CANTOS A LAS CIUDADES LIBERTADAS,
INTERMEDIO HEROICO , LOS HOMBRES y LA TIERRA
Poesías de AUGUSTO ROA BASTOS
CANTOS A LAS CIUDADES LIBERTADAS
(18-I-1944)
«Y habitó las ciudades asoladas, las casasinhabitadas
que estaban puestas a montones».
Antiguo testamento - Job XV-28
Un formidable resplandor irguiéndose
hacia los cuatro vientos de la tierra
con una antigua resonancia
rebalsada de truenos y suspiros,
de llantos y balidos,
de voz mortal y ramos de campanas,
como una salva derramada en olas
de música de luz y madrugada
sobre la ardiente pradería
de un aire incorruptible de victoria,
nos hacen falta para el nuevo rito
de saludar a pecho descubierto
a las grandes y heroicas ciudades
que vuelven de la muerte
con sus rostros quemados
y su descuartizada potencia invulnerable.
Ayer París con su gran voz herida
pero su honor indemne y sus insignias
y su invencible Marsellesa de alas
sobre el hombro harapiento,
pero la sangre endurecida en llamas
de sus héroes nocturnos
puso otra vez su azul de cielo y torre
sobre la almena palpitante
de la sangre latina mancillada.
Y con París, Atenas,
rediviva en sus mármoles a medias,
bajo el sollozo del laurel doliente
con su noche y su trigo demolidos
en la médula rota
de sus hombres que sueñan como raíces
de un olivar de fuego en la esperanza...
Y aquí Varsovia
también suelta y ligera -desligándose
de su lastre de sangre y sus pupilas
cortadas y sus llantos y sus piedras
y el mineral enfermo y derruido
de su voz arrecida- va emergiendo
como una rosa antigua de hermosura
del Vístula que lame sus heridas.
¡París, Varsovia, Atenas!
crisálidas del fuego,
tornasolado vendaval recoge
vuestras alas de trigo calcinado
proyectando su impulso enardecido
a la hoguera impetuosa
de la voz tutelar que ya estremece
la aterradora grieta de la noche...
No es lo mismo mirar vuestros pendones
de enfurecidos pétalos y lucero infinito
con los ojos tranquilos de naranjo distante
que con los ojos de color y esfuerzo
del maestrante dolido de batallas;
y salir al encuentro
de vuestra voz llena de cráteres
con esta simple y amplia
trepidación lejana de amapolas...
Todo el relente cae
de una imposible soledad en todas
las sílabas y labios que murmuran
vuestros australes nombres triturados
cuando el hálito agónico
de un azufrado viento se desgarra
sobre un coral profundo de cadáveres
y el harapo y la sed y el enlutado
vagar de los fantasmas transparentes
sobre la amarga latitud de Europa.
Pero es preciso desprender la ardiente
zarza del corazón en que se quema
para honor de las pálidas ciudades
que vuelven de la muerte con sus ruinas
aventando el pavés de sus angustias.
A ti París del hierro numeroso,
de la torre florida en luminarias
y de los subterráneos combatientes,
fondo y altura, rayos y semillas,
huracán y arco iris;
a ti también, Atenas,
¡oh gladiadora de la dulce furia,
verde y serena y trémula por dentro
como tus olivares en sequía!;
a ti Varsovia, siempre
descoyuntada en tu cristal y siempre
disciplinada en nuevos nacimientos,
tallo nunca quebrado, dócil junco
del Vístula indefenso y transparente,
álgida rosa de sangriento signo...
A vosotras, doncellas de la muerte,
ciudades, ciudadelas invencibles,
loor con voz perpetua; a vosotros muertos,
a los supervivientes defensores,
y al tumulto solar
en hierros vengadores despeñado
de los libertadores poderosos.
Por vuestras ruinas y agujeros,
rojas manos y puños en nevada
y corazones invencibles,
muertos y vivos, hombres y animales,
espectros y recuerdos,
salen a saludar el aire nuevo,
y a recoger la libertad que crece
como un fruto con aire de bandera
sobre el labio marcido del planeta.
