INFANCIA, LA ESTRELLA BAÑISTA, EVOCACIÓN DEL DICTADOR,
CUERPO A CUERPO, POMBERO y ROMANCE DE LA PARAGUAYA
Poesías de J. NATALICIO GONZALEZ (1897-1966)

Nada queda en rincón alguno de nuestra mente, como para ensayar algo más acerca de esta figura intelectual guaireña tan destacada, después de todo lo dicho en su aras por el prolijo crítico e investigador Prof. Artemio Franco Preda, quien en 1972, puso en nuestras manos una enjundiosa obra: "EL GUAIRA Y SU APORTE A LA CULTURA PARAGUAYA", donde pasa revista con juicio crítico, apologético y biográfico de todos los guaireños, que con su talento y obras realizadas, aquilataron y siguen aquilatando la cultura nacional.
Por ende, sólo nos cabe reforzar la afirmación de Franco Preda, acerca de este gran escritor paraguayo, con aquella frase de recibimiento enunciada por el crítico y orientalista español Cansinos Assen, destinada a Natalicio González, cuando éste iba conmoviendo el suelo hispano con su ya consagrada pluma: "Ha llegado a España, el indio de la pluma de oro".
Y prosiguiendo con el respaldo o adhesión al juicio de Franco Preda, mencionaremos los nombres de maestros en la literatura, como O'Leary, Carlos R. Centurión, Justo Pastor Benítez y otros, que han emitido juicios encomiásticos acerca de la "pluma de oro" de J. Natalicio González.
Después de todo esto, ya no nos resta sino cumplir con la misión específica de este Parnaso, que es reproducir en ella algunas de sus muchas producciones poéticas, señalando, no obstante, de paso, que este orgullo de la intelectualidad guaireña y nacional, no era solamente poeta, lo fue también: novelista, ensayista, cuentista, historiador, geógrafo, sociólogo, economista y político.
En suma: su "pluma de oro", al decir de Cansinos Assen, apuntaba hacia cualquiera de las direcciones del saber humano, dada su vastísima cultura.
Era entonces un polígrafo. Lo prueban esas valiosas obras sobre diferentes temas, que dejó para las generaciones presente y futura.
INFANCIA
Calles de Villarrica, siempre verdes
de pasto, viejas de trescientos años.
¡Qué dulce era a la planta de los pies
desnudos, tu fino césped!
La infantil turba simuló sus guerras
y realizó locas travesuras
sobre tus breves colinas
coronadas de casas y jardines.
¡Oh, el árbol viejo, el guayacán antiguo,
que vio surgirte, mi Guairá, a la vida!
La rara arquitectura de su tronco
supo avivar el ensueño
y su copa gigante brindó sombra
en el gran patio del hogar paterno.
Era como un abuelo bondadoso.
Se hamacaba el ramaje a nuestro peso
y, maternal, al alcanzar su punta,
se inclinaba dulcemente
hasta dejarnos en tierra.
En su copa descubrimos
el misterio de los nidos.
Murió, abatido por los huracanes,
entre el ronco responso de los vientos,
El exilado (1) errante, reprimió
un oscuro dolor. Porque los hombres
no lloran, no, por los árboles.
no obstante, sintió como si hubiese
perdido imprevistamente
un ser de su propia sangre.
(1). Galicismo, por exiliar.
LA ESTRELLA BAÑISTA
La rana croa
en la laguna
cuando su loa
dice a la luna.
Se da importancia
y vive ufana
de su elegancia.
Tiene la rana.
miradas tiernas,
un verde de algas,
largas las piernas,
finas las nalgas.
Algo miraba:
Era una es trena
que se bañaba
la noche aquella.
La onda reidora
que con su tacto
la palpa, dórase
a su contacto.
La rana artera
la descuidó
y toda entera
se la tragó
y en las fauces de la rana,
desnuda y bella
como una blanca sultana
murió la estrella.
EVOCACIÓN DEL DICTADOR
¡Francia! ¡Francia!
¡Magro y triste Dictador!
Tu carne asceta tiene del bronce la resonancia,
la consistencia y el resplandor.
En ti se funde la más abstracta complejidad
en la unidad.
Tienes la estampa de un alquimista
flaco y misántropo que se acoraza de soledad.
Eras inhóspito y a veces agrio como el Gran Chaco,
ora se henchía tu soledad de flores rosas como los campos,
o bien tu rostro grave y opaco
relampagueaba en lívidos lampos.
Eres un tema teologal
que se concretiza sombrío y profundo,
un vago y hermético enigma del mundo,
a la vez volteriano y medieval.
Más, mucho más que Hombre y menos que Dios,
visible, tangible, de carne mortal,
manabas la Vida y enviabas la Muerte
como una suerte
de olímpico Dios,
y los hombres ¡Francia! Te afirman o niegan,
loan tus virtudes, dicen tu maldad,
amores con odios tus actos congregan
y tú permaneces impasible como la divinidad.
La tierra materna
hincha con su jugo y nutre tus venas
y en tu alma cargada de sombras y penas
parece que alterna
con ese recelo tenaz de tu raza solar, taciturna,
el gran pensamiento que frunce tu ceño
y brilla en tus duras pupilas nocturnas.
Jamás para nadie tuviste clemencia
y de ti fluían los bienes y males
como una corriente nutricia e impura,
espumosa y rugiente en los pañales,
mansa y fecundadora en la llanura.
¡Francia! ¡Francia!
¡Magro y triste Dictador!
Queda de ti, disuelta tu sustancia,
un blanco, alucinante resplandor.
