EL DEBATE QUE NO EXISTE
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
En nuestro mundillo político, en donde frecuentemente estamos en “año electoral”, las discusiones giran mayoritariamente sobre los perfiles personales de los candidatos a cargos públicos y casi nada sobre los grandes problemas nacionales que deberían ser resueltos por los futuros gobernantes. No existen debates sobre las plataformas de trabajo de cada postulante ni cómo piensa encarar nuestros múltiples talones de Aquiles que nos aquejan.
Aunque ahora estemos todavía ante los comicios internos en los diversos partidos y movimientos políticos, sería interesante que los candidatos expongan en general y en forma detallada de qué manera nuestro país puede ir bajando, aunque sea de a poco pero en forma constante, los niveles de pobreza de nuestra gente. Sería bueno que en vez de repartir sonrisas y abrazos, los aspirantes a manejar el Estado nos digan qué creen que pueden hacer para que miles de familias paraguayas tengan asegurado un plato de comida cada día en su casa.
Ojalá escuchemos a los candidatos debatir sobre las maneras más eficientes y posibles de combatir el flagelo del narcotráfico que ha instalado la violencia en ciertas localidades, que vuelve aserrín el cerebro de muchos de nuestros jóvenes y que corrompe y prostituye el ejercicio del poder de nuestras autoridades nacionales y regionales.
Sería interesante conocer qué planes concretos tienen Mateo Balmelli, Efraín Alegre, Santiago Peña y Mario Abdo Benítez sobre cómo reducir sustancialmente los niveles de inseguridad en la vía pública por la constante acción de los motochorros y los diarios asaltos a locales comerciales y residencias particulares.
Los ahora precandidatos a jefe de Estado podrían explicar a la ciudadanía qué piensan hacer para que miles de niños paraguayos dejen de trabajar en las calles o en actividades comerciales clandestinas y se queden en sus casas a jugar y estudiar después de haber estado en el colegio con sus compañeritos escolares.
A la población le gustaría saber de qué modo se puede acabar con la antigua pero pésima costumbre de nombrar como funcionarios públicos a los hijos, los parientes, los amigos, las amantes y hasta las empleadas domésticas de los altos funcionarios estatales.
Resultaría una grata sorpresa si los políticos en campaña pueden debatir sobre qué hacer para imponer una mayor equidad en la retribución de los funcionarios públicos, de modo a evitar la gran desigualdad entre quienes ganan más de diez salarios mínimos (gente del Congreso, del BCP, de Hacienda) y quienes pelean por aumentar un poco su remuneración mínima (enfermeras, docentes, policías, etc.).
Asimismo, sería recomendable que los candidatos formulen sus propuestas para acabar con la dependencia del Poder Judicial de los gobiernos de turno. Nuestro sistema judicial está profundamente desprestigiado porque gran parte de los fiscales y jueces determinan sus acciones de acuerdo a los intereses de quienes tienen el control del Poder Ejecutivo o del Congreso.
Podríamos citar muchas otras graves deficiencias de nuestra convivencia pública, pero con estos ejemplos ya sabemos cuál es el debate que, a pesar de ser necesario, no existe.
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Domingo, 22 de Octubre de 2017
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