ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE

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Nacimiento:
10 de Julio de 1936

EFECTOS DE LA PANDEMIA - Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE - Domingo, 27 de Diciembre de 2020

EFECTOS DE LA PANDEMIA - Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE - Domingo, 27 de Diciembre de 2020

EFECTOS DE LA PANDEMIA


Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE


alcibiades@abc.com.py

Llegamos muy maltrechos al final de un año increíble. La pandemia lo derrumbó todo, menos la esperanza. Nos queda la voluntad de salir pronto de este inmenso drama que abatió vidas irremplazables. Hasta ahora, casi 270.000 compatriotas perdieron su empleo. Están en la calle, sin metáforas. Otros cientos de miles de negocios bajaron la cortina, muchos tal vez para siempre. Hemos pasado los 100.000 contagiados y dos mil fallecidos. Cada día suben estas escalofriantes cifras para un país con poca población y economía endeble. Además, azotado por una corrupción contra la que no hay vacuna.

Deben agregarse también, como saldo de la pandemia, los hechos delictivos callejeros y a domicilio. Los robos llegaron a límites nunca conocidos. Sobrepasan de lejos la capacidad policial para enfrentarlos. Y está la multiplicación de la violencia familiar. Entiéndase contra las mujeres cuyas parejas, o exparejas, acuden a la bestialidad para expresarse.

En el caso específico del coronavirus, las autoridades sanitarias del planeta tienen la voz ronca de tanto gritar que nos lavemos las manos, mantengamos el distanciamiento social y usemos tapabocas. Tres recomendaciones de muy fácil cumplimiento, pero cuyos efectos son inmensamente saludables. Ahora se vis-

lumbra para nosotros la vacuna, que todavía está lejos. Aunque la tuviésemos en un mes, estaría igualmente lejana porque la necesitamos hoy. Mientras llegue, seguiremos mirando con envidia a los países ricos. Es la cara feroz de la desigualdad.

Frente a las sensatas recomendaciones de los científicos de todo el mundo, en su afán de ayudar a la humanidad, en nuestro país vemos con desolación que un diputado se ha empeñado en confundir a sus compatriotas. Predica contra el tapabocas con un entusiasmo tal que si lo llevase a su función parlamentaria sería un legislador ejemplar. En estos días, para remarcar su problema, juntó unos cuantos barbijos y les prendió fuego en la vía pública. Fue aplaudido por otras personas de su misma naturaleza tilinga. Es decir, tiene seguidores. He aquí el peligro.

¿Por qué el tal diputado se las da contra el tapabocas? Su razón es esta: No deja pasar aire puro y envenena la sangre. Y una sangre envenenada mata sin remedio. Entonces los médicos, los cirujanos, los dentistas, las enfermeras, etc. son unos suicidas. No hacen su trabajo sin tapabocas. ¿Cómo? ¿No escuchan entonces la prédica de nuestro legislador que, como efecto de su laboriosa investigación científica, llegó a la conclusión que hoy comparte generosamente con sus compatriotas? ¡Cuánta sangre envenenada corre por las venas de un cirujano!

No se vaya a pensar que este diputado es el único predicador. En estos días leí un comentario en las redes sociales de una persona que dio a conocer su indignación porque el Gobierno no habilita más camas, más terapias intensivas, más insumos, más médicos, más enfermeros, para atender a quienes contrajeron el virus. Previamente, desde luego, despotricó contra las recomendaciones sanitarias.

Si no se cumple el protocolo, aumenta la transmisión. Y con ella, la necesidad de ampliar todo cuanto ayude al paciente a recuperar la salud. Es tan obvio deducir que cuando se corta el contagio ya están demás salas de internación, terapias, personal de blanco, etc. Es así de sencillo y, por muy sencillo, no cabe en las cabezas de piedra. En estos casos, el cerebro ya es una cuestión geológica.

Hemos visto que en Nochebuena –muy mala este año– infinidad de personas siguieron la prédica de los irresponsables y se portaron como si el mundo fuese el del año pasado. Las consecuencias las tendremos en 10 días, siempre a costa del personal de blanco en cuyo sacrificio cabría pensar de vez en vez, pues nada tiene que ver con los disparates de un diputado ni con otras personas igual de anormales. Contra estos males no hay vacunas que valgan.


Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 27 de Diciembre de 2020





































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