LA PALABRA QUE AGREDE O ACARICIA
La semana pasada ha sido pródiga en exabruptos presidenciales. Primero fue el presidente paraguayo Federico Franco al afirmar que "es un milagro que el presidente Chávez desapareciera de la faz de la tierra"; y luego fue el presidente uruguayo José Pepe Mujica, quien, refiriéndose a Cristina Kirchner y a su marido, dijo: "Esta vieja es peor que el tuerto".
Estas ofensivas declaraciones presidenciales generaron como respuesta una catarata de insultos y ofensas de algunos miembros del Gobierno y de la sociedad venezolanas y argentinas.
Si bien ambos presidentes han intentado aclarar el sentido de sus expresiones, no existe ninguna duda de que las mismas representan el pensamiento y el sentimiento de mucha gente en sus respectivos países.
No podemos olvidar que el difunto Hugo Chávez fue tremendamente agresivo en palabras y en acciones contra el Paraguay, y lo mismo se puede decir tanto del difunto Néstor como de su esposa Cristina Kirchner con respecto al Uruguay.
Pero esta situación de enfrentamiento, de agresiones y de descalificaciones, no es solamente patrimonio de las relaciones internacionales, sino también la podemos ver todos los días en las relaciones internas de cada uno de nuestros países.
Por citar algunos ejemplos: recordemos a Venezuela, donde el chavismo y el sector liderado por Capriles viven en constante agresión; lo mismo ocurre en la Argentina entre los kirchneristas y los antikirchneristas, y, lamentablemente, el mismo mal lo estamos padeciendo en nuestro país desde hace mucho tiempo.
Un ejemplo de ello es la actual campaña electoral en el Paraguay, donde en lugar de discutir propuestas para los problemas del país, lo que escuchamos son eslóganes publicitarios vacíos de contenido y un torneo de acusaciones y descalificaciones al adversario.
Y en el medio de todo esto, los medios de comunicación, tanto los escritos como los radiales y televisivos, en busca del bendito "rating", dan amplios espacios y estimulan las agresiones y los enfrentamientos.
El "escenario" de este lamentable "espectáculo" lo ponen los medios de comunicación, y los principales "artistas" son nuestros políticos y nuestros gobernantes.
Como lo dice magistralmente el escritor peruano Mario Vargas Llosa, asistimos a la "civilización del espectáculo", donde el único objetivo es que la sociedad "se divierta y tenga placer, para lo cual los programas deben ofrecer novedades y distraer a un público lo más amplio posible".
En esta "civilización del espectáculo" la palabra serena, la reflexión profunda, el análisis de los problemas y las propuestas de solución, le interesan a poca gente y consecuentemente tienen un "rating" muy bajo.
Sin embargo, las palabras groseras y agresivas, las descalificaciones y los ataques personales, pareciera que son de interés de la mayoría y, consecuentemente, tienen los "rating" más altos.
Si es cierto que la calidad de una sociedad, de una organización, de una familia y de una pareja, es mejor o peor basado en la calidad de sus conversaciones, tenemos que cuestionarnos muy fuertemente y preguntarnos ¿qué sociedad estamos construyendo, con el estímulo a la palabra agresiva y descalificadora?
Así como tener buenos ladrillos es fundamental para construir un edificio sólido, el elemento fundamental para construir una sociedad más armónica es... cuidar el uso de las palabras.
Como dice el filósofo chileno Rafael Echeverría, "la palabra no solamente describe la realidad, sino que también crea la realidad".
Una palabra afectuosa puede crear una relación amistosa y constructiva, mientras que una palabra ofensiva puede generar odios y enfrentamientos.
Por eso, si queremos un mejor país en el futuro, el primer paso es cambiar el tono y la calidad de nuestras conversaciones.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
www.ultimahora.com
Sección OPINIÓN
Domingo, 07 de Abril de 2013
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)