VAMOS A BAILAR BAJO LA LLUVIA
Relato de MILIA GAYOSO MANZUR
De "MICRO-RELATOS PARA JULIETA Y TRES HISTORIAS DE AMOR"
(A Segundo y Alejandra)
El bajó presuroso hacia el rio y ató las canoas a los soportes instalados en los costados, para que el viento no las llevara aguas adentro.
Llegué corriendo a la orilla y me puse a danzar en círculo, sobre la arena blanca y mojada.
Abuelo, vamos a bailar bajo la lluvia, le dije, tratando de conseguir que me acompañe en mi feliz entretenimiento. Estoy ocupado che rajy, andate a la casa porque te vas a enfermar si te mojás, dijo,mientras ajustaba los nudos con sus manos callosas de tanto remar.
El sabía que cualquier cambio de temperatura o una mojada como esa podían acentuar mis ataques de asma. Pero yo era ajena a cualquier preocupación y prefería darle rienda suelta a la felicidad de estar cerca de él.
Abuelo, vamos a bailar bajo la lluvia, volví ainsistir, nuevamente. El aseguró sus canoas con finas tiras de cuero fuertememente amarradas a los postes desauce y se bajó a bailar conmigo, un poco dificultosamente a causa de sus achaques de lisiado de la Guerra del Chaco.
Reiamos felices.
Arriba, hacia la barranca, desde la casita con techo de paja, y un prometedor humito que salía de la cocina, abuela nos llamaba con la mano derecha, y un amenazante arreador en la izquierda, apuntando a los dos.

A Yayita, Naita, Mercedes y Dominga.
Solíamos acostarnos boca arriba en el patio y pensábamos que ese cielo inmenso, tapizado de estrellas, era sólo para nosotras.
Que cada sitio tenía su propio cielo, y por ende, sus propias estrellas. ¿Y la luna?, que teníaun costado para cada lugar, y ese, con las sombras con forma de conejo, era nuestra para siempre.
Rondábamos alrededor delos ocho años,con mis queridas amigas y la fantasía era el regalo cotidiano de nuestra infancia.

Su aroma aún penetra hasta lo más profundo de mi ser. Las veo trepar la pared añosa, las huelo ahora como a los siete años, las acaricio con los ojos cerrados, las beso suavemente para no estropear su piel aterciopelada.
Es de siesta en mi recuerdo, y las rosas amarillas de mi bisabuela Toribia siguen perfumando mi memoria.

Verde muzgo, verde pasto, verde esmeralda, verde limón, verde mar… Los rayos del sol se cuelan entre las hojas, el rumor de la pequeña cascadadel arroyo otorga sosiego en plena siesta, mientras las cigarras buscan romper esa quietud,con sus cantos.
Rodeada de un paisaje maravilloso, la casita de madera exhibe su cabezade chapas, color plata, cuyo brillo compite de noche, con la luna. A esa hora, las luciérnagas corretean sobre la pequeña laguna donde cantan las ranas. De madrugada, los tonos rojo-naranjas del horizonte, la encuentran erguida, noble, pequeña pero grande, aglutinadora de miles de momentos de felicidad.