ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE

Foto de ALCIBÍADES GONZÁLEZ  DELVALLE
Nacimiento:
10 de Julio de 1936

SE SALVÓ DE LA DICTADURA, PERO... - Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE - Domingo, 16 de Mayo de 2021

SE SALVÓ DE LA DICTADURA, PERO... - Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE - Domingo, 16 de Mayo de 2021

SE SALVÓ DE LA DICTADURA, PERO...


Por ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE


alcibiades@abc.com.py

En el esfuerzo por aguantar de algún modo la pandemia, Arlequín Teatro rifó una valiosa obra de Carlos Colombino. Ignoro el resultado económico, pero cualquiera que fuese es un acto de desesperación para no morir a los 39 años. Es una larga vida plena de felices realizaciones que dieron a la escena nacional un brillo y prestigio singulares. Capitaneado por José Luis Ardissone, Arlequín dio al público algunas de las más significativas expresiones del teatro nacional y universal junto a los mejores talentos de directores, actrices, actores, cuerpo técnico.

Para llegar a tan insospechable altura, Arlequín conoció la miel y la hiel. Caminó –camina– por caminos de espinas. Las dificultades económicas son muchas y complicadas. A cualquiera que no tuviese la fe y la pujanza de José Luis, hace tiempo hubiera enterrado al más pintado teatrista.

Se dice que los artistas viven de aplausos. Sí, los aplausos son un apoyo, un aliento, un reconocimiento, pero incapaces de sostener un proyecto cuando las cosas van mal, como ahora.

Los 39 años de vida de Arlequín están contenidos en tres libros que nos recuerdan sus puestas desde los inicios en Villa Morra. Se tenía un cierto pesimismo acerca del futuro de la sala aunque el proyecto fue saludado con entusiasmo. Nacía un nuevo espacio para las artes escénicas desde donde se proyectó lo que pronto sería la identidad de Arlequín, hasta hoy: espectáculos atractivos, populares (el buen teatro es siempre popular), construidos desde el profesionalismo, de respeto al público.

Fue también –lo sigue siendo– la ocasión para que nuevos talentos se hiciesen conocer, desarrollarse, crecer, mantener viva la actividad artística, con todo el riesgo que ello supone. El principal, la casi indiferencia de la gente o su manifiesta hostilidad.

En una charla sobre teatro, García Lorca dijo: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa y con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama ‘matar el tiempo’”.

Arlequín recogió ese “latido social”. El primero de ellos, le costó muy caro. Llevó a escena “Las troyanas”, de Jean Paul Sartre. El entonces temible jefe del Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital, Pastor Coronel, le hizo llegar a Stroessner una nota, con fecha 6 de abril de 1984. En ella dice: “La acción se desarrolla supuestamente en la Guerra de Troya, pero eso es un pretexto para hacer desde el escenario un verdadero mitin político. ‘Viva la libertad. Abajo los militares. Mueran los dictadores. El poder corresponde al pueblo’ son gritos que vienen de la escena y son coreados por la concurrencia. Toda la obra es un panfleto contra el orden, la disciplina, el soldado y la ley. Los colegios secundarios obligan a los estudiantes a ver la obra, pues es tema de examen de estudio y análisis. Es decir, están haciendo allí, libremente, una cátedra de la subversión entre los estudiantes que deben ir, pagar su entrada, contagiarse del entusiasmo de sus mayores y tomar quién sabe para qué camino. Como son tantos los estudiantes que van al teatro, está siempre lleno, los críticos de los diarios hablan de ‘gran éxito de una obra valiente de tesis política’”. Y en este tono sigue la extensa delación.

La primera consecuencia, para desalentar la presencia del público, fue que una hora antes de la función la entrada del teatro se llenaba de policías que tomaban nota de los asistentes y el número de la placa del vehículo.

De la nota de Pastor Coronel queda la certeza de que el teatro es capaz de transmitir con fuerza ideas y sentimientos. Por eso los autoritarios le tienen miedo.

Arlequín se salvó de la dictadura. Esperemos que se salve de la pandemia, así como las otras salas y todos los artistas.


Fuente: ABC Color (Online)

www.abc.com.py

Sección: OPINIÓN

Domingo, 16 de Mayo de 2021





































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