JUSTICIA DETRÁS DE LA TORTUGA
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
La justicia pronta y barata es una mentira mayor que la generosidad del usurero. Un componente importante de nuestras graves deficiencias como sociedad democrática y republicana es el pésimo funcionamiento de nuestro sistema judicial. Un ejemplo: tras 17 años de imputación por torturas, el exministro Walter Bower todavía no prestó su primera declaración indagatoria.
En las sociedades que se proclaman democráticas y republicanas, el pilar fundamental de su estructura política es la división del poder en tres ejes: ejecutivo, legislativo y judicial. Se supone que este reparto de las riendas del gobierno garantiza un desarrollo armónico y pacífico de la comunidad nacional. Lastimosamente, hemos padecido suficientes problemas y desengaños por las reiteradas ocasiones en las que el Poder Judicial actuó o se mantuvo en silencio según el deseo del Poder Ejecutivo o de los líderes partidarios que tienen el control del Congreso. La siempre cacareada declaración de independencia de los fiscales y jueces es pura cháchara.
En Diputados y en el Senado, hay varios parlamentarios, tanto oficialistas como opositores, que desde hace años enfrentan fundadas acusaciones de actos ilícitos, principalmente malversación de fondos públicos, que descansan en el famoso “cajón de los recuerdos” que infestan los tribunales.
La “niñera de oro”, los “caseros de oro”, “los coquitos de oro”, los “helicópteros que no vuelan”, la “secretaria VIP”, las “rutas de la mentira”, la “sesión mau” de algunos senadores, etc., son las denominaciones populares de tantos casos judiciales que tienen como acusados a conocidos dirigentes políticos, cuyos expedientes se extraviaron en los laberintos de los tribunales.
Como una repudiable consecuencia de esta falta de justicia rápida y eficiente, muchos de los políticos acusados y con varios antecedentes judiciales, vuelven a presentarse ahora como candidatos a cargos electivos de alto nivel en los comicios del 22 de abril.
Es como para enviar el listado al libro de récord Guinness de hechos insólitos. Óscar González Daher, Víctor Bogado, Enzo Cardozo, Camilo Soares, Zulma Gómez, Javier Zacarías Irún y otros varios impresentables vuelven a candidatarse a importantes cargos públicos.
No se les pegó nada, como si fueran blancas palomitas que adornan un pesebre, aportando argumentos a quienes sostienen que en nuestro país nadie pierde ni gana reputación alguna.
La falta de funcionamiento normal de la justicia genera decepción y conformismo en gran parte de la población. Como los políticos sinvergüenzas nunca van a la cárcel, la gente tiende a dar crédito al añejo comentario de que si robás un gallina, podés ir preso, pero si robás millones de dólares al Estado, siempre habrá fiscales y jueces complacientes que se harán los ñembotavy al respecto.
El problema no es de fácil solución porque la tortuga renga está instalada en la misma Corte Suprema de Justicia, en donde los tiempos de tramitación de expedientes dependen de los vientos que soplan o no desde los otros poderes del Estado.
En tres semanas tendremos nuevos presidente y legisladores, pero los honorables fiscales y jueces serán las mismas tortugas de siempre.
Fuente: ABC Color
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Sección OPINIÓN
Domingo, 01 de Abril de 2018
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