INDIVIDUALISMO Y POLÍTICA
El pragmatismo no es el fin de las ideologías en los partidos. Es el triunfo del conservadurismo. Pero la atomización individualista devalúa a la política y disuelve su dimensión social.
Y en lo ideológico, el individualismo es la obcecación personalista que borra la línea divisoria entre las derechas y las izquierdas. Y es también la homogeneización que tiende a acabar con las identidades políticas.
Las recurrentes opiniones de atribuir papeles fundamentales a líderes y figuras en los gobiernos y en los partidos, al margen de las determinaciones metodológicas, de los aparatos conceptuales apropiados, constituyen una clara demostración de a-cientificidad o de lejanía de la filosófica política.
En nuestro medio se incurre, con frecuencia, en la formulación pretendidamente intelectualista de cuestiones socio-sicológicas e históricas, en la que se evidencia el desconocimiento de los marcos teóricos y un "intuicionismo" basado en los pre-juicios. Pero si las opiniones fuesen inocuas -por su vacuidad en el campo del saber y la cultura -, dejan de ser sin embargo inofensivas por su intención de mistificar la realidad de los acontecimientos sociales. Sobre todo cuando instrumentalizan a la ciudadanía y la distraen de sus problemas y situaciones".
LO HISTÓRICO-POLÍTICO
Una cuestión elemental que hay que conocer es que las instituciones políticas, especialmente aquellas vinculadas con el Gobierno y sus formas, manifiestan comportamientos diferentes en el curso de la historia.
Es decir, asumen distintos roles según la coyuntura y, particularmente, en relación a las fuerzas dominantes de la sociedad. No adoptan una conducta lineal, siempre igual, frente a las circunstancias cambiantes del acontecer histórico. Si bien sus objetivos pudieran ser relativamente similares de un tiempo a otro, pre-establecidos por los sistemas políticos y jurídicos, sus modos de enfrentar la realidad y de asumir compromisos de índole social o nacional responden a las determinaciones del poder constituido, o a su destitución.
De manera que una visión objetiva de los actores políticos no puede desconocer la situación histórica concreta que influye sobre sus prácticas, como también la variabilidad de sus conductas según las distintas circunstancias que se presentan en el contexto y en la evolución de los acontecimientos. Solo a partir de esta aprehensión objetiva se pueden describir sus acciones, justificarlas o cuestionarlas.
LAS VERDADERAS FUERZAS POLÍTICAS
Las ciencias sociales han definido las verdaderas fuerzas que, en el interior de la sociedad, gravitan en él proceso real de la historia. Así se sabe que son los estratos, capas y clases sociales los que actúan por debajo de las formalidades jurídico-políticas, unidos por intereses específicos -de dominación, hegemonías y concepciones del mundo-, configurando no solo el conflicto de la historia o el progreso material y cultural de la sociedad, sino la propia, conformación y orientación de los Gobiernos.
Y también adquieren connotaciones específicas, en el marco de este proceso, los aparatos políticos que operan en la lucha por el poder. Son igualmente sus actos, sus modalidades prácticas, el pensamiento y la actitud de sus dirigentes y de sus masas, los factores que expresan y definen, su papel en el escenario de la historia. De la manera que tampoco basta atribuir tales propósitos a la formación de los grupos, sino son sus experiencias, sus intenciones y la forma de cómo se constituyen, los factores determinantes que, en definitiva, caracterizan su organización y sus fines.
En este sentido hay que señalar, asimismo, la instrumentalización que unos individuos y sus allegados –constituidos no siempre para la defensa de los intereses institucionales o la inclusión social- hacen del partido, del Gobierno y del Estado. Y, por lo general, para apuntalar, acceder y sostener posiciones de privilegios.
LA DIFICIL LECTURA DE LA REALIDAD
La realidad social es siempre problemática. Su conocimiento no es asible ni comprensible con facilidad. Dos obstáculos contribuyen, de manera explícita, a dificultar su lectura.
El primero constituye la actitud cerrada y no permisiva de los sectores dominantes de la estructura social. Estos adoptan, genéricamente, una postura negativa frente a las necesidades de investigación y explicación del comportamiento de las relaciones sociales.
Tal postura se debe al afán de mantener inalterable el proceso, de modo que los intereses sectoriales no entren en conflicto con la opinión pública y provoquen desconfianza sobre la conducción y determinación de sus representantes.
El segundo factor se refiere al enmascaramiento que se hace en torno a los problemas reales y a las imágenes optimizadas que se ofrecen del sistema socioeconómico y su estructura.
En este aspecto, y como protección, se pretende crear un conjunto de "valores" y motivaciones sensoriales para desviar la preocupación de las masas o para frenar sus posibilidades de conciencia sobre las verdaderas causas de los problema.
En fin, al no articularse la política y los partidos en torno a un ideario social, proyecto político e ideología, el individualismo se hace institucional. Y así menean las renovaciones que responden a la auto conservación de los grupos dominantes. Mientras, en las izquierdas, la contradicción individualista es aún más grave, pues traiciona la razón de su existencia: la lucha por la emancipación social.

Humor de MONECO LÓPEZ
Fuente: CORREO SEMANAL del DIARIO ÚLTIMA HORA
Publicado en fecha: Sábado, 01 de Junio del 2013