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ESTER DE IZAGUIRRE

  UNA EXTRAÑA CERTEZA NOS VIGILA (1992) - Poesías de ESTER DE IZAGUIRRE


UNA EXTRAÑA CERTEZA NOS VIGILA (1992) - Poesías de ESTER DE IZAGUIRRE

UNA EXTRAÑA CERTEZA NOS VIGILA (1992)

Poesías de ESTER DE IZAGUIRRE

 

 

 

JESUITAS EN EL SALVADOR

 

 

Se pusieron los hábitos de hombres

   
 

como todos los días

   
 

y buscaron atajos

   
 

para llegar más pronto hasta la herida.

   
 

 


No peleaban con rifles:

 

 

alboreaban en sus manos las palabras

   

las vendas, el sudor del naufragio cotidiano.

   
 

 

 

Pero ahí estaban Ellos aguardando

   
 

como en Chile y Guatemala,

   
 

como en Vietnam y el Golfo,

 

 
 

para invadir las selvas y el desierto,

   
 

la extraña democracia de sonrisas y «excúseme»,

   
 

y acallaron con balas

   
 

aquellos seis jesuitas.

   
 

 

 

En nombre de qué gloria salvadora

 

 
 

abatieron el vuelo de quetzales.

   
 
 



 

 

SOUTH AMERICA

 

 

Ayer vi a una mujer descalza, por la calle,

   
 

que, sin crecer, ya había envejecido,

   

 

 
 

y devoraba algo de los suelos

   
 

que compartía con su perro pila.

   
 

 

 

Yo la vi, yo la vi

 

 
 

y no podía traérmela a mi casa

   
 

porque no estaba sola.

   
 

Brotaban como el agua

   
 

gente de piel oscura.

   
 

Los que saben que no hay más que una vida

 

 
 

y no saben que nunca la vivieron.

   
 

Que se irán como las nieves de los Andes,

   
 

como la hierba de la pampa húmeda,

   
 

como un grano de arena de Atacama.

   
 

 


Se irán sin haber visto el pie que los hundía,

 

 

sin saber que no eran nubes

   

las que arrojaban sombras.

   
 
 



 

 

PLAZA OLVERA

 

Frente a la iglesia Lady Queen,
Los Angeles

 

 

Se le ve el corazón al árbol centenario.

     
 

Al principio fue el verbo, al principio

     
 

los ángeles estaban

     
 

en aquel paraíso.

     
 

Después se desterraron y perduran

 

   
 

en la música del carrillón que gime

     
 

y los despide.

     
 

La tarde cae sobre el mundo nuevo

     
 

que todo lo rodea,

     
 

sobre el Servicio de Inmigración,

 

   
 

las Cortes Criminales...

     

 

   

A algunos mexicanos,

     

con los brazos caídos,

     

con la mirada turbia,

     

en la sangre les miente su pasado.

 

   

La tarde cae oscura sobre la Plaza Olvera.

     
 



 

 

RELÁMPAGO

 


Que no vea en la calle un perro vagabundo,

     

que no se vuelva piedra una certeza,

     

que no transmigre el colibrí del parque

     

ni se hibriden las aguas de mi río en su abrazo de mar.

     

Que el dolor de mi hermano no me estigme,

 

   

que al hollar mis caminos

     

no sepa todo lo que estoy matando.

     

Que no exista el adiós

     

ni esa pobre ceguera de la ausencia.

     

Que no cese mi diálogo

 

   

con todos los insectos de la tierra.

     

O que a pesar de todo

     

vea el guiño de Dios en la tormenta.

     
 



 

 

ESCENA EN LOS ANGELES

 

(2 de mayo de 1992)

 


Pero después del crimen

     

las mariposas siguen con sus vuelos

     

y los trenes se aseguran puntuales sus llegadas.

     
 

 

 

PALABRA

 

 

Unas palabras ordenaron «guerra»

   
 

allá en el Golfo Pérsico.

   
 

Otras, «retiren los ejércitos».

   
 

Hay sólo dos palabras en «te quiero»

   
 

y cuatro en «no te quiero más».

 

 
 

En unas va la vida,

   
 

en otras, el naufragio.

   
 

 


Y las voces preceden a las cosas;

   

tiene sentido el cielo

   

si lo descubro en verbo.

 

 
 

 

 

Yo las amo, las maldigo,

   
 

las acaricio, las cubro, las desnudo

   
 

como a aquella muñeca del principio.

