¿QUIÉN ORDENARÁ ESTE CAOS?
El actual caos político y jurídico que estamos viviendo en nuestro país es consecuencia directa de la intención de algunos sectores políticos de modificar la Constitución por la vía de la enmienda, para permitir la reelección presidencial.
Como muy bien lo dice Alfredo Boccia en su columna de esta semana, esta intención de cambio constitucional ha puesto fin a nuestras antiguas e históricas peleas entre colorados y liberales o entre stronistas y antistronistas, o a la más reciente, entre la izquierda y la derecha.
Movidos unos pocos por claros principios jurídicos y una gran mayoría por mal disimulados intereses particulares, hoy observamos cómo en un "cambalache político" se encuentran mezclados y revueltos colorados, liberales, izquierdistas y derechistas... tanto en el bando de opositores como en el de los partidarios de la enmienda constitucional.
La primera y más significativa víctima de este caos político ha sido el Presupuesto General de la Nación, la ley más importante que promulga nuestro país cada año.
Es la ley más importante porque en ella se determina cuánto va a recaudarse y qué sectores serán los afectados; así como cuánto va a gastarse y qué sectores serán los beneficiados.
Es también la ley más importante, porque dentro del derecho público donde lo que no está permitido está prohibido, el presupuesto aprobado es el único sustento legal que le permite al Estado disponer del dinero que recauda.
Producto del enfrentamiento y del caos político mencionado anteriormente, el Presupuesto del 2017 primero fue inflado en el Congreso por los opositores a la Enmienda, para luego –en una decisión inédita– ser vetado totalmente por el Poder Ejecutivo. Dejándonos, en el mejor de los casos, con muchas interrogantes legales.
Hoy ese caos político está creando un caos jurídico; porque a pocos meses del inicio del proceso electoral para las presidenciales, no sabemos con qué reglas vamos a jugar y a pocos meses del inicio del año, no sabemos hasta dónde llega la legalidad del actual Presupuesto General de la Nación.
Para poder funcionar armónicamente una sociedad necesita un orden, el cual a su vez está compuesto por diferentes órdenes menores.
El orden menor es el orden económico, compuesto por las personas y las empresas que desean invertir, comprar y vender. En este nivel se producen las transacciones económicas y es donde la gente gana o pierde dinero.
El orden superior siguiente es el orden político, que es el responsable de limitar las actividades económicas que tras el afán del lucro fueran perjudiciales para la sociedad en su conjunto.
El orden político lo componen los diversos actores que detentan el poder y las diferentes instituciones que rigen las actividades de la sociedad. En este nivel se promulgan leyes y se controla el cumplimiento de ellas.
Nuevamente, si una o varias personas o instituciones del orden político se extralimitan en sus atribuciones, promulgando leyes arbitrarias o realizando actos de abuso de poder, debe aparecer un orden superior para limitarlo, y este es el orden moral.
El orden moral lo constituyen las personas y las instituciones que gozan de gran prestigio y que son respetadas por la sociedad. Este grupo es el que tiene la responsabilidad ineludible de poner su voz de alerta para impedir que el orden político se extralimite.
Solamente el liderazgo moral de muchas personas y de muchas instituciones de prestigio –actuando individual o colectivamente– podrá ayudar a ordenar el terrible caos político que estamos viviendo y que ya está amenazando nuestra convivencia pacífica.
Fuente: ULTIMA HORA (ONLINE)
www.ultimahora.com
Sección OPINIÓN
Domingo, 26 de Febrero de 2017
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