JUAN NATALICIO GONZÁLEZ PAREDES (+)

Foto de JUAN NATALICIO GONZÁLEZ PAREDES (+)
Nacimiento:
8 de Septiembre de 1897

Fallecimiento:
16 de Diciembre de 1966

INFANCIA, LA ESTRELLA BAÑISTA, EVOCACIÓN DEL DICTADOR, CUERPO A CUERPO, POMBERO y ROMANCE DE LA PARAGUAYA - Poesías de J. NATALICIO GONZALEZ

situación
INFANCIA, LA ESTRELLA BAÑISTA, EVOCACIÓN DEL DICTADOR, CUERPO A CUERPO, POMBERO y ROMANCE DE LA PARAGUAYA - Poesías de J. NATALICIO GONZALEZ

INFANCIA, LA ESTRELLA BAÑISTA, EVOCACIÓN DEL DICTADOR,

CUERPO A CUERPO, POMBERO y ROMANCE DE LA PARAGUAYA

Poesías de J. NATALICIO GONZALEZ (1897-1966)




Nada queda en rincón alguno de nuestra mente, como para ensayar algo más acerca de esta figura intelectual guaireña tan destacada, después de todo lo dicho en su aras por el prolijo crítico e investigador Prof. Artemio Franco Preda, quien en 1972, puso en nuestras manos una enjundiosa obra: "EL GUAIRA Y SU APORTE A LA CULTURA PARAGUAYA", donde pasa revista con juicio crítico, apologético y biográfico de todos los guaireños, que con su talento y obras realizadas, aquilataron y siguen aquilatando la cultura nacional.

Por ende, sólo nos cabe reforzar la afirmación de Franco Preda, acerca de este gran escritor paraguayo, con aquella frase de recibimiento enunciada por el crítico y orientalista español Cansinos Assen, destinada a Natalicio González, cuando éste iba conmoviendo el suelo hispano con su ya consagrada pluma: "Ha llegado a España, el indio de la pluma de oro".

Y prosiguiendo con el respaldo o adhesión al juicio de Franco Preda, mencionaremos los nombres de maestros en la literatura, como O'Leary, Carlos R. Centurión, Justo Pastor Benítez y otros, que han emitido juicios encomiásticos acerca de la "pluma de oro" de J. Natalicio González.

Después de todo esto, ya no nos resta sino cumplir con la misión específica de este Parnaso, que es reproducir en ella algunas de sus muchas producciones poéticas, señalando, no obstante, de paso, que este orgullo de la intelectualidad guaireña y nacional, no era solamente poeta, lo fue también: novelista, ensayista, cuentista, historiador, geógrafo, sociólogo, economista y político.

En suma: su "pluma de oro", al decir de Cansinos Assen, apuntaba hacia cualquiera de las direcciones del saber humano, dada su vastísima cultura.

Era entonces un polígrafo. Lo prueban esas valiosas obras sobre diferentes temas, que dejó para las generaciones presente y futura.



INFANCIA


     Calles de Villarrica, siempre verdes

de pasto, viejas de trescientos años.

¡Qué dulce era a la planta de los pies

desnudos, tu fino césped!

 

     La infantil turba simuló sus guerras

y realizó locas travesuras

sobre tus breves colinas

coronadas de casas y jardines.

 

     ¡Oh, el árbol viejo, el guayacán antiguo,

que vio surgirte, mi Guairá, a la vida!

La rara arquitectura de su tronco

supo avivar el ensueño

y su copa gigante brindó sombra

en el gran patio del hogar paterno.

Era como un abuelo bondadoso.

Se hamacaba el ramaje a nuestro peso

y, maternal, al alcanzar su punta,

se inclinaba dulcemente

hasta dejarnos en tierra.

 

     En su copa descubrimos

el misterio de los nidos.

 

     Murió, abatido por los huracanes,

entre el ronco responso de los vientos,

El exilado (1) errante, reprimió

un oscuro dolor. Porque los hombres

no lloran, no, por los árboles.

no obstante, sintió como si hubiese

perdido imprevistamente

un ser de su propia sangre.


