MANUEL RAMOS MARECOS

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Nacimiento:
Asunción, Paraguay
28 de Junio de 1935

SANGRE Y LUZ EN YMAGUA - Por MANUEL RAMOS MARECOS - Año 2011

situación
SANGRE Y LUZ EN YMAGUA - Por MANUEL RAMOS MARECOS - Año 2011

SANGRE Y LUZ EN YMAGUA


Por MANUEL RAMOS MARECOS


Editor:  ARANDURÃ EDITORIAL


Asunción – Paraguay

Enero 2011 (185 páginas)

 

 

 

EN LUGAR DEL PRÓLOGO

 

         Quien escribió el Prólogo de mi primer libro Un manantial de conciencia patriótica fue el Presidente del Partido Comunista Paraguayo, Ananías Maidana.

         Este mi modesto segundo libro también es partidista; mis convicciones comunistas son indeclinables a la organización y mi deseo, aceptado por Ananías, era que escribiera otra vez el Prólogo de Sangre y Luz en Ymagua.

         Yo no me veo ni me vi ni me veré fuera del PCP. Desde 1980 cuando Maidana viajó a Cuba nos conocimos y desde entonces fue mi guía, mi maestro, mi crítico. Me criticaba constructivamente. Él entendía que un obrero, a veces, no asimila correctamente la teoría. Pero la insistencia en la lectura forma.

         Ahora, mi amigo, mi camarada, con quien tuve tantas reuniones bilaterales en su casa y en otra casa, se fue físicamente. Murió el 30 de octubre del 2010. Busco su sincera conversación; me faltan sus opiniones a mi nuevo trabajo sobre el papel.

         Cuando hizo la presentación de mi primer libro en el local del PCP, surgió de sus palabras un concepto que me emocionó y me alegró su significado. Ananías dijo: "Esta es la primera vez que un obrero del Partido escribe un libro".

         Su esposa Beba, encantadora compañera uruguaya a quien Ananías lanzó la flecha de Cupido allá por el año 1988 en Montevideo, estando en el ostracismo que los griegos consideraban el peor castigo a las personas. Ella me dijo: "Ananías te aprecia mucho y por eso critica tu dura exigencia con los compañeros".

         Yo le decía a Ananías: si la exigencia está fuera de un acuerdo es autoritarismo. Pero si está de común acuerdo un asunto no cumplido, se debe exigir el cumplimiento y no caer en la conciliación con los errores y fallas.

         En 1989 cuando Ananías volvía al país después de la caída del nazifascismo en Paraguay, yo ya estuve en el país, al que volví del exilio el 8 de febrero de 1989.

         Acordamos encontrarnos en Dos Bocas, en el comedor del compañero Martínez, frente al Aña Retá'í para llevarle a su nueva vivienda pasajera en el Km. 9 de Fernando de la Mora.

         Llegaba Ananías a la cita cerca del Mercado Cuatro, y un hombre sordomudo se alteró y quería saber quién era el que llegaba. La figura de Ananías era atractiva no sólo para el pyragüe mudo -según Martínez-, sino para todas las personas que le veían.

         Ananías fue la única persona, a más de la que me presentó a mi fiel informante de seguridad, desaparecido de su habitual lugar de trabajo, que sabía dónde está ubicada la real "YMAGUA" donde se cometieron los crímenes narrados en el libro.

         "En tus escritos -me dijo Ananías cuando leíamos algunos pasajes del borrador- señalas al Partido Colorado como causante de todos los males del país. Y no es así. Es la cúpula del Partido Colorado, y no los ochocientos mil colorados".

         Ananías siempre tuvo esa concepción. Yo le dije en una ocasión, que si no quiero embarrarme con la suciedad no debo estar cerca de la suciedad para no salpicarme. No puede mezclarse lo imposible: la honradez con la corrupción; los trabajadores con los ladrones, o la víctima con el victimario. A mí me parece que los cientos de miles de colorados limpios están expuestos a la salpicadura del barro, y si no quieren ensuciarse deben retirarse de la cercanía; de lo contrario podría decirse que les gusta esa salsa... La cúpula de hoy, ayer fue también del grupo de los ochocientos mil. No llegamos de acuerdo pero no seguimos la discusión. Quizás él tenga razón.

         Ananias tenía una luz propia. Su cerebro era una usina donde se producían los más hermosos y profundos pensamientos políticos-ideológicos. Una constante preocupación por el destino del país. No hablaba de otra cosa que no sea de los problemas sociales, de la vida de las personas, del país, del mundo. Y tenía la habilidad de orientar hacia las cuestiones que interesan al pueblo, cualquier charla vulgar. En las reuniones del Partido o en conversaciones individuales era como una luz que alumbraba el camino de los camaradas. Se preocupaba que nadie caiga en los vicios que la burguesía tiende en el camino de los jóvenes.

         Ananías nunca fue una sombra, como la mala fe, el espíritu mezquino o la herrumbrada mente trataba de descalificarlo. Ananías era muy grande para que le alcance la idiotez del necio.

         El mate de trabajo que hacíamos en su casa se acabó; se acabó mi escuela con él. Se apagaron las enseñanzas que recibía. Se fue mi amigo, mi camarada, mi maestro.

         Allá por el mes de julio o agosto del 2010 me dijo: "Podrías presentar tu libro en la Casa Viola como se acostumbra hacer". No -le respondí-. Yo quiero presentar otra vez en el local del Partido que es mi vida, mi existencia. Y sería un placer para mí que vos presentaras de nuevo el libro a los camaradas y amigos.

         "Ahora seré yo quien te diga: No -me respondió con sonrisa-. Para mí sería un honor y no un placer presentar el libro de un camarada obrero del Partido".

         Se fue Ananías. Stroessner y los stronistas no pudieron doblegarle ni con 20 años de cárcel ni las criminales torturas que sufrió. Él tenía dedos rotos resultados del suplicio que le causaron los sobresalientes de la escuela de torturas norteamericanas. A Ananías le venció la misma poderosa naturaleza que le trajo a la vida un 26 de julio de 1923 para sembrar en el fructífero surco de lucha de la clase obrera, el campesinado, los intelectuales, de todo el pueblo, las ideas, el pensamiento y las acciones consecuentes y coherentes para hoy y para la futura sociedad socialista del Paraguay. Las calles, las plazas y escuelas llevarán el nombre de Ananías Maidana para que siempre alumbre las sendas de nuestros compatriotas...

         Mi libro se queda sin Prólogo, sin las primeras palabras. Murió el cuerpo de Ananías pero se nos queda el dulce recuerdo, las serias y claras enseñanzas y la guía certera de este gran hombre, gran personalidad política, gran humanista y pacifista. Fue querido por nuestro sabio pueblo pobre, que al honrar a Ananías se honra a sí mismo, a sus luchas, a su permanente sacrificio por la democracia, la reforma agraria y la soberanía nacional.

         Al final quiero decir que las semillas cultivadas por este sembrador comunista, revolucionario, patriota e internacionalista, germinarán exuberantes bajo el cuidado de la garantizada juventud comunista que el formó para que continuaran por las huellas de centenares de mártires que entregaron sus vidas por una verdadera democracia, la independencia y soberanía nacionales, el progreso y el socialismo.

 

         Manuel Ramos Marecos

 

 

ASÍ ERA ANANÍAS

 

         En este libro estampo brevemente mi visión sobre lo que fue Ananías Maidana: un maestro de escuela, hombre sencillo, simple, alegre, lleno de sueños y esperanzas. Fue un dirigente que rechazaba las adulonerías, las alabanzas, el culto a la persona. Tenía una alta cultura moral y política. Su conocimiento era amplio.

         En su juventud fue colorado en la ciudad de Encarnación, donde se trasladó desde su Misiones natal; pero renunció de ese partido indignado al descubrir la explotación a que eran sometidos los trabajadores por los empresarios colorados donde trabajaban. Y pasó a militar en la Juventud Comunista, que era lo contrario de su anterior partido, desde 1940 más o menos. A los 24 años, Ananías comenzó a sufrir la persecución, la cárcel y la tortura por el régimen colorado de la clase burguesa, el gobierno de Morínigo.

         Ananías sentía el deber de trabajar como cuestión primordial por su Partido Comunista, por el pueblo paraguayo, por la liberación nacional, por la paz del mundo y contra la guerra de saqueos y dominios territoriales. Era incansable luchador y consecuente antiimperialista.

         Su fuerza residía en sus convicciones marxistas leninistas que le convertían en nuestro medio en un político serio, responsable, práctico, inteligente y coherente. No necesitaba de elucubraciones ni rodeos de palabras para hacer entender sus puntos de vista. Por su mente nunca pasaba la más mínima intención de engañar ni mentir a nadie. Fue claro como el agua cristalina. Fue un sincero y leal amigo. Tenía muchos amigos en todos los partidos, en los sectores sociales, sindicatos obreros y asociaciones campesinas; en los círculos de la cultura, en las iglesias, en el alto clero, en las Fuerzas Armadas democráticas.

         Su infalible método era la persuasión, el convencimiento. Trataba de educar políticamente y hacer comprender, crear conciencia que se podía lograr el cambio tan necesario; ayudaba a abrir los ojos a las personas que caían en el pesimismo, en la desesperanza, al ser manipuladas por sus partidos que los recuerdan sólo a la hora de las elecciones.

         En varias ocasiones presencié sus discusiones con compañeros que traían ideas de los teóricos burgueses que tratan de confundir, tergiversar las doctrinas del socialismo y comunismo con el propósito de "eternizar" la sociedad capitalista. En esos momentos veía a Ananías cómo sus planteamientos siempre se ajustaban a los principios, a la línea política y al Programa del Partido. Tenía una paciencia de gato. No se apuraba para educar, convencer y ganar definitivamente para las filas del Partido y del pueblo. Es largo el camino de la revolución pero también a veces es corta, según la circunstancia, según la disposición y posicionamientos de los hombres y mujeres de vivir como viven hoy, o alinearse en lo justo y correcto para la transformación del país. Ananías era un soñador revolucionario que veía el futuro del Paraguay, grande, fuerte y libre como en los tiempos de Gaspar Rodríguez de Francia, en un nivel superior.

         Si su oponente casual no era anticomunista siempre salía satisfecho con la certeza que había aprendido algo que le faltaba. Y acordaba otros encuentros. Nunca se manejaba como caudillo ni con dinero. A su rededor tenía masas de trabajadores porque era creíble y de confianza. Ananías enseñaba a quien no sabía y aprendía de quien sabía más. Y siempre deseaba estar con quien sabía más que él para ayudar mejor. No era un pedante "sabelotodo". No fue un maestro enclaustrado entre cuatro paredes. Era un dirigente obrero inteligente y sabio de la revolución, cuyo pensamiento bullía en la artesa popular.

         En su conciencia, su vida, su lucha humanista y sensible, también tenía la virtud enérgica y poderosa fuerza para defender al pueblo y al país con la política e ideología del Partido; defendía la dignidad no sólo de sus camaradas sino de otros compañeros y amigos. Decía: hay que trabajar mucho y consecuentemente para defenderlos y sacarlos de su círculo negro donde se los humilla comprándoles por dinero.

         Fue implacable enemigo de las intrigas, calumnias y mentiras anticomunistas y antipatrióticas. Ante la provocación política, Ananías era una candela que en roja llamarada surgía de la pasión, del sacrificio de su propia vida, de su Partido, sus principios, sus sueños; de la historia misma de la patria y del pueblo y defendía incansablemente a los perseguidos, a los presos políticos que por sus ideas diferentes, la clase dominante los castigaba. La libertad de los compañeros luchadores por un nuevo Paraguay es nuestra propia libertad, expresaba. Para Ananías parecieran nada los 24 años de cárcel que sufrió. En toda lucha él primero tenía que estar como ejemplo, como enseñanza a los más jóvenes para que supieran cómo encarar el combate por la libertad.

         Esta tarea libertaria era una de las primeras que tenía en su agenda en su memoria, porque tenía íntimamente la convicción de que jugarse por el compañero caído es jugarse por sí mismo. Para Ananías la solidaridad es un deber humano, revolucionario, comunista.

         Ananías no sólo sufrió el rigor de las torturas y las cárceles. Sufrió por los que sufren, por los niños sin futuro, los trabajadores sin empleo, la miseria en que se debatían dos millones de compatriotas, sin educación, sin salud, sin alimento, sin ropa, sin sonrisa...

         Ananías nunca tuvo un auto para su movilidad; viajaba en colectivo, caminaba por las calles de Asunción y del interior del país sin guardaespaldas. Era un hombre valiente; no sabía de cobardía ni de miedo de nadie, aunque los nazifascistas y antipartido estaban detrás de él, inclusive en el ataque del local del Partido. Su moral y su conducta eran una coraza. Confiaba en el pueblo que era su vigilancia y su seguridad. Era respetado por los hombres y mujeres humildes y sencillas.

         La riqueza de Ananías era su ideología marxista leninista, su honradez, su ética y su profunda confianza en el pueblo paraguayo que más temprano que tarde construirá una verdadera democracia que abrirá el camino hacia la construcción de la sociedad socialista en nuestro país.

         Así era Ananías Maidana Palacios, símbolo de la moral incorruptible y coherente. Por eso y muchos otros valores que poseía Ananías, el gobierno de Fernando Lugo lo distinguió con la más alta condecoración nacional, aunque la mayor condecoración de Ananías es el amor y el respeto del pueblo paraguayo.

