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EFRAÍM CARDOZO (+)

  APUNTES DE HISTORIA CULTURAL DEL PARAGUAY - LAS RAÍCES DE LA CULTURA PARAGUAYA, 2007 - Por EFRAÍM CARDOZO


APUNTES DE HISTORIA CULTURAL DEL PARAGUAY - LAS RAÍCES DE LA CULTURA PARAGUAYA, 2007 - Por EFRAÍM CARDOZO
APUNTES DE HISTORIA CULTURAL DEL PARAGUAY
 
 
 
 
 
 
 
El doctor Cardozo resumió en este libro, (concebido originalmente como manual para alumnos de la educación media), sus vastos conocimientos especializados, y pudo presentar de tal manera una exposición rigurosa y profunda, pero al mismo tiempo accesible y breve, sobre las diversas manifestaciones de la cultura en el Paraguay, desde antes de la dominación hispánica hasta la década de 1960. Se trata de un libro fundamental, que no ha perdido actualidad ni interés a pesar de los años.
 
 
PRÓLOGO DE LA 8ª EDICIÓN
Maestro de alma e historiador por vocación y oficio, enseñar era la gran pasión de su vida. Resplandecía en él, como una llama inextinguible, el espíritu de Don Ramón I. Cardozo, uno de los más ilustres maestros de América, que fue su padre y orientador.
Conocí a Efraim Cardozo en 1953. Volvía de un largo exilio, cargado de ciencia y entusiasmo, con un prestigio bien ganado en el mundo cultural hispanoamericano. Había publicado ya varios libros y tenía otros en preparación. El contacto con su tierra y con la juventud de su patria le brindó nuevos estímulos y prosiguió su obra con renovada dedicación.
Tiempo después, al levantarse la intervención que pesaba sobre la Universidad Nacional desde 1948, se incorporó a la docencia. Fue Profesor de Historia del Paraguay en la Facultad de Filosofía, y en 1960, habiéndose fundado la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" fue llamado a regentar algunas de sus más importantes cátedras de Historia. En esa misma época, el Colegio de San José lo designó Profesor de Historia de la Cultura Paraguaya, para sus alumnos del 6° Curso de Bachillerato. En este Colegio y en ambas Universidades dejó una huella perdurable y formó discípulos que lo recuerdan con afectuosa gratitud.
Si en la cátedra universitaria se imponía por su versación e ilustración, era en la secundaria donde se podía apreciar sus insuperables dotes de maestro. Enseñar a adolescentes que están culminando una etapa de su vida para ingresar posteriormente en la Universidad es una tarea que requiere capacidad, abnegación, paciencia y amor. El profesor de Colegio debe ser modelo de responsabilidad, puntualidad y dedicación. Debe ser, en cierto modo, padre, hermano mayor y amigo de los jóvenes educandos. Y Efraim Cardozo lo fue de un modo preclaro.
Durante años, lo he visto llegar tres días por semana, a las aulas del Colegio de San José, con cronométrica puntualidad, cinco minutos antes de las siete de la mañana. Elegante y pulcro, atildado en el vestir y en el decir, era un aristócrata de la cultura. Imponía respeto a sus alumnos que por su edad no podían apreciar cabalmente los quilates del profesor que tenían en la cátedra. Amistoso en su trato, era accesible y generoso.
Sus alumnos encontraban en él, afecto y comprensión. Enseñaba deleitan-do, dando vida a los hechos y a los personajes que habían forjado la trama de nuestra historia. Terminadas sus clases, con idéntica regularidad, iba a la Biblioteca Nacional o al Archivo a seguir investigando y así fue hasta el día de su muerte.
Efraim Cardozo perteneció a la segunda generación de grandes historiadores nacionales, la que despertó a la vida intelectual convocada por la magna tarea de la defensa del Chaco. La antorcha que habían portado los exponentes del novecentismo paraguayo pasaría a las manos de una nueva promoción nacida al promediar la primera década de este siglo. Compartirían con él, vocación y afanes intelectuales, Julio César Chaves, R. Antonio Ramos, Hipólito Sánchez Quell y Marco Antonio Laconich. Lógico resultaba pues que sus primeras obras hayan sido "El Chaco en el régimen de las Intendencias" (1930), "Aspectos de la cuestión del Chaco" (1932) y "El Chaco y los Virreyes. La cuestión paraguayo-boliviana según documentos de los archivos de Buenos Aires y de Río de Janeiro" (1934), cuyas investigaciones y conclusiones se incorporarían de inmediato al arsenal de nuestros argumentos para la defensa del territorio en litigio.
Como varios de los intelectuales paraguayos, Cardozo tuvo una vida política azarosa, que lo llevó a sufrir persecuciones y exilios. De cada uno de ellos regresó con nuevos libros escritos y con sus horizontes espirituales cada vez más ampliados. En 1949 publicó en Barcelona "Paraguay Independiente", la historia más completa y mejor documentada de nuestra República desde su nacimiento hasta aquella fecha. En 1959, "El Paraguay Colonial. Las raíces de la nacionalidad", obra en la que se pregunta de las constantes que presiden los acontecimientos de nuestra historia en aquella etapa fundacional y formula una tesis basada en las coordenadas de Dios y Patria como ideas fuerzas que movieron la historia paraguaya en sus momentos cruciales.
