LA NIÑA ULTRAJADA
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
“¡Han violado la Constitución Nacional!” es la reiterada protesta de muchos ciudadanos y organizaciones sociales cuando autoridades nacionales o dirigentes políticos cometen acciones delictivas sin ninguna consecuencia penal.
Si entendemos la democracia como un sistema republicano en donde el poder reside en las manos de la ciudadanía, quizás convendría usar la metáfora de que es una niña constantemente violada por rufianes inhumanos que, pese a tal condición, se hacen llamar honorables dirigentes de la vida política nacional.
Cada cinco años, a través del dictamen de las urnas, entregamos la señorita Democracia a un grupo de líderes políticos, quienes —sin remordimientos ni vergüenza– proceden a violar la Constitución Nacional y las leyes de la República, que constituyen la esencia de este sistema de gobierno.
Para cuidar la integridad y el bienestar de la niña Democracia, miles de funcionarios públicos son pagados mensualmente para que las instituciones estatales funcionen correctamente y el Gobierno se encargue de atender las necesidades de la gente, en especial, de los más humildes.
Pero ese diseño teórico habitualmente no se hace realidad. Muchos funcionarios no cumplen su deber de servir a la ciudadanía sino que, al contrario, se sirven de ella, abusan de la gente común y tienen como prioridad saquear las arcas del Estado para acumular, en el menor tiempo posible, voluminosos ingresos económicos para sí, su familia y su pandilla,
En los últimos años hemos conocido varios casos de diputados, senadores, ministros y titulares de entes públicos que se dedicaron a llenarse los bolsillos, a quedarse con los fondos de las instituciones y a malversar los rubros presupuestarios para que vivan de upa sus familiares y amigos.
Cada vez que algún alto funcionario mete la mano en la lata pública, está ultrajando a la niña Democracia porque violenta en los hechos su finalidad teórica y los nobles ideales de progreso, igualdad y justicia.
La caradurez y ostentación que hacen muchos funcionarios públicos de los bienes malhabidos representan, en la práctica, una puñalada al sistema democrático que, en teoría, tanto anhelamos todos los paraguayos.
Un efecto colateral que provocan estos piratas de botines públicos es la generalizada resignación, desencanto, hastío e incredulidad de la ciudadanía en la necesidad e importancia de la democracia. Si todos los políticos roban y siempre hacen lo mismo, sin distinción de colores partidarios, entonces, que la señorita Democracia siga siendo ultrajada, total, da lo mismo.
Nuestra realidad sociopolítica no inspira mucha esperanza de que estos defectos se vayan a arreglar. Damos unos pasos en la senda correcta al obtener la destitución de autoridades y parlamentarios corruptos, pero, paralelamente, muchos casos de negociados escandalosos y evidentes abusos de poder siguen ahí, tan campantes como siempre. La administración marioabdista da un paso adelante y otro atrás; en ciertos casos castiga a los bandidos y en otros, hace la vista gorda.
Es lo que hay, diría un filósofo arandu ka’aty. No es un gran consuelo, pero así nos va.
Fuente: ABC Color
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Sección OPINIÓN
Sábado, 15 de Junio de 2019
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