Son múltiples los problemas que saturan a nuestro pueblo.
Las invasiones a las propiedades privadas están convirtiendo en un polvorín a este país.
Me pregunto cómo se sentirá una familia si alguien acampa, no digo en su patio o en su jardín, sino en su mismo dormitorio, sin mayores miramientos.
Percibo (ojalá me equivoque) que se van acercando tiempos violentos al Paraguay. La violencia hace que los ánimos estén caldeados y que la gente sienta en su ánimo una pronunciada sensación de desencanto y de frustración.
Malos gobernantes nos tocan.
Mas también deberíamos asumir, por un principio de sinceridad y de autocrítica, que estos gobernantes contra quienes nos airamos en los debates, en la ronda de amigos, en las redes sociales, en los medios tradicionales de comunicación, en donde sea, nacieron y crecieron en esta misma sociedad.
Por otro lado, haciendo un sincero balance, tendríamos que reconocer que nuestra educación está muy distante aún de ser formadora de valores y de gente capaz de protagonizar cambios emblemáticos y radicales.
Encuentro (fácilmente) que muchas personas se encuentran muy desengañadas.
Hablas con un joven de la calle y no hallas en su actitud, en su perfil, ese entusiasmo, ese sentido de proyección, aquella motivación que deberían caracterizar a quienes llevan solamente unos pocos años como equipaje por estos caminos de la vida. Mala señal.
Si muchos jóvenes están desmotivados y desorientados, no vengo ya a tener en claro qué pueden hacer por sí mismos, por su familia y por la sociedad.
A menudo se los invoca en los discursos y en los planes de Gobierno como la esperanza de un futuro mejor.
Por la juventud se apuesta, se escriben libros, se intenta fomentar la lectura, el deporte, y se busca dar una buena capacitación al plantel de educadores de los colegios y de las universidades.
Detrás de este desencanto generalizado existe una sociedad que se droga bastante y sobre ese grave tema tendrían que debatir a fondo las iglesias y el Estado.
No solamente los jóvenes sino también las gentes de todas las edades están echando a perder su existencia porque prefieren evadirse de la realidad consumiendo las drogas que encuentran a su alcance.
En torno a este punto tan delicado como conflictivo quiero decir que puedes tener toda la desilusión que tienes sobre tus hombros, pero qué pésimo "escape" escoges al meterte en la drogadicción pues ella te irá sacando la salud y te meterá en una jaula de desesperación y de delincuencia.
No caigas en las adicciones nunca.
He aquí unos pocos versos que ojalá te sirvan, sea cual sea tu circunstancia:
No vayas a drogarte. Te lo advierto./ Horrible cruz arrastra el drogadicto./Sus días son caídas al infierno/ que quitan de sus ojos las pupilas,/ y de su boca arrancan lengua y dientes./ La vida todavía es paraíso./ Observa cómo caen las estrellas/ del silencioso cielo y cuanta luz/ de aquella voz de quien muy lejos canta/ emana recorriendo la cintura/ de todos los jazmines florecidos./ Si te contaran cómo sin morir/ muriendo estaban esas pobres gentes/ que se drogaban y después murieron./ ¡Si te contaran! Óyeme un instante. Horrible cruz arrastra el drogadicto.
Fuente: ABC Color
Sección: OPINIÓN
www.abc.com.py
Lunes, 27 de Febrero de 2012
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