Ese planteamiento tan sugerente fue hecho por primera vez por el Dr. Cardozo en una conferencia sobre "El sentido de nuestra historia", pronunciada en 1953 bajo los auspicios de la Academia Universitaria, institución que era una proyección de la Academia Literaria del Colegio de San José, refundada por el Padre César Alonso de las Heras. La disertación tuvo entonces un significado muy especial porque los jóvenes universitarios de esos años difíciles tratábamos de superar las heridas todavía abiertas de una trágica guerra civil, uniéndonos por encima de sectarismos partidarios en una empresa intelectual cuyo ambicioso lema era "la redención del Paraguay por la cultura".
Esa conferencia marcó en Cardozo el comienzo de una búsqueda de interpretaciones filosóficas de la historia nacional. Estudioso de los grandes exponentes de la moderna historiografía como Benedetto Croce, Toynbee y Christophen Dawson, Cardozo representa en la historia paraguaya, una visión culturalista; que es suficientemente abierta y abarcante como para darnos un cuadro cabal del Paraguay y su pasado.
También en 1959 se dio a la estampa en México, bajo los auspicios del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, su "Historiografía Paraguaya. 1 . Paraguay indígena, español y jesuita", que en opinión de Hugo Rodríguez Alcalá es su obra maestra.
La historia de la diplomacia y la política internacional en el Río de la Plata debe a Efraim Cardozo dos obras magistrales: "Vísperas de la guerra del Paraguay" (1954) y "El Imperio del Brasil y el Río de la Plata. Antecedentes y estallido de la guerra del Paraguay" (1961). En ellas son tan admirables el investigador que ha compulsado fuentes de primera mano en los más importantes archivos de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, como el exégeta que con estupenda sagacidad reconstruye hechos y descubre intenciones. A través de sus páginas se sigue paso a paso la gran tragedia que enfrentó a cuatro naciones y llevó al Paraguay a cumbres de heroísmo y abismos de destrucción.
Estos libros encuentran su culminación en "Hace Cien Años. Crónicas de la guerra de 1864-1870", obra monumental inicialmente publicada bajo la forma de artículos periodísticos, día tras día, desde el 1° de febrero de 1965 hasta el 1° de marzo de 1970, en las columnas de La Tribuna, como una evocación conmemorativa de aquella conflagración en el Centenario de la Epopeya Nacional. Para Cardozo, el periodismo cultural era el retorno a una actividad tempranamente ejercitada. Tenía apenas diez años cuando con otros niños del 4° grado de la Escuela Normal de Villarrica, como Alejandro Marín Iglesias y Vicente Chase Sosa, fundaba el periódico "El Guaireño", en una sorprendente muestra de precocidad intelectual madurada sin duda al calor de su hogar.
Compiladas posteriormente en libros, estas Crónicas están hoy integradas en una colección de 13 volúmenes, que constituye el más valioso aporte de un investigador paraguayo al estudio de aquella hecatombe que significó el holocausto de todo un pueblo. Con esta trilogía, Cardozo se ha consagrado como el historiador que en el Río de la Plata estudió más amplia y profundamente el desarrollo de ese conflicto, desde sus orígenes coloniales hasta su trágico final.
Otras obras suyas fueron "23 de Octubre. Una página de historia contemporánea del Paraguay" (1956), "Breve Historia del Paraguay" (1965), escrita para Eudeba, la Editorial Universitaria de Buenos Aires, y "Los Derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá", con prólogo del Arzobispo de Asunción, Monseñor Aníbal Mena Porta, también en 1965. Me cupo compartir con él en esos años tareas periodísticas en el Semanario Católico "Comunidad", órgano oficioso de la Conferencia Episcopal Paraguaya, cuya campaña principista y patriótica le valió su clausura a mediados de 1969. En sus alegatos sobre nuestros derechos a los Saltos del Guairá brillan por igual el erudito historiador y el talentoso internacionalista.
Decía que la más profunda vocación de Efraim Cardozo fue la del maestro. Fruto de ella son estas lecciones de Historia Cultural del Paraguay, escritas para sus alumnos del Colegio de San José, cuya primera edición mimeografiada en 1963, fue estudiada por varias promociones de Bachilleres de ese Colegio y por alumnos del Curso de Ingreso a la Universidad Católica. Es la versión fiel de sus clases, un testimonio permanentemente vivo de su paso por aquella cátedra. Es el desarrollo del programa de una asignatura ya desaparecida como tal de los planes de un currículum renovado en el que su identidad y su importancia aparecen lamentablemente muy diluidos junto al contenido de otras materias afines.
Estas páginas tienen la frescura y la lozanía de los jóvenes para quienes fueron escritas. Son claras y sencillas, explican de un modo accesible y dejan profunda enseñanza. Tienen rigor científico, son didácticas y ofrecen una visión amplia y rica de la historia paraguaya elaborada para estudiantes con un contagioso amor a nuestra patria y a nuestro pueblo. Dan la debida preminencia a aquellos valores de Dios, patria, justicia y libertad que tanta influencia han tenido en la formación del pueblo paraguayo y que deberán seguir preservando y enriqueciendo nuestro ser nacional. -
 
