CALLEJUELAS DE NUESTRA CIUDAD
Por DELFINA ACOSTA
Los paraguayos que sufrimos diariamente la inseguridad que reina en el ambiente somos muchos.
Por supuesto, la situación se ha vuelto complicada.
No hay nada tan importante para el individuo que su seguridad, el hecho de saber que puede salir a la calle y volver sano y salvo a su casa.
El asalto a mano armada y la proliferación en las esquinas oscuras y a veces no tan oscuras de motochorros y delincuentes de cualquier naturaleza marcan los informes rojos de todos los días.
A través de los medios escritos, televisivos y radiales, el ciudadano se entera de noticias que guardan relación con un asalto domiciliario o un ataque delictivo perpetrado por desconocidos a algún caminante.
La zozobra no tiene hora.
Creo que el ritmo de vida en Asunción y en los pueblos del interior del país ha cambiado para mal ante la perplejidad y el temor. No debería ser así.
Suelo ver en los distintos barrios de la capital las casas protegidas con altas rejas y alambrados eléctricos.
Por supuesto, esta protección suele ser insuficiente, en muchos casos, porque los ladrones saben cómo ingeniarse para cometer su fechoría.
No es “saludable” andar en soledad por las callejuelas de nuestra ciudad, esté o no uno prevenido, porque la violencia se ha adueñado del país. La inseguridad es, entre otros factores negativos de la sociedad, la cotidianidad nuestra.
Pienso a veces en los padres que envían a sus hijos a las universidades en horario nocturno y en la preocupación que naturalmente les debe de embargar cuando transcurren las horas y ellos no regresan.
También pienso en aquellas personas que trabajan a la noche y tienen que atravesar largas y oscuras calles para retornar a sus hogares.
¿Qué hacen las autoridades en forma concreta y contundente ante esta situación?
Pues, francamente, no lo sé.
Si sé que la ciudadanía aguarda impaciente acciones urgentes encaminadas a dar un intento de punto final a este mal que nos tiene preocupados a todos por igual.
Desde luego, sería muy negativo suponer que las cosas seguirán su mal curso.
Hay que tratar de creer que alguna solución vendrá. Igualmente, es necesario hacer cuanto esté a nuestro alcance para que tal solución no parezca tan lejana.
De hecho, somos nosotros, en nuestra calidad de ciudadanos comunes y corrientes, los que nos vemos afectados diariamente por estas circunstancias indeseables, los que debemos insistir, formar alianzas con los vecinos, hacernos sentir como pueblo, buscar maneras de cambiar esta situación de incertidumbre.
Todo vale, menos el simple plagueo.
No alcanza ya con plaguearse.
La gente se entera de que a fulano lo han asaltado en su vivienda o en la calle y se conforma con decir, a veces: ¡Pobre de él!
Quejarse por quejarse, muy típico del paraguayo, es una actitud negativa que no nos lleva a ningún lado.
La inseguridad es tanta que muchas, demasiadas personas, han optado directamente por no hacer más salidas nocturnas. Obviamente, no nos merecemos este flagelo.
Quien más, quien menos, sabe dónde le afecta este estado de cosas y está disconforme. Así la situación planteada, es urgente que los ciudadanos empecemos a actuar.
Fuente: ABC Color
Sección: OPINIÓN
www.abc.com.py
Lunes, 06 de Agosto de 2012
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