DELFINA ACOSTA

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Nacimiento:
24 de Diciembre de 1956

HAY QUE INSISTIR. NO QUEDA OTRO RUMBO - Por DELFINA ACOSTA - Lunes, 18 de Julio de 2011

HAY QUE INSISTIR. NO QUEDA OTRO RUMBO - Por DELFINA ACOSTA - Lunes, 18 de Julio de 2011

HAY QUE INSISTIR. NO QUEDA OTRO RUMBO


Por DELFINA ACOSTA

La creciente ola de inseguridad que va arrastrando a nuestro país debería hacernos pensar muy seriamente en los alcances trágicos que la misma podría tener sobre nuestras vidas.   

Cierto es que en Sudamérica nadie escapa de la oscuridad delictiva. Facundo Cabral, aquel trovador, aquel niño inquieto que había burlado el cerco de seguridad de la Casa Rosada para hablar con Perón porque tenía la información de que él "daba trabajo a los pobres", perdió la vida el 9 de julio de 2011 en Guatemala, víctima de muchos disparos, perpetrados por sicarios. Mataron a la flor, silenciaron al ruiseñor.   

Era un prójimo más; "no soy de aquí, no soy de allá", cantaba con su voz dulzona, pero la maldita violencia lo volteó como a un perro.   

Aquí también ocurren situaciones de extrema violencia que nadie merece vivirlas.   

¿Y las autoridades? Pues..., este..., no sé...   

Ahora bien: cuesta trabajo entender cómo se va desarrollando en las mentes un sentimiento de indiferencia ante este estado de descomposición social en que nos sumerge el fango delictivo.   

Cuando la tranquilidad se fue al mismísimo diablo, cuando ya no puedes ir casi a ningún lado, porque las calles, en complicidad con la noche y las malas intenciones de los delincuentes, se transforman en un latente peligro, te movilizas y aguardas también que los demás se movilicen pidiendo, reclamando mayor seguridad. Pero no. Aquí no hay grandes marchas públicas, ni indignación.   

Y las cosas van así, por su cauce de violencia.   

Un día la tragedia le toca a una mujer que aguarda un ómnibus.   

Otro día el susto se lo lleva el mismo guardia de una determinada zona de un barrio.   

Entonces mucha gente se queda en su casa, enjaulada, porque aunque quiera ir a socializar un tanto, a visitar a una amiga, a tomar un refresco en un bar, la calle está en situación de desborde.   

A través de tantas crónicas periodísticas te vas enterando que el pellejo del prójimo, hoy por hoy, no vale ni un centavo. Lamentable.   

A uno lo liquidan para robarle sus pertenencias.   

A otro lo matan porque sí.   

Y yo me pregunto si se puede vivir en estas condiciones.   

Protegidos se sienten, desde luego, quienes tienen altas las murallas de sus mansiones, y guardias privados, y mecanismos sofisticados de seguridad, pero los que sobreviven en barrios marginales, donde una garrafa, o una cocina, por ejemplo, son el objeto del robo, están pidiendo a gritos que alguien haga algo por ellos.   

A mí me dan pena y bronca los indiferentes. Porque ellos restan. No suman, ni mucho menos, como los apasionados, los que tienen un plan para organizar algo en relación con un determinado problema social.   

De la indiferencia ajena se alimentan, y cuánto, no solamente la pobreza y la ignorancia, grandes males de todo pueblo, sino además situaciones negativas que la sociedad carga sobre sus débiles espaldas.   

Admiro grandemente a quienes se involucran, a aquellas personas quienes, con un sentimiento de solidaridad y con la convicción de que la unión hace la fuerza, marcan la diferencia.

Fuente: ABC Color

Sección: OPINIÓN

www.abc.com.py

Lunes, 18 de Julio de 2011



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