 
 
ÍNDICE:
UNIDAD 1: LAS RAÍCES DE LA CULTURA PARAGUAYA
·         Lección 1: La incorporación del nuevo mundo a la cultura occidental
·         Lección 2: La cultura guaranítica
·         Lección 3: La amalgama hispano-guaraní
·         Lección 4: La educación de los indígenas
·         Lección 5: La Legislación de Indias
UNIDAD II: LA CULTURA EN LA PRIMERA ÉPOCA DE LA COLONIA
·         Lección 6: El plantel intelectual
·         Lección 7: La historia
·         Lección 8: Las congregaciones religiosas como focos de cultura
UNIDAD III: CONTRIBUCIÓN DE LOS JESUITAS A LA CULTURA PARAGUAYA
·         Lección 9: Los jesuitas
·         Lección 10: La enseñanza jesuita
·         Lección 11: Las crónicas de la Compañía de Jesús
UNIDAD IV: DOCTRINAS SOBRE LA LIBERTAD Y SOBERANÍA POPULAR
·         Lección 12: Las ideas del siglo XVII en Europa y España
·         Lección 13: El desarrollo cultural en las últimas décadas de la Colonia
UNIDAD V: EL PERÍODO REVOLUCIONARIO
·         Lección 14: Antecedentes ideológicos
·         Lección 15: La Junta Superior Gubernativa
·         Lección 16: La dictadura
UNIDAD VI: CARLOS ANTONIO LÓPEZ
·         Lección 17: El Segundo Consulado
·         Lección 18: La primera presidencia de la República
·         Lección 19: Los grandes aportes culturales de Carlos Antonio López
·         Lección 20: Iniciación del periodismo paraguayo
·         Lección 21: La gran epopeya
UNIDAD VII: LA ERA DE LA RECONSTRUCCIÓN
·         Lección 22: La postguerra
UNIDAD VIII: EL DESARROLLO CULTURAL DESDE FINES DEL SIGLO XIX HASTA LA GUERRA CON BOLIVIA
·         Lección 23: La época autonómica
·         Lección 24: La enseñanza antes de la guerra del Chaco
·         Lección 25: La segunda epopeya
UNIDAD IX: EL INCREMENTO DE LA EDUCACIÓN EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
·         Lección 26: La instrucción primaria
·         Lección 27: La cultura nacional contemporánea

 
 
 
 
 
 
 

LAS RAÍCES DE LA CULTURA PARAGUAYA


 

 


LA INCORPORACIÓN DEL NUEVO MUNDO A LA CULTURA OCCIDENTAL

CONCEPTOS GENERALES

LA CULTURA OCCIDENTAL

ESPAÑA Y LA CULTURA OCCIDENTAL

LECCIÓN 2

LA CULTURA GUARANÍTICA

LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS.

LOS GUARANÍES

ORGANIZACIÓN POLÍTICA.

ORGANIZACIÓN SOCIAL.

VIVIENDAS.

VIDA ECONÓMICA.

VESTIMENTA.

TÉCNICA.

LA LENGUA.

ELOCUENCIA.

POESÍA.

MÚSICA Y DANZA.

ARTES.

CIENCIAS.

GUERRA.

LA SALUTACIÓN LACRIMOSA.

LA HOSPITALIDAD.

RELIGIÓN.

LA COSMOGONÍA Y LA MITOLOGÍA.

CREADORES Y CIVILIZADORES.

LOS GENIOS DEL BOSQUE.

EL PAYÉ.

LA TIERRA SIN MAL

LECCIÓN 3

LA AMALGAMA HISPANO-GUARANÍ

LA POLÍTICA DE LA CORONA ANTE LOS INDÍGENAS.

CONQUISTADORES E INDÍGENAS EN EL PARAGUAY.

ALTERNATIVAS DE LA ALIANZA HISPANO-GUARANÍ.

LOS MANCEBOS DE LA TIERRA».

SIGNIFICACIÓN CULTURAL DEL MESTIZAJE.

LA AMALGAMA DE LAS INSTITUCIONES.

LA AMALGAMA SOCIAL.

EVOLUCIÓN ARQUITECTÓNICA DE ASUNCIÓN.

LECCIÓN 4

LA EDUCACIÓN DE LOS INDÍGENAS

CIVILIZACIÓN Y RELIGIÓN.

LAS ORDENANZAS DE MONTEJO.

LOS PRIMEROS SACERDOTES Y RELIGIOSOS.

LAS PRIMERAS IGLESIAS.

LAS PRIMERAS CASAS DE DOCTRINA.

 COLEGIOS PARA HIJOS DE CACIQUES.

IMPLANTACIÓN DE LA ENCOMIENDA.

LAS ORDENANZAS DE IRALA.

PUEBLOS INDIOS.

ORDENANZAS SOBRE POBLACIONES.

LAS ORDENANZAS DE RAMÍREZ DE VELAZCO.

LAS ORDENANZAS DE HERNANDARIAS.

LAS ORDENANZAS DE ALFARO.

LOS LENGUARACES.

LA ENSEÑANZA EN GUARANÍ.

LA ENSEÑANZA DEL CASTELLANO.

