo de su sensibilidad, la música de su propio país, con nitidez cada día más intensa.

Este artista no fue solamente un extraordinario intérprete. Sus conciertos le esculpieron en vida, en la admiración de todos los públicos del Continente, el

duradero y anticipado monumento de su fama. Pero Barrios fue también un admirable compositor. Su obra consta de cerca de mil páginas en las que alternan partituras de todos los géneros, desde la simple recopilación de temas y melodías, populares hasta la composición de finísimos estudios de conciertos, “suites”, y partituras de gran aliento , cuya perfección y sobre todo, cuya inspiración de auténtica llama creadora, fue alabada por eminencias musicales del mundo entero, entre ellas, por el maestro Toscanini.

La muerte de Barrios privó al Paraguay de uno de sus artistas más brillantes, y a América, de su primer guitarrista; doblemente primero, no solamente porque lo fue en sentido cronológico, sino también por la singular grandeza de su mérito. Después del guitarrista español, Andrés Segovia, Agustín Barrios estaba conceptuado como el segundo gran guitarrista del mundo. Quizás añada algún interés a la parte externa de su ejecutoria de artista, el mencionar que en sus jiras de conciertos le acompañó siempre una magnífica guitarra, obsequio de la Reina Victoria de España y testimonio de su admiración.


CAYO SILA GODOY


No es, sin embargo, de Barrios de quien tengo el propósito de bosquejar una breve semblanza evocativa. Quiero referirme con con reflexiones muy ceñidas y escuetas a otro gran guitarrista del Paraguay, a Cayo Sila Godoy. No obstante, las preliminares consideraciones acerca de Barrios han sido necesarias para ubicar con justicia la posición de este joven artista que es su heredero inmediato.

Cayo Sila Godoy tiene veinticuatro años. Es extraordinariamente sensitivo. Su figura física es de las que producen al momento la sensación inconfundible de poseer un espíritu señalado por la misteriosa predestinación del arte. Es retraído y se le adivina dichoso con su tormento interior, en la guerra íntima que todo verdadero artista se mueve a sí mismo ordenando el futuro nacimiento de todas sus personalidades posibles. Sin embargo, Cayo Sila Godoy no ha frustrado por el camino de una seriedad prematura las emanaciones de su corazón infantil. Mira las cosas y los seres y se remansa en ellos en una concentración diáfana de voluntad que semeja la entrega candorosa de la infancia. De estos contactos puros vuelve siempre con una música aclarada que pugna por manifestarse con impaciencia por sus cauces expresivos. No siempre el artista cede a estos reclamos insurgentes. Pero, si un orden determinado de perfección en la obra artística fuese el síntoma seguro para decir que ella fue hecha sólo después de un demorado modelamiento interior, del trabajo de Godoy puede afirmarse entonces que no se realiza con facilidad. Esta quizás sea la explicación de porqué su ya notable labor de composición muestra perfecciones encomiables, aún a pesar de los riesgos que podrían acecharle a causa de su preparación técnica no completada todavía.

Cayo Sila Godoy es de fina complexión, blanco, con la tez pálida y los cabellos lacios y muy claros. Sus reacciones emocionales se le reflejan en la fisonomía con toda transparencia. Es de esos rostros extremadamente sensibles que no soportan la más tenue máscara de un secreto. En la interpretación, se inclina sobre el instrumento y la música desmorona sobre su tensa expectación íntima, algo así como una pátina de vejez que se le demora dolorosamente en la expresión del rostro. Vive con entrega absoluta y conmovedora su trabajo de artista, tanto la del compositor como la del ejecutante.


ALGUNOS DETALLES DE SU INFANCIA


Empezó a tocar la guitarra a los cuatro años. Artistas anónimos del pueblo le enseñaron los rudimentos necesarios. Después ya se valió de sus propios recursos. Sería conmovedor indagar de qué medios se valió el paciente niño para domesticar con sus débiles y pequeñas manos la fortaleza vibrante de las cuerdas. Lo cierto es que el precoz artista triunfó muy pronto, ayudado tal vez por la misma complicidad enamorada del instrumento, como sucede siempre que la predestinación genial se fragua sus misteriosos caminos.

