YO QUIERO GANAR MÁS
Por ILDE SILVERO
ilde@abc.com.py
¿Quién no quiere ganar más en su lugar de trabajo? Es una obviedad, pues todo el mundo, incluyendo a los trabajadores más humildes, piensa que debería tener una mejor remuneración mensual por una y mil razones. Ahora, como todos los años, los funcionarios públicos generalizan las huelgas porque demandan salarios más altos para el 2020.
No vale la pena citar a todos los sindicatos de empleados estatales que exigen el reajuste de sueldos, la nivelación de remuneraciones, la aprobación de una elevada matriz salarial, la recuperación del valor perdido de sus ingresos debido a la inflación interanual, etc.
Si con mucha paciencia, escuchásemos a todos y cada uno de los demandantes de incrementos salariales, probablemente les concedamos la razón en cuanto a lo que teóricamente deberían ganar. Los funcionarios de la salud pública, la educación, la justicia, la administración central, la asistencia agrícola, la provisión de luz y del agua, etc. necesitan mayores ingresos para prestar un mayor y mejor servicio a la sociedad.
Lo que olvidan estos empleados públicos es que el Estado debe hacer frente a numerosas y grandes necesidades del resto de la población que no labura precisamente en oficinas con aire acondicionado en los ministerios y entes autárquicos.
¿Cuántos paraguayos hay que ni siquiera cuentan con un sueldo mínimo, que a veces ni tan solo tienen algo que comer todos los días? ¿Los recursos estatales no deberían tener como prioridad construir chozas precarias a quienes son expulsados de sus casas cuando el río crece? ¿Acaso no es más urgente ofrecer un vaso de leche y un almuerzo escolar a miles de niños desnutridos por el hambre? ¿No deberían destinarse más fondos para ayudar a los campesinos sin tierra y a los aborígenes sin hogar? ¿Y la plata para construir caminos, reparar puentes y pavimentar rutas, de dónde va a salir?
Al elaborar el presupuesto general de la nación, también llamado “ley madre”, obligatoriamente se debe pensar en todos los paraguayos y, en especial, en los más pobres, en los más necesitados, en millones de personas que sobrellevan la pesada carga de conseguir el pan diario para la familia.
Es una vergüenza que hasta la propia Corte Suprema de Justicia exija para sus funcionarios superiores un aumento salarial cuando en la realidad ya perciben cinco a diez salarios mínimos por mes.
Aumentar cada año el sueldo de los funcionarios públicos solo contribuye a ampliar la preocupante desigualdad social en el aspecto económico. El Estado no debería fomentar la brecha entre los privilegiados de altos ingresos y los marginados que sobreviven entre la pobreza y la miseria.
Los funcionarios públicos no deberían querer ganar los inmorales sueldos, viáticos y gastos de representación de los senadores, ministros y presidentes de entes, sino mirar a su alrededor y sentir las necesidades y carencias de miles de compatriotas que, a su vez, ven a los servidores estatales como gente privilegiada por tener un trabajo seguro y bien remunerado.
La distribución de la torta presupuestaria no puede contemplar preferentemente las exigencias de los funcionarios públicos sino, por el contrario, de qué modo podría mejorarse la situación de tantos compatriotas sumidos en la pobreza.
Fuente: ABC Color
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Sección OPINIÓN
Miércoles, 30 de Octubre de 2019
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