EL «TESORO DE LA LENGUA GUARANÍ».

POLÉMICA SOBRE EL CATECISMO JESUITA.

LECCIÓN 5

LA LEGISLACIÓN DE INDIAS

LA CONQUISTA COMO PROGRAMA LEGAL.

ORIENTACIÓN JURÍDICA DEL ESTADO ESPAÑOL.

JUSTICIA Y SUMISIÓN A LA LEY.

ACATAR Y NO CUMPLIR.

LAS LEYES

 

 

 

LA LEGISLACIÓN CASTELLANA. Al tiempo de producirse los descubrimientos de Colón no existía una verdadera unidad jurídica en España. Tanto Castilla como Aragón -unidos por el matrimonio de Isabel y Fernando- mantenían su propia personalidad política y jurídica. Estas circunstancias y el hecho de que fuera Isabel y no Fernando quien patrocinara la empresa del descubrimiento, motivaron que fuese el derecho castellano, y no los otros derechos vigentes en la península, el que rigiera en los primeros momentos la vida jurídica de las Indias. El orden de prelación de las fuentes de ese Derecho, tal como quedó restablecido en 1505 por las Leyes de Toro, era el siguiente: 1°. los Fueros Municipales que recogían normas de aplicación local, generalmente pactadas entre el Rey o Señor y los vecinos de la ciudad; 2° el Fuero Real, promulgado por Alfonso X el Sabio, entre 1252 y 1255, que fue el primer intento de generalizar las normas jurídicas sustituyendo el derecho local por el derecho territorial; 3° el Código de las Siete Partidas, también promulgado bajo el reinado de Alfonso el Sabio, entre 1252 y 1263, que fue la obra más importante del derecho histórico castellano; 4° el Ordenamiento de Alcalá de Henares de 1348 que versó fundamentalmente sobre la administración de justicia y el régimen señorial; 5° las Leyes de Toro de 1505 que codificaron instituciones del derecho familiar y sucesorio.

 

AMOLDAMIENTO DE LAS INSTITUCIONES JURÍDICAS. Felipe II dispuso que las leyes y orden de gobierno de las Indias se conformaran a las de los reinos de Castilla y León, «en cuanto hubiera lugar y permitiere la diversidad y diferencia de las tierras y naciones». Esta intención de organizar los nuevos territorios bajo las mismas normas jurídicas vigentes en la península tuvo que ceder ante el imperativo de la realidad. Las circunstancias sociales, económicas, raciales y geográficas de América, nuevas para los europeos de la época, no pudieron ser encuadradas dentro de los preceptos del viejo derecho castellano peninsular. Hubo necesidad de dictar normas jurídicas nuevas para hacer frente a situaciones desconocidas hasta entonces. Así nació el derecho indiano que pronto alcanzó frondosidad extraordinaria, y que en muchos aspectos de la vida social, económica y jurídica, desplazó a un segundo plano al derecho castellano tradicional. Se decretó entonces que las disposiciones dictadas por el Rey, la Casa de la Contratación de Sevilla y el Supremo Consejo de las Indias, u otras autoridades facultadas, tuvieran primacía en su vigencia y observancia, no pudiendo acudirse a las fuentes del derecho castellano, más que supletoriamente, a falta de precepto aplicable del derecho indiano.

 

LA POTESTAD LEGISLATIVA. El poder legislativo residía doctrinalmente en la Corona. El Rey dictaba los preceptos jurídicos asesorados por el Real y Supremo Consejo de las Indias y la Casa de la Contratación de Sevilla, y se expedía mediante Reales Cédulas, Órdenes, Pragmáticas, Ordenanzas, Provisiones, Autos, Resoluciones, Sentencias y Cartas. Otros organismos podían también dictar ordenanzas o instrucciones, pero la hacían en nombre del Rey y pendientes de confirmación real. Requerían esta confirmación las ordenanzas y estatutos que sancionaban los virreyes, audiencias, gobernadores, universidades, comunidades, ciudades y villas, hospitales y colegios. Los dictados por virreyes y audiencias debían ejecutarse de inmediato sin esperar la ratificación real. Los propuestos por gobernadores, ciudades y demás comunidades necesitaban aprobación del virrey o audiencia, y también la confirmación real. Los monarcas se propusieron reglamentar con gran minuciosidad todos los asuntos que afectaban a las posesiones americanas, y lo mismo se ocuparon de los grandes problemas políticos y económicos que de cuestiones pequeñas que concernían sólo a una ciudad o un reducido distrito rural. Esto dio lugar a una profusa y cada vez más compleja legislación.

 

TENTATIVA DE RECOPILACIÓN. Hubo desde los primeros tiempos tentativas de recopilar en un solo cuerpo las disposiciones legales que la Corona dictaba para beneficio de las Indias. Algunas recopilaciones fueron de carácter territorial, como el Repertorio iniciado por el licenciado Maldonado, el Cedulario de Vasco de Puga, impreso en México en 1563, y el del oidor Alonso de Zorita que no llegó a publicarse. Entre las recopilaciones de carácter continental cabe citar en primer término el proyecto de Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias, aprobado parcialmente en 1571. En 1596 se publicaron cuatro tomos de Provisiones, Cédulas, etc. de Diego de Encina, que no obtuvo la aprobación real. El trabajo de recopilación fue encomendado luego a Diego de Zorrilla quien no pudo terminar la obra. Le sucedió en la tarea Rodrigo de Aguiar y Acuña, cuyo trabajo fue continuado por Antonio de León Pinelo. El proyecto elaborado por Aguiar y Acuña, con la colaboración de Pinelo, y completado por éste, sirvió de base a la Recopilación de Leyes de Indias promulgada por Carlos II en 1680.