         Con su muerte hemos perdido, el Partido Comunista y las masas proletarias del país, a un dirigente querido, entrañable, humanista, pacifista, patriota e internacionalista que nos obliga a un estudio profundo de ¿qué hacer? para formar otro hombre o mujer con los quilates parecidos a los de nuestro héroe nacional, ANANÍAS MAIDANA.

 

         Manuel Ramos Marecos

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         Con esta breve exposición de los crímenes cometidos por la dictadura de Stroessner en un pueblito luchador y desconocido, quiero adherirme al Bicentenario de la Independencia del Paraguay en 1811. Aunque no se refiere concretamente a ese acontecimiento nacional, es una parte pequeña de los 200 largos años de enfrentamientos, de lucha de clases del pueblo paraguayo, impuesta por la clase dominante, la clase social explotadora, entreguista y antipatriota.

         Lo real entrelazado con la ficción o fantasía como se refleja en esta obra es simplemente un recurso interesante para mí, dando lugar a una ancha posibilidad para que los lectores tengan una visión o percepción no sólo del contenido sino de la época que nos tocó vivir, de esa afrenta en la historia paraguaya, la crueldad y el salvajismo de un oprobioso régimen impuesto por el imperialismo más poderoso del mundo, el imperialismo norteamericano.

         Fue muy dura la vida de los paraguayos decentes y honestos, democráticos y patriotas, de los que seguimos los firmes pasos de José de Antequera, Rodríguez de Francia, los López.

         Los asesinados, desaparecidos, presos políticos y exiliados, hombres y mujeres, no deben quedar sin denuncias para que la justicia popular pueda castigar a los responsables que hoy siguen ocultándose en la impunidad. Muchos de esos crímenes ya fueron revelados pero quedaron en simples denuncias sin ser castigados todos, todos los cómplices.

         A esas víctimas, sumémosle la investigación de cada uno y la corazonada imaginación hasta descubrir todos los crímenes del terror stronista que dañaron material y psicológicamente los corazones paraguayos que, tarde o temprano, volverán a triunfar en la reconstrucción de la República más poderosa del continente como ha sido la época de oro de la Primera y singular independencia del Paraguay, cerrado con el intento de hacer desaparecer nuestro país con la infame guerra de la Triple Alianza.

         Los sostenedores de la dictadura stronista siguen transitando libremente y ocupando cargos públicos sin pedir perdón siquiera al pueblo. Pero la juventud, la gallarda juventud heroica de la patria, recogerá la bandera de lucha de aquellos patriotas que ya se fueron físicamente pero dejándonos sus ideas, sus enseñanzas, su heroísmo.

         Escribo este libro que no sé en qué género o categoría se le clasificará, pues no soy escritor; soy sólo un aliado luchador por el Bicentenario de hechos y luchas, de la vida de nuestro pueblo, de su sacrificio, de su martirio durante doscientos años. El Bicentenario será glorioso si logramos la Segunda Independencia del Paraguay de la dominación extranjera y sus colaboradores nativos.

         Los pobres, los desheredados, los marginados, los que no tienen nada en un país rico, seguirán luchando por una democracia avanzada con iguales condiciones para todos, no con un grupo de ricos que hacen las leyes contra el pueblo. La Reforma Agraria será realidad y no meras palabras engañosas.

         En este libro se cambió el lugar del centro de los crímenes que fueron reales y se fantaseó creando una hermosa comunidad YMAGUA y sus protagonistas.

         Una sola conversación tuve con mi fiel relator de estos hechos sangrientos. Él me expresó al final de su narración: "Si llega a escribir lo que le informo, porque me parece que Usted quiere dejar que se conozca en la posteridad, no quiero que utilice el nombre de mi pueblo natal donde se cometieron estos crímenes, que me avergüenzan y me tienen atormentado".

         Cuando necesitaba más elementos lo busqué donde trabajaba, con una institución de seguridad importante, ya él había desaparecido sin dejarme su nombre ni señales de vida; no obstante, si llegara a sus manos este libro, le expreso mi gratitud y mi fidelidad a su deseo final. Al parecer el miedo que se propagaba en YMAGUA y alrededores, se apoderó también de él y huyó. Quizás consideró después que era comprometedor y que arriesgaba su vida.

         Obligadamente tuve que entretejer lo real con la ficción. El presidente de la seccional colorada es apócrifo pero sus fechorías fueron reales así como las perversidades cometidas en Takuatí, las violaciones, robos y matanzas. Su ambición por los cargos públicos es muy parecida a lo que observamos diariamente y sus ansias de robar para enriquecerse, arrodillándose ante las autoridades nacionales reales que él mismo los nombra, y la obsesión para ser parlamentario. Con el objeto de alabar más creó el apodo de Duver al jefe de la policía Duarte Vera, o dice tiitito a Pastor Coronel buscando acomodarse con sus maestros del crimen.

         Los dirigentes comunistas de YMAGUA y alrededores son seudónimos; pero sus actividades en diferentes lugares fueron ciertas.

         El Belovento (casa de religiosas) es muy parecido a otra comunidad y los crímenes cometidos en su interior fueron reales. La calle "Los Lapachos Amarillos" es una maravillosa imaginación de los pobladores.

         En mi anterior libro "UN MANANTIAL DE CONCIENCIA PATRIÓTICA" decía que ya no escribiría otro libro; pero tuve que intentar otra vez con este ante los horrorosos sucesos que llegaron a mis oídos y quiero que en las alas de la fantasía lleguen a mis camaradas y amigos trabajadores y trabajadoras, porque mis líneas son para esta clase social a que pertenezco y no para el enemigo de clase.

         Ambos libros están escritos como yo soy: un sencillo militante popular. Nunca escribí para la burguesía reaccionaria comprometida con el capital extranjero, entregando la soberanía paraguaya y destruyendo nuestro hermoso país y su humilde pero valiente población.

         Invito a mis más cercanos compañeros que reflexionen sobre la tragedia acaecida en la calle de "Los Lapachos Amarillos" y que si conocen estos crímenes del terrorismo de Estado que escriban, aunque sea como yo, pero que se animen, que tengan valentía y valor en hacer conocer la desgraciada época del poder nazi stronista como denunciara la valiente señora JULIA OZORIO, a quien no conozco personalmente, pero me imagino su cruel sufrimiento en poder del coronel nazi Miers relatada en su libro "Una Rosa y Mil Soldados": "los militares tienen miedo al temible coronel Miers". Al final de mi libro estampo algunos pensamientos de Julia Ozorio, pero invito principalmente a la juventud que no vivió esos 35 años de crímenes, corrupción y oscurantismo que busque y lea el libro de la señora. No debe quedar nada en el olvido para no repetirse ese nefasto y horrible tiempo de nazismo. A la impunidad de hoy, mañana, cuando salga el sol y el pueblo llegue al poder, llegará la justicia. Es necesaria la unidad del pueblo para que la correlación de fuerzas se incline hacia la justicia, contra los que tratan de frenar esa justicia popular, como comprobamos cuando los cómplices de esa macabra época pretenden crear caos y anarquía desde el Parlamento, el Poder Judicial y el entorno del Poder Ejecutivo.

         Hasta hoy se escucha de boca de malhechores y cómplices de que "en tiempo de Stroessner era mejor". Sí, para quienes se aprovecharon y se enriquecieron era mejor, quienes se hicieron de estancias, latifundios, empresas, medios de comunicación, etc.

         Los jóvenes que no vivieron esos 35 años de dictadura nazifascista de Stroessner y de los stronistas disfrazados hoy de demócratas, no deben parecerse a esos malandrines, y deben buscar y enterarse de aquel tiempo que el pueblo ya no permitirá volver. Los jóvenes son los llamados a construir un nuevo Paraguay, no en el futuro sino desde ahora. Hay que sentirse orgullosos de ser arquitectos de ese Paraguay soñado.

         La juventud honesta debe conocer la verdad. Y no debe ser cómplice de la falsedad y mentira que se lanza permanentemente.

         El conocimiento es el eje de la lucha entre la doctrina de la democracia y su antítesis, la dictadura. Hay que darle trabajo al cerebro, cuya función fundamental es el pensamiento, en el reconocimiento del mundo exterior y su reflejo en la mente humana a través del análisis dialéctico y su aplicación en la base del principio del movimiento, su desarrollo, el movimiento de las masas, de los grupos, de las organizaciones humanas, movimiento que lleva al desarrollo y progreso.

         Estas citas filosóficas expresaba el albañil Macario, el filósofo de YMAGUA. "Y recuerdo también", decía Wil, "algunos conceptos del viejo Macario cuando exponía sus ideas, por ejemplo, que para aprender lo que se lea, hay que pasar las ideas, los conceptos, por el corazón y la mente y sentirlo como un reloj. Leer tres veces lo atractivo y subrayar en rojo lo que se entiende y en azul lo que deja dudas. Y el sabio albañil de Tronco Hû martillaba: es una tarea revolucionaria aprender y hacer aprender a los que no saben. Y para hacer aprender hay que enseñar y para eso hay que comprender y practicar la ciencia de la pedagogía". Y agregaba Wil: "cómo uno no va a asimilar estas enseñanzas tan sencillas".

         Por eso Mario, cuando ya tenía 50 años no sólo no olvidaba las enseñanzas sino muchas palabras de Macario, nuestro viejo altruista, quien levantó la mayoría de las casas de adobe y estaqueadas de la zona. Decía Mario: "Macario se enamoró de la verdad materialista y enseñó clandestinamente, a escondidas del enemigo de clase, a una veintena de gente de YMAGUA y sus alrededores, a ser revolucionario marxista, y no marxista charlatán y de escritorio. Yo también me enamoro de mi viejo maestro que ya se fue de este mundo pero sus ideas y enseñanzas son mi camino político-ideológico", agregaba.

         Finalmente, debo recordar que hace cinco años que escribí aquel mi primer libro y que le tengo cariño como si fuera mi hijo. Centenares de libros útiles e inútiles leí en mi vida. Como miembro de la clase obrera, sindicalista, dirigente vecinal y militante comunista me fueron útiles los libros populares y sus autores que al escribir pensaban en el pueblo, en la pobreza, el analfabetismo, enfermedades, necesidades de los trabajadores y trabajadoras, obreros, campesinos, intelectuales, estudiantes, amas de casa, desempleados, etc.

         Felizmente se me alarga la vida y dejo nuevamente en manos de mis camaradas y algunos amigos revolucionarios y democráticos este segundo libro, más bien político que literario, entendiéndose la bella literatura. Lo titulé "SANGRE Y LUZ EN YMAGUA" como sucedió en la vida de los ymaguaseños y alrededores.

         A todas y todos quienes me expresaron su simpatía y las emociones que sintieron al leer mi primer libro, les transmito de todo corazón mi gratitud y cariño.

         Hasta siempre, amigas y amigos.

 

         Manuel Ramos Marecos

 

 

 

         1. EL MIEDO SE EXTIENDE EN LA POBLACIÓN

 

         Nadie de los yvypóra del lugar, que no son muchos, pensó que alguna vez su pueblito significaría algo dentro de la geografía del país, pues era un puntito nada más, que ni siquiera en el mapa figuraba, o que saldría del anonimato, del silencio sepulcral que los caracteriza. El Paraguay mismo de la paz y alegría en que vivían sus moradores en medio de la pobreza franciscana, se amolda a la tristeza, al miedo, a la terrorífica existencia, al mudo mundo de sus habitantes que iban perdiendo el habla, sus ideas, sus opiniones. La gente perdía el deseo de pensar. El día que fue asesinado Roberto L. Petit, 4 de mayo de 1954, la oscuridad cubrió la mente, la vida del pueblo.

         Los yvypóra se miraban con desconfianza o agachaban la cabeza cuando tenían un encuentro con otras personas para no mirarse. Enseguida se preguntaban, callados, ¿quién será ese? Un informante, un pyragüé. El otro lo mira y ve que las piernas le tiemblan. El miedo existente era atroz.

         Cuando el viento norte soplaba y los árboles producían ruidos al chocar las ramas entre sí, la gente ya presentía que algo tenebroso recorría por el valle del pequeño territorio de Ymagua, donde había siempre un fuerte torbellino que repercutía en las aguas sucias del Nazinfén, afluente del Pretorburgo. Sólo los pocos antiguos pobladores se acostumbraban a ese pequeño infierno, porque no tenían dónde ir.

         Ñasaindy peré reflejaba sobre las nubes oscuras que aparentemente presagiaba el derrumbe del cielo con sus astros. Era una visión errónea que el miedo producía; era el terror que causan los mandamás para crear un pueblo sin habla. Desde entonces el terrorismo se enseñoreaba sobre los habitantes.

         Sólo en los meses de agosto, y a veces, desde julio, Ymagua vivía con su vida de antaño, su vida propia, colectiva, comunitaria, pues la corta calle que se des prende de la ruta pytá hasta casi un kilómetro era un encanto mágico que adornaba ambos lados con centenares de lapachos amarillos. Era para ver y ponderar.

         Los ymaguaseños todos los días del año contaban cuántos meses, cuántos días faltaban para llegar julio o agosto, porque solamente en esos meses tenían sentido sus vidas. Qué hacer para que todo el año sea julio y agosto, decían, pensaban, hablaban, se reían, y hasta las autoridades del pueblito cambiaban de humor y reflexionaban sobre sus terribles actos.

