SERES CON VISIÓN DE CAMBIO
Por DELFINA ACOSTA
Un niño viene al mundo siendo la noche tormentosa o el día resplandeciente con insinuación de música que se filtra a través de los movimientos de las hojas. Y ese niño crece y se hace hombre, y mira a su alrededor y encuentra que algunas cosas están mal, otras en situación regular, y otras muy bien, y, naturalmente, piensa y actúa.
El hombre inteligente, y bueno de corazón, sabe que de alguna u otra manera puede mejorar el mundo. Para eso ha venido, finalmente, aunque sus padres lo hayan concebido sin pensar en los propósitos que determinarían su trajinar por los caminos de la vida.
En el Paraguay hay hombres que tienen una visión de cambio y que hacen lo posible, y aun lo imposible, por levantar la sociedad.
Esa es la gente que suma. Con ella sea la paz.
Pero también hay hombres ocupando sitios de poder, de gran gravitación dentro de la economía del país y cuya capacidad para tomar decisiones es muy básica, muy mediocre, y eso, obviamente, afecta negativamente a la sociedad.
Ni hablar ya de aquellas personas sentadas en sillas de autoridad que delinquen, que toman lo que no es suyo, porque están sumiendo, robo asqueroso de por medio, en un estado de parálisis, de sofocamiento, al Paraguay.
Hay que hacer tambalear sus asientos. Secuestran el pan que no debería faltar en cada hogar.
Son la plaga misma, pues, como llevan a sus bolsillos los recursos del Estado, las familias paraguayas, empobrecidas, no tienen dinero para enviar a los niños a los colegios donde recibirán alguna educación. Y se sabe que un pueblo ignorante siempre será furgón de cola. Nunca tomará la delantera en nada. Antes bien, involucionará.
La ignorancia no solamente es un mal, es una verdadera tragedia.
Pululan hombres charlatanes, que están también en lugares estratégicos, y cuya pasión por la charlatanería termina siendo un despropósito.
Esta es la hora de gente sabedora de lo que puede hacer para levantar a nuestro pueblo del lecho de enfermedad anímica y física en que se encuentra.
Se dice que el paraguayo tiene su autoestima muy baja. Y es así, muy así. Pues uno se acerca a una persona sumida en la pobreza, y le pregunta cómo está, y te sale con un "tranquilo pa".
Pues bien, a fuerza de presenciar situaciones calamitosas, y de sufrir en carne propia la inseguridad, la falta de acción de las autoridades para poner fin a tanto desborde, la urgencia de una comida suficiente en la mesa, algo mucho más que un simple sentimiento de contrariedad debe de estar gestándose en su interior.
De la sumisión, del miedo, del entreguismo, de la falta de dignidad de tantos individuos, se nutre vorazmente un gran monstruo político durante el día y la noche. Y luego eructa. Desayunan, almuerzan, meriendan y cenan opíparamente los políticos, los inoperantes, los planilleros, los agitadores de la masa, y los charlatanes, no solamente la carne sino los mismos huesos de los paraguayos sumisos.
No estoy instando a la violencia, ni mucho menos, pues soy pacifista por naturaleza. Creo, simplemente, como creerá cualquier ciudadano con un poco de sentido común, que permitir este estado de cosas, sin hacer nada de nada, no nos llevará a nada. ¿Se entiende?
Fuente: ABC Color
Sección: OPINIÓN
www.abc.com.py
Domingo, 21 de Agosto de 2011
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)