 

LA RECOPILACIÓN DE 1680. La Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias, promulgada en 1680 y publicada en 1681, consta de nueve libros divididos en 218 títulos y 6.377 leyes. A1 frente de cada ley se indican las fuentes de su procedencia. Los textos tratan de resumir las distintas leyes vigentes sobre las respectivas materias. El libro I organiza la Iglesia como institución dependiente del rey, afirmándose la autoridad suprema de éste último. El Libro II estipula lo referente a Leyes, Provisiones, Cédulas y Ordenanzas Reales. El Libro III habla del dominio y jurisdicción real de las Indias. El N de los descubrimientos. El V acerca de los términos, división y agregación de las gobernaciones. El VI de los indios. El VII de los pesquisidores y jueces de comisión. El VIII de los delitos y penas. El IX de la Real Audiencia y Casa de Contratación. El contenido de estos libros es mucho más extenso del que sugieren los títulos. En un mismo libro figuran materias extrañas y heterogéneas. No siempre las leyes están redactadas con precisión, y más parecen aconsejar que mandar. Con todas sus fallas la Recopilación es un código que «por su amplio espíritu humanitario y de protección en favor de los súbditos americanos del rey, encierra un valor mucho más grande que todo lo que se ha hecho en las colonias inglesas o francesas en el mismo orden», según el historiador francés G. Bourne.

 

LOS JURISTAS ESPAÑOLES. Los tratadistas clásicos del derecho indiano contribuyeron grandemente al elevado espíritu de justicia que campea en la Recopilación. Fueron ellos quienes reclamaron el trato justo a los indios y la igualdad efectiva entre americanos y españoles. Cabe mencionar en primer lugar a Juan Matienzo, autor de una obra titulada «Gobierno del Perú», donde propuso importantes reformas en el régimen de encomiendas y el aprovechamiento de las minas. El más eminente jurista indiano fue Juan de Solórzano Pereira cuyo «Tratado Indiano» tuvo gran influencia en la legislación real sobre Indias. No les fue en zaga a Matienzo y Solórzano Pereira el jurista Antonio de León Pinelo, cuya obra más importante: «Tratado de confirmaciones reales, encomiendas, oficios y casos que se requieren para las Indias», publicada en 1630, tiene mayor amplitud de contenido que la de Solórzano sin lograr su densidad de pensamiento.

 

LOS INDIOS. Ocupan lugar importante en las Recopilaciones las leyes referentes a los indios. Se recogieron muchas de las disposiciones de las ordenanzas sancionadas en el Paraguay, y sobre todo las de Alfaro. Aunque se consagró su igualdad fundamental con el español se creó en su favor un régimen especial de protección. Tendían fundamentalmente a asegurar la agrupación de los indios encomendados en pueblos separados de los españoles. Estos pueblos debían tener sacerdotes costeados por los encomenderos y estar provistos de aguas, tierras de labranza y montes suficientes, y ejidos de una legua de largo. Debían ser establecidos lejos de los centros poblados por los españoles, incluso de sus estancias. En ellos no podían residir españoles, negros, mulatos y mestizos. A los indios se les obligaba a andar vestidos. Disponían de sus bienes libremente con intervención de la justicia. El mantenimiento del orden se encargó a regidores y alcaldes indios y se crearon magistraturas especiales para la protección de los indígenas. Debía procurarse que éstos tuvieran oficios, así como bueyes y otras clases de ganado. Algunas restricciones se imponían a los indios. Les estaba prohibido mudar de pueblos, andar a caballo, usar armas de fuego, comprar vino.

 

EL DERECHO PRIVADO. La Recopilación reguló las instituciones del derecho privado sólo en tanto contenían figuras no conocidas en España, como las referentes a la situación jurídica de los indios. De esta suerte las fuentes del derecho castellano siguieron rigiendo para los casos no expresamente contemplados en las Recopilaciones. A las Siete Partidas, el Ordenamiento de Alcalá de Henares y las Leyes de Toro, promulgados antes del descubrimiento de América; se agregaron otros cuerpos de leyes de derecho privado posteriores como la Nueva Recopilación de las leyes de Castilla de 1567 y muchos años después la Novísima Recopilación sancionada en 1805. Entre todas estas ordenaciones las más aplicadas en las Indias fueron las partidas sobre todo en lo referente a la capacidad jurídica de las personas, el derecho de familia, el derecho de propiedad, el derecho de sucesión y el derecho de obligaciones, situación que se prolongo mucho más allá de la independencia, hasta que los países emancipados dictaron sus propios códigos.

