EL PREMIO NOBEL A LA DESTRUCCIÓN CREATIVA
Una de las noticias más importantes de la semana ha sido que tres japoneses fueron galardonados con el Premio Nobel de Física del 2014, por el descubrimiento de las tecnologías que hicieron posible las lámparas LED.
Este invento, que tiene tan solo 20 años de vida, "ha contribuido a crear luz blanca de un modo completamente nuevo en beneficio de todos", según dijo la Real Academia Sueca de Ciencias.
El invento de las luces LED ha desplazado del mercado a las tradicionales lámparas incandescentes inventadas por Thomas Alva Edison en el siglo XIX y a las lámparas fluorescentes inventadas en el siglo XX.
Las luces LED hoy están en todas partes en nuestra vida diaria: en los televisores, en las computadoras, en los teléfonos celulares, iluminando nuestras casas, ... hasta las ciudades están cambiando sus faroles por esta nueva tecnología.
La irrupción de esta nueva lámpara ha hecho que las tres gigantescas empresas que controlan el mercado de las lámparas tradicionales –-General Electric, Philips y Osram– tengan que cerrar numerosas fábricas esparcidas por todo el mundo.
Sin duda alguna, el nuevo invento "destruirá" miles de puestos de trabajo, pero al mismo tiempo, posibilitará a la sociedad el acceso a un producto más barato, más pequeño y más eficiente en el consumo de energía, que a su vez "creará" nuevos puestos de trabajo.
A este proceso el gran economista austro-estadounidense, Joseph Schumpeter, lo llamaba "destrucción creativa", porque la innovación que permite el avance y el progreso de la sociedad es un proceso que "al crear lo nuevo, destruye lo viejo".
Schumpeter considera que la "destrucción creativa" es la base misma del sistema de libre mercado y que es imposible el progreso sin la misma.
Pero para los países, las empresas y las personas que dominan la tecnología vieja, este proceso significa una amenaza real y normalmente buscan protegerse librando una batalla que tarde o temprano la van a perder.
Este proceso de "destrucción creativa" era más lento en el pasado, pero se ha ido acelerando a un ritmo vertiginoso en los últimos quince años.
Un ejemplo observamos en el mercado de los teléfonos celulares, que en el año 2000 era dominado ampliamente por Motorola, para luego ser desplazado por Nokia, que luego fue desplazado por Blackberry, que a su vez fue desplazado por iPhone y esta fue desplazada por Samsung, en una batalla de innovación que no tiene fin.
Por ese motivo, muchos pensadores describen al mundo actual con la sigla VICA que significa: volátil, incierto, cambiante y ambiguo.
Es en este mundo donde el Paraguay debe desarrollarse, donde las empresas deben competir y donde las personas deben progresar. Un mundo fascinante y lleno de oportunidades; pero altamente innovador y competitivo, y, consecuentemente, excluyente y muy cruel.
Por eso cuando escucho a mis amigos ambientalistas decir la famosa frase "qué mundo queremos dejar a nuestros hijos", creo que la misma debe ser completada con otra frase que diga: "qué educación queremos dejar a nuestros hijos, para que puedan competir y progresar en un mundo tan complejo como el que tenemos".
Yo personalmente soy enemigo de la letra "o", que es la que excluye y separa; soy amigo de la letra "y" que es la que incluye y unifica.
En este siglo XXI tenemos que cuidar el ambiente que vamos a dejar a nuestros hijos, y al mismo tiempo, tenemos que prepararlos para vivir en un mundo de vertiginosa destrucción creativa.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
www.ultimahora.com
Sección OPINIÓN
Domingo, 12 de Octubre de 2014
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