UN TRISTE ESPECTÁCULO
No dice mucho a favor del país –menos aún de la defensa de sus intereses– la diferencia mantenida entre la embajada del Paraguay en Buenos Aires y el Ministerio de Relaciones Exteriores en torno a la pretensión argentina de instalar una planta nuclear en la provincia de Formosa, a la que ahora el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pretende degradar a la instalación de una "inofensiva" fábrica procesadora de uranio.
Durante toda la semana pasada, fueron y vinieron las acusaciones entre la representación diplomática nacional en Argentina y la Cancillería Nacional acerca del carácter de la información proveída por las autoridades del vecino país. La Embajada dice que remitió un "informe oficial" al respecto y el Ministerio insiste en que solamente se trató de "datos preliminares".
Esta disputa sin sentido nos expone innecesariamente, debilitando al mismo tiempo la postura paraguaya, en el sentido de sostener que el gobierno Argentino no respetó el artículo 17 de la Convención sobre Seguridad Nuclear, adoptada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el 17 de junio de 1994.
En efecto, dicho acuerdo prescribe que cuando un país pretende emplazar una central nuclear debe: "Consultar a las Partes Contratantes que se hallen en las cercanías de la instalación proyectada, siempre que sea probable que resulten afectadas por dicha instalación y, previa petición, proporcionar la información necesaria a esas Partes Contratantes, a fin de que puedan evaluar y formarse su propio juicio sobre las probables consecuencias de la instalación nuclear para la seguridad en su propio territorio".
Argentina no dio cumplimiento a esta norma, al menos hasta el momento. Al respecto, ninguna autoridad paraguaya debería prestarse a seguirle el juego del gobierno argentino, en el sentido de aminorar intencionalmente la gravedad de la amenaza. Menos aún, evidenciar divergencias internas que suponen un espectáculo triste e innecesario.
Si de mantener posturas se trata, el poder Ejecutivo ha de dejarle bien en claro este viernes al canciller argentino Héctor Timerman, cuando realice su visita oficial a nuestro país, que el Paraguay no arreará sus banderas y que exige, como es debido, que se lo tenga estrictamente al tanto de los proyectos nucleares que pretende encarar el gobierno de la señora Fernández. La seguridad de su territorio y de su población así lo requiere.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
www.ultimahora.com
Sección OPINIÓN
Domingo, 09 de Marzo de 2014
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