 

EL RÉGIMEN DE PROPIEDAD. Llamábanse de realengo todas las tierras de las Indias. Eran originariamente de la Corona ya sea por haber sucedido en el señorío que tenían en ellas los antiguos soberanos indios o por la adjudicación que le hizo Alejandro VI en su Bula de Demarcación. La Corona, a su vez, concedía, por gracia o merced real, porciones de esa tierra a los conquistadores, pobladores y pacificadores, para premiar y remunerar sus servicios. Las mercedes reales eran otorgadas en nombre del Rey por las autoridades del distrito; en el caso del Paraguay por los gobernadores. Para su validez necesitaban la confirmación real, pero las dificultades que implicaba el allegarse a la Corte para conseguirla, motivó que en la práctica se prescindiese de ese requisito.

LOS ÓRGANOS DEL ESTADO

LA SEPARACIÓN DE LOS PODERES. El ordenamiento político estaba calculado para impedir los abusos del poder. Las autoridades quedaron organizadas de tal modo que ejercían un recíproco control, sin que ninguna tuviera un poder absoluto y superior. A1 virrey Toledo le disgustó este sistema. «Háse llevado -escribió en 1573- el intento a que esta tierra se gobierne por muchos, y que cada uno tenga su pedazo de poder, con el cual pueda interpretar que no es sujeto a otro; y que cada uno se tenga por encargado de la ejecución de las cosas, no para ejecutarlas, sino para estorbar que no las ejecute el otro». En vez de los tres poderes que la doctrina constitucional moderna distingue, el derecho indiano reconoce cuatro grandes categorías netamente separadas; el gobierno, la justicia, la guerra y la real hacienda. El gobierno y la guerra quedaron a cargo de los virreyes, gobernadores y otros funcionarios menores; y el manejo de la hacienda al cargo de los oficiales reales; pero la función judicial no tuvo magistrados autónomos que sólo se dedicaran exclusivamente a ese menester como en el orden constitucional contemporáneo. Las Audiencias también desempeñaban funciones políticas; gobernadores, alcaldes y corregidores estaban investidos, además de sus facultades políticas, de atribuciones judiciales.

 

ÓRGANOS SUPERIORES DE GOBIERNO. El más antiguo órgano de gobierno radicado en la metrópoli era la Casa de la Contratación con sede en Sevilla. Creada en 1503, primitivamente rigió el comercio peninsular con las Indias y en forma paulatina le fueron conferidas otras atribuciones en el orden fiscal y en la administración de la justicia. Pronto le superó en importancia al Consejo Real y Supremo de Indias fundado en 1524. Entre sus atribuciones figuraban el conocimiento en última instancia de los asuntos judiciales de las Indias; el nombramiento de funcionarios; la presentación de obispos; las expediciones; la Real Hacienda y el trato a los indios. Con la Casa de los Borbones estas dos grandes instituciones entraron en decadencia y fueron, en la práctica, sustituidas por la Secretaría del Despacho Universal de Indias instituida por Felipe V en 1717, que centralizó en el monarca el gobierno directo de los territorios americanos. En América, y en lo que respecta al Paraguay, los órganos superiores de gobierno eran los Virreyes, primero el del Perú creado en 1544 y luego el de Buenos Aires creado en 1777, que le sustituyó en el mando superior del territorio. Debe mencionarse también a la Audiencia de Charcas que ocasionalmente asumía funciones de gobierno, aunque no siempre conforme a las disposiciones legales. Los Virreyes eran como un alter ego del Monarca con amplísimas atribuciones en un principio que luego paulatinamente fueron reglamentándose o restringiendo para hacerlas compartir con otros organismos.

 

LOS ADELANTADOS. El primer régimen de gobierno instituido en el Paraguay fue el de los Adelantados. Este fue el título otorgado por Capitulación a Don Pedro de Mendoza (1534), Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1540), Juan de Sanabria (1547) y Juan Ortiz de Zárate (1573). La institución del Adelantazgo en España ya estaba desapareciendo, terminada la guerra contra los moros en que tuvo mucha importancia. Sus atribuciones abarcaban todas las gamas del gobierno, guerra y justicia.

 

LOS GOBERNADORES Y CAPITANES GENERALES. La Real Cédula del 12 de septiembre de 1537 facultó a los vecinos del Paraguay a elegir, en caso de vacancia, como Gobernador y Capitán General «a la persona que según Dios y sus conciencias pareciere más suficiente para el dicho cargo». En su virtud fue designado, en tal carácter, Domingo Martínez de bala a la deposición de Cabeza de Vaca (1544) y luego, durante el resto del siglo XVI, Francisco Ortiz de Vergas (1558), Martín Suárez de Toledo (1572) y Hernandarias (1592 y 1597). La primera designación real de Gobernador y Capitán General recayó en Domingo Martínez de bala, en 1555. El título de bala no entrañó ninguna subordinación a otra autoridad de América. Esta fue la situación de sus inmediatos sucesores en el mando hasta que el Paraguay fue puesto bajo la jurisdicción del Virreinato del Perú. Creado éste en 1544 no fue sino con el definitivo fenecimiento del régimen del Adelantado, con la destitución de Juan Torres de Vera y Aragón que pretendía la herencia de Ortiz de Zárate, que el virrey de Lima comenzó a ejercer jurisdicción sobre el Paraguay nombrando en 1593 gobernador a Fernando de Zárate. Esta situación duró hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1777, en que el gobernador del Paraguay pasó a depender del virrey con asiento en la ciudad de Buenos Aires, aunque conservando su título y carácter de Capitán General, al cual acostumbraba agregar el de Justicia Mayor.