   
 

Las escucho, las huelo, las persigo,

   
 

les canto

 

 
 

y las recluyo

   
 

en redes que me tejo desde adentro.

   
 

 


Pero son mariposas inasibles

   

y en lugar de llorar cuando se van

   

a donde ya no alcanzo,

 

 

me destruyo de gozo y de silencio

   

aguardando la próxima redada.

   
 
 



 

 

EL ADIÓS DE MANUELA SÁENZ A SIMÓN BOLÍVAR

 


Sola, a caballo y desde lejos

     

se elevaron como un cáliz las manos de los otros.

     

En Cuatro Esquinas fue la despedida,

     

y en la sabana al pie de los volcanes

     

buscaron el adiós los campesinos,

 

   

un descuido escondiéndose en las breñas.

     

Y lo hallaron nomás

     

cuando a la aurora

     

le rogaron no llegues.

     

Tenía el tono de las tardes olvidables

 

   

y la incierta levedad de la ceniza.

     
 



 

 

 

 

EL VALS DE LOS NOVIOS

 


Otra vez el ritual

   

y nada es diferente:

   

cotillón y sonrisas,

   

qué linda está la novia

   

y hacen buena pareja.

 

 
 

 

 

Todo es igual,

   
 

y los novios

   
 

escapan por las puertas del vals.

   
 

Son príncipe y princesa,

   
 

pero afuera,

 

 
   
 

donde el «Pájaro Azul»

   
 

es invisible

   
 

las hadas no perdonan.

   
 

Ya se fue el sortilegio,

   
 

el zapato de cristal

 

 
 

no está en las gradas,

   
 

y no están los seis caballos aguardando

   
 

porque han dado las doce campanadas

   
 

de algunas horas huérfanas.

   
 

La pupila de él

 

 
 

duplica, antiguo,

   
 

los ojos de la extraña cenicienta.

   
 

 

 

Y no sigas buscándola.

   
 

El pueblo está en cerrojos.

   
 
 



 

 

MUTISMO

 

 

Quedó atrás

     
 

aquella chica.

     
 

Y no me acuerdo

     
 

de la cautiva dentro de sus ojos.

     
 

La que no podía hablar

 

   
 

porque la voz y el gesto

     
 

se negaban

     
 

aunque todas las palabras,

     
 

aguardaban trenzándose

     
 

de estupor

 

   
 

en la celda

     
 

de aquellos labios nuevos.

     
 

 

 

UBI SUNT

 

 

En qué orillas del río,

     
 

dando gritos.

     
 

Dónde fueron quedando

     
 

las otras que no soy.

     
 



 

 

BALANCE

 

 

Nada es igual a vivir.

     
 

Nada.

     
 

La piedra bien lo sabe y lo saben las sumisas arenas

     
 

que la marea arrastra a su albedrío.

     
 

Vivir,

 

   
 

con la lengua trabajada por los ruegos,

     
 

con la serenidad de las manos cerradas,

     
 

de los cuartos vacíos, de los campos diezmados.

     
 

Vivir

     
 

con felicidad de hombre,

 

   
 

con la dicha mezquina, por centavos,

     
 

que se pidió cien años de rodillas.

     
 

Pero vivir,

     
 

al fin.

     
 



 

 

A CLELIA EN UNA CINTA GRABADA

 


Trato de entender

   

las conversaciones

   

 

pero se embozan unas en otras

   

como escamas de un pez escurridizo.

   
 

 

 

Y de improviso está allí,

 

 
 

ríe conmigo,

   
 

y aunque no pueda verla más

   
 

una extraña certeza

   
 

nos vigila.

   
 
 



 

 

NAVIDAD Y NAVIDADES

 

 

La memoria es la cándida enemiga

     
 

y no me ayuda a componer la escena:

     
 

había una vereda y un silbato

     
 

un cielo de campanas y de trenes,

     
 

un río Paraná y una barranca.

 

   
 

Después fue la tarea de pregonar estrellas,

     
 

y hubo un establo en el que amanecía

     
 

un Dios que era verdad.

     
 



 

 

AMOR DE VIAJE

 

 

Los cuerpos eran como dos lámparas

     
 

encendiendo la Acrópolis.

