LOS DÉBILES TAMBIÉN PROTESTAN
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
¿Qué tienen en común un venezolano que huye despavorido de su tierra, un indígena que ocupa el centro histórico de Quito y un joven que incendia estaciones del metro en Santiago de Chile? Son varias cosas: centenaria marginación, indignante pobreza, ofensiva desigualdad social, gobiernos que atienden preferentemente a los poderosos, etc.
Lo de Venezuela no necesita mucha explicación, pues desde hace varios años la dictadura de Nicolás Maduro viene reprimiendo con sangre y fuego a cualquiera que se atreva a levantar la voz en contra de su régimen bolivariano. Según Michelle Bachelet, comisionada oficial de la ONU, solo en los últimos 18 meses la cruel dictadura asesinó en “ejecuciones extrajudiciales” a más 6.800 ciudadanos y está matando de hambre a la población.
Los días de la furia en Ecuador responden a características concretas de la convivencia cívica en esa nación. Mucha gente se preguntó por qué protestaban tanto las comunidades indígenas por el alza del precio de los combustibles si los aborígenes no tienen vehículos particulares.
El tema es bastante complejo porque las comunidades indígenas ecuatorianas gozan de un status legal de autonomía y la suba del costo del transporte público constituyó solo un hecho más entre las múltiples medidas y situaciones de injusticia que soportan las clases más pobres del país; por ello, la reacción popular fue tan airada, enérgica y violenta hasta conseguir que el gobierno anule los reajustes disparadores de la crisis.
Lo de Chile sí fue una sorpresa. Proclamada habitualmente como la nación más progresista, democrática y pacífica de Sudamérica, de pronto millones de ciudadanos de diversas ciudades salen a las calles, incendian locales gubernamentales, destruyen estaciones del metro, saquean supermercados, apedrean a los carabineros, etc. ¿Qué pasó? ¿Infectó a todos el virus de la violencia?
No, el problema de fondo viene de lejos. Hace años que algunos sociólogos y líderes religiosos vienen advirtiendo sobre la grave desigualdad social en la población trasandina. Existen dos Chiles: la sociedad de las clases media y alta, en prosperidad, en confort, en modernidad, con buena educación y excelente aunque cara cobertura médica, y la amplia franja de la ciudadanía pobre, marginada, sin posibilidad de acceso a educación de calidad ni recursos para solventar sus problemas de salud.
El aumento en el costo del pasaje fue solo la gota que colmó el vaso y millones de personas cansadas de sobrevivir en el límite entre la pobreza y la miseria, salieron a las calles a protestar, incluyendo en muchos casos los actos de violencia. Los gobernantes no entendían lo que pasaba porque, claro, ellos viven en la burbuja del primer mundo.
¡Pobre América Latina, tan rica en recursos naturales y tan pobre en la gestión de sus líderes políticos! Ojalá la furia de estos indignados golpee la conciencia de nuestros gobernantes para retomar con fuerza y perseverancia la lucha por un mundo mejor, más humano y más solidario con los eternos marginados del pasado y del presente.
Fuente: ABC Color
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Sección OPINIÓN
Miércoles, 23 de Octubre de 2019
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