VOTAR EN DEMOCRACIA
jesus.ruiznestosa@gmail.com
SALAMANCA. Lo que está sucediendo actualmente en Cataluña (entre el momento que escribo estas líneas y su publicación la situación puede cambiar varias veces) es un ejemplo claro de lo que significa votar y el papel que juegan los comicios dentro de un sistema democrático. Siempre se pueden sacar conclusiones positivas de situaciones negativas. Y esta es una de ellas.
El pasado domingo 1 se llevó a cabo en toda Cataluña un referéndum para preguntarles a los catalanes si querían independizarse del resto de España y constituirse en la República Democrática de Cataluña (¿reminiscencias de la República Democrática de Alemania?). Desde hace bastante tiempo, grupos políticos han hecho alianzas sin importar sus tendencias, se han dedicado a exaltar los ánimos independentistas de la población para lograr una declaración unilateral de secesión sin tener en cuenta la ilegalidad de la misma. La Constitución española no lo permite. Ni siquiera Naciones Unidas reconoce un proceso como este ya que no se da ninguna de las condiciones que se requieren. Los profetas del movimiento se dedicaron a prometer el paraíso en que pueden vivir los catalanes separados de España. Pero en ningún momento se habló de las repercusiones económicas, políticas y sociales que ya se están sintiendo. Desde que se realizó el referéndum, 540 empresas han salido de Cataluña mudándose a otras regiones de España más seguras y menos inestables. Y no son el almacencito de la esquina, sino empresas tan importantes como el banco Sabadell, la Caixa Bank, la editorial Planeta, primera en Sudamérica y séptima en el mundo que ahora ha fijado domicilio en Madrid. Se olvidaron los políticos que el dinero no tiene patria ni bandera.
El referéndum del pasado domingo 1 estuvo rodeado de características muy especiales: no había padrón; el que deseaba votar se acercaba a la mesa, mostraba su documento de identidad, se anotaba su nombre y número y ya estaba habilitado. Este sistema permitió que mucha gente votara varias veces en diferentes centros y diferentes mesas. Se publicaron fotos que lo prueban. Acudió a votar no más del 38 % del censo electoral en mesas donde no había representantes de la oposición, ni tampoco había una justicia electoral que controlase la votación ni el recuento de votos que estuvo a cargo nada más que de los partidarios del “sí” a la independencia. La mayoría de los votos fueron por el “sí” ya que quienes estaban por el “no” se abstuvieron de participar. Así pues, hubo más votos por el “sí” que por el “no” y el actual gobierno catalán, que impulsa la independencia, dijo que habían ganado. ¿Se puede considerar que un máximo del 35% de los votos pueda decidir algo tan importante como la quiebra de un país y la aparición de uno nuevo? Cuando Escocia realizó un referéndum en este mismo sentido pedía que para declarar la independencia tenía que haber por lo menos un 75 % de votos favorables.
El presidente de la Generalitat, Carle Puigdemont, acudió al congreso autonómico en el que proclamó la independencia de Cataluña y a continuación pidió que fuera dejada en suspenso “por algunas semanas” para buscar quien pudiera mediar en este conflicto ya que nadie quiere hacerlo por las condiciones previas que los independentistas ponen. Dentro de esta orfandad ya que la Unión Europea le ha dado las espaldas, el único reconocimiento que lograron fue el de Nicolás Maduro, verdadero maestro en votaciones amañadas. Un ejemplo claro es la que convocó para formar la Asamblea Nacional Constituyente que está conformada nada más que por sus partidarios. El otro que muestra sus simpatías es Vladímir Putin quien está ansioso por romper la unidad de la Unión Europea y convertirse él en el nuevo zar de la “madre Rusia”.
Votar no es de por sí un acto democrático si no están dadas muchas otras circunstancias. Si no se dan todas las libertades, cualquier votación es una mascarada. Y es lo que estamos viendo en Cataluña donde los “españolistas”, como llaman despectivamente a quienes se oponen a la independencia, no solo son ignorados, sino incluso son agredidos físicamente en la calle, mientras los periódicos locales y el canal público de televisión los ignoran. Cualquier consulta que se haga en estas condiciones, no pueden arrojar resultados válidos que más tarde legitimen la elección de un nuevo gobierno o las decisiones que él tome. Es esta, pues, una excelente ocasión para sacar conclusiones.
Fuente: ABC Color (Online)
Martes, 17 de Octubre de 2017
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