LA VIRGEN EN EL PALACIO DE GOBIERNO
Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE
alcibiades@abc.com.py
El lunes la Virgen de Caacupé estuvo en el Palacio de Gobierno. Al parecer, la llevaron sin consultarla. Hacía gestos de asustada, desagrado o incomodidad. Miraba de reojo a su alrededor como buscando caras conocidas, que alguna vez pudo haber visto en la iglesia, en el confesionario, en la humildad y virtudes cristianas. No encontró. Entonces se sintió desolada y con deseos de regresar a su santuario. Su Hijo, que está en los cielos y en todas partes, la increpó al oído:
–Mamá ¿qué hacés ahí?, ¿no sabés…?
–Me trajeron.
–Pero mamá, ¿cómo no vas a averiguar dónde te van a llevar?
–Me dijeron que podrían necesitarme.
–Te mintieron. Ahí nadie te necesita. Los inquilinos de esa casa, como los anteriores, buscan en público tu protección para aliviar su conciencia.
–Sin embargo, parecen sinceros. Me miran arrobados.
–Pero mientras tanto piensan en el dinero de las binacionales y en las elecciones municipales.
–¡Me siento tan perdida! ¿Quién es aquel que está parado en medio de esos dos caballeros de negro?
–A ver…
–Ese que parece alma sin pecado.
–Es el presidente de la República.
–¡Oh!
–Pero el que manda es otro.
–¡Oh!
–Sí .
–¿Quién?
–El de Dios, Patria y Familia.
–Está bien entonces.
–¡Mamá! Ni Dios, ni Patria ni Familia. No seas ingenua.
–Soy buena, no tengo malicia.
–Deberías tenerla un poco en los momentos en que los políticos te reclaman y te aclaman. ¿Qué estás haciendo en el Palacio de Gobierno? Nada, posando para que salgan a tu lado en la televisión y en los periódicos. Se jactarán luego…
–Peor para ellos si no son auténticos cristianos. En el instante final…
–Mamá, ellos no piensan en esa hora. Les importa hoy, viven para hoy.
–¿Y el país?
–Postergan para mañana.
–¡Dónde vine a meterme!
–Te imploro, madre mía, como hijo que ha sufrido lo indecible y por quien derramaste lágrimas de sangre, que no seas muy dócil con estas gentes.
No hagas que te lleven a cualquier parte. Capaz que de allí te depositen en el Palacio Legislativo, o el Palacio de Justicia, o el Ministerio Público.
Te pedirán la bendición para traficar con ella; algunos la van a vender en efectivo, otros la van a canjear por cualquier objeto de valor. Cuidate mamá. Nuestro pueblo está en el pueblo; nuestra casa, en los establos no en los palacios.
Nuestros amigos son los humildes, los bien intencionados, los que viven deslomándose en el trabajo honrado.
¿Sabés qué sospecho?
–Sí, hijo.
–Que te llevaron al Palacio para que no escuches en tu santuario las denuncias de sacerdotes y obispos sobre la corrupción, el tráfico de drogas, el contrabando, las sobrefacturaciones o facturaciones de obras inexistentes, la despreocupación por la realidad social del país, el nulo resultado para rescatar a los secuestrados del EPP, etc. En fin, madre mía, te pido mayor cuidado cuando te invitan a salir. Es por la compañía.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección: OPINIÓN
Domingo, 13 de Diciembre de 2020
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