GOBERNABILIDAD, EL GRAN DEBATE
El tema político de la semana ha sido la visita del presidente electo Horacio Cartes al expresidente Lugo para negociar acuerdos que permitan que entre el Partido Colorado y el Frente Guasu tengan la mayoría en el Senado.
Muchos manifiestan que esta mayoría es un requisito fundamental para la gobernabilidad, idea que no es compartida por otros, entre ellos, Gonzalo Quintana.
En un interesante e-mail enviado por él, afirma que "en el Paraguay nunca, durante la transición, hubo problemas de gobernabilidad. Porque, el primer ratio de gobernabilidad aparece cuando cada institución puede cumplir o ejercer las facultades que le confiere la Constitución".
Con ese criterio, el hecho de que "el Congreso puede aceptar o rechazar una propuesta del presidente" o "el presidente puede vetar una ley aprobada por el Congreso", no es sinónimo de ingobernabilidad, sino todo lo contrario.
Después de los graves problemas de inestabilidad sufridos durante la presidencia de Fernando Lugo, creo que este tema de la "gobernabilidad" debe ser profusamente debatido en nuestro país.
Para debatirlo, en primer lugar, debemos saber que la palabra "gobernabilidad" es un término relativamente nuevo. Ha comenzado a usarse en el mundo, en la década de los setenta, luego de los grandes disturbios estudiantiles en Francia en 1968, y en América Latina, a partir de los ochenta, cuando los países de la región empezaron el proceso de transición hacia la democracia.
En segundo lugar, tenemos que saber que existen las más variadas definiciones de "gobernabilidad"; desde la más liberal, donde se define como el normal funcionamiento de las instituciones dentro del Estado de Derecho, hasta la más dictatorial, donde se especifica como la capacidad del Ejecutivo de impulsar sus políticas y obtener la obediencia cívica del pueblo.
En el primer caso se prioriza la legitimidad, mientras que en el segundo, la eficiencia en la gestión.
Si se pone mucho acento en la eficiencia, podemos estimular el autoritarismo y la uniformidad de pensamiento, que es propio de sistemas dictatoriales.
Si se pone mucho acento en la legitimidad, podemos tener un sistema democrático anárquico, donde funcionan las instituciones, pero estas se bloquean mutuamente y es imposible gobernar.
Lo que las democracias consolidadas buscan obtener es un punto medio, donde dentro del marco institucional de la democracia, se pueda llegar a acuerdos que permitan tomar decisiones y progresar.
Estos acuerdos deben formularse "dentro y fuera" del sistema político, para que consigamos la tan ansiada "gobernabilidad democrática".
"Dentro" del sistema político debe conseguirse la mayoría en el Congreso; primero para que el Gobierno no caiga y segundo para que pueda impulsar determinadas políticas públicas.
Pero en democracia no basta contar con mayorías en el Congreso, es necesario el consentimiento de un amplio sector de la ciudadanía, que es la que impulsa las demandas al sistema político.
Las demandas son variadas y algunas contrapuestas. Por ejemplo: los campesinos quieren tierras, los empleados públicos quieren aumento salarial y los empresarios no quieren aumento en los impuestos.
Si las demandas sociales superan ampliamente la capacidad de respuesta del sistema político, la ingobernabilidad es inevitable; como pasa hoy en Europa.
Por eso tienen que obtenerse también los apoyos "fuera" del sistema político -la sociedad civil y el sector empresarial- para hacer viables los planes de Gobierno.
Como conclusión, independiente de la conveniencia política de la negociación del presidente electo, las conversaciones y los acuerdos son el único camino para conseguir la tan ansiada gobernabilidad democrática.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
www.ultimahora.com
Sección OPINIÓN
Domingo, 19 de Mayo de 2013
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