(1). Galicismo, por exiliar.



LA ESTRELLA BAÑISTA


La rana croa

en la laguna

cuando su loa

dice a la luna.

 

Se da importancia

y vive ufana

de su elegancia.

Tiene la rana.

 

miradas tiernas,

un verde de algas,

largas las piernas,

finas las nalgas.

 

Algo miraba:

Era una es trena

que se bañaba

la noche aquella.

 

La onda reidora

que con su tacto

la palpa, dórase

a su contacto.

 

La rana artera

la descuidó

y toda entera

se la tragó

 

y en las fauces de la rana,

desnuda y bella

como una blanca sultana

murió la estrella.



EVOCACIÓN DEL DICTADOR


¡Francia! ¡Francia!

¡Magro y triste Dictador!

Tu carne asceta tiene del bronce la resonancia,

la consistencia y el resplandor.

 

En ti se funde la más abstracta complejidad

en la unidad.

 

Tienes la estampa de un alquimista

flaco y misántropo que se acoraza de soledad.

 

Eras inhóspito y a veces agrio como el Gran Chaco,

ora se henchía tu soledad de flores rosas como los campos,

o bien tu rostro grave y opaco

relampagueaba en lívidos lampos.

 

Eres un tema teologal

que se concretiza sombrío y profundo,

un vago y hermético enigma del mundo,

a la vez volteriano y medieval.

 

Más, mucho más que Hombre y menos que Dios,

visible, tangible, de carne mortal,

manabas la Vida y enviabas la Muerte

como una suerte

de olímpico Dios,

y los hombres ¡Francia! Te afirman o niegan,

loan tus virtudes, dicen tu maldad,

amores con odios tus actos congregan

y tú permaneces impasible como la divinidad.

 

La tierra materna

hincha con su jugo y nutre tus venas

y en tu alma cargada de sombras y penas

parece que alterna

con ese recelo tenaz de tu raza solar, taciturna,

el gran pensamiento que frunce tu ceño

y brilla en tus duras pupilas nocturnas.

 

Jamás para nadie tuviste clemencia

y de ti fluían los bienes y males

como una corriente nutricia e impura,

espumosa y rugiente en los pañales,

mansa y fecundadora en la llanura.

 

¡Francia! ¡Francia!

¡Magro y triste Dictador!

Queda de ti, disuelta tu sustancia,

un blanco, alucinante resplandor.

 

Transitando de los Dioses la senda

completarás aún tu trayectoria:

de la Vida irrumpiste hacia la Historia,

de la Historia ingresaste a la Leyenda

¡y en los confines de la edad futura

verás trocarse en mito tu figura!



CUERPO A CUERPO

(A la memoria del soldado anónimo

muerto en Pozo Favorito,

héroe de este episodio.)


-¡Al asalto! ¡Al asalto!

                                 Y librando sus frágiles

vidas al furor agrio y voraz de la guerra,

los mansos campesinos, reconcentrados y ágiles,

que avanzaban tenaces, tendidos en la tierra,

se irguieron de pronto en la seca llanura

para asaltar frenéticos la enemiga trinchera

y en el renunciamiento de una heroica locura

clavar sobre sus bordes la triunfante bandera.

 

Ya alcanzaban el término de la trágica meta

cuando un adolescente, en salto temerario,

oponiendo a las balas la aguda bayoneta

se adelantó a lanzar su reto al adversario.

 

Con el alma fulgente en la iracunda mano,

acallada de asombro la voz de la metralla,

saltó como un felino al ver al boliviano.

 

Y frente a los ejércitos en orden de batalla

lucharon cuerpo a cuerpo uno y otro guerrero

en un fuerte choque, terrible y porfiado.

 

Los golpes enemigos, en el duro entrevero

con sus ágiles quiebros esquivan los soldados,

cuando con su arma clava de pronto el boliviano

la bomba que en el bolos de mugrienta loneta

el paraguayo lleva a tiro de la mano

mezclada con su parca provisión de galleta ...

…………………………………………. .