     
 

Si exiliaron al tiempo en un abrazo,

     
 

cómo siguen batiendo los relojes

     
 

sobre el sufrido parche del recuerdo,

 

   
 

cómo no han enmudecido las campanas

     
 

de Notre Dame, Colonia y Zaragoza,

     
 

cómo no se cayó del todo

     
     

la torre de Pisano.

     

Y sigue amaneciendo

 

   

y la noche es un lujo del cansancio

     

y cómo hoy la lluvia

     

sigue llorando sobre las ventanas.

     

En todo hay un silencio

     

como si el universo comenzara.

 

   
 



 

 

EL VISITANTE

 

 

Hoy es sábado otra vez

     
 

y nunca dejó de serlo.

     
 

Soy yo la que acontece y retrocede,

     
 

y quiero estar despierta este domingo,

     
 

que el lunes sea moroso,

 

   
 

que yo domine al martes,

     
 

que el miércoles y el jueves sean tangibles,

     
 

que el viernes se detenga.

     
 

Que no se crea único el sábado pensante,

     
 

esa puerta cerrada,

 

   
 

esa espiral de sangre.

     
 

Entonces será el último sembrado de memoria,

     
 

sin agendas,

     
 

sin amos y sin jaulas,

     
 

sin hay que hacer, sin debo,

 

   
 

sin cartas, sin exámenes,

     
 

sin palabras ni jurados,

     
 

sin aeropuertos solitarios,

     
 

sin infancias quebradas,

     
 

sin Navidades áureas.

 

   
 

Habrá detrás un cielo

     
 

sin diarios y sin guerras,

     
     
 

sin aparatos de tevé siniestros,

     
 

sin trazados de calles ni banderas.

     
 

Llegarás un domingo

 

   
 

y podré contemplarte

     
 

pese a tu resplandor

     
 

y a mi ceguera.

     
 



 

 

PERFIL DE LA CIUDAD PEQUEÑA


A Capilla del Señor


Una bruma de agosto dibujaba

     

tu largo itinerario,

     

tu fundación lejana,

     

tu dolido romance con el campo.

     

Una bandada gris le pone el punto

 

   

a la palabra patio solitaria.

     

Cuando seas una ciudad multiplicada

     

este borrón recordará tu infancia.

     
 



 

 

EN UN LUGAR DONDE TE EXTRAEN SANGRE...

 


Pase el siguiente

   

que le teme a la muerte,

   

y si no está en ayunas

   

que regrese otro día.

   
 

 


No sé qué están buscando,

 

 

por qué no echan lebreles en mi sangre

   

o algún Sherlock poeta

   

para apresar las sombras de mi tórax

   

 

y le llaman arritmia a los redobles

   

y pronto un trinitrón para el martirio.

 

 
 

 


Dejen que juegue el corazón con ritmos

   

y que el dolor

   

denuncie

   

que está vivo.

   
 
 



 

 

TARJETAS DE NAVIDAD

 


Cada año olvido algo

     

de los que escriben sólo para Navidad.

     

Y cada nueva tarjeta que recibo

     

me recuerda un olvido.

     
 



 

 

A LA AMIGA DE LA INFANCIA

 

A la memoria de Nelda Rossi de Antúnez

 


Ya no quedan testigos.

   

Ayer murió la amiga de mi infancia,

   

la que guardaba mínimos recuerdos

   

en el cofre especial de sus palabras.

   

Y ya no queda nada del comienzo.

 

 

Ahora muero

   

sin haber nacido.

   

Soy el ocaso de un día que no fue.

   

Un «gallo ciego»

   

extraviado en la sombra de un instante.

 

 

 

Te llevaste a tu reino

   

la mitad de todo lo que somos.

   
 

 


En esas «escondidas»

   

corrías más que yo

   

y hoy también me ganaste,

 

 

le dijiste piedra libre

   

a un jugador con el que no contábamos.

   
 

 


Cuánto dura la vida de una lágrima.

   
 
 



 

 

A ALBERTO OLMEDO

 

 

Amigo a quien me unen

     
 

las palomas en vuelo de tu abismal galera.

     
 

De allí sacaste noches,

     
 

te hendías en relámpagos,

     
 

saludaste a las fieras,

 

   
 

inventabas un trono

     
 

para el alma desierta.

     
 

Te dejaste caer de las estrellas

     
 

y una lluvia imposible se desangra

     
 

por las ventanas ciegas.

