PARA QUÉ SIRVE UN REFERÉNDUM
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MADRID (Jesús Ruiz Nestosa). Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco con deriva autoritaria convocó a la ciudadanía de su país a un referéndum para preguntarle si estaba de acuerdo o no para darle mayor poder; más aún del que ya tenía. Y la ciudadanía decidió diciéndole “Sí”, como era de esperar. Claro que la victoria fue ajustadísima: triunfó por un 51% contra un 49% del no. A lo ajustado de la victoria hay que sumarle las denuncias de fraude que se han hecho. Se calcula que casi dos millones y medio de votos son nulos ya que las hojas no llevan el sello que se les pone en el momento en que son entregadas a cada votante al presentarse a la mesa correspondiente. Pero la justicia electoral, ¡vaya sorpresa!, ha dicho que son válidos. No es necesario aclarar a quién responde dicho tribunal.
Con este gesto de permitir a la ciudadanía que decida sobre temas de valor esencial para el funcionamiento del país, Erdogan ha iniciado un proceso de retroceso que terminará, con toda seguridad, en el punto en que se encontraba el país antes de 1923 cuando un estadista de la estatura intelectual de Mustafá Kemal, apodado Atatürk, que significa “padre de la patria”, abolió el sultanato, proclamó la república, promovió la laicización de la Administración, abolió la poligamia, introdujo el calendario gregoriano y el alfabeto latino entre otras muchas medidas que permitieron a Turquía convertirse en un país moderno como lo siguió siendo hasta la llegada de Erdogan.
Analizando los resultados de este referéndum se ve que el “sí” triunfó en las regiones más pauperizadas de Turquía mientras en las grandes ciudades como Estambul, Ankara, Esmirna y otras, triunfó el “no”. Es claro, pues, que este tipo de consultas casi nunca llevan a decisiones inteligentes ni provechosas para el buen funcionamiento del país. Se podría citar una serie de consultas populares cuyos resultados sólo fueron de provecho para los grupos dominantes, favorecer a las ideas retrógradas y nunca a favor de políticas e ideas progresistas.
Para muestra, en este caso, hay más de un botón que podría comenzar con el referéndum que le llevó a Hitler al poder. Las películas documentales que muestran aquel momento en que se hizo con el poder y el discurso que pronunció pueden dar una idea muy cercana de lo que debió haber sido ese salto que estaba por dar todo un país al abismo del horror y la destrucción. Dirán que fue un acto democrático y un triunfo de la mayoría. La respuesta está en los libros de historia y en los testimonios que no cesan de fluir.
El laborismo británico también dio un salto al vacío convocando a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si querían seguir siendo parte de la Unión Europa o no. Como en Turquía, el triunfo del “no” fue muy ajustado. Fueron también las regiones más pauperizadas del reino las que votaron por la salida y en las grandes ciudades ganó el “sí”. La campaña en favor de la salida de la Unión Europea, el Brexit, estuvo encabezada por Nigel Farage, que en todo momento no hizo otra cosa que mentirle a los votantes. Un hombre siniestro que corrió a Washington para apoyarle a Donald Trump y con un pasado no muy claro. Un periodista británico que investigó sus antecedentes para escribir un libro dijo que cuando adolescente iba por la calle y si se cruzaba con un niño judío le decía: “Hitler tenía razón” o bien “A la cámara de gas”.
En España puede pasar lo mismo con los grupos independentistas catalanes que desean independizarse de Madrid y su discurso se basa en mentiras parecidas a las que se han visto en el Reino Unido o en Turquía.
Se dice que preguntarle a la ciudadanía qué es lo que quiere es el gesto más democrático que se puede hacer. Viéndolo en teoría esa consulta –la tan cacareada democracia directa de los populistas– parece ser muy correcta: que la gente decida qué es lo que quiere. Lastimosamente por el camino hay muchos desvíos, un exceso de contaminación de ideas e intereses bastardos que terminan llevando ese acto democrático a ser nada más que una confirmación de lo que desean pequeños grupos privilegiados para satisfacer sus desmedidas ansias de poder, una ambición desmesurada y, sobre todo, un afán de impunidad para no ser perseguidos por una bochornosa corrupción.
Fuente: ABC Color (Online)
Lunes 24 de Abril de 2017
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