         Por lo demás, la población pueblerina de apenas un centenar no entendía, no sabía qué mal, qué demonio cayó sobre su pueblo, no entendía nada de problemas políticos ni sociales. Presentía alguna sensación de algo malo que pasaría. El viento norte los turbaba. Decían que Dios les abandonaba, que vendría un yvyryrýi, un terremoto que nunca sucedió, o alguna lengua de fuego les devoraría. Algunos veían, o se imaginaban ver que las hermosas estrellas de antes ahora eran negras, que las estrellas al titilar goteaban sangre; miraban al cielo y les parecía y se convencían que las estrellas no eran negras como decía alguien sino rojas como la sangre; inclusive se sugestionaban al mirar las nubes que al moverse les salpicaba sangre pero no manchaba sus ropas. Se metieron en la cabeza que la propia sangre de ellos estaba congelada en sus venas; que las nubes rojas pasaban tan bajitas al alcance de las manos, pero no sentían nada, sólo frío.

         Los ymaguaseños son pocos pero son gente bondadosa, trabajadora; no tenían escuelas ni puesto de salud. Casi todos eran analfabetos pero eran sanos; se amoldaban a la Naturaleza. Nunca les pasó algo parecido a lo de ahora desde 1960, según dicen que dijeron dos viejos que vivían cerca de Ymagua. Los ymaguaseños se apreciaban; los vecinos entre sí se ayudaban, eran como familia. Los vecinos vivían a 500 0 100 metros unos de otros, pero siempre estaban juntos averiguando qué necesidad había, aunque con mucha timidez se hablaban. Había desconfianza. Antes conversaban juntos animadamente, incluso se buscaban, se visitaban para tomar juntos el mate o el tereré; hasta machacaban las hojas de yerba mate que algún vecino se trajo de Alto Paraná. Vivían con alegría hasta que les cayó encima una maldición, como decían algunos. Ya no se pasaban los pensamientos o presentimientos que tenían. Había algo que frenaba sus vidas, sus actividades, sus pensamientos.

         Como el brote de una semilla de carambola, que no había por esos lugares, sólo en casa de Ismael surge, aparece en medio de la población un joven que acumulaba en su cerebro muchas cosas vistas y oídas en su pueblo.

         Mario abrió la boca para decir audazmente que la maldición que dicen, es el gobierno de sangre alemana. Por eso cambiaron los nombres de los dos arroyos del pueblo. Al Yro’ỹsa le pusieron Nazinfén y al Panambí'y le pusieron el nombre de Pretorburgo. Hace una década -dijo Mario-, en Asunción se instaló un régimen al servicio de los extranjeros y está repercutiendo en Ymagua. Hay muchos presos políticos y muertos en todo el país, comentó. Los amigos más cercanos de Mario decían, ¿cómo él sabía todo eso? Ciertamente que viaja a la Capital, y seguramente lee, porque él sabe leer. Yo le escuché leer una vez un libro grande, dijo un viejito que se animó a abrir la boca.

         Don Atanasio García, presidente de la Seccional, la autoridad máxima del pueblito, siempre en su casa, o en la Seccional, andaba con el revólver en la cintura y un rebenque tejuruguái en la mano golpeando las botas altas que usaba, se enteró lo que un joven dijo por allí y se dispuso a averiguar de las travesuras que dijo el joven, y quién era él. Don Ata, como le llaman sus chupamedias, se puso como tarea primordial averiguar quién es el muchacho. Pero la verdad es que el presidente de la Seccional no sabía realmente lo que sabía Mario. En la Seccional alguien le dijo que el muchacho se llamaba Mario.

         Comenzó las averiguaciones con María Ana, porque Atanasio supo que era tía de ese Mario.

         - Usted, doña, puede colaborar conmigo. Tengo algunas preguntas que hacerle. ¿Usted no sospecha algo de los presentimientos de los vecinos, qué cosas tendrían guardadas en las colmenas de sus pensamientos?

         - ¿Qué colmena, don Ata?

         - El cerebro, pues, es como la colmena de las abejas.

         - Yo no tengo ningún presentimiento, don Ata; lo que tengo es miedo y no sé por qué.

         - ¿De qué tiene miedo la doña? -volvió a preguntar don Ata, como le dicen sus compinches que de día y de noche, por turno, cuidaban la casa y la seguridad del presidente de la Seccional. Y poco a poco con 20 años en ese cargo ya todos se acostumbraron en decirle don Ata.

         - No sé -contestó Ña María Ana-, pero que tengo miedo, tengo miedo. Parece que a mi rededor algo malo recorre. Me hace todo pirĩ, escalofrío.

         - Usted doña, trabaja en la casa de las que dicen que son monjas.

         - Sí, son monjas extranjeras. Sólo dos son paraguayas.

         - ¿Allí también sienten miedo? Una de esas monjas es bien joven y buena moza.

         - También. Ellas rezan mucho. Y muy poco hablan.

         - ¿Ellas son monjas de verdad, doña?

         - ¡Dios mío, cómo va a dudar de las que todos los días están rezando a Dios!

         - Yo no dudo, sólo pregunto. Hay gente que se disfraza para engañar al gobierno del General. En fin, le agradezco su gentileza.

 

 

 

3. EL SUCIO PASADO DE NAZIS NATIVOS

 

         Una siesta, cuando al mirar en el espacio parecía que el fuego del sol ardía frente a los ojos, se fue acercando don Julio, el almacenera, a la puerta de su correligionario don Atanasio García, le saluda...

         - ¡Ehh!, ¿qué le trae por aquí en esta siesta tan calurosa, don Julio?

         - Yo no sé qué pasa en nuestro pueblo. Fíjese: los perros cavan bajo los árboles, se acurrucan allí y duermen sin hacer su guardia; ni los pájaros, ni los gorriones se hacen sentir, y no hablemos de la gente. Mire don Ata: usted como presidente de la Seccional que viaja a menudo a Asunción, seguramente sabe algo, con la sapiencia que tiene, qué pasa en nuestro pueblo. El silencio es aterrador, don Ata, sumado al miedo que tiene la gente, todos parecemos muertos, que caminamos como fantasmas pero nos vemos. La gente que va al almacén no habla, don Ata, dice lo guaraní galleta, 5 de azúcar, y así, pide lo que necesita y no dice nada más, aunque yo les estire de la lengua, es un decir. Cuente algo don Ata, somos compadres, ¿qué pasa en nuestro pueblo?

         - Escuche, compadre, no se desanime, que no le entren en la cabeza las ideas extrañas que rondan en el pueblo. Y no sólo en nuestro pueblo, en todo el país. Vamos a descubrir y acabar con el miedo, lo que pasa, don Julio, es que el malón rojo, los comunistas, están en actividad silenciosa por aquí y en los pueblos vecinos. Y esto es muy peligroso. En la Capital me dijeron cosas horrorosas de los comunistas: con su respiración hacen callar a la gente.

         - ¿Y qué son los comunistas, don Ata? Usted me pone piel de gallina. Usted va a la Capital y sabe. Pero yo y los inocentes de nuestro valle no sabemos lo que usted sabe.

         - No se asuste, compadre, pero le voy a contar lo que me dijeron las autoridades nacionales y partidarias: que los comunistas no son personas bautizadas. Nuestros dirigentes también están preocupados pero no tienen miedo; pero se preparan para huir por si haya necesidad de escapar.

         - ¿Y dónde van a huir? Necesitamos saberlo para correr también nosotros.

         - Ese huir es un decir, don Julio. Pero debemos estar alerta. Escuche. Dijeron que los comunistas son demonios que tratan de hacer el infierno de nuestro país. No sólo de Ymagua. Tratan de quemar vivo a nuestro General. Yo, como autoridad política del pueblo recibo informaciones directas del Jefe de Policía Duver, de Pastor Coronel, nuestro tiitito, del Ministro Ynsfrán, Montanaro y otros. Como correligionario y compadre confío en usted; por eso le paso estas informaciones que usted tiene que guardar en secreto. Y con su contribución descubriremos con coraje y valentía a esos demonios.

         - Compadre, ¿no sería mejor informar a todos nuestros correligionarios y todos juntos atrapar al demonio?

         - No, don Julio. Usted sabe que nuestros correligionarios son ignorantes; sólo hacen lo que se les dice si es que se le acompaña con un vaso de caña o 10 guaraníes. Aquí, usted y yo somos la inteligencia, el valor, la confianza del poder. Más de dos, no, compadre. Sin usted y yo, ¿qué son nuestros correligionarios? Son sólo una fuerza bruta, necesaria, pero inútil en su pensamiento. Fíjese que en la Seccional durante las reuniones, sólo usted y yo hablamos, ¿y el resto? Son vacas perdidas en el monte. Seamos conscientes, compadre. Está bien su intención de querer involucrar en este asunto a todos los correligionarios. ¿Y si entre ellos están los comunistas y no percibimos? Escuche, compadre, el propio Arzobispo Mena Porta dijo que los comunistas no creen en Dios y que son demonios. Debemos actuar en silencio, don Julio, para cazarlos. ¿Usted no recuerda compadre cuando estábamos en Takuati, en la Revolución del 47, cuando Enrique Volta Gaona decía por radio que los comunistas tienen forma de personas pero con colas y cuernos y una trompita por donde chupan la sangre de hombres, mujeres y niños? Recuerda, ¿verdad? ¿Recuerda cuando decía que en Rusia de los viejos se hacían jabones y de las viejas, cuerdas de guitarras porque la piel de las viejas se estira bien? ¿Acaso nosotros queremos que pase eso en nuestro país, principalmente en nuestro pueblo? A mí me anotició cosas terribles Pastor Coronel, el gran jefe que olfatea todo lo que pasa en el país y antes de enfriarse la noticia ya le pasa al General. Y el General no quiere saber nada de comunistas. Entramos en una conversación larga, compadre. Y vamos a aprovechar, su venida, compadre, y del calor. Vamos a tomar tereré debajo de aquel frondoso guavijú. Yo le calculo que por año da unas 10.000 frutitas esta planta de Dios. Yo no creo que el azúcar fuera más dulce que el guavijú. Che ahayhu ko mata kóva.

         - Agueruta ñandeve kokú, don Ata.

         - Neipue, compadre. Oike ohovo ñande ro’óre la ñane misión. Ñaikumby jahávo, ajépa. El jefe Pastor Coronel es infalible, compadre Julio.

         - Espere, don Ata, usted porque va a la Capital sabe muchas palabras que yo no sé lo que significan. Está bien que desarrolle su intelecto, como dijo vez pasada.

Hábleme con más sencillez y despacio para ir aprendiendo de usted.

         - Está bien, tiene razón. Pastor Coronel tiene sangre de aquellos españoles que llegaron primero a América. Sin contemplación ni sentimentalismo hay que actuar. En el curso que damos en la Capital nos enseña cómo los españoles mataron a Tupac Amaru, el cacique Inca del Perú, a Caupolicán de Chile, a las indias guaraníes las descuartizaban si no querían que las violen. La india Juliana mató a un oficial español de una puñalada cuando la quiso violar. Nuestro Jefe de Investigaciones actúa así, por eso el General hace varios años que está en el poder. Otro secreto, compadre. Pastor Coronel con sus propias manos, sin contemplación liquidó a tres comunistas: aquí están sus nombres que me dio Pastor para tomar como ejemplo: Miguel Ángel Soler, este es un abogado, o fue, de esos pitucos que andan con corbata; este es otro: Dérliz Villagra, un jovencito tonto que pretendía ser aipó filósofo; y Rubén González Acosta, un dirigente obrero de la hidroeléctrica Akaray, otro tonto que en vez de ponerse bien con las autoridades prefirió morir aipó por sus convicciones comunistas. Usted sabe compadre, que por estas proezas de Pastor, el general le visitó en su propia casa y le regaló una estancia con 5.000 cabezas de vacunos y un centenar de caballos, porque acabó con el Partido de los comunistas. Vea usted compadre, con sus propios ojos estos informes que me entregaron. Y usted don Julio, es el único miembro de la Seccional que sabe estos informes. Le repito que guarde secreto. Aquí nos jugamos la vida por el General y por nuestro Partido. Pastor me advirtió que los comunistas se abanderan por el día de la independencia para engañar a los patriotas de verdad como nosotros. Hay que pescar por sus palabras, y por sus palabras ellos caen, como el pescado por la boca. Hablan de igualdad y la igualdad no hay ni entre nuestros dedos. Hablan de unidad y no puede haber unidad entre Dios y el Demonio.

         - Y usted, don Ata. ¿Ya vio algún comunista?

         - No, pero me imagino cómo será, como explicó Pastor.

         - ¿Y ya vio a Dios, compadre?

         - No, pero me imagino también cómo es. Nuestro jefe dijo que los comunistas se visten de obreros, mamelucos, ropa sucia, zapatos rotos, para engañar nuestra buena fe, a nosotros que tenemos camiseta colorada. Esto es el informe que tenemos. Y el informe de nuestras autoridades y dirigentes debe ser para nosotros como la Biblia, cumplir ciegamente sin discutir. A nuestro Partido y a nuestros dirigentes no se discute, se hace lo que dicen. No tiene que haber dudas en usted, compadre. No se olvide que usted tiene el almacén mediante la Seccional y en esta ocasión, como nunca, me va a demostrar su fidelidad a mí, al Partido y al General, trayéndome informes de sus clientes y vecinos sospechosos, que aún siendo correligionarios pueden traicionarnos. Un buen paraguayo de otro partido dio este informe en una conferencia en Asunción donde asistieron periodistas del diario Patria y de otros periódicos y radios; ministros, parlamentarios, militares y policías.

