LA SEGURIDAD DE CADA DÍA
Por DELFINA ACOSTA
Una de las mejores cosas que nos puede ocurrir a los paraguayos, aparte de tener acceso al empleo digno y de recibir un buen trato y rápida atención en los centros de salud así como en IPS, es contar con la debida seguridad, que todos nos merecemos, en las calles.
Y hablo de la seguridad más elemental, o sea, del hecho de poder ir a un lugar determinado, el que sea, obedeciendo a un plan determinado, como pasarla bien con los amigos, asistir a una boda, presenciar un acto religioso o cultural, y luego regresar a la casa sano y salvo.
Ocurre que en los últimos tiempos ha crecido la delincuencia en forma alarmante; tal situación es de conocimiento público, desde luego, pero al parecer la sociedad se encuentra con las manos atadas, lo cual no es justo ni tiene sentido alguno.
Hay que ver cuántas invitaciones para presentaciones de libros, para participar de un ágape, la gente va archivando, va guardando en los cajones, porque siente miedo de lo que pueda ocurrir con su integridad física afuera, a la hora nocturna, en especial, que es la hora en que se ponen a "trabajar" los asaltantes.
Querríamos ir a deleitarnos con una buena obra teatral, asistir a un acto artístico, etc., con el fin de poner un momento de distracción, bien merecido, por supuesto, en nuestra jornada.
Trabajamos y nos merecemos la debida distensión, el buen pasar, un poco de relajamiento.
No tiene mucha gracia lo que nos está ocurriendo, ¿no es así?
Ya querrían hablar sobre cosas más agradables, más propias de una conversación entretenida, con seguridad, las personas, pero la realidad se presenta así, sin rodeos, sin remiendos, y la charla suele tomar muchas veces un tono de preocupación, cuando alguien menciona el tema de la inseguridad callejera.
Una vecina, fanática de las largas caminatas, me había comentado que por decisión propia tuvo que suspender tan saludable ejercicio.
"Se acabó el sosiego. Me quisieron robar el celular y otras pertenencias, y desde entonces, con el susto que me llevé, manejé la idea formal de quedarme nomás en casa", comentó. Éste es su testimonio. Supongo que quien más quien menos tiene un testimonio propio u oído en boca de un tercero, que habla de un estado de cosas que escapa de nuestro control.
Casi diariamente, como muchos televidentes, me entero de casos de asaltos en la vía pública, de atropellos a personas, y me quedo pensando que nadie merece vivir una situación de descontrol y de paranoia.
Estamos programados para sentirnos seguros donde quiera que estemos, caramba.
Buscando medidas paliativas, muchos vecinos se organizan, si pueden, y cuentan con un guardia de seguridad en la zona donde viven. Así viene a resultar que la seguridad, en la que el Estado debe invertir todo su celo y sus máximos cuidados, recae totalmente sobre un ser humano, sobre un civil, un hombre solo. Sube el número de quejas de las personas que se ven afectadas seriamente por la carencia de seguridad. Y no hay respuestas concretas a sus reclamos, a sus problemas, que son los problemas que descalifican a este país ante la mirada internacional. Pero, bueno, algo hay que hacer, menos quedarse con los brazos cruzados, que es la peor decisión que puede tomar una persona.
Fuente: ABC Color
Sección: OPINIÓN
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Lunes, 27 de Junio de 2011
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