UN ESPEJO HIRIENTE
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
“¡Otra vez muestran la inundación!, ¿estos noticieron pico no pueden hablar de otra cosa?”, expresó con disgusto la señora, se levantó y salió al patio a fumar. Los medios de comunicación constituyen en estos días un espejo que nos interpela, nos molesta y nos obliga a preguntarnos por qué sigue habiendo miles de compatriotas afectados por las crecientes de ríos y arroyos.
Lastimosamente, esta es una película que conocemos desde hace décadas y que, a juzgar por la situación actual, seguiremos viendo en el futuro. Resulta en verdad doloroso ver a tanta gente sufriendo porque el agua inundó sus hogares, tantos niños que se quedaron sin escuelas, tantos hombres y mujeres que perdieron su fuente de trabajo, así como los animales domésticos y de cría campestre que no tienen nada que comer.
Estas situaciones de pobreza y fragilidad ante las menores inclemencias climáticas tienen como causa remota, aunque permanente, la estructura socioeconómica de una sociedad injusta, mal organizada, con grandes desigualdades sociales e instituciones públicas incapaces, humana y económicamente, de dar respuestas eficaces y rápidas al drama de los damnificados por las inundaciones.
En este contexto, en la actualidad, incluso las personas más solidarias y las instituciones más caritativas solo pueden aportar pequeños parches para aliviar por algunos días tantas penurias de los compatriotas afectados.
La asistencia en los refugios con chapas, colchones, abrigos y alimentos no perecederos constituye una acción valiosa y humanitaria que vale la pena destacar, pero que no soluciona el problema de fondo.
Los damnificados seguirán allí, en los lechos y cercanías de ríos y arroyos mientras no tengan un trabajo digno y adecuadamente remunerado que les permita adquirir o construir la casa propia fuera del alcance de las crecientes hídricas. Eso demanda, en forma previa, niños y adolescentes bien educados, profesionalmente formados, normalmente nutridos, con las debidas herramientas para acceder a puestos laborales estables.
Los sectores privados del comercio, la industria, la importación y la exportación también tienen su rol en la gestación de una sociedad más compartida y distributiva en cuanto a los bienes y servicios que se generan, de modo a ir disminuyendo, gradualmente, el porcentaje de la población excluida y marginada.
Alguna vez tendremos un Estado que tome en serio su responsabilidad de ir construyendo una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Por supuesto, esta meta no se consigue en pocos años, pero hay que empezar en algún momento. Solo necesitamos líderes políticos que tengan la capacidad de comprender la situación y convocar a los distintos sectores sociales y fuerzas productivas para diseñar e implementar las políticas de Estado a largo plazo que pueden traer soluciones permanentes a las periódicas crecientes de nuestros ríos y arroyos.
Mientras trabajamos por forjar esa patria soñada, no podemos eludir nuestra responsabilidad actual de ayudar a los damnificados con los servicios y alimentos que podamos aportar, sin que nos pase lo que advertía la ingeniosa Mafalda: que lo urgente no dé lugar a lo necesario.
Fuente: ABC Color
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Domingo, 26 de Mayo de 2019
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