 

   
 



 

 

POBREZA

 


Tengo bastante

     

porque me tengo a mí.

     

Pero no soy del todo

     

del todo

     

mía.

 

   
 

 

 

DISTRAÍDA

 


Camino pisando los charcos de la lluvia

     

sin darme cuenta

     

de que no ha llovido.

     
 



 

 

METÁFORA

 

 

Siempre camino al borde del barranco.

   
 

Me atrae el fondo de cañaverales

   
 

que mezquinan la tierra

   
 

y la hondura de arriba

   
 

con las sombras que pasan.

 

 
 

 

 

La noche.

   
 

 


Ahora ya no hay plantas ni verdades,

   

allá abajo, a la clara aventura

   

de buscarme

   

se me fue la mirada.

 

 
 

 

 

Y desde apenas lejos,

   
 

el rumor del viento.

   
 
 



 

 

PERSISTENCIA

 

 

Soy una mano extendida que no llegó

     
 

al adiós,

     
 

un sensible candor desperdiciado,

     
 

un viento que no sabe,

     
 

un árbol

 

   
 

que se atrevió a cantar en el otoño,

     
     
 

un delirio de tiempo

     
 

que se resiste al día,

     
 

un pájaro detenido

     
 

como un signo de pregunta

 

   
 

mal trazado en el cielo.

     
 

Pero que todavía cree en el milagro

     
 

de una lágrima

     
 

sobre el hombro distante,

     
 

que todavía cree en la mirada

 

   
 

desde el turbio socavón de alguna estrella,

     
 

que todavía cree en creer.

     
 

Que todavía insiste.

     
 



 

 

PADRE

 

 

Es tarde y primavera.

     
 

Muy lejos de la casa;

     
 

hay silencio

     
 

y algún ciprés vigía en la ventana.

     
 

Pero hay algo de mí que no quiere asomarse

 

   
 

y sólo adentro mira

     
 

buscándome y buscándolo.

     
 

Él asoma el polvillo de sus alas

     
 

y pronuncia mi nombre

     
 

desde un río que pasa

 

   
 

y no puedo seguirlo.

     
 

Otras veces me sube hasta los ojos

     
 

su llamado de lágrimas.

     
 

Pero hoy la voz se oculta como carta perdida

     
 

y es clave

 

   
     
 

del minuto que al fin podría medir.

     
 

Es la respuesta a todas las preguntas

     
 

que me tengo anotadas

     
 

en una agenda antigua.

     
 

Padre

 

   
 

el sol juega a la sombra

     
 

sobre las tejas húmedas.

     
 

Se llama primavera la estación

     
 

que transcurre,

     
 

silla, la que sostiene

 

   
 

mi ingravidez de hoja sentenciada

     
 

y papel lo que impunemente

     
 

voy manchando

     
 

y saber, saber para qué

     
 

la pretensión inútil de Luzbel.

 

   
 

Es un dios en el templo del silencio,

     
 

palabra que no recobraré.

     
 

 

EL TIEMPO NO DUERME

 

 

Pongo las manos sobre una lámpara labrada

     
 

que tantas manos han acariciado.

     
 

Me veo en el espejo donde busco

     
 

los rostros superpuestos

     
 

de mi abuela y Lavalle.

 

   
 

Yo existo y ellos son.

     
 

Pronto seré también

     
 

alguna luz burlándose

     
 

de una pared lejana.

     
 



 

 

ROBINSON CRUSOE

 

 

Yo siempre estuve solo.

   
 

Viernes fue sólo un día

   
 

que cada día pasaba.

   
 

Necesitaba saber

   
 

cómo es la tierra amiga sin noticias,

 

 
 

sin la muerte encubierta

   
 

de Soledad Morales.

   
 

Sin Yomagates,

   
 

sin una Buenos Aires

   
 

que perdió el primer nombre,

 

 
 

sin el lujo del hambre,

   
 

sin el lujo.

   
 

Necesito una tregua de campanas

   
 

entre tanto alarido,

   
 

fortalecerme un poco de memoria,

 

 
 

aguzar la mirada,

   
 

y mejor será también

   
 

hacer alguna pausa,

   
 

dejar en esta página un espacio.

   
 

 

 

También son un estruendo las palabras.

 

 
 
 



 

 

AL TROFEO ALCANZADO

 

A mi hijo Gustavo Izaguirre, piloto de T. C. Regional,
y a su copiloto amigo Óscar Fuxan


 


Yo te vi

   

urdiéndole al camino

   

una victoria

   

sobre el calor, el frío, el desencanto.