 

ÓRGANOS DE JUSTICIA. Lo característico de la organización judicial fue la inexistencia de organismos exclusivamente dedicados a esa función. Coincidiendo con el espíritu de la legislación indiana, no se creyó necesario separar la tarea judicial de las otras tareas gubernativas, y antes bien se procuró que éstas se ejercieran con el espíritu que debía inspirar aquéllas. Además no se quiso que imperara en la dilucidación de los asuntos contenciosos el profesionalismo y el tecnicismo jurídico. Hubo prohibición a los abogados de alistarse en las primeras armadas. Se consideró más importante la rectitud de conciencia que el saber jurídico. En su carácter de Justicia Mayor los Adelantados y Gobernadores eran la máxima autoridad judicial en la Provincia hasta que en 1566 el Río de la Plata fue incorporado al distrito de la Audiencia de Charcas, que fue su tribunal supremo hasta la creación de la Audiencia de Buenos Aires que funcionó entre 1663 y 1672 y fue definitivamente restablecida en 1785. Los alcaldes de primero y segundo voto entendían por turno y en primera instancia en todas las causas civiles y criminales que se suscitaran en la jurisdicción de la ciudad, siempre que no correspondiera a alguno de los fueros especiales. Los oficiales reales también tuvieron atribuciones judiciales en las causas que interesaban a la Real Hacienda. La Iglesia también tenía sus tribunales especiales: jueces ordinarios y conservadores, el tribunal de la Santa Cruzada y el tribunal de la Santa Inquisición.

 

EL CABILDO. El Cabildo fue en el Paraguay una creación espontánea de los conquistadores sobre el modelo de los municipios castellanos. Aunque muchos fueron designados en España regidores de las nenas que debía conquistar el Adelantado Don Pedro de Mendoza, a éste no se le autorizó a fundar Cabildos, seguramente por el temor de que éstos quisieran renovar en el Río de la Plata las luchas de las comunidades terminadas en Villalar. Las Ordenanzas de Montejo, incluidas en las capitulaciones, sólo autorizaban a fundar fortalezas o casafuertes, y a esto se limitó el adelantado Mendoza. Pero el 16 de setiembre de 1541 bala, en consorcio con los oficiales reales fundaron el Cabildo de Asunción, integrado por cinco regidores, «para que entiendan en todas las cosas concernientes a la buena gobernación de esta ciudad». Bien pronto el Cabildo se convirtió en órgano importante de gobierno. No sólo cumplía las obligaciones municipales y de justicia que le eran propias, sino que ejerció variadas funciones políticas. En ocasiones llegó a asumir el gobierno total de la Provincia como lo hizo en 1676 a raíz de la destitución del gobernador Rexe de Corvalán. Durante la Revolución de los Comuneros fue protagonista principal de los acontecimientos y baluarte de la causa popular.

 

EL EJÉRCITO. Adelantados y Gobernadores, en su carácter de Capitanes Generales, fueron los supremos comandantes de las milicias y tropas regladas. Decidían en las causas militares, sin intervención de los alcaldes y de las Audiencias. Contra la sentencia del capitán general cabía la apelación al Virrey y a la Real Junta de Guerra de Indias, creada en 1600 para entender en todo lo referente a la guerra terrestre y marítima. En el Paraguay no había tropas asalariadas, sino milicias integradas por todos los vecinos en condición de tomar armas. Estos prestaban servicio obligatoriamente ya sea en los fuertes, en períodos determinados, o en las expediciones contra los indios del Chaco o contra los bandeirantes, debiendo hacerlo a su «costa y minsión», en cargos puramente honoríficos como el de Maestre de Campo, Comandantes de Armas y Comandantes Generales. No fue sino a fines del siglo XVIII que se establecieron cuatro regimientos de dragones con sedes en el interior más un batallón de Infantería en Asunción con sus respectivos Sargentos Mayores. Luego aquéllos fueron agrupados en dos regimientos de caballería, el 1º de Costa Abajo y e12° de Costa Arriba.

 

LA REAL HACIENDA. Las funciones de hacienda correspondían a los Oficiales Reales, que eran cuatro: el Tesorero, el Contador, el Factor y el Veedor. En el Paraguay tuvieron enorme gravitación política durante el siglo XVI por la obligación de Adelantados y Gobernadores de consultarles para las resoluciones fundamentales. Alear Núñez quiso pasar por encima de este requisito y ello fue una de las causas de su destitución: Traía nunca tomó determinación importante sin el voto de los oficiales reales que, de esta suerte, coparticiparon en el gobierno. Algunos de estos funcionarios cobraron relieve principal en la historia de la conquista como Alonso de Cabrera, Felipe de Cáceres, Pedro Dorantes, Garcí Venegas, Hernando de Montalvo; Gerónimo Ochoa de Eyzaguirre, Adame de ( Olaberriaga, Francisco Ortiz de Vergas, Juan de Salazar, etc. Una de sus obligaciones era informar minuciosamente a la Corona sobre los hechos ocurridos en el distrito de su jurisdicción. Por tal razón, la «Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda», publicada en volumen en 1915, constituye una de las I fuentes más valiosas para la historiografía de esa época.