         Don Juan Ramón estuvo pegadito al Ministro Ynsfrán. Usted va comprobar que el informe que va a leer nos obliga a estar unidos por el bien de mi General, y mi General es la Patria.

         Usted ya se fue a Asunción y seguramente recuerda qué pasó por los pueblos Fernando de la Mora, San Lorenzo. Por allí se olfatea conspiración contra nuestro gobierno. ¿Se acuerda del agente 7-2-15? Es hijo de Ymagua, fiel colaborador, y por sus servicios salió de la pobreza. Usted y yo, compadre, los dos, podemos hacer grandes cosas en nuestro pueblo, en nuestro país. Posiblemente su almacén se convertirá en un Supermercado, ¿o quiere ser propietario de radio o periódico? Hay varios que tienen esos medios mediante su contribución al gobierno y a lo mejor no eran de nuestro partido, pero si fieles al General. Si se quiere llegar lejos hay que caminar mucho, compadre. Hay que jurar fidelidad hasta la muerte. Nuestro agente de número informó que un afiliado nuestro que trabaja en ANTELCO apellidado Torres o Castillo, que lo mismo da, hizo un discurso en Fernando de la Mora diciendo "que el obrero paraguayo sufre hambre, necesita mejores atenciones, que el gobierno no ayuda al obrero, que por eso abandonan la patria y van a países extraños, que todos debemos movernos para cambiar este estado de cosas" y otras mentiras. Fíjese qué desfachatez que un colorado hable así de nuestro gobierno. Y no recuerda de Sotero Ledesma lo que hace por los obreros. Sotero es el brazo derecho y el pensamiento del General en asuntos de los trabajadores. Hay colorados que se ponen en la vereda de enfrente, colorados camuflados que entran al partido sólo por empleo y sueldo, y conspirar después.

         - Si un colorado habla así, está mostrando que es comunista. ¿Verdad, don Ata?

         - Exactamente, compadre. Cada vez hay más colorado-comunistas. Y estos son más peligrosos porque se infiltran en la ANR, y así también sucede en el Partido Liberal. Le digo que hay liberal-comunista. Los liberales que no tienen ideas comunistas viven tranquilos en nuestro país, ellos son como nuestros primos, no digo hermanos, pero por lo menos primo hermanos. ¿Qué cambio piden si vivimos bien como vivimos bajo la conducción del General? Y a propósito de colorado y liberal, creo que somos más que primos, casi fuimos gemelos. Nuestros partidos nacieron casi la misma fecha de 1887. Y los dos partidos estamos contra los comunistas que hablan de patrañas, de mentiras, hablan de unidad sin exclusiones, de reforma agraria y fíjese compadre, hablan mal del país más democrático y que ayuda a nuestro país. EE.UU. nos ayuda con la STICA, con el Punto Cuarto, con educación, en la formación de nuestro ejército y policía, a la marina, la aviación. Y casi el Paraguay ya es una provincia de EE.UU. Y ojalá fuera para desarrollarnos, progresar, eso es lo que busca mi General. Y resulta que los demonios comunistas le apodan imperialismo porque vienen a asesorarnos. El Palacio de gobierno, compadre, es como si fuera una oficina de los norteamericanos. Ellos sí se conducen como buenos colorados, porque ellos son los que mandan realmente en nuestro país; y además nos dan los dólares que necesita el gobierno. ¿Qué importa si los gringos mandan en Paraguay con tal de enviarnos los verdes? EE.UU. salvó a Guatemala, a Dominicana de caer en manos del comunismo ateo. El General envió 150 soldados paraguayos a Dominicana para pelear junto a los norteamericanos en ese país. Y se derrotó a los comunistas encabezados por un tal coronel Caamaño. ¡Hasta militar comunista hay, compadre! Escuche, don Julio, a usted le vamos a ayudar más con los verdes, le daremos esa gran propiedad que linda con su almacén, pero para eso tiene que traerme informaciones importantes. ¡Atenti, compadre! Los comunistas hicieron guerrillas como en Cuba para derrocar al gobierno de mi General. Y guerrillas hacen periódicamente. La guerrilla puede ser con armas o con ideas, y las ideas son más peligrosas que las armas porque lavan nuestro cerebro y en reemplazo de las ideas que tenemos ponen sus ideas. A eso le llaman lavado de cerebro. Como enseñan esas lumbreras como Cáceres Almada, Adán Godoy y otros. Nuestro Partido estará en el gobierno eternamente.

         Si usted escucha a alguien que habla de unidad sin exclusiones, reforma agraria o de imperialismo, de seguro que está frente a un comunista. ¿Qué dijo Ynsfrán?: "Los que hablan de cambio quieren cambiar a nuestro amigo EE.UU. y en su reemplazo traer a los chinos o rusos". A mí me dijeron en Asunción que los comunistas se desprenden de la cola y los cuernos. Yo no estoy convencido de eso, compadre. Creo que ellos serán como nosotros pero con otras ideas. Ellos quieren sacarnos lo que tenemos. Me decía González Alsina, que los comunistas quieren dar gratis la tierra a los campesinos. ¿Y qué harán los campesinos con la tierra si no tienen tractores, semillas, dinero? ¿No le parece, compadre? Depende de lo que el gobierno les dé. Dios ya eligió a sus hijos: quiénes serán pobres y quiénes serán ricos, así dijo el Papa Pío XI en 1931, me explicó el pa'í Ortiz de la Iglesia del Carmen, de un barrio llamado Pinozá, en Asunción.

         Le voy a explicar cómo los comunistas actúan. Escriben por las paredes y ensucian todas las ciudades. Escriben por las paredes y murallas contra el progreso que hace al país el General. Mire, mire, este es el informe de "Caballería", nuestro informante. Este, como otros informes está en el Archivo de la policía de la Capital. El propio Jefe Duver me entregó. Escribieron en las calles Mariscal López y 22 de Septiembre, cerca del Estado Mayor y del Batallón Escolta; en Colón y 14 de Julio; Estrella y Montevideo, en las narices del Ministerio del Interior, en Asunción. ¡Ojo, compadre! Son muy audaces. La tarea que tenemos es dura, hay que buscar la guarida de los comunistas; pero también del MOPOCO, que son colorado-comunistas, los dos grupos quieren derrocar al gobierno. El General confía más en las Seccionales que en la policía. Vamos a revivir al glorioso pynandí. ¡A nuestro Guión Rojo nazi! El ministro Montanaro me dijo: "Usted, correligionario Atanasio García, es uno de los más fieles presidentes de seccionales. Usted va a llegar lejos. Tráigame noticias que capturó y mató a algún comunista". Este informe que me proporcionó el propio jefe de policía Duver, demuestra la confianza que tiene en nosotros. Montanaro le ordenó a Duver que me entregue el informe y que participe en algún curso de combate anticomunista. No importa que estemos a 150 o 200 kilómetros de la Capital. A lo largo y ancho del país debemos estar vigilantes. Usted y yo hemos participado en la revolución del 47, compadre. Fuimos soldados de los gloriosos destacamentos de los pynandí. Tenemos mucha experiencia. Por eso hoy tenemos el sueldo de ex combatientes. Matamos muchos rebeldes. Los pynandí salvamos al Partido Colorado y a la Nación. Es un privilegio que nos tengan en cuenta. Nosotros, compadre, tenemos el deber de lealtad a nuestro partido y al General. Yo le digo y le repito muchas cosas para que se quede en su cabeza. En el diario "Patria" tuvimos cursos donde González Alsina nos recomendó que a nuestros correligionarios hay que repetir las ideas, las cosas sucedidas, muchas veces, para que retengan en su cabeza lo que se les dice. Si yo voy de Diputado a Asunción como me prometieron, usted me reemplazará, y con el tiempo también será parlamentario, y allí va a comenzar a juntar mucho pirapiré.

         Debemos ser leales y patriotas como el mayor Luis Parra, yo nomás le ascendí por el importante servicio prestado al gobierno y al pueblo paraguayo.

         El capitán Luis Parra Insfrán es de un valor de oro, brilla más que colorados vacilantes y cobardes. Los liberales, febreristas y comunistas del grupo antipatriota "14 de Mayo" le llaman traidor. Los intereses, compadre, los intereses convencen más que las ideas. Una estancia, por ejemplo, cambia las ideas. El General regaló a Parra 10.000 hectáreas de tierra con 5.000 vacunos porque supo trabajar al infiltrarse en ese grupo rebelde.

         Don Julio, siéntese allí, y lea cómo surgen los héroes, prohombre como este Parra, que admira y presta servicio verdadero por amor al General. Es largo el informe pero algunas líneas le bastarán para comprender por qué fracasó la guerrilla de los conspiradores. Allí va a encontrar el milagro de por qué nos salvamos. ¡Lea en voz alta para que yo vuelva a escuchar!. Voy a masticar mejor ese documento que quedará en la historia.

         - Leo, don Ata: "Después de organizarse el "14 de Mayo" los liberales se adjudicaron por sí y ante sí funciones de comando, con total relajamiento de la disciplina".

         "Jóvenes sin experiencia pretendían asumir la responsabilidad de la lucha inspirados en distintos principios revolucionarios de izquierda. Los movimientos del comunismo soviético, del mariscal Tito, de Mao Tse Tung y de Fidel Castro, servían de ejemplo a los liberales, febreristas y comunistas a través de una amplia literatura que tenían".

         "El Plan Principal consistía en apoderarse de la dotación de Encarnación, como inicio de las operaciones. Los conspiradores que tenían a su cargo la columna del Alto Paraná planearon por su cuenta otras acciones, como por ejemplo, la destrucción de la parte ya construida del puente internacional, así como todos los puentes de la ruta a Puerto Presidente Stroessner".

         - Pare un poco, compadre. Antes de proseguir la lectura, que ya lo hace bien, le explicaré que el capitán Parra hizo estas revelaciones en el recinto de la Asociación de Prensa del Paraguay durante casi tres horas. Y él era uno de los comandos del "14 de Mayo". ¡Imagínese, compadre!, ¡qué joya consiguió el General! A lo mejor antes de entrar en el "14 de Mayo" ya era amigo del General y éste le dio esta tarea.

         Continúe, don Julio. ¡Ah!, recuerde compadre, que este documento, para esta altura del tiempo, será una lección a la juventud. Lea:

         - "Comprobé y me sentí indignado que desde Venezuela se recibía dinero en dólares. Yo era coordinador del "14 de Mayo" desde Posadas hasta Resistencia, y también hasta Buenos Aires y las fronteras del río Paraguay: Formosa, Clorinda, Bouvier, Alberdi, Pilar, etc.".

         "En un momento cuando estaba en Resistencia, y luego en Posadas, advertí que había una franca intervención argentina, y para mí eso era intolerable, además, cuanto más transcurría el tiempo esa intervención era más descarada sin disimulo alguno. Yo, como comando no podía permitir que fuera simplemente ejecutor de órdenes de elementos no paraguayos".

         - Se da cuenta, compadre Julio, en qué situación estamos. Más adelante va a encontrar la intervención directa del general argentino Toranzo Montero, comandante en jefe del ejército argentino, como si estuviéramos todavía en la guerra de la Triple Alianza. Esos curepas siempre contra el Paraguay. Sin embargo el Brasil es nuestro socio, fue padre político del general Bernardino Caballero y juntos formaron un 11 de septiembre de 1887 nuestro glorioso Partido Colorado. Por esos somos brasileristas. Felizmente, estimado correligionario, somos aliados de EE.UU. y nuestros militares van a estudiar en la escuela de Panamá donde se instruyen por grandes jefes militares norteamericanos, y vienen con las ideas de los norteamericanos en la lucha por la democracia. Más adelante, según como usted activa le contaré muchos secretos que los de la Capital me confiaron. Nosotros dos, compadre, debemos ser un solo corazón. Hasta seremos socios de grandes emprendimientos económicos y financieros.

         - Sigo la lectura, don Ata: "Debo señalar que el movimiento Unidad Nacional del Partido Liberal y Febrerista cuenta hasta con hombres rana que son adiestrados en La Plata (Argentina). Los militares curepas que estaban con los rebeldes son el capitán Mariano Queriel; coronel Vera; general Toranzo Montero; mayor Novoa, Bara, y otros. Los dólares que vienen de Venezuela y de Cuba trae Arnaldo Valdovinos".

         - "Yo me retiré del "14 de Mayo" para defender mi dignidad y mi amor a la patria". Así dijo Parra en su conferencia. Es para no creer. Tienen razón los del "14 de Mayo" y "FULNA" en considerar a Parra como traidor. Pero para nosotros los stronistas es un leal y patriota amigo. ¿No le parece, don Julio?

         - Bueno, compadre Ata, comprendo la situación. Parece que en política es válida la traición.

         - ¡Epa, compadre! No es válido en todo. Entre nosotros no es válido. No dude ni vacile, don Julio. Yo le tengo confianza que no traicionará.

         - Usted se va lejos, don Ata. Si estamos conversando nada más. Y usted ya piensa que yo podría traicionar. Me molesta su interpretación sobre lo que dije. Usted mismo me habló de traidores por los del MOPOCO. Yo no haría nada que podría dañar a nuestro partido y a usted, compadre.

         - Me gusta, me gustan sus palabras. Me apresuré un poco en calificar. Disculpe.

         - Yo me comprometo, don Ata, a activar más en la Seccional y realizar las tareas que vienen del centro y de usted, como presidente de la Seccional de nuestro glorioso partido.

