LOS SUCIOS POLÍTICOS COLORADOS
Por DELFINA ACOSTA
¿Qué es eso de que los paraguayos, en su gran mayoría, hayan votado nuevamente por los políticos colorados?
¿Cuándo terminarán de aprender que ellos son la escoria del país, pues han acabado con nuestra economía? ¿No ostentan, acaso, sus riquezas ilícitas, públicamente?
Otra vez los colorados han usado hasta el hartazgo sumas hiper millonarias de dinero para comprar el voto de los electores vacilantes.
Se repite la historia de vender, canjear, prestar la conciencia por unos ciento cincuenta mil guaraníes para pasar luego por cinco años de penuria, anemia y cuentas sin cancelar en el almacén.
Por otra parte, se viene la era de las palabras en vano.
Porque eso es lo que tendremos con los intendentes del régimen colorado: promesas jamás cumplidas, impuestos elevados y un triste decaimiento de plazas, lugares públicos y sitios históricos.
Estamos atravesando por un buen momento económico. Más que nunca se levantan edificios en la ciudad y en los pueblos del interior, y más que nunca, también, se realizan reparaciones de las casas particulares y el dinero alcanza para la compra de los alimentos del día, de la semana.
Esto que digo nadie lo puede negar.
Y sin embargo, viviendo por fin lejos de un sistema colorado que pretendió extraer la columna vertebral del Paraguay para someternos al antojo de sus ansias de poder, el pueblo, el hombre cívico, desatinadamente, volvió a votar por los colorados.
La historia nuestra es tan miserable.
Siento vergüenza ajena.
Y los políticos colorados son, ya se sabe, sinónimo de prebendarismo, mbarete y uso indebido de los bienes públicos.
¿Por qué votaron los electores por el Partido Colorado?
Porque quisieron castigar, quizás, a Fernando Lugo, aunque no han hecho más que castigarse a sí mismos y a los demás, inmerecidamente.
Los futuros intendentes no harán algo que no sea robar a la vista de la gente. La historia odiosa que creíamos haber superado se volverá a repetir, página por página, según el índice de siempre.
La pestilencia retorna indefectiblemente.
En Asunción, donde se suponía que estaba el electorado más crítico, más pensante, el voto apoyó una candidatura plagada de infecciones. ¿Cómo y por dónde creer en un candidato mediocre, que no está a la altura de los tiempos que corren y que carece de idoneidad?
Creo que Paraguay no ha aprendido la lección.
Aún no ha salido del analfabetismo cívico.
Nuestra historia cívica es la más pobre y desengañada de Sudamérica.
Nuestro civismo es apenas un embrión.
Se vota por el verdugo.
Se vota por quienes invertirán nuestros impuestos en billetes grandes que cubrirán la totalidad de sus gastos privados.
La burocracia se acentuará hasta llegar a índices dramáticos.
Ya veremos a los funcionarios públicos, detrás de los mostradores o mesas de entradas, perdiendo el tiempo, nuestro tiempo, en conversaciones de tinte chistoso.
Yo voté por Carrizosa. Y no me arrepiento.
Me arrepiento por los demás, que vendieron su conciencia.
Fuente: ABC Color
Sección: OPINIÓN
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Lunes. 15 de Noviembre de 2010
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