Ruede hacia vuestra lumbre
restallante entre el polvo de las ruinas,
sobre los cuatro vientos de las almas,
nuestra salva sin par de corazones
y la fraternidad de nuestro canto,
¡París, Varsovia, Atenas,
torres encanecidas y sonrientes
sobre el dolor que pasa
y la niñez de acero que aproxima
su ritmo vegetal hacia la vida
desde las hondas grietas de la muerte!
INTERMEDIO HEROICO
(Septiembre 1945)
«No basta escribir poesía.
El mundo necesita más que eso;
es preciso hacer algo también».
Lord Byron
Por un tiempo es preciso que la diestra purísima
del arte amase el áspero combate de estas épocas,
porque si el arte es puro su pureza ante todo
le exige que hoy al hombre y su destino defienda.
Ya ni el jazmín recuerda su lema transparente
de espuma endurecida contra el filo del aire,
sobre los viejos países del recuerdo se agolpan
el humo de las ruinas y los vastos pesares.
Aquí se han dividido los tiempos. Los escombros
de una edad se desploman en sus propias cenizas;
pero otra edad sin nombre bella como un arcángel
crece con hombros finos y purpúrea sonrisa.
Tristes, sucios y opacos, sin querer extinguirse
los rostros polvorientos gesticulan sus muertes;
pero es preciso que huyan con su máscara inmunda
porque una luz intacta sobre el mundo amanece.
Nada ha perdido el hombre si ha de ganarlo todo.
La vida es una cálida melodía sin término.
Aquí se han dividido los tiempos sin romperse
los goznes musicales que gobiernan los tiempos.
Pero el amor o el sueño con sus torres herméticas
donde la voz hilaba copos alucinados,
la angustia de lo eterno que arquea como hierbas
áridas los latidos de un tiempo ensimismado...
Por un tiempo es preciso que el arte se demore
con el sudor hermoso de la lucha terrestre;
que demore en las manos que construyen el día,
con el vigor más puro de su ritmo celeste.
Aquí se han dividido los tiempos y los hombres,
se han dividido en sombras y en airadas estrellas.
El arte sabe ahora dónde herir y hacia dónde
tender llama de lumbre y combatiendo la diestra.
LOS HOMBRES
Tan tierra son los hombres de mi tierra
que ya parece que estuvieron muertos;
por afuera dormidos y despiertos
por dentro con el sueño de la guerra.
Tan tierra son que son ellos la tierra
andando con los huesos de sus muertos,
y no hay semblantes, años ni desiertos
que no muestren el paso de la guerra.
De florecer antiguas cicatrices
tienen la piel arada y su barbecho
alumbran desde el fondo las raíces.
Tan hombres son los hombres de mi tierra
que en el color sangriento de su pecho
la paz florida brota de su guerra.
LA TIERRA
Sembrada entre sus vientos capitales
y desde el pecho casi sin orilla,
su corazón estalla en la semilla
de corazones rojos e inmortales.
Al Norte, sus cornisas minerales;
la arena, al Oeste, que en los huesos brilla,
y entre el Este y el Sur, la verde quilla
de su barco de tierra y vegetales.
Hundida hasta la frente con su carga
de escombros y de vivos corazones,
mira pasar el tiempo en una larga
sucesión de esperanzas y muñones,
hasta que rompa su prisión amarga
el puño popular de sus varones.
Augusto Roa Bastos (1918): Voz de estirpe gongorina, ha producido poemas sociales de no exaltados matices, pero centrados en los altos valores del hombre. Muy recientemente la Editora Alcándara tomó a su cargo la tarea de reunir en un volumen con el título de El naranjal ardiente poemas seleccionados por el propio autor. Es el más conocido y brillante narrador del país, cuyas obras han sido traducidas en varios idiomas.
Fuente: EL TRINO SOTERRADO. PARAGUAY : APROXIMACIÓN AL ITINERARIO DE SU POESÍA SOCIAL. TOMO I - Autor: LUIS MARÍA MARTÍNEZ- Edición digital: Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002 N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Ediciones Intento, [1985].