         - Don Julio, usted se da cuenta que se preparaba una tormenta revolucionaria. A partir de ahora, en toda la jurisdicción de nuestra Seccional vamos a flamear delante de nuestras casas la bandera del partido. Montanaro me dijo: "Pida todo lo que necesite, correligionario". Le pediré 35 remeras coloradas para todos los afiliados y corbatas coloradas.

         - Aquí no se usa corbata, compadre.

         - No importa, empezaremos a usar. Nosotros no somos menos que los de la Capital.

         - Pero, don Ata, para usar corbata hay que usar traje y aquí nadie tiene.

         - No importa, usaremos sólo con nuestra camisa.

         - Pero necesitamos zapatos también, compadre.

         - ¿Y qué tienen que ver los zapatos con la corbata, don Julio? ¡Usaremos corbata descalzos! Y pediré también las banderas, fotografías del General. Vamos a poner en todas las casas, obligatoriamente.

         - Yo acepto lo que dice, presidente. Usted tiene más lumbrera que yo.

         - Hay que tener olfato e imaginación, don Julio. Felizmente el General es un sabio que sabe lo que hace, piensa y actúa. ¿A quién le parecería justo infiltrar a nuestra gente en las organizaciones enemigas? Ese Parra, que alguna vez tendremos la enorme satisfacción de conocer, peleó contra nosotros en el 47, podría habernos matado o morir él, pero ahora es un verdadero amigo del coloradismo que salvó a la patria del malón rojo. Yo pediría que lo asciendan a coronel. ¿Qué le parece, compadre?

         - Usted, don Ata, alumbra con su inteligencia más que mil velas en Ymagua.

         - En esa conferencia de prensa, don Julio, asistieron periodistas, ministros, parlamentarios, militares, policías. Todos colorados, por supuesto, a quienes se les informó nombres de los cabecillas antipatriotas, los lugares donde se acuartelan, depósitos de armas, por dónde entrarían al país desde la Argentina. Es una pena grande que yo no estuviera para escuchar de su boca. Pero tenemos el documento. Fíjese aquí, don Julio, los informes que tenemos de Formosa, Resistencia, Posadas, Encarnación, General Artigas, ...por aquí aparece Alberdi, Pilar, Buenos Aires.

         - Como si fuera que sólo el capitán Parra derrotó a los guerrilleros, ¿verdad, don Ata?

         - No, aquí en nuestro país se mató a muchos más de esos malandros. Pastor Coronel me dijo que no hay que tener compasión por ellos. Hay que liquidarlos. Le voy a contar, don Julio, que Churchill, que era el Presidente de Inglaterra, dijo que para acabar con los comunistas hay que matarlos en el vientre de su madre. En el informe del capitán Parra aparece también que los malones tienen 10.000 ametralladoras, fusiles, cientos de miles de proyectiles, y miles de dólares. Todos esos elementos fueron incautados por nuestro gobierno y apresados y muertos varios de ellos. ¿Cómo se les iba a derrotar sin la colaboración invalorable del capitán Parra? Esto nos demuestra, compadre, que hay que entrar dentro de ellos. Hay que hacerse de comunista o de progresista, como dicen, y traer la información. Nuestro General seguirá en el poder por lo menos hasta el año 2000.

         - O hasta su muerte al frente del Partido Colorado, ¿verdad, don Ata?

         - Le voy a contar otra cosa, don Julio. Sin la colaboración norteamericana no podíamos estar seguros si el capitán Parra cumpliría la orientación de nuestras autoridades. Los agentes de la CIA yanqui pisaban los talones al capitán Parra. Eso significa que habían otros cerca de Parra sin que éste se enterara. Y la CIA le dio la orden de dar estos informes.

         - A esto se le llama investigación maestra, ¿verdad?

         - Así es. Por eso le hablo abiertamente, don Julio. Después de la derrota de los legionarios, ahora tratan de revivir su conspiración en nuestro pueblo, aquí en Ymagua. Y aquí hay un fantasma, un póra que recorre las calles y las casas de los ymaguaseños. Se siente pero no se ve a los comunistas; pero que los hay, los hay. Hay que sacar pecho, compadre. Vamos a levantar otra vez la gloriosa bandera del Partido Colorado, del Guión Rojo del 47, como siempre planteó el pundonoroso caudillo Luis María Argaña, un hombre inteligente que será presidente de la República después del General. Si agarramos a algún comunista, aquí mismo le vamos a romper los huevos, le vamos a colgar por algunos de estos árboles para que vea la población qué le pasa a los que se ponen contra el General. No vamos a esperar para llevar a Investigaciones para que allí Pastor Coronel lo interrogue. Le vamos a ahorrar su trabajo. Le voy a contar mi compadre de confianza. Tenemos la promesa de arriba que si limpiamos de conspiradores nuestra aldea, como dicen en Asunción, recibiremos importantes premios por contribuir a la paz y la tranquilidad que vive la república, como fieles soldados del General. Compadre, voy a traer una botella de ári para brindar nuestro juramento de sangre, por la sangre de los comunistas.

         En esta larga conversación de los dos correligionarios no podía faltar el brindis. Mientras don Atanasio García fue en busca de la botella de Aristócrata, don Julio se cayó de la silla y murmuró: "Tengo que ir a ver mi almacén".

         - ¿Qué dijo, compadre?

         - Debo ir a ver mi almacén.

         - Pero si ahora vamos a brindar. No se preocupe de su almacén. Yo le prometí que si tenemos éxitos en la caza de los comunistas le vamos a poner un autoservis, un minimercado, y eso para comenzar... ¿o quiere una estancia, compadre? El General regala miles y miles de hectáreas de tierra a los que merecen defendiendo su gobierno que estará en el poder "per sécula seculorum", como diría el segundo general más importante del partido colorado, el Napoleón del ejército paraguayo, don Lino Oviedo. Usted sabe compadre que este general no sólo es admirador sino practicante de la política nazi de Adolfo Hitler.

 

 

 

8. UN PLAN DIABÓLICO

 

         Mientras estas dos hijas de Eva no podían dormir por culpa de la conversación inédita que hubo entre ellas, un violador empedernido de la revolución del 47 trazaba su plan maquiavélico. Ahora es presidente de Seccional. Llamó a su compinche en acciones criminales, Tiburcio, un negro grandote de cerca de dos metros de estatura, fornido, que Atanasio le tenía como guardaespaldas, siempre alerta en la oficina partidaria, tomando terere, limpiando su revólver o riéndose solo como un loco en potencia.

         Al presidente no le importaban los medios ni con quién con tal de salirse con la suya. Casi a diario le decía a Tiburcio: "Usted ve y se calla". De vez en cuando le preguntaba: "¿Qué es un secreto, Tiburcio?". Su sirviente respondía: "Ver y callar si se quiere vivir".

         - Muy bien -le contestaba Atanasio.

         Era un lunes primaveral del mes de septiembre, caluroso; pero la gente presa en su casa, no podía salir a aspirar el aire fresco del atardecer por el miedo que siempre recorría el pueblito. Cuando el sol se situaba en el poniente, los ymaguaseños ya no salían ni a sus patios, mucho menos a la calle.

         El presidente Atanasio le preguntó a su secretario de iniquidades.

         - ¿Quién soy yo, Tiburcio?

         - Usted es el diputado de la nación.

         - Bien, Tiburcio, bien. Pero todavía no lo soy, primero debo ir a Asunción. Toma esto y vamos a pasear -le dijo Atanasio y le pasó cien guaraníes.

         - ¿Puedo ir a tomar primero un trago y después nos vamos?

         - Anda, anda.

         Fueron a pasear por la calle de los Lapachos Amarillos ya sin flores; pero siempre muestra una encantadora alameda; los árboles tenían a su rededor arbustos de cinesia, santa rita, margaritas y otras plantas de hojas que no producen flores, de hojas muy hermosas que hacían matorrales, sin mucho cuidado. La atención a esa "callejuela sin par en el mundo", como decía Luisa en su desvarío amoroso, no estaba a cargo de la municipalidad, además estaba muy lejos del lugar, si no por un equipo de personal a cargo del presidente de la Seccional.

         Tiburcio, un hombre rudo, ignorante, por primera vez tenía permitido caminar por ese hermoso paraíso, y sonreía alegre, se iluminaban sus ojos por el hermoso lugar. "Lindo lugar", expresó. "Yo no le pregunté su opinión", respondió Atanasio. "¿Qué es un secreto, Tiburcio?". "Ver y callar si se quiere vivir", contestó. El perro fiel calló, caminó un poco retrasado. "Hay que apreciar la vida, Tiburcio. Nadie debe saber de este paseo. Le va a gustar, todavía no entró en lo lindo. ¿Usted se anima, morir por la Seccional, por su presidente, por el Partido Colorado?". "Ahora mismo si quiere presidente". "Tome estos otros cien guaraníes porque es fiel; a lo mejor le llevo conmigo a Asunción". "Eso me alegra, presidente". A Tiburcio le estaba preparando para algunas fechorías.

         A lo lejos, a unos 500 metros, venían riendo y contentas las dos monjas paseanderas con vestidos muy livianos por el calor primaveral, sin sus hábitos, además no había quien pudiera verlas. Hablaban y se reían, desentendidas por completo de preocupación alguna. La encantadora Luisa es la que más hablaba, diciendo sus ocurrencias. "¿Qué haría usted, superiora, si sobre esta alfombra de flores secas se para haciendo piruetas y malabarismos un pene suelto?". "Luisa, te prohíbo que me hables así", respondió Josefa. "Acaso no es simpática mi ocurrencia. ¡Mire, allá está!". Lanzó una carcajada Luisa y también rió la superiora.

         Mientras, Atanasio le señala a Tiburcio esconderse juntos detrás de unos matorrales. Allí vienen. Las observan pasar como si ellas solas existieran en el mundo, riendo, alegres, levantando con los pies las flores secas. Atanasio le habla al oído a Tiburcio:

         - ¿No quiere coger a una y para mí la otra?

         - Como usted mande, presidente, me gustaría. Cuando las monjas volvían de sus quinientos metros de paseo y al pasar frente al escondite de los malevos, éstos les salieron al paso, y con cuchillo en mano, Atanasio tapa la boca a la joven, la tuerce y la vuelca al suelo.

         El negro grandote se abalanza dominando fácilmente a la hermana superiora y también la vuelca en el suelo sometiéndola sexualmente. Atanasio hacía lo mismo con Luisa, a quien desde hacía tiempo deseaba. Ninguna pudo gritar, tenían la boca tapada por los bandidos. Atanasio aprieta la boca y el cuello de la monja joven.

         De repente se escucha a la superiora decir con voz entrecortada con el negro encima:

         "Perdónalo, Señor, no sabe lo que hace". Luisa con un movimiento de la cabeza, libera la boca y responde: "El tuyo será, hermana, porque el que yo tengo es de maravilla".

         Terminada la repudiable acción, los dos bandidos se escaparon corriendo por detrás de los árboles de lapachos hasta desaparecer. Luisa se levanta enseguida y va a socorrer a la superiora que estaba lloriqueando. Volvieron para Belovento en silencio; la joven monja rompió ese silencio:

         - Yo le dije que mi violador era de maravilla que me dejara de apretar porque me estaba matando. ¿Qué le pareció, superiora, fue golpeada?

         - No, pero yo era virgen -respondió Josefa.

         - Yo también, hermana, y no me va a decir que no le gustó.

         - Fue una violación, fuera de mi gusto.

         - Es verdad, fue una acción violenta, aunque no fue de mi gusto, me gustó. Yo hubiera querido ser desvirgada por el hombre a quien ame. Pero este bandido me hizo la primera experiencia sexual. El mundo que yo sueño es vivir con un hombre a quien amar y que me ame. A la fuerza así, no da ningún placer. Si es pecado lo que me sucedió, mañana mismo me retiro del Belovento. Me parece que ese bandido me dio un momento feliz que hace mucho soñaba. Lástima que fue en una violación.

         - Hermana Luisa, no digas que un bandido hace la felicidad. Hagamos un compromiso en el nombre de Dios. Silencio absoluto. No se hable más de esto. Te invito a dormir juntas en tu cama para olvidar estos tristes momentos salvajes de los hombres.

         - Así me gusta, superiora, que con los minutos que pasa reconozca que ese momento desconocido hasta hoy fue sabroso, aunque condenable la violencia a nuestros derechos. Ahora podemos acariciar nuestros sueños en un hombre, ¿verdad?.

         - Luisa, yo no quiero acariciar a un hombre, sino a ti, besarte, recorrer tu hermoso cuerpo con mis labios.

         - Eso sí es peor, es antinatural, hermana. Dios hizo hombre y mujer para que convivan juntos, y no mujer con mujer ni hombre con hombre.

         Callaron y entraron a su habitación.

         Al día siguiente, el presidente seccionalero convocó una urgente reunión de la Seccional para informar una versión no confirmada que se le hizo llegar: "Los comunistas están rondando bajo nuestras narices. Esos comunistas que no creen en Dios, según lo que se le informó, cometieron una violación anoche. Aún no se sabe si es verdad ni quién fue la víctima. No se sabe dónde ocurrió. Pero les informo, correligionarios, para no ser sorprendidos por los comunistas. ¡Cuidemos a nuestras hijas! Vamos a poner punto final a este asunto para que no trascienda porque también puede resultar una información falsa. Que ya no se hable de esto para no dejar mal parado a nuestro pueblo. A lo mejor fue el pombero nomás". Mientras, Tiburcio se reía y fregaba su revólver. Y don Julio, el almacenero, miraba con sospecha al presidente, su amigo de iniquidades durante la revolución del 47. Se conocen.

