PAÍS PREVISIBLE, PARA EMPEZAR
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
Los pueblos felices no tienen historia, afirman los estudiosos de la civilización humana. Si tomamos en serio dicha frase, nosotros deberíamos ser bastante infelices, porque ¡vaya si tenemos historia, década tras década! Lo que realmente necesitamos es cierto período de paz y tranquilidad, sin los sobresaltos y crispaciones que provocan los políticos.
Los economistas e inversionistas suelen utilizar el concepto de “seguridad jurídica” para señalar la necesidad de que los potenciales interesados en radicar capitales en el país tengan la certeza de que están vigentes reglas claras y permanentes; que no se encuentren de repente con algún ministro o un parlamento que cambia normas o impuestos de importancia en el sistema económico y financiero.
En la misma línea, nuestro país necesita una “seguridad política” que otorgue las garantías necesarias de que nuestro sistema de convivencia política irá marchando normalmente, dentro de un clima de estabilidad de las instituciones, respeto de las leyes fundamentales y, algo que es prioritario, previsibilidad en cuanto al desarrollo de las actividades públicas y privadas.
No es bueno para nuestra sociedad que constantemente estemos envueltos en áridas disputas, multitudinarias manifestaciones y acusaciones de “golpistas” porque algún sector político quiere cambiar las reglas básicas de juego proponiendo acciones que atentan contra principios básicos de nuestra Constitución Nacional.
Lastimosamente, esto nos ha ocurrido en forma sistemática y reiterada luego de la caída de la dictadura stronista. Hemos sufrido dos intentos de golpe de Estado en la era Wasmosy, el asesinato de un vicepresidente y renuncia obligada del presidente Cubas Grau, una prolongada presidencia “interina” de González Macchi, un repentino afán de reelección de Duarte Frutos, un abrupto y sumarísimo juicio político y destitución de Lugo, y ahora, otra vez, varias jugadas pro reelección de Cartes.
Hasta ahora, a casi 29 años de la caída del déspota, no hemos tenido ni un solo período presidencial que se haya iniciado y concluido con normalidad. Esto es grave. Ni un solo presidente juró respetar y hacer respetar la Constitución Nacional sin haber pasado por sobresaltos y tensiones porque lo quieren echar o porque busca perpetuarse ilegalmente en el poder.
No es algo de otro mundo lo que la ciudadanía sensata pide y espera: que las autoridades nacionales cumplan con la ley y respeten nuestra Carta Magna. Así de simple y sencillo. Que tengamos un país jurídica y políticamente predecible.
Tampoco estamos pidiendo que seamos como Suecia y Holanda, que cierran sus cárceles por falta de presos. Siempre habrá gente que viola las leyes, pero que, por lo menos, las más altas autoridades de los tres Poderes del Estado no nos metan en problemas por querer quebrantar el orden constitucional.
La gente común y corriente, en rondas de tereré o tomando birra en un bar, puede sugerir cualquier barbaridad, pero el partido político más grande del país o los senadores de la Nación no pueden andar proponiendo chicanas anticonstitucionales, por favor.
Fuente: ABC Color
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Domingo, 18 de Diciembre de 2016
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