 

Los guerreros miraron los trágicos despojos

volar por el espacio como bólidos rojos,

y otra vez se entregaron al implacable duelo

bajo un riego de sangre goteada del cielo.

 

Cuando se alzó la luna, como una lenta noria,

iluminó clemente una nueva Victoria;

y comentó un soldado:

                                  -"Te digo que no en vano

con un certero tiro bajó un aeroplano:

tomó afición, y muerto, la mano voló al cielo

para traer asido otro aparato en vuelo".

 

La tropa impresionada por la estupenda audacia,

cual si sintiera el peso de un gran dolor oscuro,

permaneció callada, sin celebrar la gracia,

enhiestas las cabezas y los perfiles duros.



POMBERO


Rasga la noche el silbo del Pombero;

La parlería familiar decrece;

afuera calla el vigilante tero

y hasta el alma del hombre se estremece.

 

Mira el niño al papá, grave y severo,

al brazo maternal se arroja y mece;

los ojos cierra y preso de un ligero,

pavor, el rostro oculta y se adormece.

 

Se acogen al silencio las esposas,

los mozos fingen simuladas calmas

pues, un nítido canto de jilguero

-como si fuera el grito de las cosas,

la voz de oscuras y primarias almas-

otra vez en la noche alzó el Pombero.

 

Después quedó un terror incongruente,

algo vago y hostil en el ambiente!!

 

 

ROMANCE DE LA PARAGUAYA

 

Paraguaya de pies breves

y de cintura de avispa,

la que se asoma en las trovas

con su gracia campesina

entre gemir de guitarras

y sones de arpas nativas,

 

en ti las toscas potencias

de la raza se estilizan,

a modo del varón rudo

que en el piropo se afina

o de la arcilla en el arte

rural de la alfarería.

 

Bullen en tu cuerpo esbelto

todas las corrientes prístinas

de la energía ancestral,

y bajo las femeninas

maneras, la voluntad

cual vibrante acero cimbra.

 

Tú enseñas que la gracia

es la fuerza florecida

en la luz y alma, cuando alumbras

tu recia contextura íntima

-rosa que decora un yelmo-

con la flor de tu sonrisa.

Caen las palabras bellas

que los varones musitan

cuando pasas por las tardes,

dulce y a la vez altiva

-concreción leve y alada

de autóctona poesía-

como caen en la selva

arrancadas por la brisa,

las flores rosas o gualdas

del lapacho en las gramillas,

cubriendo la tierra madre

con una alfombra encendida.

 

Dulce cual maternos brazos,

tú al gran dolor de la vida,

al varón amargo y rudo

cuya virtud se mutila

bajo el hacha del destino,

brindas la paz compasiva.

 

Más si eres blanda almohada

para las testas vencidas

por los rayos de un mal Sino,

te tras figuras altiva,

ante el terruño en peligro,

en una espada blandida,

 

y empujas a las batallas

con palabras incisivas,

hijos, hermanos, esposo:

a la luz de tus pupilas,

a tus máximos amores,

al báculo de tu vida.

 

Y si no corres tras ellos

para vendar las heridas,

o retar en las batallas

a las huestes enemigas

como un vencedor soldado.

¡Oh, dulce y fuerte heroína!

 

tú el optimismo en las almas

prendes como llama viva,

tú manejas el arado,

tú la tierra fructificas,

y por descanso, en las noches,

tú para las vendas hilas.

 

Paraguaya de pies breves

y de cintura de avispa,

la que se asoma en las trovas

con su gracia campesina

¡gima en tu honor la guitarra

y suene el arpa nativa!.


Fuente:

EL PARMASO GUAIREÑO

Obra de ROMUALDO ALARCÓN MARTÍNEZ

Ediciones INTENTO.

Asunción – Paraguay

1987 (1ª edición – 407 páginas)


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ENLACE A DOCUMENTO RELACIONADO: 



ANTOLOGÍA DE LA  LITERATURA PARAGUAYA

 
Editorial El Lector, Asunción-Paraguay 2004
 
 
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