 



         10. LOS COMUNISTAS JUNTO AL PUEBLO

 

         En el entierro de un joven asesinado por la dictadura en el día de San Juan de 1963, acudieron muchos jóvenes estudiantes, obreros, mujeres; y por el camino cada quien iniciaba algún tipo de conversación con quien iba a su lado, aunque no se conocieran. Había pesar y rabia.

         - Fue un gran tipo Rivas, no sólo por su nobleza y amabilidad sino por la inteligencia y la cultura que poseía. Era un hombre de masas, siempre tenía gente a su rededor, querían escucharle -dijo un joven sin mirar al que iba a su lado.

         - ¿Usted lo conocía?

         - Sí, claro, por el colegio y fuera también.

         - Así que Rivas era una gran persona, una personalidad ¿Verdad? ¿Y el nombre de él cómo era?

         - Juan Carlos. El gobierno no puede permitir que en el país haya hombres inteligentes, superiores a los que le sostienen. Rivas era superior a todos juntos del gobierno.

         - Usted joven, es audaz. Habla sin saber con quién y dice palabras que le pueden comprometer. ¿Y si yo fuera policía? Porque de seguro que en este acompañamiento fúnebre habrán varios pyragüé.

         - Al morir Rivas parece que mi vida ya no tiene sentido. Él era mi guía, era mi libro abierto. Y ahora qué me importa sí también me matan a mí.

         - Según el gobierno era comunista.

         - Sí, era el secretario de la juventud comunista. Pero tener ideas diferentes del gobierno no es ningún delito. Rivas murió pero sus ideas seguirán vigentes. Se difundirán más porque las ideas no se matan, principalmente como las ideas de Rivas que son inmortales.

         - Parece que usted lo conocía bien.

         - Usted sabe, señor, que tengo la intuición que usted es una persona distinta a las del gobierno.

         - Está en lo cierto, joven. Le invito a callarnos y conversar después, fuera del cementerio. Vamos a separarnos, estoy observando que hay quien nos mira continuamente.

         - ¿Qué tal si nos encontramos hoy a las cinco de la tarde?

         - Está bien. ¿Dónde?

         - ¿En la Heladería Guaraní?

         - Bien, ¿cómo te llamas?

         - Mario.

         A partir del medio día del encuentro caía una ligera llovizna sobre Asunción; pero para las cinco de la tarde ya era torrencial la lluvia. Pero Mario ya estaba alrededor de la Heladería Guaraní desde las cuatro y media, todo mojado pero disciplinadamente cumpliendo el acuerdo.

         A la cinco en punto llega el señor. Se estrechan las manos, sonrientes y mirándose a los ojos, escudriñándose ambos. Se sentaron junto a una mesita. Pidieron helados de chocolate. Tomaron despacito. Al final pidieron café.

         - Mario, hoy fue un día muy pesado. Conversemos brevemente. ¿Cuántos años tenes, y qué estudiás?

         - Tengo 18 años y estoy en el cuarto de bachillerato aquí en el Nacional.

         - ¿Vos estás con los muchachos de la izquierda en el colegio?

         - Sí. Mire, señor, no sé ni su nombre pero hablamos de cosas serias.

         - Me llamo Wil.

         - ¿Wil? Hace 15 días que un amigo mío llamado Wil, de Wilfrido, fue asesinado también por la policía.

         - Él también era mi amigo. Y en su memoria me tomé su nombre como mi seudónimo. Fue un gran dirigente comunista. Fue el secretario del partido como Rivas era secretario de la juventud.

         - Entonces, usted es lo que yo pienso.

         - ¿Y qué vos pensás?

         - Que somos camaradas.

         - Sinceramente, yo ya te conocía desde un tiempito atrás. Esta casualidad de encontrarnos es un hermoso momento. Pero en tres minutos debemos levantar vuelo de aquí. ¿De dónde sos?

         - Mi pueblo es Ymagua, está lejos y cerca a la vez porque es una constante preocupación que llevo dentro de mí. Te pido una conversación más larga. Quiero informarte sobre un hecho criminal que está cometiendo el dictador periódicamente. Te propongo que el próximo sábado te vayas conmigo a Ymagua. Te va a interesar el secreto de mi informe que te daré y te interesará ir siempre a ese pueblito. ¿Estás de acuerdo?

         - Sí, claro, de acuerdo.

         - Entonces a las 14 horas en punto, ni más ni menos, del día sábado nos encontraremos frente mismo del portón principal de la cancha de Guaraní. ¿Conocés?

         - Sí, conozco. Toma esto y paga por los helados. Me voy.

         - Adiós, camarada -dijo Mario suavemente a los oídos de Wil.

         Mario volvió a su cuarto alquilado de las calles Porvenir y Teniente Fariña. Pensaba mucho en la muerte de su camarada Rivas. Pero el encuentro con Wil le levantó el ánimo y se hizo la autocrítica por haber dicho que ahora su vida no tenía sentido. Es claro que tiene mayor sentido porque "asumiré mayor responsabilidad. Puedo llegar a ser como Rivas, y mejor aún, como esos camaradas que no se rinden y ya están varios años en las cárceles. A pesar de las torturas no se rinden ni se venden como Antonio, Rojas, Ananías. Desde las cárceles están ayudando al Partido y al pueblo con su firmeza y fidelidad. Ahora tengo que juntar más elementos de mi tía, más detalles, y trazar un plan para la conversación con Wil sobre los crímenes que comete la dictadura. Lástima que no sé del vivero de niñas que tiene el dictador para las criminales violaciones que realiza".

         Se encontraron el día sábado como previeron y lo primero que le dijo Wil a Mario es que en el ómnibus se sentarán en asientos separados para no conversar.

         - Wil, llévate en la cabeza sobre las desapariciones de niños. Será el tema. Viene el ómnibus. Vamos. Después de varias horas de viaje llegaron a casa de Mario que está entre Ymagua y Loma Guavirá. Caminaron unos dos kilómetros. El sol ya se inclinaba en el poniente y daba a las espaldas de los caminantes.

         - Decime, Mario, qué es eso de desapariciones de criaturas que me dijiste. ¿Ese es el secreto que queres informarme?

         - Eso es, y es grave.

         - Vamos por este caminito hasta la choza de los ancianos.

         - ¿Cómo? ¿Conoces esto, Wil?

         - Mario, vamos a respetar la ley de la clandestinidad.

         - Me sorprende, Wil. Si conoces el eucalipto, ¿cómo nunca no nos vimos?

         - La prudencia, la disciplina, la seguridad partidaria. Muchas cosas, Mario, se tienen que hacer en silencio. El enemigo anda tras nuestros talones. No nos conocimos antes porque no se dio la casualidad, quizás. Nos conocimos en el cementerio porque se dio la casualidad, o causalidad. Esto también es una ley objetiva.

         - Yo estoy en la juventud comunista y por lo visto vos estás en el PC.

         - Por primera vez me decís "vos" y así debemos tratarnos, fraternalmente. Yo trabajaba con Wilfrido. ¿Y vos con quiénes trabajás en el colegio?

         - Eran Dérliz, Otazo, Barrett, Fernando, Miguel.

         - ¿Quién Miguel?

         - Está en el exilio ahora con Toto, Moreno. ¿Los conocés a ellos?

         - A casi todos los conozco pero ninguno de ellos me conoce, ni conocen mi casa. Es la primera ley de la vigilancia revolucionaria. Tenés que hacer el sacrificio de ir lejos si es necesario, caminar, pero no exponerte. Tenés que tener dos, tres casas preparadas para tus reuniones o para tu escondite.

         - Pero vos sos impenetrable, estás candadeado. Te entiendo muy bien por la seguridad del Partido, de nuestras tareas, y de la propia revolución democrática, agraria y antiimperialista.

         - Muy bien, Mario, debemos de recordar permanentemente los ejes de nuestro programa de liberación nacional. Si no hacemos las cosas en silencio la policía nos descubre. Por ejemplo, si me dices por teléfono que nos encontremos a las lo en el Parque Caballero, allí la policía ya nos esperará. Por teléfono no hay que hacer citas, lugares de encuentros. Los que son oportunistas se manejan con teléfono, son gente ate'ỹ y son peligrosos porque en vez de llevarte por el camino correcto te pueden meter en un lodazal. Muchas caídas de compañeros se debieron a indisciplinas, no porque la policía los descubrió. Nosotros le damos la pista. Tú eres inteligente, Mario. Pero no cuidas las espaldas. En la esquina de tu casa, en Porvenir y Teniente Fariña casi siempre hay pyragües. La casa que tiene muralla sin pintar es de pyragüé.

         - Esa es la casa de mi amigo.

         - No, Mario. Es el primer aviso que te hago. ¿Tienes dinero ahora?

         - ¿Para qué?

         - Para que cuando volvamos, el día miércoles a las siete de la mañana te cambies de casa. ¿Estás de acuerdo?

         - Sí, camarada, y gracias. Creí que cuando estuvimos en el sepelio de Rivas recién me conociste.

         - No, hacía seis meses que te conozco. Y te sugiero. No. Te propongo que te mudes sorpresivamente sin decir nada a tus amigos malandros de la esquina. Ya te iban a apresar pero esperaban que alguien llegara a tu casa. Uno de esos amigos tuyos es hijo del comisario que no vive allí sino en Sajonia. A veces viene de visita pero con ropa particular, y el otro, es hijo de seccionalero. Ellos no son tus amigos, serán tus victimarios.

         - ¿Y cómo lo sabes todo, Wil?

         - Genaro, vos lo conocés a Genaro. Él debía de avisarte un mes atrás pero se fue al exilio; estará por la Argentina.

         Actúa en silencio, Mario. Nunca seas pedante, fanfarrón, el que lo sabe todo y quiere demostrar su sabiduría. Eso es de pequeño burgués. Nosotros debemos ser modestos, sencillos, trabajadores y estudiosos. La disciplina es una consejera sabia, te ayuda enormemente en la seguridad. La disciplina partidaria comienza con la vigilancia. Si vas por las calles tienes que observar quién va delante de ti y quién va detrás de ti. Controlar quién sube contigo en el ómnibus. Si tienes dudas de alguien no entres en la casa o en la cita que tenes. Y ante cualquier duda margina a esa duda aunque fuera algún compañero que vos conozcas. Cada comunista debemos ser garantía en la aplicación de la línea del Partido, en sus principios, asegura evitar la caída de camaradas y compañeros de otros partidos amigos. Por eso tenés que hablar sólo lo necesario, preguntar lo necesario. No caer por la boca como los peces en el anzuelo. Las reuniones del Partido en las circunstancias que vivimos no deben pasar los veinte minutos. Sé concreto. Criticar fraternalmente a los discurseadores, a los que hacen exhibiciones de su conocimiento. Tenemos que hacer un Partido de hierro. No debemos retroceder ante las dificultades, no correr del Partido ni tener miedo, sino ser vigilantes, cuidarse y cuidar a los camaradas. Cuando volvamos a Asunción yo propondré a la Dirección para que trabajes conmigo. Tiendes a ser un buen comunista, siempre que no seas charlatán, que te enamores de las reuniones y no de la aplicación de la línea. Tener dos o tres amigos, conocerlos bien, hacerles conocer el programa del Partido y luego invitarles a afiliarse al Partido. Hay que plantear la afiliación porque es uno de los factores para la construcción del Partido. Ya estamos llegando, hay humo, quiere decir que hay fuego, a lo mejor tomamos un cocido bien caliente.

         - Gracias, Wil, ¡qué cosas maravillosas me dijiste! Si mi seso fuera un casete recogería todo lo que dijiste.

         - La interpretación de lo que te dije para ayudar.

         Wilfrido Álvarez fue el que me envió junto a los dos ancianos, Ismael y Matilde. Tienen alrededor de 70 años, pero se mueven como jóvenes activos. Seguramente cuatro o cinco veces ya vine a Ymagua. A Mario debo enseñarle con el ejemplo a ser prudente, conocer las reglas de seguridad, tener un estilo propio de trabajo y de conducta, vivencia clara, amable, cordial, sin utilizar la charretera de sargento mandón.

         Ismael y Matilde son camaradas antiguos que nunca cayeron presos y tenían intensa actividad, no tanto en Ymagua sino en Estero Hû, que debía pasar por Loma Guavirá. Nunca dieron sospecha de lo que eran. Trabajaban todo el día en el kokue. Mandioca, batata, maíz, maní, zapallos, sandía, melón, casi de todo tenían. Y árboles frutales, naranjas, mandarinas, guayaba, limón, mamones; en una ocasión me llevó Ismael a un árbol. "¿Conocen esas frutas?". "No". "Ese se llama carambola y tiene un delicioso olor y sabor. Se machaca bien, el que tiene licuadora lo hará mejor, y se echa en el agua, se endulza un poco. Llevemos estas frutas maduras para probar. Por aquí no hay esta planta, además es buena la hoja contra la diabetes. Fíjate, que hermoso dibujo geométrico tiene. ¡Inigualable!".

         - De este kokué, camarada Leo -dice Ismael- y Wil le observa diciéndole que ahora su seudónimo es Wil. Está bien. Te decía que de este kokué vamos a hacer una chacra comunitaria para el Partido, para que tenga una entrada permanente de dinero. Ustedes de la capital ponen el camión, cargan los productos y llevan al Mercado. Vamos a hacer el manejo en base a compra y venta. Vamos a llevar contabilidad; nuestro manejo será en base a documentos para que vean los jóvenes cómo hay que ser transparentes y honestos.