Transitando de los Dioses la senda
completarás aún tu trayectoria:
de la Vida irrumpiste hacia la Historia,
de la Historia ingresaste a la Leyenda
¡y en los confines de la edad futura
verás trocarse en mito tu figura!
CUERPO A CUERPO
(A la memoria del soldado anónimo
muerto en Pozo Favorito,
héroe de este episodio.)
-¡Al asalto! ¡Al asalto!
Y librando sus frágiles
vidas al furor agrio y voraz de la guerra,
los mansos campesinos, reconcentrados y ágiles,
que avanzaban tenaces, tendidos en la tierra,
se irguieron de pronto en la seca llanura
para asaltar frenéticos la enemiga trinchera
y en el renunciamiento de una heroica locura
clavar sobre sus bordes la triunfante bandera.
Ya alcanzaban el término de la trágica meta
cuando un adolescente, en salto temerario,
oponiendo a las balas la aguda bayoneta
se adelantó a lanzar su reto al adversario.
Con el alma fulgente en la iracunda mano,
acallada de asombro la voz de la metralla,
saltó como un felino al ver al boliviano.
Y frente a los ejércitos en orden de batalla
lucharon cuerpo a cuerpo uno y otro guerrero
en un fuerte choque, terrible y porfiado.
Los golpes enemigos, en el duro entrevero
con sus ágiles quiebros esquivan los soldados,
cuando con su arma clava de pronto el boliviano
la bomba que en el bolos de mugrienta loneta
el paraguayo lleva a tiro de la mano
mezclada con su parca provisión de galleta ...
…………………………………………. .
Los guerreros miraron los trágicos despojos
volar por el espacio como bólidos rojos,
y otra vez se entregaron al implacable duelo
bajo un riego de sangre goteada del cielo.
Cuando se alzó la luna, como una lenta noria,
iluminó clemente una nueva Victoria;
y comentó un soldado:
-"Te digo que no en vano
con un certero tiro bajó un aeroplano:
tomó afición, y muerto, la mano voló al cielo
para traer asido otro aparato en vuelo".
La tropa impresionada por la estupenda audacia,
cual si sintiera el peso de un gran dolor oscuro,
permaneció callada, sin celebrar la gracia,
enhiestas las cabezas y los perfiles duros.
POMBERO
Rasga la noche el silbo del Pombero;
La parlería familiar decrece;
afuera calla el vigilante tero
y hasta el alma del hombre se estremece.
Mira el niño al papá, grave y severo,
al brazo maternal se arroja y mece;
los ojos cierra y preso de un ligero,
pavor, el rostro oculta y se adormece.
Se acogen al silencio las esposas,
los mozos fingen simuladas calmas
pues, un nítido canto de jilguero
-como si fuera el grito de las cosas,
la voz de oscuras y primarias almas-
otra vez en la noche alzó el Pombero.
Después quedó un terror incongruente,
algo vago y hostil en el ambiente!!
ROMANCE DE LA PARAGUAYA
Paraguaya de pies breves
y de cintura de avispa,
la que se asoma en las trovas
con su gracia campesina
entre gemir de guitarras
y sones de arpas nativas,
en ti las toscas potencias
de la raza se estilizan,
a modo del varón rudo
que en el piropo se afina
o de la arcilla en el arte
rural de la alfarería.
Bullen en tu cuerpo esbelto
todas las corrientes prístinas
de la energía ancestral,
y bajo las femeninas
maneras, la voluntad
cual vibrante acero cimbra.
Tú enseñas que la gracia
es la fuerza florecida
en la luz y alma, cuando alumbras
tu recia contextura íntima
-rosa que decora un yelmo-
con la flor de tu sonrisa.
Caen las palabras bellas
que los varones musitan
cuando pasas por las tardes,
dulce y a la vez altiva
-concreción leve y alada
de autóctona poesía-
como caen en la selva
arrancadas por la brisa,
las flores rosas o gualdas
del lapacho en las gramillas,
cubriendo la tierra madre
con una alfombra encendida.
Dulce cual maternos brazos,
tú al gran dolor de la vida,
al varón amargo y rudo
cuya virtud se mutila
bajo el hacha del destino,
brindas la paz compasiva.
Más si eres blanda almohada
para las testas vencidas
por los rayos de un mal Sino,
te tras figuras altiva,
ante el terruño en peligro,
en una espada blandida,
y empujas a las batallas
con palabras incisivas,
hijos, hermanos, esposo:
a la luz de tus pupilas,
a tus máximos amores,
al báculo de tu vida.
Y si no corres tras ellos
para vendar las heridas,
o retar en las batallas
a las huestes enemigas
como un vencedor soldado.
¡Oh, dulce y fuerte heroína!
tú el optimismo en las almas
prendes como llama viva,
tú manejas el arado,
tú la tierra fructificas,
y por descanso, en las noches,
tú para las vendas hilas.
Paraguaya de pies breves
y de cintura de avispa,
la que se asoma en las trovas
con su gracia campesina
¡gima en tu honor la guitarra
y suene el arpa nativa!.
Fuente:
EL PARMASO GUAIREÑO
Obra de ROMUALDO ALARCÓN MARTÍNEZ
Ediciones INTENTO.
Asunción – Paraguay
1987 (1ª edición – 407 páginas)
(Hacer clic sobre la imagen)
ENLACE A DOCUMENTO RELACIONADO:
IMÁGENES DE NUESTRO HERMOSO PARAGUAY
(Hacer click sobre la imagen)
Fotografía de FERNANDO ALLEN