LA EUFORIA TECNOLÓGICA
jesus.ruiznestosa@gmail.com
SALAMANCA, España. En uno de esos mensajes que uno recibe por decenas a diario, me llegó el fragmento de un informe PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Según dicho informe siete de cada diez alumnos no comprenden lo que leen y ocho de cada diez alumnos no alcanzan el nivel deseable en ciencias. Pero hay más: nueve de cada diez alumnos no alcanzan el nivel mínimo en matemáticas. Estas cifras son más terroríficas que cualquier página de “Frankenstein” o de las andanzas del conde Drácula. Estas obras son el resultado de la rica imaginación de sus autores y el envidiable estilo literario que manejaban. Las cifras de PISA son la prueba palpable del estruendoso fracaso de un sistema educativo. Y de gobierno.
Toda la parafernalia propagandística que se desató en torno a la entrega de ordenadores a los niños de todas las escuelas no fue nada más que eso: propaganda en el peor sentido de la palabra. Estaban, en realidad, engañándonos con la idea de que el país se estaba poniendo a la vanguardia de las técnicas educativas, a la altura de los países más adelantados en esta materia. Un pequeño esfuerzo más y nos encontraríamos a la altura de los estudiantes de Suecia, Noruega, Finlandia, Japón o Dinamarca.
Ya entonces habíamos alertado que esa entrega de ordenadores a los estudiantes resultaría absolutamente inútil, estéril ya que no se podría lograr nunca los resultados que se anunciaban con bombos y platillos, si no se acompañaba con programas de apoyo a los niños. Ello no sucedió y los resultados están a la vista: la mayoría de los estudiantes son incapaces de entender lo que leen. Es lo que se llama con toda precisión: analfabetos funcionales.
La euforia tecnológica se ha apoderado, lastimosamente, de mucha gente esparciendo la idea que el ordenador nos sustituirá en muchas funciones, incluso en aquellas de leer, escribir y hasta de pensar. ¿Acaso no se habla ya de la inteligencia artificial? Hay un hecho indiscutible: el que no sabe leer, el que no puede entender lo que lee, no tendrá jamás acceso a ese maravilloso mundo que nos está ofreciendo la inteligencia artificial.
Hasta entonces, el antediluviano lápiz y papel.
En el aprendizaje de la lectura se ponen en funcionamiento mecanismos que son esenciales en el desarrollo del conocimiento. Transformar esos signos que son las palabras en las imágenes que sugieren es esencial en la creación del pensamiento abstracto. Y sin pensamiento abstracto no se puede trabajar con conceptos. Y sin conceptos no se desarrolla el conocimiento. Esto lo sabemos muy bien quienes enseñamos un tiempo: los alumnos pidiendo continuamente que en presencia de un concepto le demos un ejemplo para “entenderlo mejor”. Pero es imposible estar enseñando en base a ejemplos porque los ejemplos son concretos y los conceptos son generales. Todo esto dicho así, de manera tan apretada y de prisa debemos tenerlo en cuenta y no ser engañados por la propaganda oficialista. Una cosa es el número de analfabetos, así, a secas. Pero de nada sirve si esos niños alfabetizados no logran entender lo que leen. Es un esfuerzo completamente inútil y estéril.
Fuente: ABC Color (Online)
www.abc.com.py
Sección OPINIÓN
Viernes, 05 de Julio de 2019
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