A los cinco años, el concertista en ciernes recorre gran parte del país, despertando la admiración rural en cuanto pueblo, aldea o villorrio cruza su primer triunfal itinerario.

Por ese entonces era yo también un muchachuelo campesino. No podré olvidar nunca la impresión que me produjo ver subir a aquel niño triste al tosco tablado donde ya le esperaba sobre una silla la guitarra, fabulosamente enorme si se la refería a las fuerzas del pequeño guerrero musical. Momentos después se veían solamente la cabecita rubia semiescondida detrás de la caja del instrumento, y las piernas colgando o procurando aferrarse a las de la silla. La sensación precisa y casi angustiosa era de que la guitarra parecía sonar sola, como un instrumento hechizado. Y en verdad que lo estaba, porque aquel niño artista empezó a hacer florecer en el cordaje las melodías populares con un aire indefinible de encanto que dejaba suspenso el ánimo de todos. Así se inició la carrera del futuro gran músico.


PRIMEROS ESTUDIOS


Pocos Años después viaja a Asunción donde toma sus primeras lecciones de música en el Ateneo Paraguayo. Obtiene una beca que le permite continuar estos estudios iniciales en la misma institución. Por su propia cuenta y con singular dedicación adelanta también, y como a husrtadillas de sus maestros, sus conocimientos de armonía. En medio de estas tareas que le absorben casi por entero, comienza a componer bajo la influencia de los grandes maestros del género guitarrístico, Sor y Tárrega, así como también del paraguayo Barrios.

Estudia con ahínco la música clásica buscando develar sus secretos y tratando de apoderarse de la mayor cantidad posible de sugerencias que le ayuden a orientar con infalible signo de sus facultades. Así, desde Beethoven y Bach que le fascinan, pasa en un progresivo descubrimiento por las épocas más representativas de la historia musical europea, para llegar por fin hasta los cinco maestros rusos, gustar detenidamente a Debussy y estudiar la música española en Albéniz, Granados y Falla, sin abandonar por esto en ningún momento la frecuentación de todos los músicos que intervinieron más directamente en la evolución del arte guitarrístico, y sin abandonar tampoco el venero de lo popular y de lo nativo. Su ingente labor de afinación en el orden de su cultura musical no le separan del núcleo vivo encerrado en el “folk-lore” de su propia tierra. Por el contrario, bien pertrechado de conocimientos y seguro ya de sí mismo, rastrea las legítimas vetas del pueblo e incorpora con acierto su sustancia vitalizadota a la elaboración de una música que está llamada a obtener justificado aprecio en los más exigentes centros musicales de América.

Él no ha adoptado posiciones extremas. Tiene abierto el camino a todas las sugerencias que puedan sedimentar en su temperamento un aporte decidido a la causa esencial de su música. Este es su máximo fanatismo: dedicarse con pasión a un trabajo cuyo fin inmediato es la conquista completa de su personalidad y cuya meta última es elevar gradualmente la dignidad de este trabajo hasta convertirlo en la expresión de su personalidad llegada a plenitud. Un programa sabio que no es un círculo vicioso, porque Cayo Sila Godoy posee clara conciencia de sus medios y posibilidades. Y más que nada le auxilia una actitud profundamente humana a través de la cual contempla al arte no como artificio, sino como luz del corazón que debe encenderse perpetuamente con el fuego de un puro sentimiento de nobleza y de amor hacia los hombres.


Trabajo de transcripción a formato digital: Elisa Godoy de Gulino, 23 a 26 enero 2010

Documento facilitado por la autora.

Registro en Portalguarani.com: Julio 2013

 

 

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