A LA INTEMPERIE, NOSTALGIA, PARA DECIR AMOR,
CONFESIÓN, COMO SI NADA, OLVIDO
Poesías GLADYS CARMAGNOLA
Deja en mi reposo una flor.
A mí, déjame afuera.
No amo encierros de cárcel.
Yo quisiera
quedar así nomás
con besos de luciérnagas
y lluvias en la cara.
Entonces sí todo valdría la pena
–y que tal vez el viento me llevara
ceniza ya; y que tú comprendieras
que si he dejado el alma a la intemperie
preferiré seguir de la misma manera.
Entierra ya el jazmín.
A mí, déjame afuera.
(1965)
¿Por qué este aroma que me trae el viento
me inunda de nostalgia, de recuerdos?
(Pétalo azul,
agua,
ternura,
cielo...)
Aquel amor
¿fue amor?
¿ha sido todo cierto?
Este aroma que vive desde entonces
¿es auténtico?
(1967)
Para decir amor necesitamos
despojarnos de sílabas impuras;
abrir la realidad, y de su entraña
elegir de entre todas las verdades, tal vez una.
Para decir amor ¿ayuda comprender
que el ser tiene sus letras ineludiblemente ocultas
en la brutal certeza de una palabra
hecha de tierra oscura?
Para decir amor necesitamos vivir.
(Y vivir no es hacer con nuestras dudas un paquete al
[cual dar pronta y piadosa sepultura,
sino entender que aunque enterremos todas
habrán quedado siempre varias insepultas.)
Para decir amor...
¿Decir?
¿Amor?
¿Y por qué no aceptar esta verdad
sin evasivas, sin rebeldías turbias,
sin
excusas?
¿Por qué sencillamente no aprendemos a amar
mientras vivimos esta larga búsqueda?
(1981)
Sí.
Yo llamé a tu puerta día tras día
y mendigué cuanto pudieras darme
–como una pordiosera.
¿Por qué hablo en pasado?
Todavía
tiendo mi mano a ti cuando la tarde
disimula mi angustia y mi vergüenza.
Te amo más que nunca
y tu avaricia me duele siempre igual;
pero dejarte,
yo,
Poesía,
¿dejarte?
¡Muerta!
(1982)
(De: A la intemperie, 1984)
Entonces Dios andaba
llenando todos los rincones de la casa.
Cuánta paciencia. Sí, Señor, cuánta paciencia:
ir y venir, así, como si nada...
mientras crecían las hojas,
se hacían fuertes las ramas
y el Río seguía su curso
con su corriente clara.
Hoy sé que no es posible
volver atrás las páginas
salvo para encontrar que cada letra
ha sido utilizada
para dar forma a ese vocablo justo,
a esa oración exacta.
El riesgo, en oportuna y justa dosis,
fecundó la semilla y la hizo planta.
Sin pruebas: bajo el sol, multplicado
en flores, frutos, ramas,
se evidencia que fue creciendo lentamente
con el caudal del Río, el de la palabra.
Por eso. Y es mejor así: el hoy es hoy.
El ayer aún existe. Ya llegará el mañana.