¿HAY O NO HAY CANDIDATO?
jesus.ruiznestosa@gmail.com
Dos ideas saqué durante esta breve visita al país después de haber conversado con viejos amigos y gente que conocí de manera circunstancial. La primera es que la gente está convencida de que, de cara a las elecciones presidenciales del año próximo, no hay candidato; que ningún partido tiene una figura lo suficientemente fuerte y representativa para llegar a Mburuvicha Róga. Entiéndase bien: no hay candidatos potables. De los otros, parece que hay un buen montón.
La segunda idea es que me he encontrado con gente deslumbrante por su inteligencia, por la agudeza de sus observaciones, por la profundidad de sus análisis, por la claridad de sus ideas respecto al futuro que le espera al país. Es cierto que ellas no resultan muy optimistas y hay visiones profundamente deprimentes. Pero si algo no se puede cuestionar, es la validez de tales razonamientos, estemos de acuerdo o no.
Consecuencia de estas dos ideas: todas las personas a las que acabo de aludir están en el sector privado; nadie se encuentra en el sector público. Para ser más preciso: rehúyen el sector público porque lo encuentran demasiado corrupto; y, lo que es peor, demasiado corruptor. Desarrollan, entonces, su actividad en la esfera privada en donde se encuentran más cómodos y las cosas les van bien, demasiado bien. Guardan, pues, una actitud nada reprochable porque tienen razón.
La disyuntiva es esta: mientras los partidos tradicionales, y los nuevos partidos también, sufren una larga agonía por falta de candidatos –que también es verdad– el país no puede beneficiarse de sus ciudadanos más capacitados a causa de un proceso de descomposición moral que ha terminado permeando todos los niveles de la administración pública y la actividad política.
Un ejemplo ha saltado a la vista en estos días. Es la propuesta de candidatura del ministro de Hacienda, Santiago Peña, quien, posiblemente, no llegó a meditar lo suficiente las decisiones que ha tomado y los alcances que ellas puedan tener. Si Peña no logra alcanzar la presidencia de la República, se convertirá en un cadáver político. Miembro de un partido (PLRA) durante toda su vida, en menos de cuarenta y ocho horas lo tiró a la cuneta para subirse al carro del poder actual, el Partido Colorado. Se dejó tentar por un plato de lentejas. Su imagen recibiendo el pañuelo colorado en torno al cuello y atado por el propio presidente Horacio Cartes, ante una muchedumbre vociferante, produce una profunda tristeza. Su postulación a ser candidato del oficialismo para los próximos comicios generales está generando una visible resistencia en las bases del Partido Colorado. Los jóvenes se sienten dejados de lado por quién sólo tiene unos seis meses de militancia dentro del partido.
De no cuajar el proyecto de Horacio Cartes, es decir, de llevar a Peña a la presidencia de la República, éste puede dar por terminada su carrera política. Es muy difícil –evito aquí la palabra imposible– que su antiguo partido lo acoja de nuevo debido a la facilidad con que cambió de banderas. El partido al cual ingresó difícilmente lo seguirá aceptando por el mismo motivo, por ser tan vulnerable y porque le exigirán que si aspira a altos cargos que lleve una militancia activa recorriendo los caminos que se acostumbran, comenzando desde el punto cero.
Lo que le preocupa a la gente, entonces, no debería ser si hay o no hay candidatos. De haberlos, los hay. Lo que hace falta es que el ambiente se depure lo suficiente para permitir que toda esa gente de talento extraordinario se anime a dar el paso y cruzar la línea que separa el mundo privado del mundo público. En otras palabras, convencerlos que podrán desarrollar allí todas sus capacidades sin correr el peligro que venga el autócrata de turno y le obligue a hacer cosas que están reñidas con sus principios y sus ideas, tanto las ideas nuevas como las ideas viejas. Pero también permitirá que el país se beneficie con la participación de sus ciudadanos más ilustres y más capacitados que hoy están en el refrigerador porque no están dispuestos a cambiar sus principios y sus ideales por un plato de lentejas.
Para eso habrá que luchar contra la actual marea de incompetentes, mediocres, corruptos, aventureros que, desvergonzadamente, se han prendido de las tetas del Estado y no piensan soltarlas hasta que queden definitivamente secas. Candidatos hay. Lo que no hay son las condiciones mínimas necesarias para que aparezcan.
Fuente: ABC Color (Online)
Lunes, 15 de Mayo de 2017
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