         Yo te pido Wil, que un porcentaje aceptable del mercadeo se utilice en la formación de cuadros para tener dirigentes capaces, inteligentes, principalmente muchachas y muchachos obreros, campesinos, estudiantes, hombres y mujeres. Ya llegamos al rancho. Allí viene Mario.

         Mario, allá está el pozo. Tráenos agua y tomemos tereré. Allá al borde del pasto hay perdudillas y ka'arurupe.

         - Siempre tienes la cabeza fresca, Ismael. Admiro tu pensamiento de patriota; tus convicciones de comunista, porque si querés armar un partido poderoso, de la clase obrera y campesina, hay que formar cuadros dirigentes capaces, y no como decía Álvarez, cuadros de pared -expresó Wil.

         - Ya que hablas de cabeza fresca, te voy a leer algunas partes de este Manifiesto a la Nación de nuestro Partido del 21 de febrero de 1955, para refrescar tu cabeza y la mía, y para que Mario escuche y vea la coherencia de la línea política del Partido hasta hoy. Dice un párrafo. Mario, vení aquí para escuchar bien y asimilar el contenido de la firme y consecuente orientación al pueblo que da nuestro Partido. Ya leo.

         - Una pregunta, don Ismael.

         - No, Mario, camarada Ismael nomás. Esos términos de la burguesía hay que desechar de nosotros y tratarnos fraternalmente y que el pueblo vaya aprendiendo. Debemos ser sencillos, fáciles en nuestra conversación, no utilizar términos ni frases complicadas como utilizan los teóricos burgueses. ¿Qué querías decirme, Mario?

         - Camarada Ismael, ¿Acaso usted no era analfabeto?

         - Está bien dicho, Mario. Era, era analfabeto. Matilde y yo leemos una hora por lo menos al día. Leemos juntos. Y hace varios meses que ya sabemos leer y escribir. Si no leemos seguiremos sin saber y sin comprender lo que pasa en el país y en el mundo. El camarada Wil y otros, por caminos diferentes nos envían periódicos, revistas. ¡Hasta Bohemia de Cuba tenemos y leemos! Yo soy lo que soy mediante nuestro Partido. Después te voy a mostrar, Wil, el escondite donde guardo mis documentos. Hay que hacer escondites.

         Leo: "Desde 1949 nuestro Partido ha venido denunciando que la Embajada de los Estados Unidos, utilizando a algunos generales sin patria y sin honor, preparaba el restablecimiento del régimen fascista moriniguista con el fin de reforzar la intervención norteamericana en el Estado nacional, intensificar el saqueo de nuestro país y arrastrarlo a una nueva matanza mundial. Cerrando los oídos a nuestros llamados para defender unidos la soberanía paraguaya, ciertos dirigentes reaccionarios de los demás partidos apoyaron el golpe cuartelero que los generales fascistas moriniguistas dieron el 4 de mayo de 1954, y lo apoyan hasta hoy. Ha llegado la hora de que los obreros y campesinos, los patriotas y demócratas de todos los partidos, digan su palabra sobre el gobierno de Stroessner y de sus sirvientes colorados, y tomen en sus propias manos la tarea de salvar a la patria".

         Escuchen este otro párrafo. Este tiene el subtítulo de GOBIERNO DE INTERVENCIÓN EXTRANJERA y comienza: "Más hambre, más ruina, esto es lo único que ha dado a los paraguayos la famosa "ayuda" norteamericana. Así tenía que suceder puesto que el gobierno de nuestro país no es un gobierno nacional, no es un gobierno paraguayo, sino que es un gobierno de agentes extranjeros, el gobierno de la intervención norteamericana en el Paraguay. Es, al mismo tiempo, el gobierno de una pequeña minoría privilegiada de la clase de los grandes estancieros, que es la clase dominante. Es el gobierno de los elementos más reaccionarios de esta clase. Es el gobierno de grandes especuladores privilegiados, enemigos del pueblo".

         - ¡Qué precisión! Y hasta hoy no cambió nada la situación del país. ¿Verdad, Wil?

         - Así es. Ese es un documento de la Conferencia Nacional del Partido donde también llama al pueblo para realizarse una convención constituyente para cambiar la Constitución que está contra el pueblo.

         - Exactamente, Wil. Mario interviene y dice:

         - Por eso el Partido orienta al pueblo en no ilusionarse en el golpe de Estado. El pueblo debe liberarse a sí mismo, uniéndose por luchas pequeñas para llegar a conquistar grandes reivindicaciones. Y así únicamente, con la unidad sin exclusiones el país podrá tener cambio.

         - Así es, Mario -ratifica Ismael-. Tenés un pensamiento profundo. Nosotros nos conocemos de vista, más bien. Tienes que venir más a menudo. Sólo tienes que cuidar la seguridad, aunque por aquí cerca ni casa hay. No hay que dejar que los partidos de derecha realicen su plan antinacional; la situación del país sería peor, la crisis económica se convertiría en una catástrofe, los pobres serán más pobres y el Paraguay se arrastraría a la cola del imperialismo norteamericano. Allí está cómo envió 150 soldados paraguayos para reprimir el levantamiento popular en Dominicana. Estados Unidos maneja la OEA y en nombre de la OEA interviene en los asuntos internos de los países.

         - Me entusiasma tu visión política, Ismael. Yo no sé si llegaré a tener esa capacidad de análisis -expresa Mario.

         - El Partido crecerá y se fortalecerá si los jóvenes como vos van siendo mejores que nosotros. Si no hay una juventud activa, estudiosa, teórica, que viva con las masas populares, no podrá desarrollarse el Partido. Quiero decirles, Wil y Mario, pienso y estoy convencido, que los yanquis tienen preparado un esquema nuevo para después del cambio de la dictadura de Stroessner. EE.UU. quiere sacar del poder lo que puso en 1954. Stroessner ya no le sirve. Ya es bagazo para ellos. Fíjense allí, esos son bagazos de caña dulce, ya es basura, comida para la cabra y la vaca. Están preparando a otros generales y civiles vendidos para reemplazarlo a través de un movimiento suave, de terciopelo. Matilde, trae ese género de terciopelo que te trajeron para mostrar a Mario la suavidad del terciopelo. Sin derramamiento de sangre. No obstante; la caballería está armada hasta los dientes. Por una vía u otra, Stroessner debe cambiarse. Lo que hay que evitar es que se cambie sólo al dictador y quede toda la mafia stronista que tiene amplias y poderosas redes financieras secretas en el Partido Colorado.

         - Me parece que no se puede bajar de arriba el régimen antinacional sin cortar las manos atrevidas del imperialismo norteamericano que se mete en todos los asuntos internos del país que está bajo su dominio -acota Mario-. Además -agrega- forma cuadros de elementos nativos como sus sirvientes.

         - Increíblemente, este Mario se desarrolla en política. Hace 4 0 5 años que te conozco, sobre todo tu espíritu patriótico. ¿Estás leyendo mucho? Se te nota que asimilas bien los documentos de nuestro Partido -le dice Ismael con mucha simpatía.

 

 

 

         11. CUBA NO ES UNA ISLA, ES UN MUNDO NUEVO

 

         - Yo sé, Ismael, que fuiste un caminante y entusiasta en conocer las cosas. Pero ahora quiero escucharte algunas cosas sobre Cuba porque tengo un deseo grande en conocer personalmente esa isla donde el imperialismo fue derrotado por primera vez en América -le propuso Mario en otra ocasión.

         - Cuba no es una isla, es un mundo nuevo -dice Ismael.

         - Allí viene Matilde, seguramente trae algo para nuestro almuerzo. Algunas cosas te diré porque en un breve momento e improvisando es imposible hablar de ese pequeño país que construye gigantescas obras.

         - Permiso -dice Wil- compañera Matilde, dice Ismael que traes para comer. ¿Qué vamos a almorzar? Aquí traje arroz y un poco de carne.

         - Ni la carne ni el arroz vamos a comer hoy. Estoy preparando lo que te gustó la vez pasada. Poroto peky con zapallo, y mandioca con mojito como hacen los cubanos. Yo ya cuento algo a Mario sobre Cuba.

         - ¿Y cómo es eso de "mandioca con mojito"? -pregunta Mario.

         - La mandioca, o yuca, como dicen ellos, debe ser cocinada hasta ablandarse al máximo, como un puré casi; se fríe al aceite bien caliente ajo y cebolla en buena cantidad y se derrama en la fuente, o cacerola, bañando a la mandioca. Los cubanos no comen la mandioca como nosotros. La mandioca al ablandarse tanto y con el mojito, se puede comer hasta con cuchara o morderse los dedos. Es sabrosísimo. Van a probar. Cada pueblo con su costumbre. En política también es así, Mario. No se puede copiar sino amoldarse a la costumbre, a la tradición, o como dicen los que usan corbatas, la idiosincrasia. Los que conocen nuestra sopa paraguaya, centenares de veces la hice allá, se ríen porque comen sopa con tenedor. "La única sopa del mundo que se come con tenedor", decía el amigo Pedro Castillo.

         - Matilde habla sencillo, pero dice la idea. ¿De qué sirve hablar complicado y que nadie le entienda? Son dos métodos que se usan en política: hablar sencillo para que se te entienda, o hablar difícil para que no se te entienda. Los comunistas siempre tenemos que hablar y escribir sencillo porque es para el pueblo. Y no hacer exhibicionismo literario, no hacer gala de sabiduría gua’ú. Y te hablaré un poco de ese pueblo sencillo, cuya sencillez llegó a la altura del Aconcagua, o el Himalaya, si querés. Yo te hablaré de lo que vi; su historia es larga y rica, lo cual es la raíz para triunfar, mantener y desarrollar su revolución. Cuba es invencible porque la unidad de su pueblo es tan fuerte como la Sierra Maestra. Llegará lejos esta revolución socialista, y cada vez más fortalecida. Los pueblos del mundo están con la revolución cubana. Fidel Castro y Raúl Castro ganaron el corazón de los pueblos que toda la vida fueron saqueados, explotados, expoliados, intervenidos, robados sus recursos naturales, las riquezas producidas por los hombres y mujeres trabajadores. El imperialismo no pudo con ese nuevo proceso surgido en nuestra América. Entonces crea y forma autoridades sirvientes al imperialismo. Ese es el papel de los políticos conservadores, reaccionarios, antipatriotas. Pregúntame lo que querés saber, y si conozco te responderé; pero ahora vamos a comer.

         En otro viaje Mario comenzó con sus preguntas a Ismael.

         - ¿Cómo es Cuba?

         - Es chiquita y tiene la forma de un yakaré. Casi cuatro veces es más pequeña que Paraguay: 110.000 kilómetros cuadrados; y casi dos veces más población, alrededor de 10 millones. El territorio se extiende desde donde sale el sol hacia donde entra, es decir de este a oeste. Las plantas, los árboles frutales y las flores, son todas casi como en Paraguay: mango, mamón, aguacate, al mamón le dicen fruta bomba, guayaba, cítricos, y una fruta que aquí no hay que se llama mamey, dulcísima; también hay mandioca, batata, papa, verduras, y hay una raíz parecida a la batata (boniato, como ellos dicen) que se llama malanga, cuya mata es como el guebetayá. La población es como nosotros, sencilla.

         La capital de Cuba, La Habana, es la que conozco más, aunque fui varias veces a Matanzas, la provincia que tiene, según turistas internacionales, la mejor playa del mundo, Varadero, donde hay unos 100 hoteles, edificios altos y grandes, y llegan cada año unos 2 millones de turistas. En las aguas del mar de Varadero podes entrar un kilómetro más o menos y seguís pisando arena fina como si fueran arenas de oro. Al amanecer, a lo lejos, en medio del mar se ven las toninas y los delfines que van haciendo sus piruetas en bandadas.

         También conocí otras provincias como Holguín, donde comí mbejú. ¿Vos sabés Mario, cómo se dice en castellano mbejú? Cazabe, allá aprendí; otras provincias que recorrí son Santiago de Cuba, Sancti Spiritus, Camagüey, Pinar del Río, Las Tunas. En Sancti Spiritus hay un municipio que se llama Trinidad y fue fundado en 1513 y mantiene algún edificio de la época. La comida preferida es el congri con carne de cerdo, así como nosotros tenemos sopa paraguaya y el ryguasú ka'é, pollo asado.

         - ¿Y qué es el congrí?

         - Matilde te puede explicar.

         - Congrí es el poroto negro con arroz; si es con porotos (frijoles) colorados le llaman moros y cristianos. Pareciera que es lo mismo que comemos nosotros. Pero no. El secreto está cómo se cocina el arroz, medida el agua, medido el arroz. A mí me enseñó una excelente compañera, Juana, sindicalista y dirigente comunista de masas. Cuando vuelvan en otra oportunidad comeremos el congrí con carne de cerdo estofado porque no tenemos horno. El que teníamos lo destruyeron las cabras.

