YA HEMOS LLEGADO
jesus.ruiznestosa@gmail.com
SALAMANCA. Hace un par de meses escribía que corríamos el peligro de convertirnos en un Estado fallido, ya que íbamos avanzando con buen ritmo hacia ese punto. Pido perdón por haberme equivocado. No es que íbamos avanzando, sino que ya hemos llegado. No es necesario realizar estudios ni recabar datos para arribar a esta conclusión. Ahora debemos plantearnos el siguiente paso: ¿cómo se revierte esta situación? ¿Es posible volver a vivir en un Estado de Derecho? Toda posible respuesta es poco optimista.
En un Estado de Derecho el ciudadano, cualquier ciudadano, vive protegido por las leyes y por todo un sistema administrativo que le garantiza el goce de libertades y de derechos, al mismo tiempo que fija obligaciones que hacen más fácil y previsible la vida en comunidad. Sólo dentro de un sistema como este el ciudadano puede realizarse como ser humano. El Estado fallido es todo lo contrario. En él nadie está amparado por las leyes y el sistema administrativo no puede asegurarle ninguna libertad y mucho menos disfrutar de cualquier derecho, ni siquiera los más elementales. Este es el punto en el cual nos encontramos gracias a una casta de políticos, comenzando por el propio presidente de la República, que han antepuesto sus ambiciones personales a las necesidades del país y sus habitantes.
Cuando dentro de treinta, cincuenta años, alguien escriba la historia de este momento tendrá que poner con grandes letras y con mayúsculas iluminadas, los nombres de Horacio Cartes y Nicanor Duarte Frutos por ser los responsables directos de la ruptura de ese Estado de derecho dentro del cual vivíamos hasta el momento en que afloraron los deseos de reelección presidencial pasando por encima de la Constitución al precio que fuera necesario.
El espectáculo que ofrecieron nuestros políticos con motivo del juramento de los nuevos legisladores (Senadores y Diputados) nos mostró la verdadera cara del momento que nos toca vivir. No sólo llovieron recursos judiciales a favor o en contra de determinadas actitudes, sino incluso decisiones que fueron a favor y en contra de un mismo punto poniendo en evidencia la actitud servil de ciertos jueces con el poder de turno. Sin ningún pudor se dictaron sentencias que fueron premiadas al día siguiente sin que mediara la más pequeña intención de ocultar la estrecha relación que existía entre el favor y el premio.
Por si fuera poco, se inventó que el ladrón que devuelve lo que ha robado queda en libertad, inocente total y el juicio que se le seguía queda suspendido. Por eso es que el ladrón de gallinas se va preso, porque no puede devolverla ya que acaba de comérsela. Mientras que los diputados que hacían figurar a su servidumbre en las planillas de salarios del Poder Legislativo pueden quedar libres de polvo y paja.
Hubo antiguos miembros del Poder Judicial que a plena luz del día se acercaron al Congreso para aconsejar a sus autoridades qué triquiñuelas debían utilizar para anular candidaturas y aceptar otras contrarias a lo que dispone la Constitución. Mientras otros aseguraban que la actitud de Horacio Cartes y Nicanor Duarte Frutos de jurar como senadores activos en lugar de senadores vitalicios como lo dispone el artículo 189 de la Carta Magna en realidad era sólo “una falta menor.” ¿En qué parte de ese documento fundamental de la República se determina cuáles son las “faltas mayores” y las “faltas menores” de su violación? Cualquier actitud en contra de la Constitución es un acto grave porque en ella se basa la convivencia pacífica de todos los ciudadanos. Lastimosamente hemos llegado muy lejos. ¿Qué debemos hacer para revertir este proceso perverso?
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Lunes, 16 de Julio de 2018
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)
ENLACE INTERNO A ESPACIO DE VISITA RECOMENDADA
(Hacer click sobre la imagen)