   
 
     

 

 

Y soñabas con el aire

 

 
 

a pesar de la escarcha

   
 

buscándote en la estrella

   
 

cada noche más próxima.

   
 

 


Ayer te vi tocarla

   

acariciándola.

 

 
 

 

 

Hay un ángel en la cima del trofeo,

   
 

en la mitad de un vuelo.

   
 

Y es de lágrima y bronce su estatura.

   
 
 



 

 

FIERA

 

 

Y aparecen los hijos de los hijos

   
 

de aquella compañera de colegio

   
 

que se conserva igual detrás de las arrugas.

   
 

Surgen los edificios en segundos.

   
 

¿Estaba aquel pueblito punzado de colmenas?

 

 
 

¿Estaba en el fonógrafo el estéreo?

   
 

Y en aquella película de Chaplin

   
 

comiéndose el zapato y los cordones,

   
 

¿ya era el gran dictador

   
 

devorando a las masas?

 

 
 

No sólo al padre de Manrique

   
 

lo visitó la muerte en su Villa de Ocaña.

   
 

 


Todo lo que palpita y lo que habla

   

es devorado.

   
 

 

 

Dónde duerme la fiera.

 

 
 
 

 

 

REGRESO



Volver a los espacios

     

sin volver a los tiempos,

     

no hallar a la que fui, ya no es regreso.

     

Arrojarme de una hora a otra hora,

     

collar de cuentas rojas

 

   

con un hilo

     

al que un día sin saberlo,

     

quizás sin presentirlo,

     

el vuelo de un deseo lo tense demasiado

     

y se desgrane el tiempo sobre la gran quietud

 

   

de una pregunta.

     
 



 

 

LA VENTANA DE MI CUARTO

 

 

Mi ventana es el marco

     
 

de un cuadro trasmorable

     
 

que no encuentra museo.

     
 

Es el límite del sueño

     
 

cuando escribo,

 

   
 

es mi barca

     
 

en el mar que navego

     
 

cada día más lejos.

     
 

Simple.

     
 

Ni siquiera redonda. Mi ventana.

 

   
 



 

 

INCÓMODO MISTERIO

 

 

Mañana

   
 

si Alguien no dispone otra cosa

   
 

volverá a sucederme:

   
   
 

despertar,

   
 

dejar atrás los sueños

 

 
 

en algún lejano altillo

   
 

de yelmos y armaduras

   
 

y volverme rabiosa feminista

   
 

que no puede con el cepo

   
 

de lavar la vajilla,

 

 
 

preparar la comida

   
 

de este mundo de engañado consumo

   
 

y después, hasta que el sol se esconda,

   
 

recordar, sospechar

   
 

sentir el vértigo

 

 
 

y el incómodo misterio de una nervadura

   
 

que diseca el otoño.

   
 

Tratar de que el teléfono al que llamo

   
 

para que vengan a soldar la vida

   
 

no me tenga a su arbitrio.

 

 
 

Entonar lo que Desdémona

   
 

cantaba antes del holocausto

   
 

y sorprenderme de recordarla todavía.

   
 

Después reírme

   
 

de las pocas monedas que tintinean

 

 
 

como campanas con badajos sagrados.

   
 

Escuchar el idioma de la casa

   
 

-no es egipcio ni sumerio, ni siquiera español-

   
 

únicas voces que no esconden nada

   
 

y escribir, escribir

 

 
 

y rasgar con sadismo

   
 

esta pureza de nieve, este silencio

   
 

de la página intacta.

   
 

Después cierro los ojos

   
 

para que nadie vea lo que acecha

 

 
   
 

allá adentro

   
 

y espera que lo escriba.

   
 

 

 

Esto, como en «El perseguidor»,

   
 

«ya lo dije mañana»,

   
 

si Alguien no determina al fin

 

 
 

el premio largo

   
 

de una larga tregua.

   
 
 

 


 

ENLACE A DOCUMENTO FUENTE

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POEMAS (1960-1992). OBRAS COMPLETAS

Obras ESTER DE IZAGUIRRE

Edición digital:

Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002

N. sobre edición original:

Edición digital basada en la de [Asunción (Paraguay)],

Editorial Don Bosco, [s.a.].

 

 

 

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