 

LA IGLESIA. El Papa Pablo III instituyó el 1º de julio de 1547 la Iglesia Catedral del Río de la Plata, con asiento en Asunción y a cargo de un Obispo que debía denominarse también del Río de la Plata. Señaló la bula papal como obligación primordial del Obispo del Río de la Plata «predicar la palabra de Dios y convertir a sus habitantes infieles al culto de la fe cristiana». El obispo designado, Fray Juan de Barrios, fundó canónicamente desde España, el 10 de enero de 1548, la Sede Episcopal del Paraguay, señalándole por Titular y Patrona a la Virgen de la Asunción. Dotó al Obispado de cinco dignidades, diez canónigos, seis racioneros, seis semiracioneros y otros subalternos, pero como no tenía rentas suficientes la Iglesia, las prebendas se redujeron a cuatro dignidades -Deán, Arcediano, Chantre y Tesorero- dos canónigos y un racionero, que debían constituir el Cabildo Eclesiástico. El obispo Barrios nunca negó a posesionarse de su Obispado. El primero en hacerlo, Fray Pedro Fernández de la Torre, integró el Cabildo Eclesiástico. Producida en 1617 la división de las Provincias, le fue segregado del Obispado del Paraguay el de Buenos Aires entonces instituido. Eran prolongadas las vacancias del Obispado, que entonces era regido por Provisores, por lo general nacidos en la tierra, o por el Cabildo Eclesiástico Gobernador.

 

LA INQUISICIÓN. Para velar por la pureza de la fe, en 1570 fue instalado en Lima el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición con autoridad sobre el obispado del Paraguay. Esta jurisdicción no pudo ser ejercida durante el siglo XVI. «En los negocios de Inquisición-informaron los jueces de Lima-que se ofreciesen en el Paraguay y Río de la Plata, que son de este distrito, no podemos entender en ninguna manera, porque demás que la distancia es de más de ochocientas leguas de esta ciudad, hay en medio muchos despoblados y tierras de indios de guerra, y sería menos dificultoso tratarse los dichos negocios desde Sevilla». Así también la entendió el obispo de Asunción, Fray Fernández de la Torre, quien en 1572 abatió el poderío del gobernador Felipe de Cáceres acusándole públicamente de «luterano», y logró su deposición y su envío a España para entregarlo al Santo Oficio de Sevilla sin pensar recurrir a Lima. El obispo se presentó en plena Catedral y al grito de «Viva la Fe de Jesucristo» apresó a Cáceres cuyos partidarios no osaron oponer resistencia. «En oyendo esta techa ninguno de nosotros se atrevió a menear cosa alguna», escribieron los oficiales reales. Nada se sabe acerca de los fundamentos de la acusación pues no se conoce el proceso que el obispo instruyó con este motivo al destituido gobernador.

 

LAS INSTITUCIONES CULTURALES. Las Recopilaciones reglamentaron minuciosamente la actuación de las Universidades. «Para servir a Dios nuestro señor y bien público de nuestros Reynos -rezaba la Ley I, del título XXII, del Libro I conviene que nuestros vasallos, súbditos y naturales tengan en ellos Universidades y estudios generales donde sean instruidos y graduados en todas las ciencias y facultades». Las dos primeras universidades fundadas en América fueron en 1551 las de Lima y de México, con igual categoría que la de Salamanca. Muchas otras se erigieron posteriormente y en el Río de la Plata solamente la de Córdoba en 1614. Las universidades eran reguladas por estatutos propios y gozaban de autonomía. Incluso a la Inquisición le estaba vedado interferir su enseñanza. También fue muy explícita la Recopilación sobre la obligación que tenían arzobispos y obispos, conforme a los cánones del Concilio de Trento, de fundar colegios seminarios para la formación de sacerdotes.

 

LA LEGISLACIÓN ESCOLAR. En cambio la legislación indiana acusó un gran vacío con respecto de la instrucción primaria. Ésta quedó librada a la iniciativa particular, sobreentendido que debía encuadrarse dentro del respeto de los dogmas religiosos y el acatamiento a las autoridades reales. La enseñanza de las primeras letras no era entonces en España ni en el resto de Europa un problema de gobierno. Correspondía al hogar o a la iglesia. De aquí el silencio de las Recopilaciones, lo cual hizo que la enseñanza escolar se desarrollara dentro de la más amplia libertad. Poco apoco fue formándose un derecho consuetudinario o de la costumbre que, según las mismas Recopilaciones, tenía fuerza de ley a falta de disposición escrita. De esta suerte los Cabildos se constituyeron en la máxima autoridad en materia escolar. Otorgaban el título o autorizaban el ejercicio del magisterio a quienes lo solicitaban; fijaban el estipendio que los maestros cobraban a los padres; concedían locales para las escuelas; subvencionaban, a veces de sus «propios» algún maestro. El Cabildo delegaba generalmente la vigilancia del buen desempeño de los preceptores en uno o dos diputados de su seno.


 

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