         - Sigo contando con satisfacción la vida en Cuba - dice Ismael-. Por La Habana y sus alrededores caminé mucho, conocí barrios y municipios, fábricas. Aquí en Paraguay no se puede entrar a las fábricas porque son privadas, en Cuba son del pueblo y uno puede ir a ver cómo se hacen los famosos tabacos cubanos, o cómo se produce el azúcar, etc. Conocí municipios como Regla, San Miguel del Padrón, y otros sitios como la Virgen del Camino, Cojímar; ¿vos sabés, Mario, que el escritor norteamericano Ernest Hemingway escribió en este barrio de pescadores el pequeño gran libro "El Viejo y el Mar", recordame al irte para prestarte ese libro por un mes y cuando vuelvas hablaremos sobre su contenido. Es emocionante leerlo. Tengo algunos libros si te faltan que te puedo prestar. Tengo, por ejemplo, "La Madre", una de las novelas mundiales más impactantes, y ejemplar para los revolucionarios, del ruso Máximo Gorki. Cojímar está camino hacia otro municipio, Guanabacoa, donde nació Ernesto Lecuona, autor de varias canciones hermosas como "La Comparsa".

         Pero donde más caminé fue por La Habana Vieja, el barrio declarado por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad. La revolución le dio un hermoseamiento, donde las casas y edificios tienen variados colores. Allí hay que caminar mucho si se quiere ver por lo menos un 20% de las cosas lindas. Yo me fui varias veces a la Isla de la Libertad.

         Una tardecita, unos amigos cubanos me llevaron a caminar por ese barrio que está en el puerto de la bahía. Entramos al convento de San Francisco, y en el patio de la plazoleta, de una manera emotiva vi la estatua de Teresa de Calcuta, muy parecida a ella. Caminamos por la plaza San Francisco, todo embaldosado, y a un costado la parada de los sulkis, esos carros lujosos de cuatro ruedas tirados por tres caballos para pasear a turistas. En esta zona de la Bahía de La Habana Vieja no circulan vehículos de motor. Entramos al Bar Mercurio, en la calle misma, sobre empedrados bien hechos, no como los del Paraguay, tomamos daiquiri, una bebida de ron, soda, limón y hielo, todo licuado; luego pasamos a una chocolatería.

         - Decime, Ismael, ¿cómo te entendiste con los cubanos si vos hablás poco el castellano? -pregunta Mario.

         - Pero Mario, ¿vos no usas las manos para hablar? Las manos también expresan el lenguaje. Ellos sí preguntaban cómo se dice tal cosa en guaraní. Tenían interés en el guaraní. Ellos me contaron que los originarios de Cuba, los indígenas que habían allí se llamaban siboneyes y taínos; pero todos fueron muertos por los españoles. En el Partido aprendí a leer y escribir, y el castellano también.

         - Lo que me olvidaba decirte sobre Varadero es que allí todos los hoteles son de diferentes diseños, diferentes arquitecturas, ninguno es igual a otro. Recuerdo el que más he admirado, se llama Hotel Blau; su estilo es como una pirámide egipcia. Tiene 390 habitaciones y cuesta 115 dólares diarios, sencillamente por majadero pregunté al administrador si en ese momento, había habitación disponible y me respondió: "- No, está completo, además esperamos 120 europeos de tres países." ¡Y era el mes de diciembre cuando allí hace frío! De este tema acabemos aquí porque Wil también conoce Cuba y se va a aburrir de nosotros.

         - Última pregunta, Ismael, última. ¿Cómo es Fidel? Yo le admiro mucho a él -dice Mario.

         - Eso nos va a llevar mucho tiempo, porque Fidel es inacabable. El mundo lo conoce como el estadista más grande, que como él nunca hubo, por su sabiduría, su inteligencia, su audacia, su vinculación con las masas, su oratoria, su coherencia entre lo que dice y hace. Vos sabes, Mario. Cuando Fidel se fue por primera vez a la Asamblea de las Naciones Unidas, allá por 1959 o 60 habló siete horas sin que nadie bostezara. Primera vez que en las Naciones Unidas alguien hablaba de la pobreza de los países subdesarrollados por causa de los países desarrollados que robaban sus materias primas. En ese tiempo, Nikita Kruschev era el presidente de la Unión Soviética. Al terminar su discurso Fidel, el ruso cruzó la imponente sala de la Asamblea y fue a abrazar a Fidel. Nunca hubo tal cosa en la ONU.

         - Fidel es muy querido por su pueblo. ¿No leíste "La Historia me Absolverá", sobre el ataque al Cuartel Montada, que Fidel preparó como su defensa ante los tribunales de la dictadura de Batista? Tienes que leer, es un deber de todo revolucionario conocer este libro para saber defenderse si cae preso. Fidel no se defendió, atacó a la dictadura pro-imperialista y criminal. En ese libro aparece el programa que hubiera aplicado si triunfaba en ese intento, porque sería el triunfo de la revolución. Desde el día de la victoria el primero de enero de 1959, la Revolución cubana aplica el programa que figura en "La Historia me Absolverá".

 

 

 

         16. UNA ROSA Y MIL SOLDADOS

 

         Compañeras y compañeros: nuestro país ya cumple 200 años de independencia. Es República, por lo menos en teoría. Los norteamericanos convirtieron al Paraguay en otra colonia suya, en su patio trasero. Y como clausura de nuestra primera concentración en libertad, quiero señalarles que el imperialismo norteamericano y los latifundistas de nuestro país son los causantes de nuestros males, de nuestro atraso, de la división entre paraguayos para debilitarnos. Si estamos divididos nos utilizarán mejor; pero si hay unidad de los millones de paraguayos defenderemos nuestra patria como un solo hombre y nadie de afuera vendrá a dictarnos qué debemos hacer en nuestro país. Los gringos yanquis formaron a un grupo de paraguayos para cuidar los intereses que amasaron en Paraguay. Estos mercenarios defienden y defenderán cueste lo que cueste, no a sus compatriotas pobres y necesitados, sino la tierra, las empresas y el dinero que tienen sus amos en Paraguay.

         Por eso hay tantas calamidades en nuestro país. En este acto se habló de muchas cosas interesantes e importantes que demostraron que a pesar del analfabetismo son inteligentes los hombres y mujeres de nuestra comunidad.

         En esta ocasión les quiero hablar, compañeras y compañeros, de otros crímenes cometidos por el stronismo y que recién ahora, que se produce el cambio, o que ha comenzado un proceso hacia el cambio, se difunden.

         Ustedes saben que tenemos Presidente nuevo en el Palacio de Gobierno.

         Por primera vez en la historia paraguaya se eligió un presidente sin trampa, sin fraude, y así los paraguayos pudimos elegir a un Presidente que no corresponde a los dos partidos tradicionales creados, fundados y mantenidos por poderes extranjeros. Cuando finalizó la guerra de la Triple Alianza, aunque ahora se le llama de la Triple Infamia, el poder argentino formó el Partido Liberal, y los brasileños al Partido Colorado. Hoy, mediante la unidad del pueblo y el desprestigio que tienen esos partidos, triunfamos el 20 de abril. Y podemos rescatar o saber muchos crímenes, robos, entregas que se hicieron en el pasado. Y les voy a contar otra tragedia que sucedía paralelamente a las tragedias de la calle de los Lapachos Amarillos y el Belovento.

         Hay otro hecho, otra verdad, verdad irrebatible de los crímenes de la época de la dictadura que demuestra el sangriento tiempo que vivió nuestro pueblo.

         Es importante refrescar la memoria para que no haya olvido de la negra historia de la dictadura de Stroessner. Muy poco se conocen las tragedias vividas por los paraguayos y paraguayas durante esos 35 años sostenidos por el imperialismo norteamericano y los secuaces que hasta hoy exhiben sus fortunas robadas al pueblo. Los jóvenes que nacieron en esa época y después, no saben nada o casi nada. Ya pasan los 20 años y cada vez se ventilan más esos crímenes.

         Una mujer llamada Julia Ozorio Gamecho escribió un libro titulado "Una rosa y mil soldados", publicado por la Editorial Intercontinental de Asunción, en el que denuncia lo que le pasó a ella a sus 13 años de edad en poder de su secuestrador, el nazi coronel Miers.

         Ella relata que frente a los ojos de su mamá, el coronel nazi Miers la alzó de la calle y la introdujo violentamente en una camioneta en la ciudad de Nueva Italia, donde tenía como cómplices al que fuera presidente del Partido Colorado, Sanabria Cantero y su hermana, Blanca Sanabria, quien fue alta funcionaria del Ministerio de Educación.

         El nazi coronel Miers violó reiteradamente a Julia y a más de mil niñas vírgenes que no pasaban de 15 años. Si algunas ya no eran vírgenes las repudiaba o las mataba, dice en el libro. A ella la mantuvo encerrada en su dormitorio; en la pieza contigua las tenían también encerradas a dos o tres niñas que después de violarlas, Miers las entregaba a cuatro coroneles que como cuervos esperaban a las víctimas para servirse de ellas.

         Dos veces por semana el coronel de formación yanqui le ordenaba a Julia "vamos a pescar". Eso significaba que llevarían dos hombres con ellos, siempre personas diferentes en cada viaje. Cuando llegaban a la orilla del río Paraguay, por medio de decenas de soldados y sargentos, ataban de pies y manos a los hombres y los lanzaban al río "porque así hay que proceder por los comunistas" -expresaba el coronel Miers. Según éste, Stroessner le felicitaba por sus hazañas. Miers tenía dos carpetas, una negra donde figuraba la lista de los que ya "fueron de viaje" y otra roja, "los que se irán".

         No les voy a contar todas las peripecias que pasó esta valiente mujer que denuncia ahora, en su libro, las atrocidades del coronel, compadre de Stroessner. En 1951, Miers vino como teniente de la Escuela de las Américas norteamericana de Panamá, llegó al Batallón Escolta junto al teniente Abed, Grau y el teniente primero Alejandro Fretes Dávalos, que sustituyó como comandante de ese batallón al general Herminio Morínigo.

         Todos los militares, o casi todos con graduación del tiempo del dictador eran corruptos y criminales. Habrá habido excepciones, aunque nunca se escucharon denuncias de los que supuestamente eran militares sanos, limpios.

         Para terminar, sugiero a ustedes y a todos los jóvenes, muchachas y muchachos de la patria que lean la valiente denuncia que hizo en su libro en el año 2008 la autora Julia Ozorio en cuya página 92, final dice:

        

         Para los que pasaron por las manos duras.

         Dedico este párrafo.

 

         Para mí no existe división o límite entre los seres

         humanos. Parte de mi cautiverio se lo dedico a los

         hombres y mujeres que sufrieron por tener pensamientos

         o ideas diferentes.

 

         Los inescrupulosos bichos verdes les arrancaron

         la vida. Tal vez para esos humanoides fue como

         cortar un árbol más. Pero la realidad fue otra.

         La realidad, cruel y dura, fue que muchas niñas

         fueron vejadas antes que conocieran su cuerpo.

 

         A los que fueron a su viaje final, los llevo plantados

         como una flor en mi corazón. Los que sobrevivieron

         como yo, nos quedamos sin lágrimas.

 

         Quiero decirles a los ciudadanos de Brasil:

 

         Cómo pudieron en aquel momento acoger en su

         tierra a un tirano asesino, un vecino con olor a sangre.

         Quisiera preguntarles, a los ciudadanos, cómo

         no se detuvieron a pensar que el nuevo huésped

         tenía su mochila llena de sangre inocente, con cuajada

         de lágrimas de niñas incluyéndome. La sangre

         guaraní también tiene color universal.

 

        

         Compañeras y compañeros:

         Para cerrar el acto, y como todos ustedes se afiliaron al Partido de la clase obrera, el Partido Comunista Paraguayo, quiero decirles que es necesario crear aquí una buena organización con una buena dirección política. Y felicitarles por la decisión consciente de integrar el mejor lugar, la mejor opción política para luchar consecuentemente por la conquista de un nuevo Paraguay. En nombre del Comité Central del Partido y de su Presidente, Ananías Maidana, les damos la bienvenida a nuestro glorioso Partido. En nuestro Partido se participa, se lucha por las tareas, por su construcción con voluntariedad, conciencia y convicción. Aquí no se compra la conciencia de los trabajadores, de los intelectuales, de nadie.

         El jefe de la revolución socialista en Rusia, Lenin, decía: "Que el estudio teórico solo no basta. Se debe dominar el arte de la dirección política sobre la base de una gran experiencia propia. No hay escuela capaz de cumplir las veces de la escuela que, en un partido revolucionario, es la lucha práctica con todas sus vicisitudes y pruebas, con sus victorias y sus derrotas; con sus éxitos y sus reveses".

         Y ahora un abrazo a cada uno de ustedes. Y de estas semillas que hoy sembramos aquí, mañana tendremos un árbol de progreso, de paz y hermandad. Y adelante a continuar la larga lucha de nuestro pueblo para conmemorar el Bicentenario de la Primera Independencia Nacional. Y sigamos unidos y organizados todos los patriotas, sin exclusiones, tras la conquista de la Segunda Independencia del Paraguay.

         ¡Viva la unidad democrática del pueblo paraguayo!

         ¡Viva el Paraguay!

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

En lugar del prólogo

Así era Ananías

 

Introducción

1. El miedo se extiende en la población

2. El atardecer en Ymagua

3. El sucio pasado de nazis nativos

4. Ventilando fechorías

5. Crímenes nazis en Ymagua

6. Wil, un serio dirigente comunista

7. La monja simpática y su superiora

8. Un plan diabólico

9. En la Loma Guavirá

10. Los comunistas junto al pueblo

11. Cuba no es una isla, es un mundo nuevo

12. Siempre hay militares patriotas

13. Ismael y Matilde

14. María Ana va a la Argentina

15. Fiesta en Loma Guavirá

16. Una rosa y mil soldados


 



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